Al caer la noche, el Patriarca reunió a todos los niños y les llevó a una pequeña cabaña que estaba situada cerca de las doce casas

Al caer la noche, el Patriarca reunió a todos los niños y les llevó a una pequeña cabaña que estaba situada cerca de las doce casas. Al parecer tendrían que dormir todos allí. La mayoría de ellos no había traído casi nada con ellos del lugar dónde vivían antes de llegar al Santuario, por eso quedaron preocupados porque no sabían si dormirían en el suelo. Pero al abrir la cabaña vieron que, por suerte, diez sacos de dormir les esperaban.

El Patriarca les informó de los horarios que tendrían que cumplir, tenían que levantarse al amanecer y dirigirse al coliseo para comenzar los entrenamientos, estos duraban toda la mañana y parte de la tarde. Por lo que dijo, a partir de ese momento los niños contaban con poco tiempo libre para hacer otras cosas.

Cuándo el considerase, los enviaría a sus lugares de entrenamiento dónde tendrían que ser merecedores de cada armadura dorada correspondiente.

Después de terminar su discurso, les ordenó que se fueran a dormir y cerró la puerta.

Todos prepararon su saco de dormir. Pero no todos tenían ganas de dormir, así que empezaron a hablar.

- Los entrenamientos de mañana, ¿Serán iguales a éstos? – preguntó Elnath.

Ninguno respondió, no tenían ni idea de lo que se esperaría de ellos. Algunos dijeron que tendrían que hacer cada día lo mismo y otros que harían una serie de ejercicios diferentes de un día para otro.

- Tu hermano debe saberlo.- Shura miró a Aioria al decir estas palabras.- ¿No te ha dicho nada? – Aioria negó con la cabeza.

- En realidad no me ha dicho nada de nada.- se le veía molesto. No le había gustado no poder dormir en el templo de su hermano. Se lo habían prohibido y Aioros ni siquiera le había dirigido la palabra después de que le viese cumpliendo el castigo.

- Oye, Shura.- dijo Camus de repente ignorando el malhumor de Aioria.- ¿Qué tal están las piedras voladoras?

Pero Shura se encogió de hombros, sorprendiéndolo.

- Ellas sabrán.- contestó en tono de broma. Aquello preocupó a Camus porque tal vez no pudieran hacerle nada Milo y él.- Las piedras no vuelan. – concluyó Shura.- Pero el poder del cosmos de algún caballero pudo haber hecho que mi piedra volase. Todos tenemos un poder oculto que supongo que podremos usar si hacemos que nuestro cosmos arda hasta el límite, si lo sabemos usar o una cosa parecida.- Realmente parecía haberse aprendido una lección.

- ¿Quién te dijo eso? – preguntó Elnath, interesado.

- Aioros.- respondió Shura. Aioria le miró fijamente y luego apartó la vista, molesto al parecer.- Luego yo busqué algo de información por mi cuenta.
- ¿A quién le importa que buscases información por tu cuenta o no? Hay gente que quiere dormir.- dijo alguien.
Se trataba de Aphrodite, era un niño con el que casi nadie había hablado gran cosa. Algunos replicaron y siguieron hablando hasta que un niño que tenía su saco de dormir cerca del de Aphrodite dio un golpe muy fuerte en el suelo con el puño. Aquel niño era un misterio porque no había hablado con ninguno en todo el día. Que ellos supieran. Pareció que la cabaña temblase en cuánto él golpeó el suelo y algunos se estremecieron. El pequeño pareció envuelto en una luz dorada

- Puedo mataros si no os calláis.- dijo.

- Oh, cállate.- refunfuñó Milo que no había hablado en todo el rato. Estaba enfadado desde que Aioria le tendiese la trampa.- Nadie nos da órdenes. Además no puedes matarnos. Ninguno tiene suficiente poder aún.
- ¿Cómo sabes que no puedo hacerte daño? – amenazó el otro.

Milo fue a contestar pero la puerta se abrió de repente. Un soldado raso estaba delante de ellos.

- ¿Qué hacéis despiertos? – preguntó frunciendo el entrecejo. – Cuándo el Patriarca dice a dormir quiere decir eso. Así, pues. ¡A dormir!

No les dejó hasta que les vio a todos metidos en sus sacos de dormir.

Hubo un silencio general en cuánto se cerró la puerta y entonces apagaron las luces. Pero no todos durmieron. Pronto comenzaron los susurros.

- Oye, Aphrodite…- murmuró Deathmask a su amigo. – He estado pensando una cosa…

Pero Aphrodite no podía oírle porqué parecía haberse quedado dormido inmediatamente.

