Fuera la oscuridad comenzaba a hacerse patente y Hermione entornó los ojos para acostumbrarse a ella. Barty colocó a los dos hombres a su lado, que lo miraban enfadados y no dejaban de forcejear para liberarse de las ataduras, y la chica agarró a Barty del brazo en que la marca estaba pintada. Él se sobresaltó un tanto y ella sabía que Voldemort lo habíha llamado. Iban a desaparecerse del pueblecito para aparecer en Pequeño Hangleton, el lugar donde se hallaba el cuartel general de Voldemort y de su séquito.

Al instante comenzaron a girar en el aire y el estómago de Hermione parecía que iba a salírsele por la garganta. Segundos después aterrizaron en una verde explanada, y el estómago de la chica pareció volver a su debido sitio.

Una vez con los pies en el suelo la chica alzó la vista: la mansión se erigía majestuosa sobre una colina, apartada del resto del pueblo compuesto por unas cuantas casitas amontonadas. Barty agarró a los dos hombres que una vez más intentaron zafarse de él, y los arrastró por la colina. Hermione los seguía con todos sus sentidos alerta y aferrando con fuerza su varita.

A medida que subían el frío se pegaba más a sus huesos y Hermione temblaba de pies a cabeza, aunque no sabía si era debido al frío o a que notaba que el mal esperaba entre aquellas paredes. Llegaron a una verja destartalada y oxidada que cercaba un jardín bastante descuidado, y esta se abrió a su paso. La chica iba tras Barty y los mortífagos, escudriñando en la oscuridad buscando cualquier señal de peligro.

El joven empujó la basta puerta de madera que se abrió con un crujido, y Hermione se quedó admirada ante aquella estancia, pues nunca visto nada parecido: la casa, majestuosa por fuera, lo era también por dentro; tenía visillos de fina tela verde en todas las ventanas, que de nada servían ahora pues estaban la mayoría tapiadas, y una fina capa de polvo cubría los grandes y labrados muebles de madera.

Subieron una larga escalera de caracol, y a cada paso que daban los escalones crujían levemente. El corazón de Hermione latía con gran fuerza a cada escalón que subía, y sujetaba con más decisión su varita. Se oían voces y una risa femenina que denotaba cierta crueldad llegó desde el piso de arriba: la chica sabía muy bien de quién se trataba.

Barty arrastraba a los dos mortífagos que ya no tenían intención alguna de resistirse y ella contemplaba la escena con su pecho subiendo y bajando con violencia. Recorrieron un largo y oscuro pasillo flanqueado por varios cuadros y cuando iban a entrar en una sala iluminada por una tenue luz las voces cesaron de repente.

Allí estaba: Lord Voldemort contemplaba a sus nuevos inquilinos con una mirada inexpresiva, y los mortífagos, con la boca abierta, miraban a sus compañeros atados con estupefacción. Nadie pareció reparar en la presencia de Hermione salvo el Señor Tenebroso, que esbozó una media sonrisa al verla y ella tembló.

—Vaya, vaya, Barty… —dijo Voldemort con una voz sibilante— Veo que has traído a tus compañeros como si de piezas de caza se trataran.

—Mi señor, imploro su perdón— Barty se arrodilló soltando a los dos mortífagos que cayeron al suelo con estrépito, y dejando ver a Hermione que permanecía tensa tras él—. Aunque le he ocultado que conmigo vivía alguien más, y se que no merezco su clemencia sino la muerte.

Barty no miraba a su señor sino que mantenía baja la cabeza. Entre los mortífagos se respiraba una mezcla de ansia e inquietud por saber qué haría Voldemort ante aquello, pero él se limitó a mirarlo fijamente, agarrarlo del cabello y levantar su mirada hacia la de él para que aquellos fríos ojos se encontraran con otros más fríos aún.

—Barty, ¿así me pagas mi confianza?— Voldemort no parecía demasiado afectado- Sé que debes pagar por esto, pues has puesto a tu señor en peligro con esa estupidez, pero antes me gustaría que me explicaras qué hace esta sangre sucia aquí.

