Acá les traigo un nuevo capítulo que espero que disfruten. La trama de la historia empieza a hacerse visible, y de ahora en más las cosas comenzarán a ponerse interesantes.

Gracias a todas las que me dejaron un review, realmente inspiran mucho para seguir escribiendo=), y por supuesto también a todos los que siguen mi historia.

Saludos

Cani

Severus Snape caminó con paso presuroso por las afueras del castillo, con el rostro impenetrable, los ojos fríos y su capa ondeando poderosamente en su espalda: trozo de tela negra que se clavaba delicadamente en la retina de aquella muchacha que acababa de despertar, y que se hallaba junto al cristal de la ventana del despacho del director. Se preguntaba qué hacía el profesor Snape y a dónde se dirigía, pero no le pareció pertinente preguntar. Después de todo, no era de su incumbencia.

-¿Y bien?- Preguntó Dumbledore a su alumna, que no despegaba la vista de los terrenos de Hogwarts.- ¿Cómo te sientes?- Entonces Hermione dirigió su profunda mirada al mago.

- Bien. Sólo…- Dijo mirándo el suelo pensativa.- Sólo algo cansada…

-Ya veo, ya veo. Supongo que es normal.- Hermione asintió, y el hombre continuó luego de una pausa.- No es un horario común para comer, pero la emoción debe haberte dejado hambrienta ¿Te apetece algo? ¿Algún plato contundente, un postre, o algunos caramelos quizás?

-Unos caramelos estarían bien.- Contestó la muchacha con una sonrisa en el rostro, intentando mostrar una alegría que no llegó a sus ojos.

#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#

-Mi señor.- Saludó con seriedad Severus Snape mientras hacía una exagerada reverencia.

-Severus.- Se escuchó la voz de Lord Voldemort desde la oscuridad de la habitación que apenas estaba iluminada con dos velas que eran sujetadas por los fríos muros de piedra.- Estábamos esperándote.- Dijo en un suave siseo aterrador.- Mis queridos amigos,-Comenzó dirigiéndose a todos los presentes.- he de anunciarles que al fin está llegando lo que merezco. Acércate, joven Malfoy. Ven, acércate.- Susurró maliciosamente mientras estiraba su blanca mano de afilados dedos hacia el joven muchacho de cabellos rubios como la plata: Draco se acercó temeroso, trepidando sin atreverse a levantar la vista, y al llegar junto a su señor se lanzó de rodillas uniendo su frente al frío suelo. Voldemort se puso de pie con seguridad, y lentamente aplaudió con fuerza mientras giraba alrededor de Malfoy, mirándolo desde la altura con arrogancia.- Te he designado una importante misión.- Siseó al fin.- Y has logrado cumplirla. Espero, mis mortífagos.- Continuó alzando la voz.- Que sigan el ejemplo de este muchacho. Quienes demuestren ser fieles seguidores recibirán lo que merecen. Pero quienes osen desafiarme, o traicionarme…- Dijo cambiando bruscamente el tono de su voz; clavando con furia y amenaza sus llameantes ojos rojos en cada uno de los presentes.-… Se enfrentarán a las consecuencias. Y puedo asegurarles que transformaré su vida en un verdadero infierno ardiente, y los torturaré tan lentamente que de sus sangrantes bocas saldrán súplicas: Rogarán desesperados que mis manos traigan con prontitud su muerte. Ahora tú.- Dijo volviéndose nuevamente a Draco.- Levántate.- El rubio tiritaba con fuerza en el suelo, tan aterrado que su mente no reaccionó lo suficientemente rápido como para cumplir la orden de inmediato.- ¡He dicho que te levantes!- Gritó Voldemort fuera de sí con los ojos amenazando con salir de sus órbitas, y luego con tan sólo dos grandes y potentes zancadas llegó junto al muchacho, que con una rapidez impactante se colocó de pie.

-Lo… Lo siento mi señor.- Voldemort apretó la mandíbula de su joven seguidor con los dedos índice y pulgar y con fuerza reclinó su cabeza hacia atrás clavándole la mirada a tan sólo unos centímetros de distancia.

-Has cumplido fielmente mis órdenes.- Susurró aquel pálido monstruo golpeando a Draco con el aire que escapaba de sus labios.- Demostrándome que estás dispuesto a luchar por mí, pero lo reconozco.- Murmuró con una sonrisa macabra adornando su rostro.- Me siento tentado a saber cuán lejos estás dispuesto a llegar. Dime, fiel mortífago, ¿Qué darías por tu señor?

-Todo.- Respondió Draco nervioso por la excesiva cercanía de aquel atemorizante ser.

