Este fanfiction es del tipo YaoiSlash, lo que significa que se describen escenas de amor, romance, sexo y violación entre hombres. Si el tema no es de tu agrado, te pido cordialmente que te retires. Estás avisado, no acepto reclamos.

Si disfrutas del YaoiSlash tanto como yo solo me queda advertirte que si eres fanatico de Percy Weasley este fic no es para ti.

Ahora, si aún quieres leer, estás en libertad de hacerlo.


Dos cuerpos, un alma

by Emiko Mihara

4° Capítulo "Sentimientos Cruzados"

FLASHBACK START ---------

- Ge... org... e... po... rfa... vor... n... o... no... le... di... gas... a... ma... m... á... ni... a... p... a... pá... –

- ¿Cómo... Cómo queres que no les diga? Ese bastardo— -

- Mamá... no... lo... sopor... taría... Por... fa... vor... Geor... ge... pro... mete... lo... -

--------- FLASHBACK END

George abrió los ojos. Estaba en su cama, en su habitación y aún era de noche... La tercera sin Fred. Se sentó tocándose la frente, corriendo el sudor frió que resbalaba por su rostro. Suspiró pesadamente y miró por la ventana la luna gris rodeada de estrellas. Luego volteó a ver la cama vacía junto a la suya...

'Fu... e... Pe... r... cy... e... él... m... e... me...'

Aún cuando tratara de alejarla, la voz de Fred seguía resonando en su cabeza. No había una oportunidad en que pudiera cerrar los ojos sin ver a su gemelo en la cama del hospital, llorando como nunca antes lo había hecho... Y todo por culpa de ese bastardo.

Maldito el día en que su hermano mayor, Percy Weasley, había posado sus ojos canela en el cuerpo de su gemelo. Maldito el lugar en el que Fred fue victima de sus asquerosas caricias. Maldito... Maldito... Maldito... Maldito él, por no haber visto su dolor. Maldito él, por no haber oído su llanto.

Aún cuando quisiera eximirse de una culpa que no le pertenecía, George no podía dejar de pensar que él podría haberlo impedido. ¿Porqué no se dio cuenta de lo que pasaba? El extraño sentimiento reflejado en los ojos de Fred... ¿Era miedo?

Las siguientes horas pasaron lentamente sin que el mayor de los gemelos pudiera dejar de echarse la culpa. Había mantenido su promesa de no decirle nada a sus padres, pero... ¿Cuánto más resistiría?

No quería que Fred lo odiara ni que su madre sufriera, pero no podía evitar sentir que ese bastardo merecía que se supiera la verdad. Alguien debía quitarle esa estúpida mascara. Debía haber alguien que le mostrara al mundo el verdadero ser que se ocultaba detrás de Percy Weasley... Y ese alguien... era él.

Solo una o dos horas después de amanecer, George se dignó a abandonar su cama, vestirse y bajar a desayunar... Tal vez hoy... Sí, tal vez hoy iría a ver a Fred.

- Buenos días. – saludó a su madre al entrar a la cocina y se sentó en su lugar de la mesa. Frente a él, Ron y Ginny ya estaban desayunando, como si fuera un día igual a cualquier otro.

Molly y Arthur se habían puesto de acuerdo en no decirles más de lo absolutamente necesario, fue por eso que todo lo que los más pequeños sabían era que Fred había tenido un accidente con su varita y que por eso estaba en San Mungo.

En la cabecera de la mesa, Arthur tomaba su café como siempre, ocultándose detrás del Profeta, que no parecía contar nada nuevo ni interesante, por lo menos no para George.

- Buenos días padre. – saludó propiamente Percy al entrar a la cocina - Buenos días madre. – rodeó la mesa y puso una mano en el respaldo de la silla junto a Arthur: la silla de Fred.

- ¡No! – exclamó el mayor de los gemelos quitando la mano de Percy de un tirón. Los dos menores levantaron la mirada de sus platos y Arthur se asomó por arriba del periódico. Molly se giró, si dejar de apuntar a la estufa con su varita.

- George... – lo llamó su padre - ¿Qué ocurre? -

- ¿Porqué me gritas? – dijo Percy mirándolo retadoramente.

- Es... la silla de Fred. – respondió el gemelo, devolviéndole una mirada más dura.

