~Disclaimer~

¡Hola a todos! Aquí Makishi, retomando por fin el ritmo y recuperando mis ganas de escribir más seguido. Ahora sí, continuemos esta historia donde nos quedamos… Con la pobre de Serena casi ahogándose… Lol.

Este cap. va dedicado a aletuki01: Querida, mil mil gracias por dejar tu review hace dos capítulos.

Como siempre, sólo me pertenece la historia. ¡Disfruten el capítulo!

~Capítulo 3~ Primeras impresiones.

-¿Crees que se encuentre bien? -preguntó Mana mientras seguía observando a la chica que Atem llevaba en brazos. -Pobrecilla.

-No tengo idea, y más nos vale llevarla a palacio, se enfermará con la ropa mojada -respondió Atem preocupado mientras Mana y él caminaban hacia el palacio.

-Gran idea, excepto de que estaremos en mayores problemas si nos ven cargando a una desconocida con nosotros. Y ni quiero imaginar a Mahad regañándonos otra vez -habló Mana aterrada.

-Olvidas que soy el mejor príncipe escapista en el palacio -sonrió Atem maliciosamente. -Vamos, la llevaremos a tu cuarto y la cambiarás de ropa; no puede quedarse con su vestido mojado.

-No sé si lo notaste, amigo mío, pero ella no parece ser de aquí -opinó Mana mientras seguía a Atem por los pasillos de palacio y escabulléndose de cuanto guardia se les cruzara. -¿Viste su frente?

-¿Su frente? -preguntó Atem confundido.

-¡Vamos, Atem! ¡Tiene una luna creciente! Dudo que sea de algún reino cercano… O de algún otro país -le respondió la chica.

-Ve al grano, Mana -gruñó Atem en voz baja al notar que Mahad estaba todavía despierto y recorriendo el palacio. -Tu mentor favorito está merodeando por aquí y si nos atrapa…

-Tu padre y Mahad se desvelarán regañándonos de aquí al amanecer -completó Mana. -Te lo digo, Atem, ella no parece a otros extranjeros que hemos visto por aquí.

-Shh, ya casi llegamos -murmuró Atem aliviado. Se estremeció un poco cuando escuchó un pequeño estornudo proviniendo de la joven desconocida y notó cómo temblaba por el frío. -Relájate, estarás bien.

-Hay que apurarnos o de lo contrario Mahad nos atrapará -advirtió Mana preocupada.

-¿Acaso se olvidaron de mí nuevamente? -preguntó en forma seria una hermosa voz femenina detrás de los tres jóvenes.

Atem y Mana saltaron del pánico cuando notaron a Isis detrás de ellos e intentaron no gritar demasiado fuerte como para llamar la atención de Mahad o de algún guardia.

-¡Señorita Isis! -exclamaron Atem y Mana al unísono.

-Vi que ambos no estaban en sus habitaciones cuando expresamente así se los ordené -habló Isis molesta.

-¿U-Usaste tu artículo del Milenio para descubrir que no estábamos? -preguntó Mana nerviosa, intentando desviar la conversación.

-No. Revisé sus cuartos, no necesito usar mi Collar del Milenio para averiguar que nuestro príncipe y tú no estaban durmiendo -respondió Isis. -Gracias al cielo ustedes dos no… -se detuvo la mujer cuando vio que Atem cargaba el cuerpo de una joven de su misma edad. -Oh, no…

-A-Apareció en uno de los estanques, señorita Isis -confesó Atem al fin. -Sigue respirando, pero decidimos llevarla adentro y cambiarle de ropa antes de que se enferme.

-Hicieron bien en llevarla aquí. Mana, ve rápido por una de tus túnicas limpias para poder cambiarla -le ordenó Isis a la joven aspirante a hechicera. Acto seguido, Mana corrió hacia su cuarto lo más pronto que pudo.

-Señorita Isis, bueno… La chica apareció así de la nada y, bueno… -dijo Atem mientras descubría la frente de la rubia para mostrar su marca de luna creciente.

El rostro de Isis se tornó completamente pálido por la sorpresa causada por aquella marca de luna creciente.

-A-Alteza, ¿sabe cómo llegó esta joven aquí? -preguntó Isis angustiada.

-Bueno, nosotros vimos resplandecer uno de los estanques del jardín y cuando dejó de hacerlo, ella estaba allí -confesó el príncipe. -¿Tú sabes de dónde vino?

