Disclaimer: Demashitaa! Powerpuff Girls Z no me pertenecen.


Nuevos Alumnos


El hombre tembló por cuarta vez consecutiva. Maldita sea, odiaba ese lugar. Las comidas eran raquíticas y los tratos estúpidamente inhumanos, para su gusto. Lo encerraban en un lugar más blanco que la leche, lleno de colchones en las paredes, con una incómoda camisa de fuerza. No había ventanas. No había ventanas más que un pequeño cuadrado por donde lo monitoreaban como si fuera ratón de laboratorio. No había baño. Tenía que sonar un botón y en algunos casos, golpear la puerta de metal como loco para que vinieran y lo llevaran al baño del pasillo, rodeado de guardias de seguridad.

Lo peor era que ni siquiera tenía su preciado laboratorio. Los caníbales le habían arrebatado todo como si de un dulce a un niño se tratase, y se lo habían cambiado por ese estúpido cuarto, que terminaría por enloquecerlo. Se lo había comentado a la psicóloga experta en esquizofrenia y solo asintió. Todas las tardes terminaba habiendo lo mismo que ahora, en este minuto, en este segundo.

Sentarse en una esquina acolchonada y balancearse mientras temblores de ansiedad azotaban su cuerpo. Necesitaba ir a un laboratorio, oler ese ambiente pulcro y lleno de extraños y peligrosos olores. Quería seguir experimentando y creando nuevos inventos en personas. No estar en ese lugar para locos.

Llevaba ya, dos meses encerrado en ese lugar.

Su mente había maquinado ya diez mil y un formas de nuevos inventos y planes para hacer pagar al maldito que lo hizo parar en ese despreciable lugar, en este caso, las. Si, las, eran mujeres, tres, para ser exactos, tres estúpidas mocosas de trece años conocidas como las Chicas Superpoderosas Z. Ellas habían destruido su vida, y era lo que ellas merecían.

Aun recordaba sus falsas caras de dulzura (exceptuando a la niña verde) y amabilidad pintada en su rostro inocente el día que lo entregaron a las autoridades. El día que asaltaron su laboratorio y lo destruyeron todo. El día que destruyeron su vida. Aun no sabía con certeza cómo, pero lo haría. Esas tres morirían, por haberse burlado de él, por haberlo encerrado en un manicomio, porque lo merecían. Merecían morir. Y dejaba de llamarse Taiga si sus deseos no se cumplían.

El sonido suave y chillón que indicaba la hora del almuerzo sonó por todo el edificio, los jardines y rincones del lugar. A los pocos segundos, tres hombres de seguridad llegaron a su puerta y seguido escuchó como marcaban los números de la contraseña que lo impedía salir del dichoso cuarto. La puerta se abrió al instante, mostrándolos, cara a cara. En el pasillo, como de costumbre se escucharon los gritos de los locos que vivían en el recinto.

Salió con dos tomándolo de los brazos y uno detrás, guiándolo hacia la cafetería, donde comían tres veces al día, locos con locos.

Pasó por la barra de alimentos parecida a la de las escuelas, y le sirvieron unos pedazos de lechuga, un trozo de carne y algo de sopa, para después los policías dejarlo en su mesa e ir a las esquinas y a tapizar las paredes y las entradas, cerrando el paso.

Era un martirio.

Cada vez se escuchaban más incoherencias dichas por los habitantes, había frenéticos que entraban en trances de locura y tenían que ser detenidos a la fuerza y regresados a su habitación, había otros que tenía que ser alimentados por las psicólogas pues no podían quitarles las camisas de fuerza. Otros tiraban su plato, otros veían alucinaciones, todos. Y ahí estaba el, sentado en la mesa de la esquina, como en trance.

Solo despertó cuando uno de los frenéticos que serían regresados a su cuarto acolchonado pasó a su lado. Toda la sala se quedó en silencio, con una que otra articulación incoherente y un grito desvalido, lo normal dentro de un manicomio.

Con la cafetería en silencio pudo escuchar el miserable televisor que había detrás de la barra, donde estaban las cocineras. Por eso se sentaba ahí, podía escuchar si quiera algo que no fueras alucinaciones. Las noticias del mismo canal estaban siempre puestas y nunca pasaba nada interesante.

Hasta ese día.

-Otra vez esos monstruos extraños. –señaló una la pantalla, donde se apreciaba un enorme piano tragando mucha gente. –Dios mío, esto es cada vez peor.