- Percy... siéntate en tu lugar. – ordenó Arthur, intentando adivinar por que sus hijos habían reaccionado de esa forma tan extraña.

- Sí señor. – respondió Percy soltando la silla. Pasó por detrás de George y se sentó en la silla junto a la de Molly, a un lugar de distancia de George.

Las miradas desafiantes, llenas de odio del gemelo no cesaron durante todo el desayuno. Cualquiera ajeno a la familia que viera la escena pensaría que George trataba de maldecirlo... Lo cual no estaba muy lejano a la realidad.

De todas formas y aún cuando realmente lo quisiera, George sabía que un simple maleficio no sería castigo suficiente. ¡Por Merlín¿Había alguno que si lo fuera?

Ese maldito bastardo... Sangre de su sangre... No. El castigo debía de ser mayor... Doloroso... Intenso... Una verdadera tortura... Además, debía de saciar ese sentimiento que le quemaba el pecho desde hacía tres días con sus lunas...

«Él destruyó a mí amado Fred... Le quitó sus sonrisas... Dejándole solo su llanto... Percy... Juro que cuando acabe contigo... Derramaras más lágrimas de las que seas capas de llorar... No... Ni siquiera eso mereces... No te dejaré llorar»

- George... ¡George! – gritó Molly sacando a su hijo del ensimismamiento.

- ¿Qué? – preguntó en tono cansado.

Solo quedaban él y sus padres en la cocina de la madriguera. ¿Durante cuanto tiempo había estado perdido en sus pensamientos? Ginny y Ron habían salido a jugar al patio, para intentar disfrutar de esta penúltima semana de vacaciones de verano, mientras Percy... ¿Y Percy? George miró de soslayo la puerta de salida al patio ¿Habría ido con los más chicos? No. Se había ido antes. Entonces...

- Hijo... ¿Estas bien? Te estaba hablando y no me respondiste... -

George miró a su madre durante unos segundos. Su semblante estaba apagado y sus ojos carecían de esa chispa tan característica de ellos.

- Estoy bien mamá... Solo pensaba. – respondió despacio haciendo una mueca que simulaba ser una sonrisa – Mamá... ¿Cuándo puedo ir a ver a Fred? -

Molly vio a su hijo durante unos segundos y luego dirigió una mirada preocupada a su marido, que también había observado a George.

Aún después de estos tres días no habían dejado que George fuera a ver a Fred al hospital San Mungo y tampoco se habían atrevido a hablar con él sobre lo que el sanador les había dicho. Tanto Molly como Arthur sabían que era imposible que hubiera hecho lo que los sanadores creían que había hecho. Era absurdo que George le hiciera eso a Fred. Era su gemelo... Su otra mitad.

- George. -

Arthur se puso de pie y dejó el periódico sobre la mesa al tiempo que caminaba hacía el mayor de sus hijos gemelos. George respondió al oír su nombre y levantó la mirada hasta el rostro de su padre.

- Acompáñame hijo, quiero hablar contigo. – pidió Arthur y obedeciendo lentamente, George se puso de pie y lo siguió fuera de la casa.

Caminaron por el parque, en la dirección contraria a donde Ron y Ginny estaban jugando quidditch o por lo menos así lo creyó George, que oía los gritos de los más chicos apagarse a lo lejos, cada vez más y más bajo. Llegaron a una pequeña forestada y Arthur hizo aparecer un pequeño banco de madera con su varita. Se sentó e invitó a su hijo a que hiciera lo mismo.

- George... Voy a contarte algo... Y quiero que estés tranquilo¿bien? – advirtió Arthur mirando hacia delante, al campo frente a ellos.

George dejó que su mirada descansara unos segundos en el semblante de su padre y luego de intentar adivinar de lo que le hablaría, respondió con un 'sí' muy bajo.

- Los sanadores nos dijeron algo sobre Fred... Algo que... tal vez haya sido la causa de que... hiciera lo que hizo. -

«Entonces... ¿Mamá y papá lo saben?» pensó George mirando a su padre a los ojos.

- ¿Sabes a que me refiero, George? – inquirió Arthur.

George estuvo a punto de responder que sí, pero se silenció al recordar que le había prometido silencio a Fred. Desvió la mirada al piso y negó con la cabeza, cerrando con fuerza los ojos.

