Hawkins estudió preocupada la frecuencia de H. Estaba tumbado en la camilla del laboratorio con un montón de cables conectados a su cuerpo. Después de una larga discusión, había logrado convencerles de que le inyectaran la escopolamina para recuperar sus recuerdos.
-¿Sucede algo, Hawkins?-la voz de Sommers se alzó por encima del pitido monótono de la máquina que controlaba las constantes vitales de H.
-El paciente presentará hipertensión, taquicardia y arritmia. Si le inyecto la droga, su cerebro será una especie de coctelera.
-Proceda, doctora.-intervino H-Estoy preparado.
Hawkins obedeció y presiono la cápsula hasta que el líquido se introdujo en el brazo de H a través de un pequeño tubo.
Unos segundos después, su cuerpo comenzó a convulsionarse igual que si se hubiera electrocutado.
-Todavía no lo tengo.
Hawkins le inyectó un poco más de escopolamina. Las imágenes se sucedían en la mente de H como una película estropeada. Los pitidos de la máquina se volvieron más rápidos.
-Sus pulsaciones se están disparando.-explicó Hawkins-Parece que está empezando a hacerle efecto.
-No creo que esté bien, doctora.-Sommers estaba asustado.
-No se preocupe. Aguanta bien, se lo aseguro.
Las convulsiones aumentaron de súbito. H gritaba de dolor.
-¡Basta, Hawkins! ¡Lo va a matar!-gritó el comisario.
-Ya le he dicho que está bien.
-¡Dios santo, mírelo!
Hawkins regresó junto a H. La que estaba asustada era ella.
-¡Agárrele las piernas, comisario!
Las convulsiones eran cada vez más intensas. El torso desnudo de H subía y bajaba frenéticamente. Flora se acercó y le agarró la mano.
-136 pulsaciones, 148, 157...
-¡Pare!
Las imágenes cobraban nitidez. Ya no eran inconexas. Flora sintió la mano de H deslizarse entre sus dedos y caer sobre la camilla. Las líneas curvas y picudas de la máquina se habían convertido en una recta. H había dejado de gritar y de convulsionarse.
-¡Tráiganme las placas!-ordenó la doctora. Luego las colocó encima de los pectorales del paciente y aplicó una fuerte descarga, sin embargo, H no reaccionó hasta la quinta. Flora respiró aliviada. Había sobrevivido.
-Tengo que regresar, doctora.
-Eso es demasiado peligroso. Casi lo perdemos.-respondió Hawkins
-He estado a punto de verlo todo.
-No, H. No pienso poner tu vida en riesgo de nuevo por algo que ni siquiera sabemos. El precio es demasiado alto.
-Recuerde que se trata de mi vida, comisario. Me he cortado el brazo para grabarme su número de placa, igual yo sí que consideraba que merecía la pena correr el riesgo cuando lo hice.
El sudor perlaba la frente de Sommers.
-Esto se ha acabado. Voy a llamar para que te lleven ahora mismo a un hospital. Hazme caso, H.-el comisario miró a Hawkins antes de marcharse-¿Le ha quedado claro, doctora?
-Sí.
H tenía los ojos vidriosos. Flora aprovechó que su padre se había ido para acercarse a él. Le acarició el pelo cariñosamente.
-He visto a varias chicas.-dijo H-Las estaban secuestrando, doctora. Tiene que volver a inyectarme la droga.
Hawkins esbozó una sonrisa torcida.
-Está bien, pero que esto quede en secreto.
-La gente que experimenta una experiencia cercana a la muerte, ve pasar su vida entera. Con el colapso, el cerebro abre los cajones de la memoria.
-¿Entonces va a recordar algo?-se atrevió a preguntar Flora.
-Sí, pero tendré que matarlo antes.
A Flora no le gustaba como sonaba aquello.
-¿Funcionará?
-No puedo prometerte que volverá a la vida. Los recuerdos a largo plazo están almacenados en una región del cerebro llamada hipocampo. Podría haber una degeneración de las neuronas y...
Hawkins no pudo acabar la frase. La chica había vuelto junto a H, que reposaba en la camilla en un estado de semiinconsciencia.
-Tienes un don, yo lo sé. Siempre sales con vida, H.
-Tú formas parte de esa suerte.
Flora le calló con un beso. Cuando volvió a mirarle, se dio cuenta de que estaba dormido.
La vida de H era un torrente de imágenes que viajaban en su mente a una velocidad vertiginosa. Vio su infancia y su adolescencia, los buenos y los malos momentos que había atravesado. Entonces todo se detuvo en la noche de aquel viernes. Se había colado en la discoteca por la trampilla de la azotea y había visto los cadáveres de los jóvenes tirados por el suelo. Luego se había encontrado con aquel tipo del tatuaje y le había atizado, pero las tornas cambiaron cuando sus amiguitos aparecieron. H revivió el dolor de las patadas y los puñetazos, aunque esta vez había algo distinto. Unos gritos se habían filtrado entre el sonido de los golpes, unos gritos que provenían de la garganta de un grupo de chicas jóvenes. Llevaban vestidos muy ceñidos y tacones altos. Un tipo las estaba amenazando con un revólver.
-Ya las tenemos. Unas cuantas más y seremos ricos.-el hombre tenía un marcado acento francés.
H se preguntó qué había querido decir con eso. Sin embargo, cada vez se le hacía más difícil pensar. Lo último que recordaba era haber sido transportado por sus agresores.
Hawkins revisó el cronómetro. H llevaba muerto casi medio minuto. Su corazón no latía y sus manos estaban frías como un témpano, pero su cara mostraba una expresión de tranquilidad y sosiego. Flora no pudo evitar que se le escaparan algunas lágrimas a pesar de que le había conocido ese mismo día. Era como si una parte de ella hubiera muerto con él.
-Su lóbulo parietal está activo.-informó la doctora
-¿Qué significa eso?-Flora se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.
-Está recordando. Lo ha conseguido.
-¡Reanímelo ya, por favor!
La doctora Hawkins obedeció. Habían pasado tres minutos y medio. Cogió una jeringuilla y la clavó en medio del torso de H, que se levantó tomando una profunda bocanada de aire.
-¿Se pondrá bien?
-Ha muerto dos veces en las últimas horas, pero supongo que sí. Es un hombre muy fuerte.
La puerta del laboratorio se abrió.
-Déjanos solos, Flora. Tengo que hablar con Hawkins.
La doctora y ella compartieron una mirada de complicidad, pero el comisario no se dio cuenta.
-¿Se puede saber qué ha hecho, Hawkins?
-He vuelto a inyectarle la escopolamina. Necesitaba que recordara.
-Pero ha incumplido mis órdenes. Le dije que no lo hiciera.
H se quitó la mascarilla de oxígeno.
-He visto a un grupo de chicas, comisario. Las estaban apuntando con una pistola.
-¿Qué?
-Un tipo muy raro con acento francés dijo que serían ricos con unas cuantas más. Estaban en la discoteca Dominus. Tenemos que hacer algo rápido, creo que van a venderlas.
-Tranquilízate, H.-el comisario miró a la doctora-Llame a una ambulancia. Lo mejor será que pase la noche en el hospital.
