hoola ..:3 D: se que no había actualizado, y había dicho que lo haría todos los fines de semana... la semana pasado tuve muuchos trabajos...:( pero al final el resultado fuee muuuuuy bueno.. me puso taan feliz...:3 haha ok no... .-.
en fin.. haha basta de cosas raras... haha
Cerebro-chan como disculpa me hizo escribir como esclavo tooodo el día.. jajaja y también hicimos un capitulo más largo haha y cool... D:
tengo sorpresas .. pero dejemos eso a un lado no quiero arruinarles el capi si sigo hablando..
Cerebro-chan les dice que disfruten del capitulo como él disfruto teniéndome unas horas como esclavo...:3
nos leemos luego... :)
Verdades
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Ante su vista se alzó en el cielo muchas pequeñas figuras de diversos colores que brillaban al moverse por el basto cielo cristalino, esas figuras se movían con agilidad recorriendo la punta del puerto. Los gritos que había escuchado cuando había salido de la protección del bosque habían sido causados por unos pequeños niños que había reconocido como sus vecinos de su castillo.
Las figuras volaban de un lado para el otro, confundidas y sin sentido. Primero pensó que en el aire se libraba de nuevo una batalla contra algún enemigo remoto que también usaba monturas, pero con alivio distinguió que todos los que sobrevolaban el cielo eran parte del ejercito de su pueblo.
Empezó a volar en dirección al puerto, la gente del pueblo estaba fuera de sus casas, preparados para lo pero a pesar de que la lucha se libraba solo en el puerto. Cuando Kyoko pasó la gente empezó a señalar el dragón desconocido. A pesar de que los dragones tenían las mismas características respecto a su forma no existía ninguno igual y no tanto por su tamaño o por la forma de sus alas, sino por su color.
El color de un dragón siempre era diferente. De todos los años en los que la princesa había estado en contacto con ellos nunca había visto a dos parecidos. Podían existir dos dragones del mismo color, pero las tonalidades y el brillo que reflejaban tanto de día como de noche marcaban su diferencia. Y la gente del pueblo conocía muy bien los colores de los dragones en el pueblo.
Durante su vuelo con Therit, Kyoko había caído en shock ante la belleza y majestuosidad de su montura. El azul de su dragón era un azul zafiro, brillaba con el sol en una tonalidades hermosas azules y el reflejo que mostraba era de muchas tonalidades de azules junto con un brillante dorado.
Sabía que en cierta forma era algo riesgoso el salir sin que nadie la conociera, en especial si llegaba en medio del campo de batalla. Mientras más se acercaba más llamaba la atención. Se asustó cuando varios de los dragones que había visto en el puerto dieron media vuelta y empezaron a volar a gran velocidad hacia ella.
Ella sabía quién montaba los dragones, pues conocía bien a su ejército. Pero no podía verlos de la misma forma que supuso ella que tampoco podrían verla. Los dragones rugían y escupían fuego al aire como tratando de atemorizarla. Trato de calmar a su dragón pero con su sorpresa descubrió que no era necesario. Su dragón volaba con calma.
Usualmente cuando los dragones se asustaban agachaban la cabeza y lanzaban pequeños gruñidos, en cambio la montura de la princesa mostraba la cabeza en alto y no emitía ningún sonido. Sin darse cuenta, la princesa se vio renovada en fuerzas y al igual que su dragón mostro compostura.
El impacto se daría en unos cuantos metros más si seguían volando de la misma manera. Therit se movió hacia la derecha en un movimiento brusco justo en el momento en que una llamarada de fuego salía disparada hacia el mismo lugar en el que habían estado momentos antes.
A pesar de que Kyoko le había agarrado confianza a Therit en el poco tiempo que habían volado aún se sentía insegura pues lo único que la sostenía y la mantenía arriba del dragón eran sus pies aferrados a los costados del dragón.
No contaba con una silla para montarlo. Las sillas les daban mayor sujeción al dragón y permitía que el dragón girara con libertad, pues de lo contrario el jinete caería ante una maniobra de ese tipo.
Todo eso recordó Kyoko cuando su dragón empezó a inclinarse en un Angulo poco firme para ella. Se sostuvo como pudo y agradeció que Therit sintiera su tensión y se normalizara. Therit volvió a dar un brusco movimiento y con un impulso quedo a un lado de una de las monturas de su ejército.