Arthur no pudo evitar dudar de la actitud de George... parecía saber de lo que hablaba, por un momento podría jurar que escucharía un 'sí' de sus labios, pero había sido lo contrario. Los sanadores dijeron que negaría saber algo... pero ¿si en verdad no sabía nada?

- Hijo... George... Tu hermano... – la voz de Arthur temblaba sin que pudiera hacer algo para impedirlo. No quería decírselo pero, tenía que hacerlo – Fred... Fue violado. -

Aún cuando sabía que oiría esas palabras, George no pudo evitar que sus hombros se sacudieran débilmente a causa de la impresión. Antes de darse cuenta su vista comenzó a ensombrecerse a causa de las lágrimas.

La mirada caramelo viejo de Arthur se quedó quieta sobre el gemelo, esperando alguna reacción, solo para comprobar que su hijo bajaba aún más su rostro en un vano intento de ocultar sus lágrimas.

- ¿George? – lo llamó.

- Es mi culpa. – dijo el gemelo en un susurro.

- ¿Qu—Qué quieres decir? – inquirió Arthur preocupado por lo que respondería su hijo. No podía ser eso... George no podía haber...

- Debí darme cuenta... – murmuró el pelirrojo quebrado en llanto – él... actuaba raro... Debí darme cuenta que... -

Arthur se mantuvo en silencio, escuchando todo lo que decía George. Con cada nueva palabra, la inocencia de George se hacía más evidente ante los ojos de su padre.

- Se supone que... somos... – balbuceó George - ¡Somos gemelos! – gritó poniéndose de pie, casi en un salto, temblando de pies a cabeza luego. Sus manos en puño, y sus ojos cerrados fuertemente sin lograr impedir que las lágrimas rodaran por sus mejillas.

Arthur se puso de pie detrás de él y lo rodeó con sus brazos de manera sobre protectora. Cerró los ojos y suspiró un tanto más aliviado. George no lo había hecho. No que lo hubiera dudado en algún momento, pero no había dejado de preocuparle la opinión de los sanadores.

- Tranquilo hijo... No es tu culpa... – intentó aliviarlo cerrando aún más el abrazo. George solo se giró y siguió llorando, ahora sobre el pecho de su padre.

»»»«««

Esa misma tarde, después de que Arthur hablara con Molly, fueron al hospital San Mungo para visitar a Fred. Los acompañaron Ron, Ginny y George por supuesto, que dio gracias a que su bastardo hermano mayor no había querido ir.

Mientras Molly llevaba a los más pequeños a ver al gemelo, Arthur le pidió a George que lo acompañara una vez más. Se alejaron de la sala de cuidados en el cuarto piso, donde descansaba Fred y subiendo por las escaleras de caracol llegaron juntos al sexto piso en donde Arthur le pidió a una sanadora detrás de un escritorio que le avisaran al sanador interino, de apellido McKensie, que Arthur Weasley había venido a hablar con él.

- Lo lamento señor Weasley, pero el sanador McKensie no recibe a nadie el día de hoy. – le respondió la sanadora en tono fingidamente cordial.

- Pero él me pidió que viniera hoy. – se excuso Arthur un tanto enfadado – Dígale que los Weasley vinieron a su cita. Dígaselo. – exigió repetidas veces hasta que la sanadora se puso finalmente de pie.

- Esta bien... Espere aquí. – y la mujer caminó por el largo pasillo internándose en la tercera puerta de la izquierda: la oficina del sanador.

- ¿Papá? – lo llamó George de repente y así Arthur recordó que había venido con él - ¿Qué es lo que vamos a hacer acá? -

- Solo quiero que hables con el sanador que atendió a Fred. Él... nos había dicho algo a tu madre y a mí¿recuerdas que nos mandó llamar el día que trajiste a Fred? – el menor asintió – Bueno, solo quiero que vea que estaba equivocado. Es todo. -

George miró durante unos momentos a su padre. No entendía que podría haberles dicho el sanador que tuviera que ver con él...

- ¿Señor Weasley? – reapareció repentinamente la sanadora – El sanador McKensie lo recibirá ahora. Pase por favor. – pidió la mujer mientras salía de la oficina para dejarlos pasar.