- Vaya, el que quería dormir. – oyó que le decía alguien. Milo le miraba atentamente desde su saco de dormir, el cuál no estaba muy lejos. Contestó con una mirada asesina. Pero Milo pareció darle por imposible y le dio la espalda.

La verdad es que estaba mal por su parte haber pedido silencio para que Aphrodite durmiese y ahora intentar despertarle. Pero quería preguntarle algo antes de dormir, no esperaba que se durmiese tan rápido.

- ¿Por qué te castigaron? – preguntó Camus a Milo en voz muy baja. – Aioria comentó algo…

Milo emitió lo que pareció un pequeño gruñido. Camus decidió empezar por otra pregunta.
- ¿En qué consiste el castigo?
- Tengo que bajar al pueblo a visitar a una anciana aburrida después del entrenamiento de la tarde durante una semana.
- Eso es peor que el limpiar las escaleras de los doce templos.- le miró con compasión.- ¿Y que hay de Aioria? ¿Qué hizo?

Pero no pudo contestar porqué un estornudo le interrumpió. Se oyó disculparse a Aioria. Camus sonrió ampliamente. Se oyeron algunas protestas de los que intentaban dormir a las que Milo se unió, no porque tuviese sueño, sino para fastidiar a Aioria.

Milo le contó lo que Aioria había hecho, Camus escuchó atentamente hasta que un fuerte ronquido les hizo dar un respingo. No fueron los únicos que se asustaron.

Los ronquidos provenían de Shura que dormía boca arriba. La mitad de su cuerpo estaba destapado y ninguno habría sabido decir que había pasado con su saco, porqué estaba durmiendo encima de él, no dentro.

Elnath, que estaba cerca de él lo movió un poco, intentando que parase de roncar pero la respuesta que obtuvo fue un pie en la cara. Entonces Elnath le dio una patada, pero pareció que Shura estuviera soñando con algo violento porque intentó darle un manotazo que no alcanzó el blanco porque Elnath se apartó a tiempo.

Finalmente Elnath se ocultó todo lo que pudo dentro de su saco, intentando amortiguar los sonidos guturales que provenían de su izquierda.

Milo no pudo aguantar la risa al ver la escena y sus ensordecedoras carcajadas se oyeron por toda la cabaña. Pronto recibió una almohada en la cabeza que parecía provenir del saco de Shaka. Se extrañó pues pensaba que el indio era pacífico, pero cuándo le fue a devolver la almohada, o a golpear con ella, vio que el niño parecía profundamente dormido. Miró extrañado y se preguntó si el niño era sonámbulo. Le puso la almohada debajo de la cabeza y volvió a su saco. En el rostro de Shaka se dibujó una pequeña sonrisa.

A medida que la noche avanzaba, todos se fueron durmiendo. Pero Deathmask no podía dormir. Se moría de ganas de contarle a Aphrodite lo que ansiaba hacer. Y se preguntaba si Aphrodite le apoyaría. Esperaba que sí porque era el único que le había parecido simpático entre todo el grupo, él único que se acercó a él cuándo estaba solo.

- Aphrodite…- susurró. – Despierta un momento, sólo quiero que me respondas una cosa… ¿Te apetece tener una pequeña aventura esta noche?

- No soy una niña y si, quiero un poco más de vainilla… - respondió Aphrodite entre sueños. Deathmask no entendió que tenía que ver esto.

- Sólo quería saber si me acompañarás a explorar el cementerio.

Aphrodite abrió un ojo.

- Cómo no me dejes dormir el que va a acabar en un cementerio serás tú.

- Bien. Estás despierto.

- No es verdad. Estoy dormido. – Para demostrarlo se ocultó en su saco.

- Escucha sino quieres venir dímelo directamente.

Se escuchó un resoplido.
- ¿Ir adónde?
- Al cementerio.

Aphrodite asomó la cabeza.
- ¿Para qué? – preguntó.

- ¿No te entra curiosidad y ganas de visitarlo?

Pero su amigo le miró con los ojos soñolientos.
- Podemos visitarlo a la luz del día. – dijo al fin.
- Pero es más emocionante de noche.
- ¿Por qué tienes tantas ganas de visitarlo? – por fin Aphrodite parecía despierto.
- No lo sé. Pero me gustaría verlo.