El hombre al ver a la chica detuvo en seco sus movimientos y los demás lo siguieron confusos. La princesa podía ver su rostro pálido y sorprendido. Tenía los ojos desorbitados que no daban crédito a lo que veían.
-¿pri...princesa?
-¿Qué es lo que ocurre en el puerto?
-¿pero…usted?
-le he preguntado algo. ¿Qué ocurre en el puerto?
-lo siento, unos bandidos nos ataca, no es nada grave. El pueblo se encuentra en un estado de pánico… hemos recibido ataques parecidos a estos en toda la semana y cuando se nos notificó que usted había muerto la gente entro en pánico y el nerviosismo nos dominó.
-eso puedo notarlo por el desorden que tienen en la costa.
Kyoko observo con más detenimiento el puerto, eran pocos la cantidad de los enemigos como para que todo el ejército estuviera presente. No eran necesarias tantas precauciones.
-Necesito que te pongas al mando de 20 de nuestros dragones y los regreses a sus casas. Solo causan confusión en la población saliendo todo el ejército entero. Yo me uniré a la lucha, valla.
-a la orden su majestad.
El hombre se inclinó tanto como pudo y se fue a realizar su tarea encomendada. Kyoko empezó a avanzar con más velocidad, en cuanto llego al puerto intento mostrar el bando al que pertenecía así que sin saber realmente como le ordeno a Therit atacar un barco que llevaba banderas que no pertenecían a su pueblo.
Se libraban dos tipos de batallas. Las que se llevaban en el mar y las que eran en la tierra. En el mar los hombres atacaban a los dragones que aunque no los mataban si los aturdían y confundían con sus flechas y lanzas que el enemigo lanzaba.
En tierra por lo que Kyoko distinguía no podía asegurar cuál de los dos bandos ganaría. Ambos bandos luchaban por igual con espadas en las manos y sus fuerzas se veían muy a la par.
Decidió ayudar ahí. Pero primero busco a Akira con la mirada. Lo descubrió junto a su dragón Ehter atacando un barco enemigo. Kyoko voló hasta el hombre que iba vestido como el mismo rey.
-¡Akira!
El hombre volteo y su rostro fue más extraño de lo que Kyoko imagino. Había visto confusión, sorpresa, pero no alegría y por unos segundos creyó distinguir molestia.
-¡princesa!, ¡Se encuentra con vida!
-¡Así es, ayudare en tierra, ordena que nadie ataque a Therit mientras estoy abajo!
Sin esperar la confirmación del gran hombre Kyoko empezó a volar en picada hacia la tierra. Antes de que Therit aterrizara por completo salto hacia el suelo agradeciendo la estabilidad que le proporcionaba este.
-¡Corre, ve y vuela! ¡Ayuda a los demás!
El dragón volvió a alzar el vuelo reviviendo los cabellos sueltos de la princesa quien sin esperar más también se unió a la lucha.
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Se dice que una mujer nunca sería capaz de montar un dragón. También se dice que nunca una mujer sería la heredera al trono.
Pero el momento en que la princesa única heredera del trono bajo de su majestuoso dragón los vítores en la gente del pueblo no se hicieron esperar.
En cuanto la batalla había finalizado, las personas que habían visto a la princesa habían corrido la voz y solo unas horas había faltado para que todo el pueblo se presentara frente al castillo aclamando a Kyoko.
La chica quien nunca había tenido ese recibimiento por parte de su pueblo no había sabido cómo reaccionar.
-Princesa, si aclaman su nombre, usted debe responderles. Salga y muéstreles que los rumores no son falsos. Me encuentro completamente orgulloso de usted.
Akira había llegado hasta su lado. Kyoko se encontraba en el balcón de su habitación. Como toda la casa y toda la ciudad había sido reconstruida. Estaba agradecida con el hombre por haber organizado a su pueblo mientras ella no estaba y en especial por volver a construir la ciudad y reparar los daños, Kyoko suponía que eso tenía un doble sentido. Si la ciudad estaba bien, su población también lo estaría.
Akira inco su rodilla derecha en el suelo al mismo tiempo en que desenfundaba su espada y mientras agachaba la cabeza levantaba los brazos teniéndole la empuñadura de su espada a la confundida chica.