- Con que "todo" es tu respuesta.- Dijo Voldemort soltándolo bruscamente y dándole la espalda.- ¿Torturarías a alguien por mí?

-Sí.

-¿Matarías por mí?

-Sí, mi señor.- Voldemort rió. Su risa, sonido escalofriante, se mostraba más similar a un gemido gutural salido de los oscuros mantos de la muerte, que a cualquier sonido humano.

-¿Me darías incluso…- Dijo girando lentamente para volver a mirarlo.-… Tu vida?- Finalizó subiendo con rapidez la varita al cuello de Malfoy, quién con los ojos como plato sólo tiritaba cada vez con más fuerza, sintiendo que sus rodillas ya no soportarían su peso y rogando que lo parecía se acercaba no sucediera.- Voldemort soltó una burlesca carcajada y acercó sus labios al oído del muchacho.- ¿Y qué tal… la vida de tus padres?- Dijo ahora señalando a Lucius.- ¡Crucio!-Lanzó riendo a carcajadas, disfrutando del espectáculo. Draco cerró los ojos con fuerza rogando que todo acabara pronto, y Severus sólo reaccionó a apretar la mandíbula con fuerza dándose cuenta de cómo toda la situación se apoyaba en un débil hilo.

-¡Mi señor!- Exclamó desgarrado Draco sin poder contenerse más.

-¡¿Cómo te atreves a interrumpirme?- Dijo furioso el señor tenebroso deteniendo su ataque para ahora dirigirlo al progenitor de su anterior víctima. -¡Cru…!

-¡Tengo información importante!- Gritó aterrado Draco intentando a toda costa evitar el ataque. Voldemort frunció el ceño, bajo su varita y luego sonrió.

-¿Y bien?- Preguntó.

-Se trata de… -Comenzó sin querer verdaderamente decir lo que diría.-…Severus Snape.- Volvemort alzó ambas cejas un tanto sorprendido.-Pude… Pude ver la batalla en el castillo, mi señor, ¡Y Snape no ayudó a los nuestros!- Gritó alterado por los nervios, el arrepentimiento y el miedo.-… él estaba del lado del maldito de Dumbledore. ¿No se preguntó, mi señor, por qué Carrow no está aquí? ¡Él la asesinó!- Gritó apuntando firmemente al hombre de cabellos negros. La sorpresa cruzó el rostro de Snape por apenas medio segundo, pero luego volvió a estar tan imperturbable como siempre.

-¿Es eso verdad?- Preguntó Voldemort acercándose a Severus, notablemente molesto.

-Mi señor.- Comenzó éste con la cabeza gacha.- Sólo seguía el plan. No podía mostrarme como un aliado suyo frente a Dumbledore, usted lo sabe.- Voldemort, sin estar completamente convencido presionó su varita contra su cuello, obligándolo a levantar la vista.

-Eso no explica porqué mataste a una de mis seguidoras. ¡No eres tú quién decide si alguno de los míos vive o muere! ¡Crucio!- Snape entrecerró los ojos mientras sentía que miles de espadas, espinas y látigos invisibles golpeaban su piel con fuerza. Mas, a pesar del dolor, hiso uso de toda su fuerza para evitar caer al suelo, o soltar gemido alguno.

- Sólo me protegí de su ataque.- Gimió Snape en cuánto el ataque se detuvo.

-¿Cómo puedo saber que no mientes? ¡Crucio!- Volvió a decir Voldemort, y esta vez el profesor Snape cayó con brusquedad al suelo.

-Es cierto, mi señor.- Dijo temeroso Lucius, que ya no soportaba ver cómo el que había sido su amigo sufría bajo las garras de aquel oprobioso monstruo.- Yo lo vi.- Voldemort detuvo su ataque y examinó a Snape entornando los ojos.