-Es una larga historia, y si ella vino de donde yo creo que vino, ella también tendrá muchas explicaciones que darnos a todos en cuanto reaccione -habló la mujer. -Será mejor que la recostemos y esperemos a que ella responda. Venga conmigo -espetó Isis mientras comenzaba a caminar mientras Atem la seguía.

Antes de que Atem se diese cuenta, se encontraba en su habitación mientras Isis le indicó con la mirada que colocara la joven inconsciente en su cama. Instantes más tarde, Mana llegó con una túnica limpia y corrió al confundido príncipe de su propia recámara.

-¡Oh, por todos los…! -exclamó Atem alarmado. -¿¡Es en serio!?

-No por ser crueles, amigo, pero no podemos cambiar de ropa a esta chica frente a ti -respondió Mana entre risas.

-Te acuerdo, mi supuesta mejor amiga, que es mi recámara -refunfuñó Atem.

-Tranquilícese, Alteza. Puede volver a entrar -habló Isis nuevamente.

Atem volvió a entrar a su recámara, sorprendiéndose al notar que la joven rubia llevaba puestas las prendas de Mana.

-Ordenaré mañana en la mañana que le consigan nuevas ropas para ella -sonrió Atem aliviado.

-Es un gesto muy amable de su parte, joven amo -dijo contenta Isis antes de recobrar su serio semblante. -Alteza, usted me preguntó de dónde yo reconocía la marca en la frente de esta joven. Creo que ya es prudente decírselo. Es la marca que sólo porta la familia real del Milenio de Plata.

-¿Qué? ¿Estás hablando en serio, Isis? -preguntó sorprendida Mana.

-¿El Milenio de Plata? Eso quiere decir que… -dijo Atem sorprendido también.

-Que ella es miembro de la familia real de la Luna, mi querido príncipe -sonrió levemente Isis.

-¿¡De la Luna!? -preguntó Atem asombrado y sonriendo a más no poder.

-¿Pero cómo llegó aquí? Según las historias, la gente de la Luna destruyó cada acceso que ellos tenían para llegar a la Tierra -habló Mana sin poder creer lo que le decían.

-Es cierto, Isis… Tú misma me lo contaste hace mucho tiempo -recordó Atem las historias que Isis le contaba cuando era tan sólo un niño.

-Eso, joven amo, nos lo contará nuestra visitante en pocos momentos -sonrió Isis de manera misteriosa. Con una mano sujetando su Collar del Milenio y la otra posando sobre la frente de la chica, Isis usó el poder de su Artículo del Milenio para hacer que la rubia recobrara la consciencia.

Serena lentamente recobró el sentido. Las últimas sensaciones que recordaba eran la frialdad del agua por todo su cuerpo y el ligero roce del viento en su rostro. Lentamente abrió sus ojos para poder comprobar si había logrado llegar la Tierra o si su plan había fallado.

-¿En…? ¿En dónde estoy? -preguntó en voz muy baja Serena. Le dolía la cabeza así como el resto de su cuerpo.

-Bastante lejos de tu hermoso hogar, querida jovencita -respondió una adulta voz femenina, desconocida para ella.

Al abrir completamente sus ojos, Serena notó que se encontraba en una habitación completamente desconocida para ella. Era una habitación lujosa sin duda, pero totalmente distinta a los cuartos de su palacio; detalles dorados por todos lados y notó rápidamente que se encontraba acostada en una cama enorme, llevando puesto una túnica muy diferente a los hermosos vestidos a los que ella estaba acostumbrada.

Frente a ella estaban tres personas, una hermosa mujer de cabellos negros, una joven de su misma edad con cabello castaño y corto; y por último, un apuesto joven con un peinado extraño y cuyos brillantes ojos rojos cual rubíes la habían sorprendido por completo. Los tres extraños, todos con piel morena, la miraban con extrema sorpresa.

-¿Quiénes son ustedes? -volvió a preguntar Serena mientras terminaba de recobrar el sentido.

-Mi nombre es Isis, jovencita -le respondió la mujer de cabellos negros y sonriéndole de manera muy maternal.

-Disculpe, ¿me podría decir en dónde me encuentro? -preguntó Serena nuevamente.

-¡En Egipto! -respondió Mana emocionada.

-¿Egipto? -Aquel nombre no le sonaba a Serena para nada.

-Es sólo uno de los tantos reinos que existen aquí en la Tierra, querida -volvió a sonreírle Isis.

