4. En una cita

—No puedo creer que llevemos casi siete meses saliendo y nunca hayamos tenido una cita real.

—¿Qué hay de la ocasión en la cafetería esa… en la que pediste un sándwich?

—¡Por Crowley! ¿Por qué recuerdas que pedí? De todos modos, no cuenta si la mitad de los Bunce iban con nosotros.

—No iban la mitad.

—Tienes razón. Si hubieran ido la mitad no habría habido forma de que pagara toda la cuenta yo solo.

—Ya te dije que lo siento, no volveré a asumir que tu cartera es infinita.

Baz suspiro cuando vio la expresión de su novio. Odiaba cuando se ponía así. Ya era lo suficientemente difícil cuando entre él y Penny lo convencían a salir, no quería desperdiciar el tiempo con él cabizbajo todo el tiempo.

—Si lo pensamos un poco, quizás la graduación cuenta como cita— dijo, para intentar animarlo.

—Imposible, llegue de sorpresa. ¿Cómo sé que no hubieras salido huyendo si te hubiera avisado?

Baz sonrió al notar que Simon estaba bromeando.

—Tienes razón, definitivamente lo hubiera hecho.

—¿Y qué tal la vez que fuimos a hablar con Nicodemus?

—No, en todo caso en esa ocasión mi cita fue con Nicodemus, aunque sospecho que él sí que hubiera salido huyendo si hubiera sabido que iba.

—No creo que hubiera sido tan tonto como para perderse la oportunidad de hablar con un vampiro que, a diferencia de él, aún conserva su magia— continuó Simon con el juego—. Aunque, si Nicodemus era tu cita… ¿Por qué me besaste a mí al final de la noche?

—Corrección, tú me besaste a mí. Lo que fue muy grosero de tu parte, déjame decirte. Deberías ir y disculparte con el pobre Nicodemus. Qué manera de robarle su cita.

Ambos rieron después de eso, lo que fue música para los oídos de Baz. Últimamente era casi imposible conseguir ese sonido por parte del rubio.

—Aunque si lo vemos por otro lado, lo único que hiciste fue cambiar una criatura con características no normales sin magia, por otra criatura con características no normales sin magia— agregó entonces Simon, arruinando el momento.

—No digas tonterías— dijo Baz con los ojos en blanco, su novio se disponía a argumentar pero él siguió hablando—. Si vuelves a decir una cosa así no te comprare nada de comer.

Probablemente esa era la forma más tonta de amenazarlo que había usado desde que lo conocía, considerando que muchas de sus antiguas amenazas estaban relacionadas con la magia, pero logro su cometido.

Fueron a comer crepas en una pequeña cafetería-restaurante, caminaron por el parque mientras recordaban entre risas y un poco de nostalgia su tiempo en Watford. Finalmente Baz compro un helado para cada uno, chocolate para Simon y menta para él, y se detuvieron en un puente a ver una puesta de sol.

—Y… ¿Mejor que tu cita con Nicodemus?— preguntó Simon.

Baz lamio su helado con calma sin mirarlo.

—Supongo. Aunque bastante gay para mi gusto.

—Idiota…— murmuro Simon por lo bajo con voz claramente divertida.

Baz se hecho a reír.

Espero que alguien lo lea.

Los quiere: yo.