-Párate.- Ordenó. Por su parte Snape intentó inmediatamente cumplir con la orden dada, pero luego de apoyar una de sus rodillas, y levantar el segundo pie, volvió a caer de bruces al suelo. Voldemort rió.- ¡Pero qué lástima! ¿Es que no puedes levantarte?- Dijo con ironía.- Vuelve a intentarlo.- Mandó con dureza, y en cuanto el hombre de negros ojos apoyó sus manos junto a su cabeza impulsándose con ellas, Voldemort volvió a lanzarlo al suelo de una patada.- ¡Vamos! ¿Es eso todo lo que puedes hacer? ¡Levántate!- Snape volvió a impulsarse con sus manos, quedando apoyado en ellas. Esperó el fuerte golpe en su espalda pero éste no llego, mas, a pesar de estar libre de aquel peso, su cuerpo ya muy débil no parecía poder resistir todo ello: Sus brazos templaban amenazando con dejar caer su cuerpo sobre el suelo una vez más, y de su boca entreabierta comenzaban a caer finas gotas de sangre.- ¡He dicho que te levantes!- Gruñó Voldemort antes de patearlo con fuerza en pleno rostro. El oscuro profesor no pudo reprimir un leve gemido y cayó de espaldas sobre el suelo cerrando los ojos con fuerza.- Aquel ser sin alma, de rojos ojos y blanca piel se acuclilló junto a su y dejó que su varita se posara en su cuello con una lentitud y satisfacción tortuosas.- Esta vez creeré en tu palabra, confiando que no cometerás la estupidez de traicionarme; pues debes saber que de ser así….- Un silencio profundo siguió sus palabras: no era necesario ser pronunciado lo que seguía, y la varita se enterró aún más en la pálida piel del profesor Snape.- Crucio.- Susurró suavemente luego.

#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#

-Gracias, señor.- Dijo Hermione señalando la caja vacía de caramelos de limón. Albus rió.

-Bueno, parece que realmente tenías hambre.- Comentó mirando divertido los al menos 50 papeles vacíos que se habían encargado de envolver dichos dulces.- Aunque admito que me alegra saber que alguien más que yo por fin aprecia su delicioso sabor. Ahora bien, hay algo de lo que me gustaría hablarte, Hermione.

-Lo escucho.- Aceptó la muchacha mirándolo a través del escritorio que los separaba.

-Antes de comenzar, debo pedirle que no se altere por las noticias que tengo.- Dijo seriamente el anciano con formalidad, mirando a la estudiante por sobre sus lentes de media luna. Hermione comenzando a preocuparse asintió suavemente con la cabeza mientras entornaba los ojos.- ¿Qué recuerda de su batalla con Bellatrix Lastrange?- Hermione clavó su vista en un punto perdido del suelo, concentrándose en recordar lo sucedido.

-La verdad es que no tengo imágenes muy claras. Sólo recuerdo haberme levantado al no poder volver a dormirme. Necesitaba aclarar mi mente, por lo que decidí dar algunas vueltas por el castillo.

-Debo decir que fue una decisión muy irresponsable. No esperaba algo así de usted.- Hermione bajó la cabeza, avergonzada.

-Lo siento señor, tiene razón.- Dumbledore asintió aceptando sus disculpas.

-Bien, continúa. ¿Qué más recuerdas?

-Mientras caminaba por uno de los pasillos me encontré con ella: con Bellatrix. No recuerdo nuestra conversación, pero sé que de pronto estábamos luchando. Justo luego de que ella lograra dejarme inmóvil a sus pies Sirius apareció.

-Muy bien, muy bien.- Dijo pensativo el anciano sin mirarla a los ojos: Según parecía su alumna recordaba más de lo que él esperaba.- ¿Qué sucedió entonces?

-Sirius y Bellatrix comenzaron una nueva batalla, pero una vez más Bellatrix terminó como vencedora. Apuntó a Sirius Black con su varita y temí que lo dañara, o peor aún, que pudiera llegar a…- no pudo terminar Hermione cerrando los ojos ante la imagen que se mostraba en su mente. Después de todo sentía aprecio por ese hombre, y lo que menos le deseaba era la muerte.

-Entiendo.- Dijo comprensivo Dumbledore, volviendo su vista a Hermione.

-Pero entonces, sin alcanzar a darme cuenta realmente, ella se encontraba atacándome. Fue extraño…- Dijo perdiéndose en los recuerdos, casi podía revivir el momento.- No sentí dolor alguno, simplemente me sentí, de una manera extraña, completamente insensible. Como si ya no tuviera alma, o conciencia. Fue como salir de mi cuerpo, y encontrarme perdida entre lo bueno y lo malo. Como si ya nada me importara.

-Es comprensible.- Respondió el anciano.

-¿Qué quiere decir?

- Creo que tiene el derecho de saber que Bellatrix Lastrange le ha lanzado una maldición: una muy poderosa debo decir.- Hermione súbitamente dejó de respirar y sus ojos amenzaron con salirse de sus órbitas.- Déjeme recordarle que le pedí que no se alterara.- Hermione retomó la compostura, respirando de una manera exageradamente lenta, en un desesperado intento por calmarse.

-¿De… de… qué se trata?

-Lamento decirle que no me parece adecuado que usted maneje aquella información, pero puedo asegurarle que no tiene nada de qué preocuparse: Yo me encargaré personalmente de solucionar el asunto. Ahora bien, hemos llegado al motivo de esta conversación. Debe saber que habrá que tomar ciertas medidas. Medidas que ya he decidido.