-Kyoko, sé que todo esto ha sido muy duro para ti, mucho más de lo que fue para mí. Toda tu vida se te negó algo que por derecho era tuyo y tú en lugar de quejarte hiciste algo al respecto. Una acción que justificara por completo tu valor. Luchaste cuando se te había ordenado esconderte, preferiste estar al lado de tu pueblo, protegiéndolo. Te has ganado respeto con tus acciones y siempre has sido sincera con tus palabras y nos has tratado abiertamente y sin engaños. En consecuencia te ofrezco mi arma y mi lealtad como jinete, de la misma manera que se la ofrecí a tu padre.
La sorpresa cruzo la cara de la chica. Kyoko tomo la empuñadura de la espada de Akira, la levanto y luego apoyo la punta en la cabeza de Akira.
-Acepto con honor tu lealtad, Akira Fujikage, así como tu aceptas todas las responsabilidades que conlleva tu juramento. Álzate y toma tu espada.
-Juro que llevare mis responsabilidades con honor. Ahora su majestad, si me permite hacerle una sugerencia, debería salir al encuentro de su población junto a su dragón.
-Therit
-¿Disculpe?
-El nombre de mi montura… es Therit.
-Valla nombre. ¿Por qué lo ha elegido?
-Yo no lo elegí, fue el mismo quien se nombró.
-Eso nunca lo había escuchado, ¿cree que se deba a que su jinete es una mujer?
-En realidad no sé qué diferencia marcaría eso.
-Puede que el dragón muestre de esa forma que no está al cien por ciento a su merced, majestad.
-No levantes falsas acusaciones. Ahora si me disculpas, tomare su sugerencia.
La chica un tanto ofendida camino entre los largos y espaciosos pasillos del castillo hasta llegar al patio. En el camino se tranquilizó y cuando llego hasta Therit ya no tenía ningún sentimiento contra Akira.
-Bueno Therit, será mejor que nos pongamos en marcha.
Con dificultad la princesa subió a lomos de su dragón y este empezó a agitar las alas para elevarse. No volaron mucho, prácticamente lo único que hicieron fue brincar por el aire la muralla externa del castillo. En cuento su figura se mostró desde afuera los aplausos y gritos de la gente se hicieron más fuertes y estremecieron el suelo y Kyoko aposto a que el ruido llegaría más allá del puerto.
El dragón aterrizo frente a todos y Kyoko bajo del dragón.
Empezó a caminar para dirigirse a todos cuando el aire en su cabeza se agito. Era Ehter el dragón de Akira que aterrizo a un lado del de Kyoko. Akira bajo de Ehter y camino hasta la princesa.
Ambos dragones se miraban a los ojos. Ehter se mostraba más grande que el dragón de Kyoko y su ojo amarillo como el resto de su cuerpo mostraban ironía. Las fauces de Therit se arrugaron y de pronto sus ojos azul zafiro se mostraron molestos. El dragón azul dio unos pasos atrás y soltó un rugido que asusto a toda la población.
Kyoko alarmada sin comprender la situación le reclamo a Therit pero el dragón no la escuchaba ni la observaba, seguía mirando con fiereza al dragón amarillo, ambos no dejaban de verse y ambos se tensaron como si estuvieran a punto de iniciar una batalla.
El dragón azul volvió a soltar un potente rugido y alzo su cabeza al aire mientras soltaba un largo camino de fuego azul.
El dragón amarillo ante la mirada de todos agacho la cabeza y doblo sus patas delanteras quedando a la disposición de Therit quien volvió a soltar un rugido. Después de eso sus ojos se normalizaron y se giró hacia Kyoko quien lo miraba extrañada y enfadada. El dragón agacho su cabeza quedando a la altura de Kyoko gruño un poco y doblo sus patas de la misma forma que el dragón amarillo permanecía pero enseguida se levantó y le mostro una mirada que Kyoko sintió ofendida y se alzó en vuelo regresando al interior del castillo. Ehter también se levantó y le mostro una mirada feroz a Kyoko y también se fue volando pero en dirección contraria hacia el puerto.
Kyoko se encontraba confundida pero en cierta forma se sentía culpable con Therit sin saber el verdadero motivo, eso de no poder comunicarse era algo que la sacaba de quicio.
-Siento mucho lo que ocurrió mi princesa.
