Abrí mi caja de herramientas y seleccioné de los muchos que tenía un destornillador de cruz fino. Cogí mi despedazado beyblade y comencé a atornillar el anillo de ataque a la base del trompo. El anillo que utilicé esa tarde no estaba roto, pero poseía fracturas importantes que hacían peligrar el resultado de las futuras batallas. Por suerte había traído conmigo un importante número de piezas de beyblade de la tienda de mi padre. Mañana por la mañana iría a la habitación de los All Starz y le daría el anillo a mi madre para que lo arreglase.
Eran las once de la noche y acabábamos de cenar en el comedor del hotel. Yo estaba en el balcón de nuestra habitación, sentado en uno de los asientos que había allí junto a una mesa simple de aluminio que el hotel había decorado, previamente a nuestra llegada, con un fino jarrón de cristal lleno de flores típicas del verano japonés. Ahora el jarrón estaba en un rincón y la mesa ocupada con mis herramientas.
Estábamos alojados en la octava planta, y el paisaje nocturno que se veía desde allí era magnifico, con cientos de luces alumbrando las calles de Tokio. Cerca del hotel había una discoteca, y de vez en cuando llegaban desde abajo gritos de diversión y el sonido de cristales rotos. Sonidos típicos en una noche de verano,
Miré el interior de la habitación. Kenny y Rey estaban tumbados en una de las camas, comentando entre risas un programa de televisión donde las personas ganaban dinero superando varias pruebas.
Di los últimos retoques a mi beyblade y guardé las herramientas. Esa noche no me encontraban especialmente bien. Estaba decepcionado. En cuanto terminamos las batallas metí prisa al equipo para que fuéramos al otro extremo del estadio, por donde los Saints Shields saldrían para coger el autobús que los llevaría de vuelta al hotel, pero mientras íbamos por los pasillos escuché la voz de mi padre y me detuve. Eran mis padres, que me habían buscado para felicitarme por la victoria. Mi padre había venido desde Bahía solo para verme, por lo que me sentía obligado a mantener una conversación con él. Tras demorarme más de un cuarto de hora con ellos, los despedí con un abrazo y fui por fin a la salida del banquillo opuesto, pero ya no había nadie allí, ni en los vestuarios.
Cuando llegamos al hotel pregunté por ellos, más concretamente por Mariam, pero la recepcionista me dijo que ya habían terminado su alojamiento en el hotel.
Era impresionante la capacidad que tenían para abandonar un sitio tan deprisa y sin dejar pistas sobre su paradero.
La puerta de cristal del balcón se abrió, y Tyson apareció con dos latas de refresco en la mano.
-Una vez escuché a Kenny decir algo sobre que el azúcar ayudaba a recuperar energías. Toma –dijo ofreciéndome una lata-, creo que esto te ayudará a recargar las pilas.
-Gracias, pero mi madre dijo que las cosas dulces por la noche no son buenas –repliqué-, por que mientras duermes no consumes esa energía y esta se convierte en grasa.
-¿En serio? Entonces… ¿se acabaron los postres durante la cena? –preguntó Tyson preocupado mientras se sentaba en una de las sillas.
Abrí la lata, que despidió gotitas de refresco.
-Bueno, no creo que la fruta o los yogures tengan más glucosa que esto. Además, un día es un día.
-Vaya Makkusu, veo que estás preparado para heredar el cargo de tu madre ¿eh?
-Ojalá…
Le dí un trago al refresco. De dentro llegaron más risas de Kenny y Rey.
-Me pregunto donde estará Kai –murmuró Tyson.
Miré la ciudad, como si desde allí pudiera ver a Kai caminando por una de las calles.
-Quizás esté con los Demolition Boys, o peleando con los jugadores de la ciudad –dije sin darle mucha importancia al asunto.
-Estás enfadado con Kai ¿verdad? -La pregunta me cogió por sorpresa.
-Más bien, estoy decepcionado. Creía que este año se comportaría de manera distinta.
Tyson abrió mi caja de herramientas y comenzó a rebuscar en ella.
-No te preocupes, verás como su comportamiento irá cambiando, solo está un poco mosqueado por el tema de la PPB en el torneo. No sabía que le diera tanta importancia al viajar.
Tyson sacó varias herramientas y las puso sobre la mesa. Abrió todos los compartimentos y removió todas las piezas, haciendo un ruido ensordecedor.
-¿Qué buscas Tyson? –pregunté intrigado.
-Mira.
Me enseñó su lata de refrescos, la cual se había quedado sin anilla.
-Trae la lata anda, van a llegar tornillos a todos lados.