La miró fijamente y Hermione sintió que la sangre se le helaba, pero no le retiró la mirada y aquello pareció agradar a Voldemort, que sonriendo se acercó a ella. La chica permanecía completamente erguida mirando al frente, pues el solo contacto con aquel hombre le producía repulsión, y mientras él contemplaba cada facción, cada cabello de la joven con absoluta curiosidad.

—Mi señor, enviasteis a Yaxley y a Dolohov a mi casa, y ella estaba allí. Se… se llama Hermione Granger señor y ya sabéis que estudió en Hogwarts y la amistad que la une a Harry Potter. Se defendió, simplemente eso, y creo que tiene aptitudes y capacidad de sobra para… —dudó un momento y Hermione notó que tragaba saliva— seros útil.

Algunos mortífagos rieron a carcajada limpia, entre los que se encontraba Bellatrix Lestrange, que la miraba con odio acumulado. Hermione miró de reojo hacia la mesa donde estaban todos reunidos, y vio a Lucius Malfoy con semblante serio y la mirada perdida, junto con su mujer que tenía la misma cara. Pero Voldemort se volvió y con un gesto los mandó callar, cosa que hicieron al instante. El Señor Tenebroso no se tomaba las cosas en broma.

—¿Útil dices? Sí, he oído hablar bien de ella, a pesar de ser una sabelotodo insoportable… pero la gran pega es la sangre, Barty, la sangre. Si queremos crear una sociedad de sangre limpia no estaríamos predicando con el ejemplo.

—Pero mi señor, os lo ruego, es la bruja más inteligente de su edad. Ella sola se ha enfrentado a dos mortífagos y estáis viendo de lo que es capaz. Creo que sería muy útil y que su sangre no ha de importar cuando se trata de ser el mago más poderoso de todos los tiempos mi señor, si me permitís el atrevimiento.

Hermione se quedó atónita, pues no se esperaba que Barty dijera aquellas cosas sobre ella y mucho menos que replicara a su señor y al parecer los mortífagos pensaron lo mismo. Pero Voldemort, lejos de importunarse con aquellas palabras se volvió hacia ella escudriñando su rostro de nuevo.

—Sí, creo que tienes razón Barty. Y dime… ¿Granger?— Hermione asintió intentando no mirar a esas dos rendijas que tenía por nariz— A pesar de tener esa mezcla de sangre que yo detesto, ¿serías capaz de unirte a mi para ayudarme en la tarea que estoy llevando a cabo? Aunque para ello tenga que destruir a gente como tú.

Voldemort rió con fuerza sin cesar de mirarla, y los mortífagos hicieron lo propio imitando a su señor. Ella no contestó, se había quedado helada y la tensión era más que palpable en aquel ambiente, cosa que la retenía aún más.

—Venga, dime —la agarró del mentón y la miró con repulsión para soltarla enseguida, como si fuera a contagiarle alguna enfermedad—. Encima de que estoy siendo bueno contigo, y he decidido no matarte, no vas a dejarme sin una respuesta…

Hermione se armó de valor y tragó saliva.

—Estoy dispuesta a todo —respiró hondo y trató de no perder la calma—, mi señor.

Algunos mortífagos rieron por lo bajo y otros se quedaron sorprendidos, pero Voldemort sonrió satisfecho. Contaba con alguien nuevo, no alguien a quien le hubiera gustado tener, pero que francamente era buena y le serviría muy bien. Hermione se sobresaltó cuando él agarró su brazo, lo descubrió y con su varita comenzó a dibujar algo: era la marca. Lejos de querer retirar el brazo rápidamente, aquello le producía una grata sensación, cerró los ojos y un placer intenso recorría todo su cuerpo, pero no podía dejar que vieran sus sentimientos así que su expresión permaneció imperturbable, pues había aprendido mucho de Barty en esos años.

Abrió los ojos cuando el extremo de la varita de Voldemort se separó de su piel. Entre los mortífagos había caras de indignación y Bellatrix Lestrange no dudó en ser la primera en hablar.

—Pero mi señor… es una sangre sucia. No haría más que manchar vuestro nombre mi señor…

—Silencio —la mandó callar con un gesto de la mano y ella enmudeció de inmediato—. Sé muy bien lo que me hago.