-¿En la…? -preguntó Serena antes de darse cuenta de que ella logró su cometido. -¿Quieren decir que llegué a la Tierra? ¿De verdad?

-Así es -respondieron al mismo tiempo los tres extranjeros.

-¡Es increíble! -celebró Serena, para la gran sorpresa de Atem y Mana. -¡Lo logré!

-¿Cómo que "lo lograste"? -le preguntaron Atem y Mana interesados.

-Es… Es que es una larga historia -sonrió Serena de manera nerviosa.

-Puede contarnos una parte, si gusta, aún no amanece -dijo Isis tranquila.

-Les pido que me perdonen, no me he presentado como debería -se disculpó Serena. -Mi nombre es Serena y soy la princesa del Milenio de Plata.

Salvo por Isis, Atem y Mana se mostraban sorprendidos ante la presentación de la princesa que tenían en frente suyo.

-¿Princesa? -se preguntó para sí mismo Atem.

-¡Es un gusto conocerte, princesa! ¡Mi nombre es Mana! -le sonrió completamente emocionada Mana mientras estrechaba manos con Serena.

-Es un honor estar en su presencia, Alteza -sonrió Isis mientras realizaba una pequeña reverencia para su invitada.

-Son muy amables -sonrió Serena esta vez. Miró directamente a Atem y volvió a sonreírle. -Tú no me has dicho tu nombre todavía.

-Y-Yo… Mi nombre es Atem, Alteza -se presentó Atem finalmente, realizando una reverencia completa para Serena. -Es todo un honor conocerla.

-G-Gracias -dijo Serena de manera nerviosa.

-¡Vamos, Atem! ¿Desde cuándo eres tan formal? -le preguntó Mana a Atem de manera burlona. Acto seguido, ella miró a Serena: -Está nervioso porque te salvó la vida.

-¿A-A qué te refieres, Mana-chan? -preguntó confundida la princesa. -N-No entiendo.

-Mana y Atem te encontraron inconsciente en los jardines de este palacio y casi te ahogas, querida -respondió Isis, notando que Atem estaba algo pasmado como para poder responder. -Pero me temo que no nos has dicho aún cómo viniste desde tu hogar hasta aquí.

-Bueno… Yo dije que quería ir a donde el Sol resplandeciera más que nunca -dijo Serena algo confundida, para la enorme sorpresa de las tres personas que tenía frente a ella. -Es algo difícil de explicar con palabras simples, pero… Yo tenía el sueño de venir aquí, a la Tierra -sonrió la princesa nuevamente.

"A donde el Sol resplandeciera más que nunca", esas palabras se quedaron grabadas en el subconsciente de Atem.

-C-Cuando logre explicarme a mí misma cómo lo logré, se los explicaré a ustedes con más calma -habló nuevamente Serena.

-¡Oh, por favor! -exclamó Mana, interesada en saber cómo llegó la joven princesa desde tan lejos. -¡Tienes que contarnos!

-Mana, por favor. No es necesario que la presiones -dijo Atem con seriedad.

-El joven amo tiene razón, querida. Serena necesita descanso, mañana en el desayuno quizás nos cuente -le siguió Isis en forma calmada. -Joven amo, si usted lo ordena, podremos prepararle otra habitación inmediatamente.

-Gracias, Isis, pero no tengo sueño. Prefiero quedarme cuidando a Serena, si para ella no es inconveniente -dijo Atem e inmediatamente miró a Serena en forma amable.

-Es muy amable de tu parte -sonrió Serena agradecida, provocando una enorme sorpresa para Mana e Isis. -Te lo agradezco, Atem.

-Entiendo, no se desvelen demasiado, joven amo -finalizó Isis y con una mirada, Mana la siguió fuera de la habitación. -Los veré mañana temprano. Que descansen.

-Muchas gracias, señorita Isis -dijeron Atem y Serena al mismo tiempo.

-Ah, joven amo… No olvide su castigo -sonrió Isis despreocupadamente.

-G-Gracias, Isis -tartamudeó Atem nervioso mientras Serena lo miraba confundida.

Tras un breve silencio entre los dos, Serena fue la que decidió empezar la conversación.

-¿A-A qué se refería la señorita Isis con…? -preguntó Serena nerviosa.

-Prácticamente me castigaron por escaparme de mis maestros hoy… Y armar todo un revuelo -respondió Atem avergonzado. -Y en pocas horas estaré confinado a estar encerrado en el palacio todo un mes.

