Mi sueño efímero, mi hija adorada
By
Edward Cullen
Estúpida hermana psíquica y estúpidos hermanos inútiles.
Vi como Jasper bailaba con Alice, con la cabeza gacha mientras su esposa lo miraba con los ojos entrecerrados. Justo a un lado estaba Emmet bailando igualmente con Rose. Le gruñí y este me miro con disculpa, no podía creer que después de tanto tiempo de vivir con el pequeño demonio adivino, no pudiera engañar las visones de esta, ¡Sólo había tenido que tomar pequeñas decisiones y no pensar en nuestro gran plan para el rescate de nuestros nervios egoístas!
Bueno, pensé, tal vez el nombre del plan había sido el problema.
Dirigí mi mirada hacía otro lugar, desde ese árbol en que me encontraba recargado, de nuevo, con los brazos cruzados y cara de fatalidad. Bella bailaba con mi padre, junto a la joven pareja sólo de pensarlo me daban nauseas. Llegó la hora en que el "padre de la novia" bailara una pieza con ella, cosa que me dolió más de lo que pensaba admitir.
Carlise apretó ligeramente el hombro de Jacob y yo crucé con más fuerza los brazos, pensando que yo probablemente le hubiera destrozado. Entonces comenzó el espectáculo, la mayoría de las parejas se alejaban para darles paso, ya que parecían un par de bailarines profesionales, lo cual no estaba lejos de la realidad. Sin duda Carlise sabía lo que hacía, manejando a mi hija de tal manera que la luz refulgiera en su rostro y la hiciera ver más hermosa.
Suspiré mientras notaba como mis emociones cambiaban, de la furia a la depresión.
¿Quién lo diría? Que hacía tan poco tiempo, esa mujer que bailaba con maestría, había necesitado de mis brazos para sostenerse. Los humanos siempre se quejaban por el hecho de que sus hijos crecían a una velocidad impresionante… ¿Qué se suponía que debía decir yo?
Sentí una mano en mi hombro y vi a Charlie parado junto a mí mirando la escena, su cabello canoso lucía canoso, traía el rostro lleno de arrugas y probablemente era más fuerte ahora que nunca. La música volvió a cambiar y Jacob tomó a mi niña de nuevo.
—Deberías ir. — me dijo. Lo miré algo confuso, una de las desventajas del don de mi esposa, no podía saber lo que pensaba Charlie ahora. — Posiblemente no entienda mucho o nada en concreto, pero tu eres su padre.
—Yo…
—¡No quiero saber! — exclamó de repente tapándose los oídos. —No quiero saber nada, ni porqué demonios todos se ven como hace años ni nada por el estilo. Sólo digo. — una careta de total compresión sustituyo a la asustada. — Que no puedes negarte un baile con tu hija…aunque nadie lo sepa.
Me quedé en silencio durante un minuto, para luego sonreírle a mi tan admirado suegro.
—Gracias. — le dije y me dirigí a la pista de baile y como Carlise había hecho, apreté el hombro de Jacob. Este me miro para después sonreírme con el ademán más cortés que le había visto nunca, me entregó a Nessie, tomé su mano y rodeé su pequeña cintura con un brazo.
—¡Papá! — se sorprendió. — ¡Pensé que…! Bueno, tú sabes.
Sonreí ante su sonrojo, era igualita a su madre, cerré los ojos y escuche atentamente el palpitar acelerado de su corazón. Recordé que cuando Bella pensaba en convertirse en vampiro, pensaba que lo que más extrañaría sería su palpitar impaciente…Sin embargo, pronto ella misma me había dado el regalo de otro corazoncito ruidoso, para cubrir el silencio que haría el suyo…me habían regalado la melodía más preciosa del mundo, una que ya no me pertenecía.
—Te ves bellísima.
—¿En serio? No estaba muy segura del tocado, pero tía Alice dijo que se vería bien
—Más que bien. — contesté, sin embargo mi atención no estaba en su cabeza, si no en su rostro, parecía un pequeño ángel. — Lo extrañaré. — dije de repente. — escuchar tu mente.
Ella rió dulcemente.
—Si, yo también. — suspiró. — sobre todo que contestes mis preguntas antes de saber que las tengo o que sueñe con chocolate y despierte con una tonelada sobre la mesa de la cocina.
Reí con ella ante el recuerdo, esa noche, había asustado a Bella cuando a las cuatro de la mañana me fuera, cruzara el Pacífico y sólo por qué Nessie había soñado con chocolate.
—¿Eres feliz?— pregunté con un nudo en la garganta.
Renesme sonrió y se quito un guante para acunar mi rostro y así lo vi…
Recargué mi cara en su mano y le bese la palma, lentamente, sintiendo la sangre correr detrás de la fina membrana que era su piel, tan cálida y dulce. Sí, era feliz, sí, su corazón latía de algarabía y sí, no había nada que nublara su cielo…entonces ahora ya nada podía estar TAN mal para mí.
Y por último
le agradesco tanto a DiAnItA LiNdA
Por haber corregido tan bien este fic!