Arthur y George entraron y tomaron asiento frente al escritorio y aguardaron unos cinco minutos hasta que finalmente apareció el sanador alto y fornido de cabello negro en coleta.

- Buenas tardes. – saludo tomando asiento – Mmhh... Veo que trajo al otro gemelo, señor Weasley. – observó el sanador y Arthur asintió – Bien... ¿Habló con él? -

George se removió en su silla algo incomodo al recordar la charla que había mantenido con su padre en la mañana. Arthur le respondió al sanador que sí habían hablado y que había desmentido las sospechas de McKensie.

- ¿Lo cree así? – dudó el hombre robusto mirando a George - Entonces no le importará que hable a solas con... – dudó. Los nombres no eran su fuerte.

- George. – se apresuró a presentarse el gemelo.

- Si así lo desea... – concedió Arthur - No voy a negarme, siempre y cuando George no lo haga. – agregó mirando al menor.

- Por mí está bien. -

- Bien. Señor Weasley¿nos disculpa? – pidió el sanador amablemente.

Arthur se puso de pie y estrechó el hombro de George. Luego, salió cerrando la puerta.

- Bien... ¿Qué fue exactamente lo que te dijo tu padre cuando hablaron? – inquirió el sanador McKensie sin perder tiempo.

- Me dijo que mi hermano fue violado. – soltó en tono tranquilo.

- Mmhh... ¿Lo sabías? -

George pestañeó confundido ante la pregunta y tranquilizándose con un suspiro, logró no gritar la respuesta:

- No, por supuesto que no lo sabía. -

McKensie mantuvo el silencio unos segundos, estudiando los ojos del chico frente a él. Parecía estar tratando de entrar en la mente de George, utilizando la legeremancia o alguna magia parecida, pero el joven frente a él no mostraba ni un solo rastro de culpa en su mente. No... era inocente.

- Me disculpo contigo. – dijo el sanador repentinamente – Y lo haré también con tus padres. – agregó.

- ¿Se disculpa? – repitió el pelirrojo - ¿Porqué? -

- El día que hablé con tus padres... – comenzó en tono serio – Les dije que sospechaba que tu eras el... violador. -

George reprimió el arranque de gritos y reclamos a duras penas. Cerró los ojos y respiro con la boca, rápido, intentando tranquilizarse... Gracias a Merlín que entró su padre justo a tiempo.

- ¿Ya puedo...? – inquirió Arthur asomándose por detrás de la puerta y McKensie le respondió de inmediato.

- Pase por favor, señor Weasley. -

Arthur caminó hasta estar frente a frente con el alto y robusto sanador que le extendió la mano y se la estrecho en respuesta.

- Lamento los problemas que le haya echo pasar, señor Weasley. – se disculpó.

- Solo hacía lo que debía hacer. – lo disculpó el pelirrojo.

- Bien... George. – llamó el sanador y el menor levantó la mirada – Serás responsable de cuidar a tu hermano mientras estén en la escuela... Deberá asistir a la enfermería todas las tardes para sus dosis de poción restauradora... – comenzó a explicar mientras escribía en un pergamino – Y yo mismo iré una vez cada mes a hacerle una revisión, para marcar el fin del tratamiento... – enrolló el pergamino y lo selló con su varita. Luego se lo entregó a Arthur.

- Bien. – respondió George.

- Esta es una lista de los cuidados especiales que deberá tener... – dudó de nuevo el sanador.

- Fred. – ayudó Arthur.

- Sí, Fred. Debe comer alimentos sanos. Nada de dulces ni grasas hasta que yo expresamente lo permita. Debe cuidar su circulación. – explicó – Y nada de deportes. – agregó.

- ¿Nada? – repitió George alarmado, poniéndose de pie. El Quidditch era una de las cosas más importantes en Hogwarts.

- Nada. – confirmó McKensie en tono firme – Hasta que sus heridas hayan cicatrizado por completo. – y al ver el rostro de George agregó – Lo cual no ocurrirá hasta dentro de tres o cuatro semanas. -

George hizo un rápido calculo en su mente: tres o cuatro semanas... la próxima semana era la última de vacaciones y la copa escolar de quidditch no comenzaba hasta el segundo mes de clases... ¡Fred podría jugar entonces!