-Lo bueno es que esas niñas siempre están a tiempo. –señaló la más rechoncha, contoneando las caderas mientras fregaba unos trastes. Taiga solo endureció la mirada, achicharrándola solo con verla.

Están en el canal de repetición, esa noticia es del jueves. –dijo una mujer, cambiándole a otro canal, seguramente el noticiero de esta mañana.

La voz de la conductora no tardó en sonar.

-"En las últimas noticias, tenemos a estas fantástica heroínas, las Chicas Superpoderosas Z, que otra vez, han salvado el día, y la ciudad. Esta vez los Rowdyruff Boys Z, creados por el villano Mojo jojo, con rayos Z negro, atravesaron de punta a punta la ciudad, haciendo todo tipo de delincuencias y destrozos." –Taiga prestó atención, soltando rápidamente su plato de comida y observó en la pequeña pantalla a tres niños, no más doce o trece años, que parecían ser clones de aquellas escuinclas.

El hombre observó la pantalla, mirando los videos del trío haciendo de sus haberíos por todo Tokio.

-"Las Chicas Superpoderosas Z llegaron en el momento justo y lograron vencerlos, salvando a la ciudad de nuevo. Chicas Superpoderosas Z, estamos agradecidos con ustedes"

Las mujeres apagaron el dichoso aparato, al parecer, ya no había nada interesante pues la noticia había acabado. Los gritos de los esquizofrénicos que lo rodeaban se hicieron presentes de nuevo, los sonidos de los platos y las palabras de las psicólogas, sin embargo, el había entrado un nuevo trance, uno donde ahora, parecía ver todo con claridad.

Esos niños. No era la primera vez que los veía, no. Aun recordaba, un día, no hacía mucho, verlos haciendo pis desde los techos, quebrando sillas y mesas de restaurantes, tirando basura, insultando gente. Los recordaba, y nunca olvidó sus caras. Y ahora estaban ahí como respuesta a sus problemas. A su venganza.

La noticia había llegado como una revelación.

Los reuniría. Los reuniría a todos. Los infectados con rayos Z negros. Los necesitaba. Pero sobretodo, necesitaba a esos tres críos, que curiosamente, tenían el ADN de esas estúpidas niñas. Eran su contraparte oscura. Como rayos Z negros dentro de las chicas Superpoderosas Z. Eran los primeros en su lista de materiales.

Nuevos planes y nuevos experimentos surgieron en su mente, nuevos planes que lo harían el ser más poderoso del mundo y que destruirían a esas niñas. Pero necesitaba reunir a todos los villanos infectados de rayos Z negros latentes en su cuerpo, no como el estúpido piano. Necesitaba a tipos como Mojo jojo, y el idiota rosa que dejaba las huellas de sus manos grabadas en las paredes, pero sobretodo necesitaba a los Rowdyruff Boys Z. A ellos.

Pero para eso, primero tenía que salir de ahí, así que lo próximo sería averiguar como lo haría, no podía perder tiempo, no estaba para eso. Sonrió maléficamente, casi con locura pintada en su rostro. Todos pagarían, no solo esas niñatas, todos. Todos los que se burlaron y tacharon de loco, y el primer lugar que destruiría tras haber asesinado a las súper heroínas sería ese maldito manicomio.

No sabía ni cuando ni como, pero el lo lograría. Acabaría con esas niñas y ahora tenía la salida y la solución, aunque fueran simples ideas de mera inspiración, eran algo, una señal, una esperanza de venganza.

Estaba encerrado, si, estaba encerrado, pero saldría. Saldría y las mataría, cruelmente, una por una y sin piedad. No importaba que tuviera que hacer. Lo haría.

El sonido suave y chillón que indicaban el final del momento de la comida sonó, y los pocos locos que quedaron tras el arrastre de las habitaciones entraron a sus correspondientes mini-cárceles, como salía llamarlas, custodiados por su seguridad.

Y el regreso a la suya, por fin con una meta desde que llegó a ese lugar: Escapar. Escapar y matar a las Chicas Superpoderosas Z.

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~o~

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Justo como ella pensó, el día inició terriblemente.

Kaoru, como siempre, fue la última en llegar a la escuela, como siempre, montada en su patineta, como siempre a toda velocidad, como siempre, sin importarle remangar a cuanta gente le pasara por las narices, ni siquiera por traer la típica falda de cualquier institución, aunque bueno, siempre llevaba unos shorts debajo.

