El cura no le dejaba explicar, solo seguía tirándola agua bendita y mostrándole la cruz como si con eso fuera a eliminarlo. La expresión que tenía Adrien era de incrédula y cansada.

Su padre observaba la situación desde la lejanía. Manteniéndose al margen.

— Todo estará bien, hijo mío.

Adrien miraba a su padre escépticamente. Desde lo de su madre no se preocupaba por él y ahora lo hacía, lo suficiente, para suponer ¿que tenía un demonio en su interior?

— No estoy poseído.

El sacerdote seguía recitando canticos en una lengua extraña. ¡Oh por dios! ¡El padre parecía poseído!

¡No lo podía creer!

Solo quería estar en casa, sentir que tenía algo de tranquilidad. ¡Casi le hacían una Orquiectomia! Un perro le había mordido, perseguido. Las palomas le habían cagado ¡Aun seguía sorprendido de un rayo no le había caído encima!

Lo único que quería era dormir sin tener mala suerte, al menos mientras dormía. Faltaba más si moría en sus sueños o parecía con rasguños en la noche como si Freddy Krueger lo fuera a visitar. O un gato que se lo coló en su habitación.

— Sal de aqui ¡Fuera! ¡Fuera! —Gritaba el cura con ímpetu mientras seguía mojando a Adrien, estando empapado de pies a cabeza.

Adrien sin soportarlo más le hizo caso al sacerdote. Dio media vuelta y salió corriendo de su propia casa, sin que ninguno pudiera detenerlo. ¡Necesitaba a Marinette! ¡La necesitaba ahora! ¡Ya no toleraba esto!

Al momento de salir de la casa, de cerrar la puerta, un candelabro cayó, estrellándose en el suelo. El sacerdote miró a Gabriel.

— El demonio que tiene su hijo es muy fuerte.

— Eso parece —Respondió mirando el candelabro hecho trizas en el suelo.

...

Por otra parte, Adrien corría por la ciudad, esperando que un auto no lo atropellara. Debía llegar a la panadería. Debía verla, no con solo estar a unos metros cerca de ella, era suficiente.

Y llegó.

Al entrar al lugar pudo respirar, pudo sentirse aliviado de no caerse en el trayecto por la alcantarilla, de no ser atropellado, de que otro perro o animal lo haya perseguido y mordido, puso sus manos en su rodilla y comenzó a tomar mucho aire, antes de acercarse hacia la persona que lo atendía. La madre de Marinette.

— ¿Que desea comprar?

— Su hija.