Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, créditos a Sir Arthur Conan Doyle y a los creadores de la serie Sherlock BBC.
AU/Johnlock.
Enjoy.
POR CIERTO: Advierto que no sé casi nada del mundo de la fotografía y demás cosas, so, no me maten si hay algo fuera de contexto y si lo hay, ilústrenme: siempre es bueno aprender. Sin ánimos de ofender, continúen.
IV. You're right here.
Luego de aquel segundo encuentro, todos los Jueves a las siete de la tarde, ambos hombres se reunían en aquella olvidada plaza. Al principio, John era el único que hablaba. Y aunque eso lo tuviese de alguna u otra manera inconforme, con el tiempo la situación comenzó a invertirse. Fue exactamente una tarde en la que John llegó con dos café en mano y el rostro escondido entre la tela de una bufanda. Sherlock aceptó el pequeño detalle con seriedad, mientras el estómago de un nervioso rubio se revolvía con ímpetu. Después del primer sorbo del moreno, John no supo como callarlo.
Aquel Jueves fue el primer día, desde que lo había conocido, en que Sherlock no paró de hablar en las tres -o cuatro- horas que duraban sus reuniones.
Y John se dio cuenta, en ese preciso instante, que apesar de todas las malas actitudes de Sherlock, los largos silencios, las intensas miradas, el excesivo misterio de su vida y de las repentinas despedidas -en las que Sherlock sólo se esfumaba-, él se había convertido en algo más que 'un simple conocido'.
O al menos eso era lo que pensaba. Y el pensarlo lo hacía feliz, después de mucho tiempo.
Por eso la vida de John Watson poco a poco comenzó a mejorar. Los días se volvieron menos estresantes en comparación a como eran antes, su desempeño en el trabajo era cada día 'mejor', y su situación con Mary... bueno, era estable. Su aburrida rutina ya no significaba tanto para él gracias a las tardes que pasaba con Sherlock. ¿Por qué?
No tenía puta idea.
Tampoco quería averiguarlo, sólo quería vivir esos momentos llenos de tranquilidad, emoción y nerviosismo. Disfrutaba de esa amalgama de emociones.
Estaba bien con eso, se sentía realmente bien: caminar por una cuerda floja.
Aunque Sherlock desapareciera en cuestión de segundos y no supiera con claridad quien rayos era el Holmes; en qué se desempeñaba y qué hacía con su vida: estaba feliz.
Para él, Sherlock seguía siendo un misterio, volátil e intenso.
Algo que viene y que va y que nunca se detiene.
Por eso no se sorprendió cuando un Jueves, esperandándolo entre la neblina londinense, Sherlock no se presentó.
Y John, sin saber porqué, se quedó allí hasta después de la medianoche. Esperando. Como si fuera un leal perro, como si fuese realmente su deber esperar a la persona que lo había alimentado después de años muriéndose de hambre.
Esperar y esperar.
John dejó exhalar un suspiro, expresado en un humillo nocturno gracias a la baja temperatura en el lugar. Las luces de los faroles eran tenues y de un color casi anaranjado, mientras el cielo apenas se podía vislumbrar gracias a la espesa capa de neblina que se cernía en la ciudad aquella fría noche. Intentó ocultar su nariz enrojecida en la bufanda que cubría parte de su cuello y mentón.
Sentía más frío que de costumbre.
Un soplo gélido del viento volvió a estremecer su interior, haciéndolo miserable. Sabía perfectamente que Sherlock no llegaría. Pero algo dentro de él lo tenía retenido en ese lugar. ¿Qué era, después de todo? Intentó ver la hora en su teléfono, sin percatarse de la cantidad de llamadas perdidas que tenía. El reloj marcaba las 2:09 am.
Múltiples recuerdos comenzaron a arremolinarse en su mente, como un huracán de memorias que apuntaban a un pequeño niño rubio abandonado en plena calle. Su hermana se había olvidado de él. Ella no volvió, John esperó toda la tarde hasta el anochecer. Después de no saber que hacer, decidió valerse por sí mismo y encontrar el camino devuelta a casa.
Tenía apenas siete años.
Ahogó un suspiro. Sin sorprenderse del todo. Ya había pasado por situaciones similares a esa. ¿Por qué darle mayor importancia? Tampoco era una obligación verse siempre.
Además sabía que Sherlock podría algún día no aparecerse, diablos, lo sabía.
Y aún así, una parte de él se empecinaba en creer que llegaría.
Frunció sus labios, mientras se lo imaginaba corriendo entre la neblina nocturna, con el abrigo hondeando al viento y los rizos desordenados. Su voz se encontraría agitada y soltaría excusas que John haría el intento de ignorar fingiendo estar molesto.
Entonces, la espera habría valido la pena y ya no se sentiría tan abandonado.
Sus ojos comenzaron a escocer, mientras intentaba levantarse. Pero su cuerpo estaba entumecido debido al frío y al cansancio. Lo único que lo retenía en ese lugar, de esa forma, era él mismo. Nadie más. Solo.
Escondió su rostro por completo bajo esa bufanda que Sherlock le había regalado.
"—Este año el invierno al parecer será peor. No tengo nada con qué cubrirme el cuello.
—John, no seas mundano. Ve y cómprate una bufanda.
—¿Cómo la tuya?
—Da igual, sólo es una estúpida bufanda.
—No tengo tiempo para ir comprar...
—Dios, no puedo creer que tengamos esta conversación. Vamos, te compro una."
Un gesto noble, no muy usual viniendo de él.
Retuvo otro quejido.
Debía volver a casa. Suficientes lamentos, ya era patético. Escuchó a lo lejos unas pisadas. Alguien corría. Alzó su mirada a una figura que se abría paso entre la neblina y se apresuraba hasta el lugar donde estaba él.
John sintió un nudo en la garganta, sin reconocerle hasta que le habló.
—Sabía que te encontraría aquí.
Su voz denotaba preocupación, calidez, cansancio. Debió haber estado corriendo desde muy lejos.
John sólo le dedicó una leve sonrisa, antes de dejarse caer en sus brazos y apoyar su rostro empapado en lágrimas en su vientre. Rodeó su cintura, intentado refugiarse de todo y todos, incluyéndose. —Mary.
Ella no pudo hacer nada más que arroparlo hasta que los orgullosos sollozos ahogados del hombre terminaron y John se dejaba hacer nuevamente por esa mujer que lo llevaría a casa.
Su casa.
Esa única persona a la que le debía todo, y que, en su obligación por saldar la enorme deuda que tenía con ella: jamás la dejaría. Por nada ni por nadie.
Vaya verga de cap.
No más sigo actualizando, aún sin saber si alguien lee.
-Lyrock.