Akira parecía comprender mejor lo ocurrido que ella, pero ella no expuso sus dudas ni curiosidad, no demostraría su falta de conocimientos frente a él ni mucho menos frente a toda su población que los miraban confusos. Akira empezó a caminar hacia el frente quedando a unos pasos de la multitud de personas que seguían sus pasos con cuidado.
-Sé que muchos de ustedes se encuentran confundidos. Para ser sincero yo mismo aun no soy capaz de superar la situación actual. Siempre hemos sabido o creíamos que solo los hombres son capaces de montar un dragón. Nuestros antepasados así lo dictaron y también había escrito que solo un heredero hombre sería capaz de obtener el trono. Pero hoy todo es diferente. Nuestra princesa ha cambiado nuestras costumbres y ha demostrado su valía desde el momento en que nuestro antiguo líder falleció.
"Ella me ordeno hacer lo necesario para mantener a salvo la población y también su orden fue que si al pasar una semana ella no regresaba diera la terrible noticia de que había muerto en el acto y fuera yo quien ocupara el lugar del monarca."
"Pero ahora que la princesa ha regresado con vida creo conveniente dejar el puesto que se me dio, pues creo que lo correcto y lo único que se puede realizar ahora es que la princesa tome el poder que siempre le ha pertenecido y más ahora que se ha convertido en una verdadera figura a la cual respetar."
Akira se acercó a la princesa se sacó la túnica blanca y con líneas de oro que antes la había llevado su padre y se la coloco en los hombros a la princesa.
-Yo, Akira Fujikage. Jinete de dragón, consejero del rey y actual monarca. Renuncio a la posición que se me fue conferida por la princesa como el monarca de la ciudad de Hellgrind y le dejo el poder a la única e indiscutible heredera Mogami Kyoko.
El hombre se quitó la pequeña corona que llevaba en la cabeza y se la coloco a Kyoko y después se arrodillo y volvió a realizar la misma acción que había hecho con la princesa en el balcón.
-Con el más profundo respeto y consiente de todas las dificultades en las que se encuentra ahora mismo, yo, Akira Fujikage jinete de dragón, y consejero del rey, te entrego mi espada y mi lealtad Mogami Kyoko.
Kyoko sonrió, tomo la espada y apoyo la punta en la cabeza de Akira tal y como lo había hecho en la ocasión anterior.
-Me honra que elijas servirme, jinete de dragón justo como lo has hecho con mi padre. Acepto al igual que tú, las responsabilidades que derivan de este acto. Levántate y toma tu espada.
Akira se levantó y se retiró quedando a tras de la princesa nueva monarca. Kyoko sabía que lo que diría sería la última prueba para que todos la respetaran y confiaran en ella al igual que su padre, así que debía ser cuidadosa y no debía dudar en ningún momento.
-¡Pueblo de Hellgrind!
Silencio.
-Tal como hizo mi padre antes que yo, daré mi vida por ustedes. Enfrentaremos al enemigo y los derrotaremos, por mi padre y por la gente caída en batalla. Ellos desearan nunca habernos enfrentado. ¡Libremos al pueblo del miedo del enemigo! ¡Por Hellgrind!
¡Por Hellgrind! ¡Por Kyoko-sama! Fue la exclamación del pueblo. Sin ninguna palabra más Kyoko hizo una reverencia y se dio media vuelta alejándose de las exclamaciones de aprobación adentrándose a la quietud de su castillo.
Pensó que Akira la seguiría pero por lo contrario se encontraba sola en el inmenso patio. Camino un poco y al doblar la esquina se encontró con Therit. El dragón azul tenía la cabeza alzada al cielo pero en cuanto sintió la presencia de Kyoko volteo a verla.
Su mirada era fuerte pero la chica la sostuvo con su propia mirada.
-¿Qué ocurre Therit?
El dragón volvió a gruñir y se alzó, en un salto grande acorto la distancia que la separaba de su nueva ama y en otro salto le callo encima a la chica que no pudo hacer nada. El dragón la había atrapado entre sus garras pero ella no se movió ni mostro miedo.
El dragón volvió a rugirle y Kyoko volvió a sentir que el dragón se encontraba ofendido.
-Lo siento. Aun no soy buena para estas cosas, creo que te he ofendido aunque aún desconozco la medida de mis acciones. Therit, lo siento.