- Creo que es todo... Si surge alguna complicación en la escuela, me notificaran. – informó a Arthur – Espero que la próxima vez que nos veamos señor Weasley, sea en mejores circunstancias. – dijo extendiéndole una mano que Arthur estrechó:

- Muchísimas gracias. -

Cuando Arthur y George por fin regresaron a la sala de cuidados intensivos en donde Molly, Ron y Ginny los esperaban, se encontraron con que la apariencia del menor de los gemelos había mejorado (quitando los vendajes que aún cubrían sus brazos y piernas) Tanto el tono de su piel como su voz habían vuelto a ser las mismas de antes del "accidente" y parecía como si en esos tres días hubiera recuperado su peso normal.

Arthur saludó al menor de sus gemelos y le preguntó como estaba, a lo que el pelirrojo respondió con una sonrisa y un 'Ya estoy bien, papá'

Después de un cuarto de hora, Arthur les dijo a los más pequeños si querían ir a comer algo a la cafetería y estos contestaron con un grito emocionado. El señor Weasley aprovecharía para contarle a Molly lo que le había dicho el sanador McKensie y de paso, les darían tiempo a los gemelos para que hablaran tranquilos, después de todo, hacía tres días que no se veían.

George corrió las cortinas que rodeaban la cama para tener un poco más de privacidad, ya que al ser el horario de visitas, la sala estaba llena con mucha gente.

Se sentó en la silla que había estado ocupando su madre hasta hacía un momento y la acercó aún más a la cama en la que su gemelo descansaba levemente sentado, con la espalda apoyada en varias almohadas. Le sonreía y por alguna razón, George se sentía molesto por eso.

- Gracias. – sonó la voz tranquila de Fred y el otro gemelo no tuvo otra opción más que levantar la mirada hacía su rostro.

- ¿Porqué? -

- Por cumplir con tu promesa... de no decirles nada a mamá y a papá. – explicó Fred tomando la mano de George que descansaba cerca de la suya. El mayor la quitó.

- No tenes que agradecerme nada... – lo corrigió – Debería... Debería de haberles dicho... Así ese bastardo— -

- Bastardo o no, – interrumpió Fred - es nuestro hermano. -

- Pues la consanguinidad no le impidió ponerte las manos encima. -

- George... Por favor... -

- ¿Qué¿Qué me vas a decir ahora? – se irritó el mayor - ¿Qué te merecías que te hiciera eso? -

Fred bajó la mirada y George no cabía en su incredulidad.

- ¿Crees que estuvo bien lo que te hizo? – lo interrogó, sin respuesta - ¡Fred! -

- No... -

- ¿Entonces? -

El menor levantó la mirada hasta George: sus ojos comenzaban a humedecerse.

- Solo... quiero que se acabe, George... Eso es todo. Quiero olvidarme de todo. -

George se mantuvo mirándolo unos minutos antes de reaccionar. ¿Eso era lo que buscaba Fred¿Qué todo terminara?

- ¿Por eso lo hiciste? – el menor asintió:

- Ya te lo dije la otra noche, George... No podía seguir así... -

- Pero tenías otras salidas... ¡Porque no me dijiste¡Yo— - Fred negó con fuerza y aguardo unos segundos antes de responder:

- Creí que... No me ibas a creer. - George presionó la tela de su pantalón con sus manos en puño, la rabia ganando terreno en su interior... ¿Fred pensó que...?

- Como pudiste pensar que... – dijo en un tono algo incrédulo – Después de todos estos años... Soy tu gemelo, Fred... – agregó, ahora con tono dolido – Sos lo más importante que tengo. -

- Vos también sos lo más importante que tengo George... Por eso no pude decírtelo. – siguió Fred – Tenía miedo. -

- ¿Miedo a qué? – exigió el mayor casi gritando y su gemelo le respondió de igual manera:

- ¡Miedo a que me dieras la espalda! -

- ¿Porqué! -

- ¡Porque te amo y no lo hubiera soportado! – gritó el menor ya llorando.

Los minutos pasaron lentamente y el silencio que siguió a los gritos se volvió ensordecedor. George había terminado de pie, con sus manos en puño, temblando de pies a cabeza por causa de la ira, mientras Fred temblaba a causa del llanto que abandonaba sus ojos caramelo.

