Avatar: El último maestro del aire no me pertenece. Sólo me divierto escribiendo y jugando un poco con los personajes.


Capítulo 3:

La Reina Fénix.


–Besa la mano de tu Reina, Zuko. Si quieres puedes llamarme mamá…

Zuko abrió los ojos en señal de sorpresa y sintió una punzada parecida al dolor en su pecho. ¿Mai? ¿La Reina Fénix? No podía ser cierto. No Mai, no la Mai que alguna vez fue suya. ¿Por qué? ¿Plan de Ozai fallido? ¿Qué estaba pasando?

–Estás bromeando, ¿verdad? –preguntó Zuko, sorprendido y con la mano de Mai en la suya.

–No lo estoy, creí que lo sabías –contestó Mai seriamente, soltando abruptamente la mano de Zuko.

–¿Por qué…?

–¿Podemos dejar esto para después? –interrumpió la chica.

No era una pregunta de parte de Mai, era algo que iba a ser así. La chica caminó hacia Ursa y vio que la mujer estaba en brazos de un hombre al que ella no conocía. Al percatarse de la presencia de Mai, Ursa soltó el abrazo de Ikem y se enjugó las lágrimas.

–Lo siento… –dijo Ursa débilmente.

–No hay nada por qué disculparse, sólo venía a preguntar si asistirán a la junta. Vamos para allá –dijo Mai.

–¿Podría quedarme un rato más? Sólo si no es una molestia…

–En lo absoluto, le diré a un guardia que se quede en la entrada del jardín. Si necesitan algo, pídanselo a él.

Mai se dio la vuelta antes de que Ursa pudiera agradecerle y caminó hacia la salida del jardín pasando de largo a Zuko y tomando el brazo de Ty Lee. Al parecer, Renzo se había excusado para no asistir a la junta y Ty Lee sería su único apoyo.

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Zuko, Mai y Ty Lee caminaron en un silencio incómodo hacia el salón de té donde habían dejado a los demás. Una vez que estuvieron afuera del salón de té, Mai y Ty Lee se pararon.

–¿Quieres que…? –comenzó a decir Ty Lee, pero Mai la interrumpió.

–Sí, y dile que…

–En la noche irás, no te preocupes, sabes que adoro hacerlo –esta vez Ty Lee interrumpió a la otra chica, le dirigió una sonrisa y le dio un abrazo rápido.

–Gracias Ty…

Ty Lee comenzó a caminar hacia el lado contrario del salón de té, pero antes de desaparecer completamente volteó a ver a su amiga y a Zuko.

–Les deseo suerte a ambos, creo que nos estaremos viendo por aquí Zuko – con eso la chica desapareció tras los muros del palacio.

Mai estaba parada enfrente de la puerta del salón, esperando a que Zuko procesara la extraña escena que se acababa de desarrollar enfrente de él. El joven sentía que había demasiados secretos que él aún no conocía dentro del palacio. Definitivamente había pasado mucho tiempo lejos de la Nación del Fuego.

–¿Ya podemos entrar? –le preguntó Mai, sacándolo de sus pensamientos.

–Sí, lo siento.

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–Bueno, ¿cuánto más nos hará esperar la Reina? –preguntó Katara fastidiada.

–Mientras nos mantenga alimentados, se puede tardar lo que sea –contestó Sokka con la boca llena de galletas.

–¿Acaso sólo piensas en comida? –le preguntó Toph con sarcasmo.

–Y en Suki…

–¡Eres tan tierno! –le dijo Suki con dulzura.

Antes de que Toph pudiera decirles que tan nauseabundos eran, la puerta se abrió, revelando a Zuko y Mai, provocando que todos se pararan de los asientos que previamente ocupaban.

–Lamento haberles hecho esperar –dijo Mai, todos se miraron confundidos ante el comentario de la pelinegra.

Katara observó a Mai de pies a cabeza, por supuesto que recordaba a esa chica, era la amiga de Azula. Ella estaba en Omashu y ayudó a la entonces princesa a perseguirlos por el mundo. Ayudó a conquistar Ba Sing Se… Katara nunca podría olvidarla.

Por su lado, Sokka también miraba a la chica, tampoco podría olvidarla; el chico tenía los mismos recuerdos que Katara tenía de Mai, pero también recordaba que gracias a ella él estaba vivo y no solo él, sino que también su padre, su novia e incluso Zuko.

Suki tenía sentimientos encontrados respecto a Mai, sabía que las Guerreras Kyoshi seguían en prisión por ella, o eso creía. También sabía que ella era una de las fieles acompañantes de Azula y todo lo que les había hecho pasar a Aang y compañía; pero al igual que Sokka, sabía que ella no estaría viva sino hubiese sido por Mai.

Toph no podía decir mucho de ella, jamás había tenido un encuentro real con Mai, pero podía decir que la tensión en la habitación se podía cortar por un cuchillo como los que la recién llegada cargaba. Además, la Bandida Ciega podía decir que todos sintieron cierto asombro de verla ahí.

Piandao estaba sumamente sorprendido. Conocía a Mai desde que ella era una niña, ya que él le dio clases a Zuko en el palacio cuando niño y se había topado a la joven un par de veces. Él mismo había admirado la habilidad de Mai con los cuchillos y en algún momento le había dado consejos sobre el manejo de armas, sabía que Mai era muy cercana a la familia real y que en algún momento de su vida había estado comprometida con Zuko, pero ¿cómo había llegado a ser la Reina?

Iroh, por su lado, no podía creer lo que estaba presenciando. El hombre sabía que los padres de Mai eran ambiciosos y que podían hacer lo que fuera para escalar más alto en la Nación del Fuego, pero jamás creyeron que llegarían a obligar a su hija a casarse con un hombre como su hermano. El hombre no podía imaginarse lo qué había vivido la pobre chica, primero con Azula y luego con Ozai.