-¿Cuáles, señor?- Preguntó curiosa y también un tanto nerviosa.

-Primero debe entender mis razonamientos: No me parece conveniente tratar su caso en San Mungo, pues, además de que dudo que puedan ayudarla debido a que se trata de magia muy oscura y antigua, prefiero evitar alterar a la comunidad mágica dejando relucir el hecho de que los mortífagos se han infiltrado en mi castillo, y han dañado a uno de mis estudiantes. Madame Pompfrey tampoco es una opción a considerar por su posible falta de conocimientos en el tema. Así, he llegado a la conclusión de que existe alguien de mi confianza que estoy seguro de que gracias a sus profundos conocimientos en el área, y su dedicación y perseverancia, logrará ayudarla.

-¿Puedo saber de quién se trata?- Preguntó discretamente la muchacha.

-Por supuesto: Estamos hablando del profesor Severus Snape.- Hermione tuvo que afirmarse con fuerza para no caer de la silla, pero de cualquier modo, sus esfuerzos por evitar perder la compostura no fueron suficientes como para no ahogarse con su propia saliva.- ¿Se encuentra bien? –Pregunto el anciano una vez su alumna se hubo calmado. Hermione asintió sin poder articular palabra alguna.- Si es así, continúo: Como notará las vacaciones de invierno se encuentran pisándonos los talones, y comprenderá que no es posible que usted salga del castillo en su estado.

-¿Tendré que quedarme aquí durante las vacaciones?

-Exacto, ha comprendido.

-Pero, ¿Por qué?

-Lamentablemente las consecuencias de la maldición que ha caído sobre usted podrían transformarla en un peligro potencial para el resto de los estudiantes e incluso para el profesorado.

-¿Qué haré entonces? ¡¿No podré salir de mi habitación?- Preguntó molesta Hermione.

-La verdad, yo diría que más bien no podrá entrar en su habitación. Recuerde que no es la única que duerme allí. Usted dormirá en el despacho del profesor Snape.- Hermione suspiró, sería difícil, pero quizás después de todo era algo lógico: Al parecer debían evitar a toda costa que ella se encontrara con cualquier otra persona durante su recuperación, y el despacho de Severus Snape se plantaba como el lugar perfecto: Nadie se atrevería a entrar allí, aunque aquel intimidante hombre no se encontrara en el castillo.

-¿Le parecerá eso bien al profesor Snape?- Preguntó nerviosa Hermione a sabiendas de que independiente de lo que el anciano dijera, la respuesta real era un rotundo y frío NO.

-Bueno, debido a la rapidez con que todo esto ha ocurrido, tratándose de un asunto y una decisión de esta misma noche, el profesor aún no está al tanto. Pero no se preocupe, estoy seguro de que estará encantado.- Aunque Albus Dumbledore decía todo aquello con absoluta seguridad, los dos presentes sabían que no sería así.- Sólo hay un pequeño problema que solucionar: Dudo que Severus tenga dos camas en su habitación.- Por poco Hermione muere infartada por el asombro.

-¡¿El profesor Snape dormirá conmigo?- Y de inmediato fue consciente del horroroso doble sentido que aquellas palabras podían tomar. Dumbledore se mostró impávido, mientras sonreía inocentemente.- Digo, ¡¿estaremos en la misma habitación?- Se corrigió rogando que el director no notara su descuido anterior.- Pensé… Pensé…- Comenzó intentando evitar que sus palabras sonaran tan desesperadas.- … que el profesor Snape no estaría en el castillo.- Dijo mostrándose excesiva y falsamente tranquila.

-Claro que sí ¿Cómo podría ayudarla si no fuera así? Bien, ahora que ya está al tanto de mi decisión, puede ir a su habitación e intentar descansar. Mañana sus cosas serán llevadas a lo que será su nueva habitación.

-Pero señor, las vacaciones no empiezan si no dentro de una semana.

-Sí, lo sé, pero no conocemos la rapidez con la que actuará la maldición dentro de usted. Es mejor evitar los riesgos y comenzar a trabajar en la solución cuanto antes.

-¿Y qué pasará con mis amigos y mis padres?

-Ellos serán avisados debidamente, como corresponde. Vuelvo a decírselo: No se preocupe. Yo personalmente me encargaré de entregar las informaciones necesarias.

-¿Puedo preguntarle una última cosa?

-Adelante.

-¿Porqué seré una amenaza para quienes estén conmigo?

-Por nada demasiado importante. Es probable que sufra fuertes cambios anímicos, entre otras cosas que no voy a mencionarle.