«¿Realmente lo dijo o... lo imagine como tantas otras veces?» se preguntó George al mismo tiempo que cerró los ojos, tratando de calmar su agitada respiración...

Al abrirlos todo estaba igual... Fred seguía con su rostro tapado por sus manos, llorando con silenciosos gimoteos. La imagen le hizo sentir una punzada de culpa dolorosamente potente.

- Fred... – lo llamó sentándose en la cama, junto a él – Fred... -

Quitó las manos de su gemelo y lo medio obligó a que lo mirara. Los ojos caramelos ya estaban tenuemente hinchados y su rostro pálido estaba adornado con una sonrojo.

- Lo siento... No quise gritarte... – se disculpó como si solo hubiera sido una pelea cotidiana.

Fred se soltó del agarre en sus muñecas y bajó la mirada de nuevo.

- Fred... – lo volvió a llamar - ¿Vos... dijiste— - intentó preguntar pero al ver que su gemelo bajaba aún más su rostro, lo confirmó – Fred... Mirame. – pidió, pero el menor no hizo ningún movimiento – Por favor. – agregó levantándole el rostro por el mentón.

El menor cerró los ojos, aún llorando, hasta sentir esa sutil caricia que su gemelo le regaló. George lo besó de una manera que, si bien delató su inexperiencia, no dejaba de ser dulce e inocente.

- George. – dijo el menor totalmente shockeado, mirando a su gemelo a los ojos - ¿Porqué...? -

- Resulta que el sentimiento es mutuo, hermanito. – le respondió sonriendo.

- Pero yo... Yo no... – balbuceó el menor y al ver que George hacía un ademán para intentar besarlo de nuevo, lo alejó de un empujón - ¡No George! -

- ¿Fred? – inquirió el aludido.

Fred se había tirado para atrás en la cama, adoptando una posición fetal. Tenía los ojos fuertemente cerrados y se rodeaba las piernas con los brazos.

- No puedo... No puedes... – balbuceaba el menor, dejando que el otro pelirrojo lo oyera – Estoy... sucio... No... Vos no... -

- Fred... ¡Fred! – lo volvió a "despertar" el mayor y el aludido lo miró asustado cuando lo abrazó – No. Vos no estás sucio. – le susurró George.

- S—s—sí lo estoy... – tartamudeó Fred devolviendo el abrazo con toda la fuerza que tenía, la cual no era mucha.

- No... Fred. Tu alma sigue siendo... – comenzó a murmurar el mayor – Pura. – terminó, apresándolo con más fuerza.

George lo mantuvo abrazado hasta que dejó de llorar y luego dejó que se recostara de nuevo en la cama, todo en silencio.

- Fred... ¿Te sentís— -

- Estoy bien. – respondió el menor y sonrió apenas. Se sentía un poco confundido aún.

- Quiero que... Fred. Quiero que estés tranquilo. De ahora en más... – tragó, intentando de que su voz se oyera potente y segura – De ahora en más, yo te voy a cuidar. -

Fred pareció dudar unos segundos de lo que George le había dicho, pero luego le sonrió y respondió:

- Lo sé... Gracias... amor. -

»»»«««

George se quedó esa noche en la clínica a cuidar de Fred y lo visitó todos los días que le siguieron hasta el fin de semana en que su gemelo regresó a la madriguera. Arthur fue a buscarlo en la tarde del Domingo, a través de la red Flu y estuvo de vuelta justo antes de la cena.

- ¡Fred! – gritó Ginny corriendo hasta él cuando apareció después de unas llamas color verde esmeralda.

- Despacio, despacio... – pidió el gemelo riendo divertido por Ginny, que casi lo tiraba al piso.

- Entonces... ¿Ya vas a quedarte? – preguntó la pelirroja viendo hacia arriba, a los ojos almendra del mayor.

- Sí, ya me quedo. – sonrió Fred acariciándole el cabello y Ginny le devolvió una sonrisa radiante.

- Bienvenido. – fue el simple saludo de Ron, extendiéndole una mano.

- Gracias. -

El gemelo entró en la cocina, con Ginny colgada de su cintura, Ron y Arthur detrás de él. En ella, Molly preparaba la comida, pero dejó el trabajo a su varita para correr a abrazar a Fred y casi ahogar a Ginny en el proceso.