Solo una vez que sus ojos observaron el enorme portón de metal verde (que ante sus ojos parecía tan asqueroso como siempre, aunque fuera de color verde, su favorito.) bajo de su preciada patineta del mismo color y corrió escaleras arriba, llegando al salón jadeante.

Observó como con suerte su maestro aun no había llegado, mientras sus amigas estaban las dos boca bajo, justo como ella pensó la noche anterior, desveladas.

-Vaya, que emotividad.

Las otras dos levantaron por fin la cabeza, mostrando su cara de cansancio, sin embargo, le sonrieron amigablemente.

-No molestes, Kaoru. Mi hermana se las arregló para dormir en mi habitación porque había "un mounstro bajo su cama" –Dijo, dejando caer su cabeza en el pupitre de nueva cuenta. –No la soporto.

-Yo estuve haciendo la tarea hasta tarde, Hisu-sensei dejo mucha. –comentó al aire la rubia, despertando a Kaoru.

-¿¡Hisu dejó tarea!? –Sus dos amigas la miraron con pena, esa niña no cambiaba, seguramente Hisu-sensei terminaría sacándola de nuevo y ella, reprobando el examen. Para su suerte, el maestro de la primera hora no era ese fastidioso hombre que solo parecía querer hacerle la vida imposible a Kaoru.

No tardó en llegar Shizu-sensei, el maestro que los atiborraba con fechas e historias innecesarias de Tokio, Japón y el mundo. Entró azotando la puerta para "despertar a los dormidos" cargado con diversos libros de historia universal y de Japón. Era el típico maestro apasionado por la vida y que se levantaba de madrugada a limpiar la playa. Enemigo mortal de los alumnos somnolientos recién levantados.

-¡Clase, buenos días! –saludó vibrante y alegre. -¿Han hecho su tarea? ¡Hoy hay mucho trabajo que hacer, no hay que desperdiciar nuestro preciado tiempo en dormir! ¡Vamos! ¡La vida es una llama ardiente!

La clase comenzó, muy activa como siempre, llena de trabajos y gritos sobre lo hermosa que era la vida y la historia del mundo, sobre todo la de Japón y la de su ciudad. El hombre era un devoto patriota de su país, de esos que cantan los himnos nacionales a todo pulmón, y por cierto, horriblemente.

Sin embargo, tras los primeros diez minutos de clase, llamaron a la puerta, entrando la secretaria del director, Eiko Takashi. De esas mujeres enanas que no alcanzan ni la mayonesa en los estantes del supermercado y amargada hasta las últimas entrañas de sus ser. Ella también detestaba a Kaoru, por supuesto.

-¡Oh, señorita Eiko, que agradable sorpresa! –ante el comentario, varios bufaron, entre ellos, Kaoru y Momoko. Miyako era más adorable. –Dígame, ¿en que podemos ayudarle?

La mujer se contoneó hasta llegar al escritorio del profesor y hablo más para ellos dos que para la clase entera, sin embargo, la mujer tenía una voz muy potente.

-Tres nuevos alumnos han sido asignados a este grupo, ahora vendrán, la directora esta mostrándoles las instalaciones.

-¡Vaya! –medio gritó Shizu. -¡Siempre es bueno tener nuevos pupilos a quienes enseñarles el verdadero significado de la vida! ¡Con gusto los recibiremos!

Justo después, unas voces comenzaron a escucharse por el pasillo, todos suponiendo que eran los nuevos alumnos guiados por la directora. La secretaria se dirigió a la puerta, dejando pasar a la directora, seguida de tres jóvenes.

-Muchas gracias Eiko, puedes retirarte. –La mujer en cuestión salió del salón, escuchándose varios suspiros de conformidad después, entre ellos, Kaoru y Momoko, claro esta. –Jóvenes. –comenzó la directora. –Ellos son sus nuevos compañeros de curso. Profesor Shizu, aquí se los dejo. –dijo la mujer –Espero que puedan hacerlos sentir en confianza, bienvenidos. –dijo amablemente y sin más saliendo del aula.

-¡Pero vaya que tenemos aquí! –saludo el hombre a los tres jóvenes. -¡Caras nuevas!

Momoko, Kaoru y Miyako los observaron detenidamente, les parecieron vagamente familiares, no llegando a recordarlos por ningún lado.

