Capitulo 4: "Escolta a París"

- Eh…Hermione, ¿podríamos hablar un momento?- la voz de Ron la sacó de su ensimismamiento. Al instante se puso nerviosa, y se sintió sonrojar.

-¡Claro!- respondió Hermione, girándose hacia él, observándolo con atención.

Ron se sentó a su lado y la miró con ternura. La chica sintió ganas de echarse a llorar

"¿Porqué me siento tan triste?"- pensó

Sintió ganas de abrazar a Ron, y de que éste le dijera que todo estaba bien, que todo saldría bien, que Harry sanaría.

-Hermione…Harry estará bien- el susurró Ron, como si leyera sus pensamientos. La chica sintió que ya no podría aguantar más. Abrazó a Ron y lloró en su hombro, sacando toda la pena que le había producido ver asó a Harry, todo ensangrentado, todo herido, derrotado…

Lloró largamente, mientras Ron le acariciaba la cabeza, con ternura, y le susurraba al oído: "Todo saldrá bien, todo estará bien…" en un suave compás de cariño

Poco a poco la chica se fue tranquilizando. Era verdad, tenía que ser fuerte, para darle fuerzas a su amigo. No podía sentirse derrotada, no ahora.

-Ron, yo….-titubeó- yo tengo alfo que mostrarte- le dijo, recordando la bolsa.

-¿Sí? ¿De qué?- preguntó, extrañado, el chico.

-De Harry- concluyó Hermione.

Ron no agregó nada. Sabía como decía sentirse su amiga. Harry el había dicho algo, y eso debía haberla dejado mal.

Pero, aún sabiendo eso, había esperado poder hablar con Hermione sobre "ellos"

"¡No seas tonto, Ron Weasley!"- pensó- "Ves cómo está, y pensabas hablarle de eso. La chica está sufriendo y tú hablando tonterías"- se reprendió.

Subieron a la habitación de la chica, y, antes de entrar, Hermione recordó a Ginny… "Ojala que no halla visto la bolsa"- rogó Hermione, en silencio.

Entraron y Hermione se dirigió a su cama. Ginny no había visto nada, al parecer, porque la bolsa no daba muertas de haber sido abierta.

-¿qué es eso?- preguntó Ron- ¡oye! Eso es lo que traía Harry cuando lo encontramos- recordó, observando la bolsa con más atención.

-Sí, la traía Harry- afirmó Hermione.

-¿Qué haces con él?-preguntó Ron con desconfianza.

-Cuando ustedes salieron, yo vi la bolsa y la abrí- contó Hermione, abriendo, a la vez, la bolsa y vertiendo su contenido en la cama, con manos temblorosas.- A los minutos después, Harry despertó y me dijo que escondiera la bolsa…y que llamara a Lupin- agregó, mirando el relicario.

-Ah… Este es el horrocrux que tenía Dumbledore, ¿verdad?

-Sí, el anillo de Salazar Slytherin- afirmó Hermione- y este es el relicario falso que fueron a buscar ese día- completó, con voz sombría, al recordar la noche en que Dumbledore había muerto.

-Sí…-dijo Ron, pensando- ¿Dijiste que Harry había pedido que fuera Lupin? ¿Para qué?

-No lo sé, pero lo sospecho- dijo Hermione. Al ver que Ron la miraba con perplejidad, le explicó- Harry llamó a Lupin, Harry tenía una herida en el pacho que sangraba mucho, Lupin le dijo a la profesora McGonagall que esa herida no era "normal"… ¿entiendes?- le preguntó al chica.

-¿Quieres decir que la cosa que le causó esa herida a Harry era un…un…hombrel…?-preguntó Ron, pero Hermione lo hizo callar, rápidamente.

- No lo digas. Supongo que Lupin no quería que nadie se diera cuenta, al parecer, pensó que causaría aún más temor entre nosotros- concluyó Hermione, con voz melancólica.

-Solo espero que Harry esté bien- dijo Ron. La verdad era que extrañaba mucho a Harry, y saber que estaba gravemente herido no era de mucho consuelo.

Como ya eran cerca de las 6 de la mañana, nadie se volvió a acostar. Cada uno comenzó sus actividades normales, o encargadas por Molly: Hermione y Ginny ordenaron su cuarto (Gabrielle no estaba aún), Ron salió al patio con Fred y George para ver si encontraban algún rastro de lo que había atacado a Harry, Molly preparó el desayuno, y Arthur fue a trabajar.

-Ginny, ¿Y Fleur y su familia?- preguntó Hermione, al percatarse de que Gabrielle aún no aparecía.

-No lo sé- contestó la pelirroja con indiferencia. En esos momentos lo único que le importaba era Harry, nada más.

"Mmm…Qué extraño"- pensó Hermione, colocando su almohada en la cama.

Al terminar de ordenar, se excusó con Ginny, diciendo que iba al baño u volvía enseguida. Reparó en que la pelirroja parecía no haberla escuchado, ni haberle puesto demasiada atención durante aquel tiempo.

-Señora Weasley- dijo Hermione, entrando en la cocina- ¿Puedo preguntarle algo?

-Sí, claro que sí, querida- respondió Molly. Hermione notó que tenía los ojos hinchados. Seguramente había estado llorando hacía algún rato.

-¿Dónde están Fleur y su familia?- inquirió la chica.

-Pues, anoche se fueron a Francia.

-¿A Francia?- se extrañó Hermione- ¿Por qué?

