Capítulo 4: "Una extraña"

Los rayos de sol brillaban en lo alto del cielo mostrando todo su esplendor y majestuosidad. Los aldeanos se encontraban cosechando sus cultivos, las mujeres estaban fuera de sus casas hablando, mientras que los niños jugaban por alrededor del lugar cantando. Algunos jóvenes alimentaban a los animales por pedidos de sus padres. La tranquilidad estaba sobre aquel pequeño lugar alejado completamente de otras aldeas. Sin previo aviso el cielo comenzó a oscurecerse, el viento comenzó a soplar fuertemente y los árboles comenzaron a sacudirse amenzante. Las aves salieron de sus escondites alejándose del lugar a toda prisa, el suelo temblaba bajo las pisadas de una enorme criatura que cada vez se acercaba más a la aldea. Un enorme ser se dejó ver por entre medio de los árboles asomando su gran cabeza.

- ¡¡Es un monstruo!!- Gritó una mujer aterrada.

- ¡¡Corran!!-

La gente corría aterrada para donde podía sin mirar atrás. Los niños se aferraban a las manos de sus padres y los animales escapaban sin dirección alguna. El enorme ser derrumbaba las casas que se cruzaban en su camino, mientras que al mismo tiempo intentaba atrapar a la gente que pretendía escapar. El monstruo dirigió su vista hacia un rincón en donde se hallaba un pequeño niño atemorizado porque había perdido a su familia. El youkai corrió hacia el chico con intenciones de matarlo. Sus patas pesadas se enterraban en la tierra al mismo tiempo que la hacía temblar. Estiró su garra para alcanzar al pequeño cuando un haz de luz le cortó lo que antes había sido su brazo. Otra luz más grande atravesó su cuerpo y el monstruo desapareció no dejando rastro alguno. El sol volvió a salir y el cielo se volvió completamente celeste.

- ¿Estás bien?-

El niño levantó su rostro que mantenía cubierto por sus manos. Observó que una mujer le extendía una mano para ayudarlo a levantarse. Venía vestida con un manto y una capucha que le cubría la cara, lo único que podía ver era una sonrisa que le demostraba confianza. La miró con ojos temerosos y acercó su mano a la de ella. La mujer la tomó con cuidado y con un suave movimiento levantó al pequeño.

- Gracias... por salvarme- Musitó el pequeño.

- Por nada, espero que no te haya pasado nada malo... ¿estás bien?-

- Sí, muchas gracias-

Varias mujeres se acercaron al niño, entre ellas, su madre. Esta lo tomó en brazos y lo abrazó con fuerza. Lloró por unos minutos agradeciendo al cielo que nada malo hubiera pasado. Alzó la vista y sonrió agradecida a la joven que estaba parada observando la escena.

- Muchas gracias, ¿cómo podría pagarle?-

La mujer cerró los ojos y movió su cabeza a ambos lados en señal de negación y sonrió ampliamente.

- No tiene porqué pagarme nada, los favores... no se pagan señora-

- Pero quiero agradecerle de algún modo por salvar la vida de mi hijo-

- No podría aceptarlo, por favor... no tiene porqué pagarme, en verdad... -

La joven se dio vuelta dispuesta a irse cuando una pequeña mano jaló de sus ropas. Ella ladeó el rostro y bajó la vista para encontrarse con el pequeño niño que había salvado. El pequeño la miró temeroso.

- Al menos... ¿podría decirme su nombre?-

La joven sonrió divertida y se agachó a la altura del pequeño. Le dedicó una dulce sonrisa y se acercó a su oído.

- Te lo diré... si me dices cuál es el tuyo- Susurró.

- Ryutaro- Contestó temeroso sintiendo que sus mejillas se tornaban de un color rojo intenso.

La mujer sonrió y comenzó a reír fuertemente. El niño se asustó un poco, temiendo que ella se estuviera burlando de su nombre. La chica le sobó el rostro enternecida y le sonrió ampliamente. El pequeño la miró confundido sin entender aún.

- No tienes que ser tan vergonzoso... tienes que tener más confianza... -

- ¿De eso se reía señorita?-

- ¡¡Por supuesto!! jamás me reiría de un niño tan dulce como tú Ryutaro-

La joven se levantó y dio algunos pasos cuando fue detenida nuevamente por la mano del pequeño Ryutaro. Bajó la vista una vez más y lo vio sonreír ampliamente. Ella se agachó a su altura y le tomó las manos.

- Aún no me ha dicho su nombre señorita... - Dijo Ryutaro observándola ansioso.

- ¡Oh! Lo siento, ¡qué torpe soy!... mi nombre es... - Comentó la chica susurrándole algo al oído. El niño sonrió divertido y luego levantó su vista con una amplia sonrisa al igual que la joven

- Es un muy bonito nombre- Respondió.

Ella se levantó y acarició suavemente la cabeza del niño y con un caminar un tanto lento se alejó de la aldea para introducirse en el bosque no dejando rastro alguno de su presencia. Los aldeanos la miraron extrañados, muy pocas veces aparecía una mujer como ella, además, era muy extraña. Pero estaban agradecidos, ya que, había destruido al monstruo que desde hace algunos días estaba aterrorizando a la aldea y destruía los cultivos ocasionando que muchas veces no pudieran comer. Un monje que se encontraba cerca frunció el ceño. Desde el momento que destruyó al temible ser pudo percibir en ella un enorme poder espiritual y ahora no tenía dudas, esa mujer, había algo en ella que la hacía diferente, pero no era nada malo, al contrario, era bueno y puro. Por un momento la encontró parecida a aquella mujer... Pero luego recordó que era sumamente imposible, ya que, había estado en esa aldea mucho antes de que esta mujer apareciera, y eran completamente distintas.

- Jamás te olvidaré... - Musitó el pequeño recordando cada aspecto de la chica, sus cabellos, su amplia y cálida sonrisa, su voz tan suave y dulce, su gentilidad y sobre todo, un detalle que le había llamado enormemente la atención... la perla que colgaba de su cuello, en verdad era hermosa, tenía un color púrpura perfecto... si no fuera porqué aquella perla había desaparecido hace dos años, hubiera jurado que esa joya... era la tan preciada y codiciada, perla de Shikon.

Continuará...