Eran altos, de espalda ancha y buen cuerpo, bastante guapos, para que negarlo, tanto, que alguna que otra chica quedó instantáneamente idiotizada soltando suspiros y murmuros de satisfacción.

-Cuentéenos, ¿Por qué han llegado una semana después de iniciar clases, eh? –cuestionó el profesor.

-Bueno, eh… nosotros nos acabábamos de mudar a la ciudad y apenas nos inscribimos estos días. –dijo el rubio con cara de ángel que no rompe ni un plato, haciendo que todos se tragaran el cuento.

-¡Pero vamos, preséntense! –Canturreó el hombre, que comenzaba a incomodar a los tres.

El primero que se presentó, fue el del medio, un pelirrojo de ojos extrañamente rojos como la sangre, con un cabello revuelto y una gorra roja hacia atrás. Su sonrisa era pícara y con un toque de travesura, al igual que el brillo de sus ojos.

-Soy Makoto, Makoto Him. –dijo, y su voz, para algunas chicas sonó atrevidamente atractiva.

El segundo, el que estaba a la derecha, no sonrió, solo alzó la barbilla orgullosamente. Su cabello era negro y recogido en una coleta alta y sus ojos eran de un color esmeralda muy potente. Parecía rudo.

-Me llamo Koiji Him. –Articuló sin más, sonrojando a una que otra.

Por último en presentarse fue el rubio, que con su sonrisa ancha y traviesamente angelical, cautivó a más de una. Su cabello estaba algo desordenado, lo que le daba el toque travieso que a Makoto y sus ojos azúl daban una sensación de bondad y cierta dulzura.

-Yo soy Hotaru Him, mis hermanos y yo estamos encantados de conocerlos. –Habló sorprendiendo a algunos.

-¡Hermanos! ¡Quien lo hubiera pensado, son tan diferentes! –gritoneó el profesor alegre. -¡Pero pasen, tomen su lugar! –dijo señalándole los desocupados que había.

Las tres chicas se miraron entre sí, ese súbito recuerdo de tres niños metiéndose el dedo en la nariz y gritando "Rowdyruff Boys" años atrás había venido a su mente como un balde de agua fría. Pero no, era imposible, ellos habían desaparecido de la faz de la tierra y era imposible que estuvieran ahí, justo ahora, en la escuela, en su misma aula. Era una coincidencia nada más. Sí, eso era.

Los tres pasaron a su lugar distraídamente, con ellas siguiéndole por el rabillo de ojo.

-Pero que estupidez. –se contradijo Momoko. –Makoto es guapísimo, no como el idiota de Brick.

Miyako hizo una mueca, Los Rowdys habían desaparecido ya, además, sus cinturones se habrían activado ante el contacto con rayos Z negros. Sacudió la cabeza, estaba comenzando a enloquecer.

-Joder, que si es el tarado de Butch y los idiotas de sus hermanos, me aviento del techo más próximo que tengan mis ojos. –se quejó Kaoru pateando el piso.

Solo una vez en sus respectivos lugares pudieron observar a la clase entera (ya que estaban hasta atrás), más concretamente a Momoko, Kaoru y Miyako.

Ninguna de las tres había cambiado demasiado, habían crecido algunos centímetros, nada de que asombrarse (por lo menos para ellos, que seguro les sacaban media cabeza), pero su cara era la misma. Una seguía siendo la loca, otra la ruda y otra el ángel que no rompía un solo plato, las Powerpuff Girls Z.

-Siguen siendo igual de horribles. –susurró Makoto.

-Vaya que sí. –continuó Boomer.

-Esto será pan comido. –Canturreó Butch, con sorna.

El resto de las clases siguió igual, casi sin complicaciones, lo único "extraño", por así decirlo (ya que en realidad, no era nada extraño) fueron los murmullos y comentarios sobre lo extrañamente parecidos que eran a sus contrapartes.

Sin embargo, todos terminaban creyendo que ni se conocían.

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~o~

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Taiga recién había llegado de dejar a los niños en la escuela. Había tenido que presentarse como "su padre adoptivo" y además, era necesario ir, debido a que los necesitaba precisametne en un aula específica. Gracias al su inteligencia y habilidad de persuasión (en realidad la de Boomer), habían quedado en el 2 "A", con las niñatas.

Llegó directo a su laboratorio a dejar unas cosas, y luego subiría con el resto para comunicarles unas cosas.