- ¡Ma—má—ah! – gritó la niña y fue entonces que Molly reparó en ella y se separó de Fred.

- Gracias a Merlín que ya estás en casa. – dijo con varias lágrimas en los ojos.

- Está bien, mamá... No llores, por favor. – pidió el gemelo, sonriendo de lado en forma un tanto triste.

- Bien, bien... – asintió la mujer, secándose rapido la cara y sonriendo – La comida no estará hasta dentro de un rato... – les dijo, regresando hasta la estufa.

- Mamá¿Quieres que preparé la mesa? – se ofreció el gemelo, pero Ginny lo interrumpió:

- Nada de eso, Fred. Mamá ya me lo pidió a mí. – y la niña corrió hasta la alacena para comenzar a sacar los platos, mientras canturreaba una canción de 'Weird Sisters'

- Te ayudo, Ginny. – dijo de pronto Ron y comenzó a dispersar los platos en la mesa, ante la atenta mirada de Fred.

- Entonces... – balbuceó el gemelo, pero fue interrumpido por el toque de una mano en su hombro. Giró su rostro apenas y se encontró con la mirada de su padre.

- ¿Porqué no subes a tu habitación, Fred? – sugirió sonriendo – Tal vez George necesite ayuda con los baúles de Hogwarts... -

Fred pestañeó varias veces, un tanto confundido al principio, pero luego le dedicó una sonrisa tranquila a su padre y subió con paso lento al segundo piso, para ver a su amado gemelo... pero alguien interrumpió su camino.

- Hola hermoso. – le susurró una voz lasciva al oído, mientras un par de brazos vestidos con lana bordo le rodeaban la cintura.

Todo el cuerpo de Fred se tensó bajo el estrecho toque, mientras un cuerpo mayor al de él, lo arrinconaba contra la pared más cercana. El gemelo cerró los ojos con fuerza, como si de esa forma lograra escapar de la presencia del otro.

- Te extrañe... No te das una idea de cuanto te extrañe... – comenzó a murmurar contra su cuello, girándolo después, para poder verlo a los ojos, que el gemelo aun tenía cerrados – Fue muy tonto lo que hiciste... Aunque debo admitir que no me sorprendió para nada que no lo lograras... Nunca fuiste bueno con los maleficios... – continuó mientras sus manos se metían debajo de la ropa, acariciando las caderas y los lados del cuerpo más pequeño.

- Por favor... – gimoteó Fred repentinamente, dos lágrimas rodando por sus mejillas – Por favor, Percy... No... – pidió en un hilo de voz, pero el mayor le respondió tomándolo con fuerza por las muñecas, provocando que Fred gimiera de dolor al golpearlo contra la pared de manera brusca.

- ¿No? – repitió el mayor - ¿No? – volvió a decir, acercando su rostro al de Fred - ¿Y si no me detengo que vas a hacer? – inquirió con una sonrisa sádica. Estuvo a punto de golpear al gemelo cuando una punzada en su costado lo detuvo.

- Él no va a hacer nada, pero yo sí. – dijo la voz de George. Estaba de pie detrás de Percy, clavándole la punta de su varita entre las costillas - Soltalo. – exigió el mayor de los gemelos y Percy dejó ir a Fred, que corrió a ocultarse detrás de su gemelo.

George se alejó de su hermano mayor lentamente, dando algunos pasos atrás, pero sin dejar de apuntarle en un ningún momento con su varita. Percy giró sobre sí para poder ver a los gemelos frente a él: George apuntándole, con la varita en alto y Fred aferrándose con ambas manos a la espalda de la camisa del otro gemelo.

- Vaya, vaya... – exclamó Percy sonriendo de lado – Parece que Freddy no puede mantener un secreto¿verdad Georgie? – medio rió al final.

- Callate bastardo. – respondió el mayor de los gemelos en voz fría, sus ojos destellando de ira.

- Esa no es forma de tratar a tu hermano mayor... ¿No crees? -

- Tu no eres nada mío. – soltó el gemelo, ahora sosteniendo su varita con ambas manos.

- ¿Qué vas a hacer? – inquirió Percy - ¿Maldecirme? – ironizó – No tienes las agallas. – agregó con una sonrisa prepotente.