El dragón volvió a gruñir pero dejo que la chica se volviera a levantar. La chica se sacudió las túnicas pero recibió un golpe amistoso con el morro por parte de Therit. Ella un tanto molesta intento empujar al dragón en vano. Solo causo que la chica volviera a caer. El dragón soltó un bufido y sin poder soportarlo más la chica empezó a reír a carcajadas.
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Ya había pasado una semana desde que Kyoko había regresado. La gente del pueblo había normalizado sus actividades y no habían sido atacados desde entonces.
La chica se había dedicado a estudiar todo lo que podría hacerle falta y empezó a crear estrategias para algún combate que pudiera presentarse en el futuro. Se planteaba posibilidades de ataques enemigos y ella misma tenía que resolver el problema con el menor número de heridos, todo era hipotético, pero de esa forma pensó que activaría su sentido de estrategia.
Akira la ayudaba por las tardes, tanto en su nuevo entrenamiento como en las decisiones importantes.
Como había ordenado se le habían confeccionado trajes más sugerentes que el que llevaba. Su ropa por primera vez ya no consistía en vestidos incomodos.
También se había realizado su silla de montar que le había parecido un gran trabajo de diseño. Era café y tenía pequeños detalles azules. Se ajustaba perfectamente a Therit y con ella Kyoko había empezado a aprender a como volar bien con su dragón.
Pero ese entrenamiento lo realizaba sola. Deseaba descubrir todos los misterios y todas las acciones que podía realizar por su cuenta. Todas las tardes salía junto con Therit a volar y juntos aprendían el uno del otro.
Kyoko había salido a practicar con su arco, pero descubrió que ya no tenía flechas. Triste por haber perdido todas las flechas con plumas de fénix bajo al sótano sabiendo que ahí encontraría algo para usar por el momento mientras se construía de nuevo las suyas.
Bajaba por las escaleras cuando escucho voces en el interior de la habitación. Por un presentimiento termino de bajar las escaleras con cuidado y silenciosamente se acercó a la puerta entreabierta.
En el interior descubrió a Akira junto a varios hombres que nunca había visto en su vida y mal presentimiento recorrió su columna vertebral haciéndola estremecer.
-¿Pero ahora que vamos a hacer?
-No lo sé, no contaba con que la mocosa regresara viva.
Voces rasposas que ella nunca había escuchado y que le eran desagradables al oído.
-No importa lo que vallamos a hacer, el plan es el mismo. Lo único que cambiaran serán los métodos. –esa era la voz de Akira.
-Pero ahora la princesa se interpone en nuestros planes
-Lo sé, no quería ser yo quien la "desilusionara" ha, pero no importa. Estaba mejor muerta, el pueblo no hubiera sufrido como sufrirá, ahora que ella ha vuelto solo debemos encargarnos de ella. Si yo hubiera permanecido como monarca no hubiera tenido que morir tanta gente…
-Haha, de todas formas tenías planeado esclavizarlos, da lo mismo cuantos mueran… ¿O acaso te has encariñado con ellos, Akira?
-No, pero será una perdida lamentable de esclavos…No me gustan las muertes innecesarias.
-¿Cómo la de la antigua reina?
-Sí, aun no los perdono, les ordene matar al rey más no a la reina…
Kyoko dejo de escuchar, lagrimas empezaron a resbalar por sus mejillas. Su pecho oprimía su pecho y había entrado en un pequeño trance.
-…pero ahora lo primordial será matar a la princesa, seré yo quien lo haga… al final de cuentas es en mí en quien más confía…
Kyoko empezó a retroceder, daba pequeños pasos hacia atrás pero en el proceso tiro un jarrón de metal y el sonido retumbo por toda la sala alertando a todos. Kyoko asustada le dio un vistazo a la puerta que se abrió con un fuerte golpe. Akira la observo y su seño se frunció. Ambos se miraban a los ojos y sin pensarlo Kyoko dio media vuelta y salió corriendo saliendo disparada hacia las escaleras.
Pero siempre había sido vencida por Akira, como en el pasado como en el presente la chica nunca había logrado vencerlo. Unos brazos la tomaron por la cintura cuando la chica había alcanzado el inicio de los escalones.
Grito pero su voz fue bloqueada por una mano. Sintió un golpe cerca del cuello y todo se empezó a convertir en sombras. A Kyoko antes de caer inconsciente lo último que resonó en su mente fue su propio grito que nunca fue escuchado.