-Pues porque Fleur acompañó a su madre y a sus abuelos a buscar sus pertenencias para instalarse definitivamente acá por un tiempo, al menos hasta la boda.- explicó Molly.

Hermione meditó unos segundos antes de inquirir otra vez.

-Ah…Entiendo. Y, ¿dónde estaban ustedes anoche?- preguntó, sabiendo que se internaba en un terreno posiblemente peligroso- Porque cuando encontramos a Harry, no había nadie acá- agregó, perspicaz.

-Eh…este…-titubeó la señora Weasley- Bill, Arthur y yo fuimos a dejar a la familia Delacour- respondió, nerviosa.

-Ah. Ojala que vuelvan luego.- dijo la chica, con aire lo más inocente posible.

-Sí, ojala.

Luego de esta conversación, Hermione salió al jardín, a meditar lo que la madre de Ron le había dejado entrever en su titubeo.

Antes que nada, Hermione pensaba que la señora Weasley no era buena mintiendo, porque, cuando ella le había preguntado dónde habían estado la pasada noche, su voz había temblado demasiado al contestar. Además, no creía que fuera necesario que Bill y sus padres fueran a dejar a la familia, si tan solo tenían que aparecerse. Por otro lado, se percató de que, últimamente, el señor Weasley apenas se veía por la casa, y que, cada vez que le preguntaban a él, a Molly, o a algún miembro mayor de la Orden, respondían con evasivas, y luego argumentaban excusas muy pobres para retirarse apuradamente.

Observó a Ginny saliendo de la casa, y dirigiéndose hacia ella.

-Mamá dice que el desayuno está listo- le dijo, con aire distraído.

-OK, ¿vamos?- le preguntó a Ginny.

-Sí.- respondió ésta- Tengo mucha hambre, ¿y tú?

-También. La verdad, me comería un hipogrifo.

Las chicas se encaminaron riendo hacia la casa. Hermione se alegró de que Ginny hubiera vuelto a ser, aparentemente, ella misma. No le hacía bien estar todo el tiempo triste.

-Mamá, ¿no hay noticias de San Mungo?- preguntó George, mientras desayunaban.

-No- contestó la mujer- Pero creo que Bill debe estar por regresar, porque Tonks fue a reemplazarlo en la guardia.

-¿Guardia?- preguntó, extrañada, Ginny.- ¿Quiere decir que están haciéndole guardia a Harry?

-Sí. Mientras no se sepa lo que sucedió, tendrá guardia permanente, para no arriesgarlo.

Nadie se refirió nuevamente al tema en el resto del desayuno. Seguramente, todos deberían estar pesando a qué niveles de perversidad habrían de llegar los mortífagos si fueran capaces de atacar un simple Hospital.

Luego de comer, Hermione subió a su cuarto. Una lechuza la esperaba con el periódico en la pata.

-¡Oh! Siento haberte hecho esperar, pequeña.- Al instante sacó cinco knuts y se los echó en la bolsita.

El ave emprendió el vuelo al instante, y desapareció entre los árboles.

Dejó "El Profeta" al lado. No tenía ganas de leer nada, ni de enterarse de ninguna tragedia más.

Para distraerse un tiempo, y, a la vez, para no caer en la pena otra vez, se puso a practicar hechizos transformadores humanos, con ayuda de su libro de "Transformaciones: nivel avanzado." Practicó cambiando sus dedos. Los hacía más grandes, más puntiagudos, más largos, etcétera. Cuando estaba por cambiar un mechón de su pelo de castaño a rojo, sintió que alguien golpeaba la puerta.

-Pase.- dijo, dejando el libro y el espejo a un lado.

-¡Hermione! Por fin te encuentro.

-¿Qué pasa, Ron?- preguntó la chica, deseando que no fuera nada malo otra vez.

-Bill ha vuelto. Vamos a escucharlo. ¡Rápido!- le contó el chico.

Al instante, Hermione se puso de pié y siguió a su amigo hacia abajo.

Bill estaba sentado en una silla, en la cocina, con un tazón de té y unas tostadas delante. Todos estaban reunidos entorno a él, y esperaban que les diera noticias.

-Y bien, ¿cómo está?- preguntó Fred, rompiendo el incómodo silencio.

-Mmm…-titubeó Bill- Miren, Harry está bien, o sea, está mejor de lo que estaba en la madrugada. Pero aún está grave.

Las caras de todos se ensombrecieron al escuchar esto. Era obvio, claro, porque sólo habían pasado unas horas. Pero, de todos modos, todos esperaban escuchar otras noticias, alguna que les diera más esperanza, como siempre lo había hecho Harry, darles esperanzas.

-¿Qué dijeron los sanadores al examinarlo?- preguntó Molly, con voz quebrada.

-Que es un muchacho fuerte, y que, además, tiene mucha suerte.- contestó Bill, sonriendo.

Al parecer, este comentario aflojó un poco la tensión del ambiente. Era verdad, Harry era un muchacho fuerte, no se rendiría tan fácilmente.

-¿Cuándo podremos ir a verlo?- preguntó Ginny, sonrojándose sin querer.

-Mañana por la tarde- contestó bill, haciendo caso omiso de el sonrojo de su pequeña hermana.- Los sanadores dijeron que debía reposar unas horas antes de recibir visitas, porque, además, ha perdido mucha sangre, por lo que está demasiado débil.

-Era de esperar, porque el aspecto que tenían esas heridas no era, precisamente, bueno.- agregó Molly, dando por zanjado el asunto.

El resto del día transcurrió así, calmado y nervioso. Todos deseaban que el siguiente día llegara para ver a Harry.