–¿Tú eres la Reina Fénix? –se atrevió a preguntar Iroh, después de un rato de silencio en la habitación.

–¿Así que es en serio? Ninguno de ustedes se enteró de que Ozai me tomó por esposa –contestó Mai fríamente.

–Sabíamos que Ozai se había casado con una chica mucho menor que él, pero jamás nos dijeron su nombre y nunca nos imaginamos que pudiese… – comenzó a explicar Piandao.

–¿Que pudiese ser yo? Bueno Maestro Piandao, temo decirles que nuestra decepción es mutua. Ustedes esperaban a una niña inexperta y yo esperaba que supieran quién era la reina –interrumpió Mai, mientras pasaba caminando por enfrente de todos y se dirigió hacia un mueble de dónde sacó un vaso de vidrio y una botella de lo que parecía vino.

–¿Para qué nos trajo aquí, majestad? ¿Para ver cómo toma vino y alimentarnos? –preguntó Katara con sarcasmo y brusquedad.

–Me gustaría decir que esto es una reunión casual como la que estás describiendo, pero la verdad no es así. Si fuera una reunión casual todo esto sería mucho más sencillo –contestó Mai con el mismo sarcasmo de Katara.

–Dinos para qué nos trajiste, Mai. Créeme que somos los más interesados en escuchar lo que tienes que decir –intervino Zuko, antes de que Katara pudiera decir algo más. Mai miró a Zuko con cuidado y asintió con la cabeza.

–¿Vino? –preguntó la reina, a lo que Iroh y Piandao contestaron que sí.

Una vez que todos estuvieron sentados, con vasos de té y vino en mano, Mai se preparó para hablar. La chica estaba tensa ante la situación tan difícil que se le avecinaba, pero sabía que tenía que actuar si quería ser libre y cumplir su promesa

–Los quería ver porque necesitaba decirles que no tengo ningún interés en gobernar. Yo no quiero el trono de la Nación del Fuego y tampoco tengo interés alguno en los territorios de las otras naciones.

–¿Estás queriendo decir que planeas declinar tu derecho al trono y planeas restablecer a las otras naciones? –preguntó Piandao confundido y con el ceño fruncido.

–Justamente eso quiero decir, planeo declinar mi derecho al trono y el derecho de mis hijos también… –Zuko se tensó al escuchar la palabra hijos. Había escuchado que Ozai había tenido hijos con aquella chica y le había importado en lo más mínimo, pero ahora que sabía quién era esa chica, le comenzó a importar más de lo que le gustaría admitir.

–Eso dejaría a la Nación del Fuego sin ningún heredero, ¿estás consciente de eso? –preguntó Iroh preocupado.

–Lo sé, con la muerte de Azula y mi renuncia y la de mis hijos al trono, dejaría prácticamente sin heredero a la Nación del Fuego, pero mis hijos no son los únicos herederos y yo no soy la única con derecho al trono –Mai volteó a ver a Zuko.

–¿Yo? Pero yo soy un traidor, estoy prácticamente desterrado y se me quitó el derecho al trono…

–Entonces te otorgo el perdón, a ti y a usted General Iroh. Si fuese así, ambos tendrían derecho al trono y podrían regresar la paz al mundo cómo tanto han querido. He hablado con algunos miembros jóvenes del Concejo y aprueban la idea de poner a alguno de ustedes en el poder. Al parecer, ustedes no son los únicos que están hartos del reinado de la Nación del Fuego sobre el mundo –explicó Mai absolutamente convencida.

–¿Qué hay de la parte vieja del Concejo? –preguntó Zuko, aún no muy convencido.

–En cuanto alguno de ustedes suba al poder, tendrá que erradicar a esa parte del Concejo de inmediato y rodearse de gente nueva o en su defecto, tendrán que convencerlos del nuevo régimen. Estoy segura de que el General Iroh tiene aún alguna influencia dentro de los viejos.

–Oh querida… sin títulos, por favor. Tu idea parece razonable, al parecer has estudiado bien al Concejo, pero hay algo que todavía me preocupa… –comenzó a decir Iroh.

–¿Qué es? –preguntó Mai confundida.

–¿Qué va a pasar con tus hijos? Mis sobrinos… ¿qué será de ellos? Más bien, de ustedes… –preguntó Iroh con verdadera preocupación, al hombre le preocupaba qué podía ser de ellos, ya que el Concejo no se quedaría de brazos cruzados una vez que Mai abdicara.

–¿Olvida quién era antes de ser Reina? Estaremos bien, yo sólo… yo sólo quiero que todo vuelva a la normalidad. Quiero irme lejos con mis hijos y… y que todo esto termine –admitió la chica fríamente.

Nadie pudo decir nada después de esa declaración. Todos estaban procesando la información recién llegada y la propuesta que estaba sobre la mesa. Todos sabían que era la oportunidad que desde hace mucho tiempo esperaban, pero algo se sentía mal.

Por su lado, Zuko en su interior sabía que había algo más que una simple urgencia de escapar del trono de parte de Mai. Había un secreto, tal vez un enigma o un rompecabezas, había algo más y su mente se lo gritaba…


Nota del autor: Pues básicamente este es el capítulo 3, espero estén disfrutando esta historia. Obviamente hay algo más allá de que Mai quiera escapar de su destino, entregándole el trono a Zuko sin esperar nada a cambio, pero eso ya lo veremos más adelante. Espero me dejen un review, por favor. Todo es bienvenido. Sin más por el momento, nos leemos después.

- GirlFanatic30.