El edificio entero se encontraba en un extraño silencio, no había ni siquiera un suspiro que no pudiera escucharse ante tal silencio, justo como los que le gustaban a Taiga, y es que, los tres remolinos andantes, no estaban en el lugar, para su suerte. Estaban en la escuela, ejecutando su parte del plan. Todo estaba saliendo bien hasta ahora.

Sin embargo, no sabía si terminar de confiar en aquellos tres mocosos tan idiotas. Esperaba que no estropearan todo, porque entonces, entonces sí, lo conocerían. Lo perturbaba el hecho de que esos tres no solo tenían el ADN de esas niñatas, que era tan puro como los rayos Z blancos, si no que, en pequeñas cantidades había detectado en su organismo rayos z blancos.

Boomer era el que más le preocupaba de los tres.

El imbécil de Mojo jojo, siendo un idiota inexperto, se había olvidado de que el ADN de las Powerpuff Girls Z estaba infectado con los rayos Z blancos, y estos se habían combinado con los rayos Z negros, solo que en menor cantidad. Esperaba que eso no se le saliera de las manos, aunque, esos tres odiaban a las Powerpuff Girls Z más de lo que lo odiaban a él, se atrevía a pensar. Era lo que le hacía confiar solo un poco en esos tarados.

Dejando de pensar en los tres dolores de cabeza, Taiga subió de nuevo al edificio donde aguardaban todos sus pupilos, como el solía llamarlos, para darles la noticia de que pronto podrían regresar a hacer todas sus delitos y estupideces que les gustaba hacer, claro, con sus reglas.

Como los Rowdys no estaban, no tuvo que subir hasta el último piso, ya que casi siempre el jaleo se armaba en su pasillo. Esta vez llegó hasta el tercero, donde estaban Peludito, y el grupo de As. Los de los pisos de abajo al darse cuenta que subía, lo siguieron casi al instante y el de arriba, Mojo, bajó al darse cuenta del ruido.

-¡Una junta, mojo, mojo!

-Maldita sea, ¡van a apestar todo el piso! –renegó Serpiente, dándole un capón a Arturito.

-Y yo que culpa tengo, ¿eh, eh?-gritoneó él, chocando con los ameba.

-¡Eh, cuidado enano!

-¡Mira quien lo dice, adefesio idiota!

-Cállense ahora mismo. –habló, harto de que parlotearan sin dejarle hablar. –No tengo todo su tiempo.

Todos callaron abruptamente, dirigiendo su mirada al hombre, el cual no habló dentro de unos minutos.

-Esta semana comenzarán a atacar la ciudad. –dijo sin más, restándole importancia al asunto. El arguende volvió a escucharse, comentando los nuevos planes que tenían, lo próximo que robarían y lo genial que sería. –Pero lo harán bajo mis reglas.

Todos volvieron a callar.

-Eh, Taiga-sama, ¿A que se refiere?

-A que, no le harán daño a las PowerPuff Girls Z. –Todos protestaron al mismo tiempo.-¡Cállense, maldita sea! –Gritó. Esos idiotas le sacaban de quicio.

-Pero Taiga-sama…así ellas nos…

-No me interesa. Para lo único que me sirven es para que despierten el estúpido cinturón, si algo les pasa, no me interesa. –Cortó. –Además, tienen suerte, si los dejo seguir con sus crímenes después del primero es para no levantar sospechas, no para hacerles un bien.

Taiga estaba molesto.

-Tengan muy presente, que ustedes no son nada, ¿recuerdan? Y todo lo que tienen me lo deben a mí. –dijo este, masajeándose las sienes. –Así que no tienen derecho a opinar. Solo los tres estúpidos mocosos son algo útiles aquí.

-Discúlpenos, Taiga-sama. –el hombre chasqueó la lengua, dando a entender que no le interesaba. -… ¿Cuándo comenzaremos a asaltar Tokio?

-No lo sé, pronto. –explicó. –Primero tengo que esperar a que Brick, Butch y Boomer regresen y me den noticias de las niñatas.

-¿Y cómo sabrán quienes son?... nos comentó que tenían una identidad secre…

-Ellos lo saben.

-…¿Y cuál es?

-Eso, no les interesa a ustedes. –dijo, amenazante. –Y, si yo me llego a enterar, de que ustedes se atreven a investigar del tema, los mataré. Así de sencillo, los mataré.