Después de unos cuántos minutos más Deathmask consiguió convencerle. Se levantaron en el más completo silencio, intentando no hacer ruido. Aunque lo intentaron, Deathmask no pudo evitar tropezar con algún saco de dormir porque en completa oscuridad no se veía bien. Y temió despertar a alguien pero por suerte parecía que sus compañeros estaban profundamente dormidos.

Aphrodite iba por delante, y Deathmask casi chocó contra él cuándo se paró de golpe delante de la puerta.

- ¿Se puede saber que haces? – masculló.
- No hemos planeado como irnos.- le respondió Aphrodite en un murmullo apenas audible.- Y no sabemos como burlar al soldado raso que nos mandó a dormir. Así que si está el soldado, no cuentes conmigo para escaparnos.
- No esperaba que fueras un cobarde.- Deathmask frunció el entrecejo.
- No es eso pero es que tengo sueño, y si no recuerdo mal alguien me despertó.

No le contestó y esperó pacientemente a que su amigo abriese la puerta. Este se lo tomó con mucha parsimonia. Movió la puerta muy lentamente, intentando no hacer mucha fuerza en el picaporte, y Deathmask se impacientó.

Los minutos se le hacían interminables, asi pues apartó a su amigo de la puerta y la abrió él mismo de golpe. Aphrodite le miró con aire de reproche pero no había ningún soldado raso esperándoles detrás de la puerta.

- ¿Lo ves? – Le dijo Deathmask. – Aunque hubiera habido alguien esperándonos, se hubiera dado cuenta de que nos íbamos aunque abrieses la puerta más lento que una tortuga. A decir verdad creo que las tortugas son más rápidas que tú.

No contestó pero le dio un fuerte pisotón. Después, Aphrodite avanzó más deprisa en dirección al cementerio, dejando atrás a Deathmask. Este último le siguió divertido, parecía que su amigo tenía un carácter muy fuerte cuándo se acababa de despertar.

Par sorpresa de ambos no encontraron a nadie que les impidiese rondar a esas horas de la madrugada. Se sintieron aliviados pero un tanto inseguros. No lo dijeron pero se sentían inseguros, pues no sabían si alguien les vigilaba.

Así pues llegaron al cementerio sin muchos problemas. Tenía un aspecto algo tétrico y ambos callaron mostrando respeto. No lo dijeron pero era como si decir cualquier sonido fuera profanar a los muertos, como si estuviesen en un sitio diferente a todos los que habían pisado.

A mucha gente le daba miedo pisar los cementerios de noche y sin embargo ellos dos se sentaron entre las tumbas. No era miedo lo que sentía Deathmask. Era respeto, respeto por todos los que habían acabado allí, que habían muerto luchando. Pues en todas las lapidas se podía leer junto al nombre, el de una constelación. Debían ser caballeros que murieron luchando por Atenea.

- Me gustaría morir luchando como ellos.- dijo Aphrodite. Deathmask asintió, sentía lo mismo. Y de nuevo se sorprendió, eran pocos los niños que como él pensasen en la muerte y en morir luchando. Aunque, a decir verdad era lo que se debía esperar de los caballeros o de los que lo iban a ser.
- A mi me gustaría ser bastante fuerte para no tener que morir.- reconoció Deathmask.- Y si tengo que morir, no quiero hacerlo de viejo.

- Eso no es propio de ti.- Le miró.

- No me refiero a que quiera ser guapo para siempre ni ninguna cursilería por el estilo. Yo no quiero morir siendo débil. Porque entonces si que merecería morir. Solo los fuertes merecen vivir. Y yo quiero ser fuerte.

- Entonces lo tendrás fácil, porqué estamos aquí para hacernos fuertes.

No se río de sus palabras y se lo agradeció. Asintió en silencio.

Hubo un gran silencio que Aphrodite volvió a romper.

- Mis padres también están en un sitio como éste.- tenía la mirada fija en un par de lápidas.- A veces les echo de menos, aunque su recuerdo se borra cada día que pasa.

- Con el tiempo desaparecerá para siempre. – Era el único consuelo que se le ocurría.

- No se si quiero que desaparezca.

- Mi padre también está en un sitio como este. Él era débil. Y yo si quiero borrar su recuerdo.

- Y no quieres ser como él. – adivinó Aphrodite.

De improviso oyeron un ruido extraño, Aphrodite tironeó de su manga y Deathmask no quiso reconocer que estaba asustado. ¿Podía ser verdad lo que decían de los cementerios? ¿Se levantarían los muertos de sus tumbas?

Se giró para que nadie le pillase desprevenido pero allí nada se movía. Tan sólo el susurro del viento que al parecer les había jugado una mala pasada. Bajó la vista avergonzado por haber tenido miedo.