Cogí la lata y saqué un destornillador de estrella. Con un solo golpe abrí el orificio de la lata.
-Fankiu –pronunció Tyson mientras inclinaba la cabeza.
-Es thank you –dije riendo.
-Mientras se entienda…
Nos quedamos un buen rato callados. Yo estaba entretenido mirando la lata de refresco. En ella aparecía un limón sonriente y con patas que se tocaba la barriga. Pruébame y verás que bueno decía la fruta. No se me daba bien dibujar, pero sabía distinguir un buen dibujo de un garabato y aquello era una aberración. El empresario que pagó por esto debía de estar ciego pensé.
Yo solo comencé a reírme de mi propio comentario.
-¿De que te ríes tío? –preguntó Tyson.
-Del limón de la lata.
-Mira que estás loco -Tyson se acercó a mí, y en voz baja me dijo: Makkusu, dime una cosa.
-¿Sí?
Se lo pensó unos segundos antes de soltar la pregunta.
-Tú…Te gusta Mariam ¿verdad?
¡Zas!
-¿Qué? –fue lo único que pude pronunciar.
-Vamos tío, no me digas que no, se nota mucho.
Tenía tal confusión de sentimientos que me quedé totalmente mudo. ¿Debía ponerme enfadado o reírme y quitarle importancia al asunto?
Ni siquiera sabía si me había puesto pálido o estaba más rojo que un cangrejo.
-Sabes que puedes confiar en mí, Makkusu.
Me reacomodé en la silla y eché un rápido vistazo a la ciudad por que ya no sabía que hacer.
Tyson me miraba expectante. Finalmente resoplé y me decanté por confesarlo.
-¿Tanto se nota?
-Yo al menos sí lo noté.
-Vaya…
-Te pusiste muy nervioso cuando le pediste al Jefe que te reservara la batalla con Mariam. Además, te comportaste de manera extraña cuando estuviste beybatallando con ella.
Que listo era Tyson en estas cosas. O quizás yo era demasiado expresivo con mis sentimientos. Le dí un buen trago al refresco.
-Que no salga de aquí Tyson.
-Descuida tío. Ya te lo notaba yo hace dos años cuando…
-¡Tyson! –exclamé avergonzado-. No me gusta hablar de esto. Soy demasiado tímido para estas cosas.
-Está bien, cambiemos de tema. Hoy hablé por teléfono con Hiromi, dijo que siempre nos ve en…
Algo salió despedido hacia la mesa, chocando contra ella y haciendo temblar la caja de herramientas y derramando refresco.
-Pero qué..
Miré el objeto que había golpeado la mesa. Era una pelota de béisbol. Automáticamente me giré sobre mi asiento. La habitación de los All Starz estaba en la misma planta que la nuestra, por lo que solo tuve que girarme para divisar el balcón del equipo americano. Un Michael en pijama salió afuera, buscando por el balcón.
Cogí la pelota.
-¡Michael! –este nos vio-. ¿Buscas esto?
-¡Eh, esa es mía! Quería lanzársela al cabezón de Steve pero la pelota ha rebotado contra el muro del balcón.
-Vaya jugador de béisbol –escuché decir a Tyson.
-Pásamela Max.
Miré hacia abajo. Había una gran altura desde el suelo y la habitación de los All Starz estaba a dos de la nuestra. Si la pelota se caía al vacío y golpeaba a alguien podía causar mucho daño.
-Mejor voy a tu habitación.
-¡Vale!
Michael se metió en su habitación. Me levanté de mi asiento y apuré la lata.
-¿Por qué vas tú? Ha sido él quien la ha tirado.
-Lo sé, pero así aprovecho para darle el anillo dañado a mi madre.
Salí de la estancia y comencé a caminar por el pasillo. De una de las habitaciones salió el señor Dickinson llevando varios folios en la mano.
-Hola Makkusu, ahora iba a ir a vuestra habitación para que firmaseis unos papeles de la BBA. Es para que podáis utilizar los autobuses de la ciudad con un descuento especial.
-Genial –respondí-. Yo iba a entregar esta pelota perdida a los All Starz.
-Ya veo. Por cierto, hoy te vi en la parte opuesta de vuestro banquillo, ¿pasó algo?
-No, solo quería despedir a los Saints Shields, pero ya se habían ido. Supongo que les tendré que hablar allí, en América.
-¿Y eso?
¿Cómo que eso? ¿Acaso no sabía que eran americanos?
-Se han ido de Japón, hoy mismo se fueron del hotel.
-Ya, aunque se les daba la opción de quedarse durante el resto del campeonato, no quisieron quedarse en el hotel. Pero siguen en Tokio.