-Entiendo, gracias señor. Hasta luego.

-Adios, Hermione.- Respondió Dumbeldore antes de que la estudiante se pusiera de pie para volver a su habitación.

#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#

Al fin todo aquello parecía haber terminado. No había parte del cuerpo que no le doliera, y diversas heridas se habrían a lo largo de él cubriéndolo con sangre. Estaba muy débil, y aunque intentaba no pensarlo, no sabía si lograría salvarse esta vez. Lo habían torturado como nunca antes, y todo aquello luego de haber luchado arduamente en una batalla complicada. Con un esfuerzo casi sobre humano logró aparecerse frente al castillo, pero apenas su cuerpo se materializó sobre la nieve blanca cayó de bruces sobre ella, tiñéndola de rojo. Su cuerpo tiritaba con fuerza y su vista comenzaba a nublarse.

Se preguntó si aquello era el fin de todo. Muriera o no allí -olvidado, enterrado en medio de un sucio y frío paisaje, sin nadie que lo ayudara y consolara, sin nadie que deseara con fuerza que él volviera a pisar el suelo de aquel castillo rebosante de salud y que luego sufriera por él, extrañándole- volvería a repetirse aquella historia de siempre; aquel maldito final predecible que se clavaba en su pecho como una rencorosa estaca, provocando cada más daño.

A veces las decisiones que tomamos en la vida, los errores en los que caemos, nunca se van; en ocasiones las piedras de nuestro pasado permanecen congeladas en el tiempo, desafiando toda lógica y cobrándonos una deuda eterna e impagable. Porque no importa el arrepentimiento, no importa el dolor, no podemos hacer desaparecer el pasado. Mucho menos con aquella guerra amenazante que susurraba constante en sus oídos: aterrándolo; persiguiéndolo.

Así, luchaba con pasión y sufría cada noche en silencio y soledad. Así, volvería a caer herido sobre la blanda y burlona nieve. Porque quería, porque necesitaba, porque DEBÍA hacer un cambio. No tenía más opciones. Su mente a gritos pedía una oportunidad para recompensar los errores de su pasado, y su corazón llorando arrepentido amenazaba con matarlo si no intentaba al menos ayudar de alguna manera. La culpa no se iría, el pasado no cambiaría, y moriría algún día por allí, completamente solo, sin honra y sin honores, olvidado, o incluso peor, odiado; habiendo dado su vida, su amarga existencia, moriría con la misma amargura, con la misma desdicha y deshonor. Y nadie, ni siquiera aquel anciano barbudo que lo consideraría necesario, intentaría evitar su muerte, o derramaría lágrimas por él. Nadie sufriría en silencio por aquellos pasillos que recorría constantemente, ni susurraría su nombre en medio de las frías paredes. Por el contrario, su maldito nombre no volvería a escapar de los labios de ninguna persona, y sería olvidado, perdiéndose entre las páginas jamás escritas de una historia en la que su participación no habrá valido en absoluto.

¿Para qué luchar en ese momento?: Ya había dado lo que debía, y volvería a darlo una y mil veces más, cuando su participación anónima volviese a ser necesaria. ¿Para que esforzarse en levantarse de allí?: Lamentablemente, la fría nieve no sería suficiente para matarlo. Así, sin ánimos ni capacidad para levantarse, lo último que sus negros ojos vieron, fue la contraria nieve blanca, que ya no tan blanca, abrazaba su moribundo cuerpo.

#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#:::#

-¿Qué demo…?- Preguntó Severus Snape al encontrarse en su cama, lleno de vendajes.

-Veo que has despertado, muchacho. Estaba preocupado por ti- Sonrió Albus sentado a su lado, junto a la chimenea-¿Cómo te encuentras?

-¿Cómo es que…?

-¿No te enseñaron que es descortés responder con una pregunta?- Dijo divertido el anciano.

-¿No es eso lo que haces ahora?- El director rió abiertamente.

-Tuviste suerte. Un elfo domestico iba en busca de Hagrid por un asunto de los jardines cuando te encontró sobre la nieve. Le ordené traerte, y Pompfrey se ha encargado de curarte. Deberías agradecerle.

-Es su trabajo.- Dijo fríamente el hombre de cabellos negros. Albus negó con desaprobación.

-Toma- Dijo tendiéndole una taza de té caliente.- Té de Pu-Erh, te hará bien.

-No debiste molestarte.- Respondió fríamente Snape recibiendo en sus manos el líquido caliente.

-Tengo noticias que darte.

-¿De qué se trata?

-De Hermione Granger.- Respondió directamente el director, para luego comenzar su relato.