Entonces algo apareció en su cara, era un pájaro negro que hizo que gritase. Aphrodite también gritó. Pero tan desapareció tan rápido como había aparecido.
- Es extraño. Aquí no puede entrar ni una hormiga.- Dijo Aphrodite, cuándo se recuperaron del susto. - ¿Qué debe de haber sido eso?
- ¡Me encanta este lugar! – gritó Deathmask entusiasmado. –Aquí pasan cosas muy extrañas. – Volvamos mañana.
- Hablando de eso, ¿No deberíamos volver?

Alguien río mientras veía a los pequeños marchar. Luego giró sobre sus pasos y se dirigió al templo de Géminis, antes de que su hermano notase que no estaba.

Sin embargo Saga no notó su ausencia.

No se levantó a la hora a la que acostumbraba y Kanon se acercó a él mientras dormía. Se preguntó si le había pasado algo. Pero Saga seguía respirando. Un alivio le recorrió el cuerpo. Frunció el entrecejo porque él no creía sentir eso. Debía de ser lo que llamaban amor fraternal, pues después de todo era su hermano.

Le tocó en un hombro pero no despertó. Entonces le puso la mano en la frente y notó que estaba ardiendo. Entonces le subió la sábana hasta el mentón.

Saga despertó entonces y Kanon apartó las manos corriendo.
- ¿Qué haces?
- Llegas tarde.- no sabía que excusa darle.

Saga se incorporó no sin dificultad.
- ¿Me emborrachaste anoche y no me acuerdo?- preguntó llevándose la mano a la cabeza.

- Por supuesto que no.

- Viniendo de ti me espero cualquier cosa.

- Eres muy considerado. – dijo Kanon sarcásticamente.- Por cierto, ¿Oíste lo que te dije?

- No grites. Me duele todo. ¿Seguro que no me emborrachaste?

Negó con la cabeza. Entonces volvió a tocarle la frente, haciendo ver que comprobaba su temperatura en ese momento.
- ¿Se puede saber que haces?
- Tienes fiebre.- concluyó Kanon apartando la mano. Saga no pareció muy contento con la información.- Oh, alégrate, es mejor que tener resaca. ¿Sabes lo que significa esto?
- Que te callarás para que deje de dolerme tanto la cabeza.
- Oh, el dolor no desaparecerá porque yo me calle. Solo te hace falta descansar.
- No seas estúpido. Tengo que ir a entrenar.

Se levantó y dio un pase adelante, pero pareció como si tropezase y volvió a caer en la cama. A Kanon le resultó extraño verlo así, era como verse así mismo derrotado.

- Ah no, hoy me toca a mi divertirme.- dijo con los ojos brillantes.- Tu no puedes moverte, así que no hay otro remedio.- añadió al ver la mirada que le echaba su hermano en esos momentos.

Finalmente Saga se sintió derrotado al ver que le costaba mucho moverse. Tal vez Kanon tenía razón y sólo necesitaba descansar.

Cerró los ojos pero no sintió mejoras. Ojalá fuera fácil curarse cuándo se estaba enfermo. Oyó unos ruidos y abrió los ojos. Lo que vio le dejó sorprendido: Kanon tenía una pernera de su armadura en las manos y parecía que tuviera intención de ponersela.
- ¿Se puede saber que haces? – le espetó Saga. – Yo no voy a entrenar con la armadura puesta.
- ¿No? – Kanon pareció sorprendido o quizás solo lo hacía ver, tantas ganas tenía de vestir la armadura.
- No. Así que si te vas a hacer pasar por mí, compórtate como lo haría yo.
- ¿Puedo ponermela para bajar al pueblo? – Le miró con los ojos brillantes.
- No.
-Tu te la pones para bajar al pueblo.
-Tu también bajas al pueblo y no llevas armadura.- Kanon no esperaba que su hermano lo supiese.- De forma que parece que Saga de Géminis baja a veces al pueblo con armadura y a veces si. ¿No crees que me da un aire un tanto paranoico?
-De modo que no puedo vestir la armadura.- volvió a insistir Kanon sin responder a su pregunta.
- Oh, no sigas con eso y vete de una vez. Me duele la cabeza.

Un rato después, Kanon se dirigía contento al coliseo dónde ya estaban todos los niños, el Patriarca y Aioros. El Patriarca hizo una seña y Kanon se acercó nervioso.
- Llegas tarde.- dijo el Patriarca.

Kanon tragó saliva. Se preguntó cómo contestaría Saga en su lugar.