Todos los presentes concordaron mentalmente, sabiendo que aquello era verdad. Ese hombre no se tocaría el corazón lo más mismo para asesinarlos, no eran nada para él. Ni un cero a la izquierda. Herramientas, herramientas que puedes desechar cuando ya no te sirven.

El hombre, a paso lento, comenzó a salir de la habitación para dirigirse a su laboratorio de nuevo, seguramente, haciendo que todos comenzaran a respirar más normalmente, con tranquilidad, pero entonces, el hombre se detuvo, justo en el marco que daba paso a las escaleras.

-Mojo. –Llamó. Al mono se le erizaron los pelos. –Baja en quince minutos, no quiero que tardes.

-… c-como usted quiera… Taiga-sama. –Y sin más, el hombre dejó el piso.

-Suerte, mono idiota. –Comentó As, no como burla o sarcasmo, sino como mera pena por él.

Mojo bajó la cabeza apesumbrado, desearía que sus amados chicos idiotas estuvieran ahí, para defenderlo y sacar la cara por él como siempre lo hacían, como él lo hacía por ellos. Aunque lo trataran con la punta del pie, el sabía que de cierta manera le habían cogido un poco de afecto, por lo menos Boomer, que era el que siempre terminaba curando las heridas provocadas por Taiga.

Cuando los quince minutos pasaron, Mojo bajó al sótano, y se acostó en la camilla, esperando que su suerte no fuera tan mala esta vez.

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~o~

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El timbre del receso se escuchó por toda la escuela, y como siempre, todos salieron despavoridos hacia los patios, cafetería y canchas. Sin embargo, ellos hicieron tiempo guardando algunas cosas y sacando su almuerzo, observando como quien no quiere la cosa a las tres chicas: Blossom, Bubbles y Buttercup. O como bien habían escuchado al pasar lista los maestros : Momoko, Miyako y Kaoru.

Ellas fueron de las últimas en abandonar el salón, seguidas de un tipo nerd antisocial que quedó al último. Estaban solos en el salón, solo entonces, se reunieron.

-¿Y? –cuestionó Butch. -¿Qué hacer?

-Como que qué, idiota. Seguirlas. –Le insultó el rojo. –Claro, sin que se den cuenta.

-¿Y eso para que serviría?

-¿Y qué quieres, Butch? –indagó Brick. -¿Qué te parece? ¡Hola, chicas estúpidas!, somos los nuevos del colegio y hemos venido con el único propósito de asesinarlas, por si no es obvio, somos los Rowdyruff Boys, ¿te gusta así?

-No seas idiota, Brick.

-Eh, oigan. –Llamó el menor de los tres, con cara de circustancias.

-¿Y ahora que se te atoró, Boomer?

-Eh, creo que será mejor acostumbrarnos a llamarnos por nuestra identidad secreta. Así, si alguien nos escucha, podríamos levantar sospechas. –El mayor se encogió de hombros.

-Me da igual, Hikaru.

-De hecho, es Hotaru. –corrigió su nuevo y segundo nombre.

-Sí, sí, Hotaru. –le restó importancia, comenzando a caminar fuera del salón, seguido de los otros dos.

-Pero que nombre tan idiota has escogido. –se mofó Koiji. –Nada tan espectacular como el mío.

-Por Dios, que le mío es el mejor, es el nombre de un líder. Makoto Him. –Siguieron discutiendo infantilmente por ver cual nombre era el mejor y por que, hasta que llegaron a la cafetería, que bien era la jungla misma, intentaron buscar con la mirada a las supertontas, pero no las encontraron, incluso, dudaban que hubiera un lugar vacío.

-¿Cómo se supone que las vamos a encontrar en este lugar, eh? –Hotaru se rascó la nuca.

-Da igual, ahora quiero comer, esas niñatas no merecen más tiempo de mi tiempo. –Dijo Koiji altanero.

–Pero no quiero comer aquí, hay que largarnos al patio. –condicionó Makoto, seguido de sus hermanos.

Y fue ahí, bajo un enorme árbol que daba sombra y que lo mejor, estaba apartado de todo el bullicio de los alumnos jugando riendo y gritando. El lugar perfecto para hablar de sus planes y ver la escuela en toda su amplitud, podrían controlar todo de ahí, sería un lugar perfecto para analizar los movimientos de ellas.

-Muero de hambre. –dijo Koiji, engullendo rápidamente su almuerzo.