George estuvo a punto de tirarle una maldición, pero un tirón de brazos de su gemelo además del grito de su madre llamándolos a comer, se lo impidieron.

- Te lo dije. – murmuró Percy en tono socarrón, antes de bajar por las escaleras, dejándolos solos en medio del pasillo.

- George yo... – intentó balbucear Fred.

- ¿Te hizo algo? – preguntó el mayor girándose repentinamente para verlo a los ojos.

- No, no me hizo nada. – respondió el menor – Gracias George. -

- Te dije que te iba a cuidar. – se sonrojó un poco el gemelo, desviando la mirada. El menor se el acercó y le dio un simple beso en los labios.

- Por eso. Gracias amor. – y le sonrió como hacía mucho tiempo no lo hacía.

Después de quedarse mirándose a los ojos un tanto ensimismados, el grito de Molly los atrajo de nuevo a la realidad. Se rieron un poco de manera nerviosa y dándose un último beso bajaron a comer a la cocina.

»»»«««

Ya era bastante entrada la noche y todos los Weasley dormían. Bueno... No todos. En la habitación de los gemelos, George no hacía más que girar una y otra vez entre las sábanas. Molesto por la insistente inquietud de su gemelo, Fred terminó por despertarse.

- George... ¿Qué pasa? – balbuceó el menor sentándose en la cama. El mayor suspiró rendido e imitando a su hermano se sentó también.

- Estaba pensando. – murmuró.

- Sí, eso ya lo sabía. Pero¿En qué estabas pensando? – insistió el menor.

George levantó la mirada y pudo ver la silueta de su hermano frente a él. Las luces de la luna le daban a su cuerpo y rostro un aire espectral, casi fantástico. Parecía un veela atrayendo a su presa.

- En que hacerle al bastardo. – dijo sencillamente sabiendo que Fred lo entendería. Y así fue.

Fred negó con la cabeza cansado y saliendo de su cama se acercó hasta sentarse frente a su hermano, en la cama de este. Se cruzó de piernas, como indio, y miró a George por varios minutos, sin pronunciar palabra.

- ¿Qué? – inquirió repentinamente el mayor, incomodo por el silencio.

- No quiero que hagas nada, George. -

- ¿Porqué no! – exclamó en respuesta.

- Ya te lo dije... – suspiró Fred en tono triste – Quiero olvidarme de todo esto. -

- Y lo vas a olvidar, te lo prometo. – siguió George tomándolo de los hombros, casi desesperado – Pero no me pidas que no haga nada, Fred, por que no puedo. No puedo quedarme de brazos cruzados cuando ese bastardo se sale con la suya. No voy a dejar que siga sin recibir lo que merece. ¡No puedo permitir que eso ocurra! -

- ¿Y que podes hacer, eh? – murmuró el menor – ¿Matarlo? -

- Podría intentarlo... – balbuceó George como pensando en voz alta y Fred quitó las manos del mayor con un golpe.

- ¡No puedo creer que lo consideres siquiera! – gritó el menor decepcionado - ¡Te enviaran a Azkaban! -

- Si me atrapan. -

- ¿Acaso lo dudas? – continuó el menor, con lágrimas en los ojos - ¡No lo soportaría George! – gritó, abrazándose a él, llorando en su hombro - ¡No soportaría tenerte lejos de nuevo! – gimoteó.

George suspiro rendido, rodeando al cuerpo tembloroso de Fred en un abrazo fuerte, pero gentil. Cuando el llanto comenzó a menguar, le susurró al oído:

- Tranquilo Fred. No van a enviarme a Azkaban porque no voy a matar al bastardo. ¿Está bien? -

- ¿No? – murmuró el menor dudoso.

- No, no lo voy a hacer. – confirmó el mayor.

Fred se alejó apenas para verlo a los ojos. Sus brazos rodeándole el cuello y sus narices casi chocando.

- ¿Y qué vas a hacer? -

- Eso no importa ahora... Pero te prometo algo: -

- ¿Qué? -

- Va a desear que lo maten cuando termine. -

Continuará...


"Harry Potter" & all caracters related © J.K.Rowling,1997

"Dos cuerpos, un alma" © Emiko Mihara, 2006