-Yo no sabría qué hacer en cuánto descubran que me escapé de mi palacio -sonrió Serena muy divertida. -Apuesto que todas en el palacio se atreverían a castigarme con estudio intensivo o algo así. Por lo menos no te quedaste dormido en tus sesiones de estudio.

-Eso suena a algo que yo haría sin duda -rió Atem. -Eso y salvar a chicas del Milenio de Plata que caen en los estanques de mi palacio.

-¿Perdón? Creí que sólo aparecí inconsciente en tu jardín…

-Corrijo, apareciste inconsciente flotando en las aguas de un estanque en mi jardín -dijo Atem, muy divertido al ver la reacción de Serena con el rostro colorado. -Intentamos no alamar a nadie, pero a Isis no se le escapa nada.

-¿Y fue su idea también ponerme estas ropas extrañas? No es que me moleste -preguntó Serena, desviando el tema.

-Fue Mana. Tu vestido estaba empapado por completo, pediré que te traigan un vestido nuevo cuando salga el Sol -respondió Atem.

-Eso… Explica la sensación de agua -murmuró Serena, aclarando una de tantas interrogantes. -Lo siento, sé que no estoy respondiendo tus dudas…

-¿Por qué quisiste venir aquí? -preguntó Atem con más determinación. -Es decir, se supone que tu gente ya no tiene la capacidad de poder venir aquí.

-Desde niña… Siempre quise venir a la Tierra, verla más de cerca -respondió Serena por fin y se sonrojó levemente al notar que ese muchacho le prestaba atención. -Mi querida amiga Mercury me ayudó para poder llegar aquí.

-Ambas deben de ser muy poderosas para poder haber hecho eso -habló Atem por fin. Inmediatamente sonrió de oreja a oreja. -¿Me prometes que me contarás el resto de la historia en cuanto puedas?

-S-Sí -prometió Serena tímidamente. -Oye, Atem… ¿Por qué la señorita Isis te llamaba "joven amo" hace rato?

-Se supone que ella así debe llamarme, soy el príncipe de este reino -respondió Atem completamente despreocupado.

-¿¡Eres un príncipe!? -exclamó Serena por la sorpresa.

-Supongo que Isis no quería abrumarte con la noticia, lamentablemente yo no soy tan discreto -sonrió Atem pícaramente. -Supongo que Isis no tardará mucho en darle la noticia a mi padre y querrá verte para que le cuentes todo.

-Ay no, no quiero provocar… ¡No quiero causar otra guerra por mi culpa! -lloriqueó Serena desesperada, causando que Atem riera ligeramente. -¡Oye, no es motivo para que te burles de mí!

-Lo lamento, no era mi intención. Estoy seguro que mi padre no querrá provocar ningún conflicto con tu gente, según él, ha pasado tiempo desde que los tuyos convivieron con gente de este mundo en paz -relató Atem, causando una enorme sorpresa a la rubia. -Te aseguro por el brillante Sol de mi reino que no te ocurrirá nada.

-¿Es una promesa?

-Si así quieres verlo -bromeó Atem. Acto seguido Serena le dio un ligero codazo. -¡Oye!

-Estamos a mano, Atem -sonrió Serena por fin. -Es una pena que no podamos ver mi hogar desde aquí, hay Luna Nueva. La noche se ve triste.

-No por mucho, princesa -habló Atem nuevamente señalando una de sus ventanas mientras el cielo nocturno perdía su oscura paleta de colores. -Pronto saldrá el Sol.

Serena rápidamente se levantó de la cama y se acercó hacia la ventana que daba hacia el exterior. Poco a poco, vio cómo salía el Sol para dar comienzo al amanecer… Y eso hizo sonreír a Serena mucho más que nunca.

-No puedo creerlo… Mi primer amanecer… En la Tierra -murmuró Serena feliz, hace tiempo no se había sentido así en su vida. -¡Es mi primer amanecer en la Tierra!

-El primero de mucho, espero -sonrió Atem enternecido por la sonrisa esbozada en el rostro de Serena. -Tú misma lo dijiste… Que querías estar donde el Sol resplandeciera más que nunca -repitió el príncipe palabra por palabra la frase dicha por la rubia princesa del Milenio de Plata.

Serena, sin notar su obvio rostro sonrojado, continuó sonriendo mientras Atem la acompañaba para observar el amanecer.

~Continuará…~

P.D: Con un demonio, esta vez me pasé de cursi. Dispárenme antes de que les cause diabetes.

Atte: Makishi.