-Esas tres son escurridizas hasta transformadas en personas normales. –dijo Hoturu, con preocupación. –Taiga-sama se molestará.

Makoto dejó su bocado a la mitad.

-No vale la pena que le tengas miedo a ese, Boo…Hotaru. No nos puede hacer nada por ahora. –Animó a su manera a su hermano, el cual solo asintió con la cabeza, seguido de un quejido de Koiji, en señal de aceptación. Por ahora tenían oportunidad y debían aprovecharla, en cualquier momento Taiga podría cambiar de opinión y mandarlos al diablo.

Entonces, como respuesta a su búsqueda frustrada, un grupo algo de chicos se plantó un tanto lejos, lo suficiente para que ellos pudieran observar y alcanzar a escuchar alguna que otra palabrería cursi hacia unas chicas que casualmente eran dos de las Powerpuff Girls.

Blossom y Bubbles, o lo que era lo mismo, Momoko y Miyako.

Arquearon la ceja mirando el tumulto de jóvenes que andaban como perros falderos detrás de ellas.

-Mira nada más. –comenzó Makoto, burlón. –Tan horribles y con tantos babeando por ellas.

-Ni que lo digas, ¿Qué les verán?, son tan odiosas.

Observaron el espectáculo cada uno en silencio, analizando. Para que engañarse, el tiempo había hecho lo suyo con ellas.

Justo después, llegó Kaoru a intentar salvar (fallidamente) a sus dos amigas, terminando ella también repleta de los estúpidos halagos de los clubs de fans y ahí, pudieron observar perfectamente la mezcla de ese trío tan extraño.

En realidad, no eran tantos los tarados que andaban detrás de ellas, pero supusieron que solo era una pequeña parte de los admiradores que probablemente tenían.

Momoko causaba sensación por su vitalidad, sus enormes ojos brillantes que eran tan expresivos que solo había que mirarlos para contagiarte de una de sus hermosas sonrisas.

Miyako, que esta ya desde corta edad llamaba la atención del sexo opuesto, al crecer aquello había aumentado. La inocencia que destilaba por cada poro de su cuerpo y esos enormes orbes azules, su forma de andar, todo en ella era tan mágico.

Por último, Kaoru, sorprendentemente llamaba a atención por esa actitud levemente masculina que contrastaba con su hermoso cuerpo de mujer, podía patearle el trasero a muchos, y eso, les encantaba. Sus ojos verdes los hacían perder los estribos.

-Creo que esto nos pondrá difícil las cosas. Será más difícil acercarnos a ellas. –comentó Hotaru, pensativo.

-Tsk, eso no importa, somos los Rowdyruff Boys Z, esas niñatas no pueden con nosotros.

-Y mientras más rápido mejor, no soporto la escuela. –Boomer rodó los ojos ante el comentario de su hermano, era el primer día y ya se había ganado el odio de uno de los maestros, un tal, Hisu, aunque el hombre era un poco amargado.

Miró hacia el frente, al ya no escuchar ningún alarido que profesaba adoración a aquellas tres, encontrándose con que ya no había nadie, se habían esfumado. Las buscó con la mirada pero no las encontró, entonces, le restó importancia, como sus dos hermanos, que hasta ahora, no parecían interesados en entrar en acción. Tal vez estaba exagerando, pero cuando Taiga les encargaba algo, casi siempre se estresaba demasiado, por el miedo que le causaba ese hombre.

Al final terminaba como sus hermanos, que ahora, peleaban por alguna otra estupidez.

Mientras, en otro lugar del colegio, las tres chicas estaban ocultadas de el alboroto que se había formado alrededor de ellas, ni siquiera Kaoru los había podido ahuyentar con su mal genio y gritos de loca histérica. De hecho, había sido un completo milagro que lograran huir.

-¡Un día mataré a esa panda de tarados! –se quejó pateando el césped. –Me tienen harta.

-¡A demás nos quitaron casi la mitad de nuestro receso! –se quejó Momoko, tirándose con cansancio. -¡Y ni siquiera pudimos llegar a nuestro árbol!

Miyako rio por lo bajini, le daba gracia ver a sus amigas tan molestas por cosas que ella consideraba nimiedades. Aunque, bueno, lo único que si le pesaba era que no podrían comer bajo ese frondoso árbol en el que siempre almorzaban, era el lugar más tranquilo de toda la escuela.

-Losé, pero ya mañana podremos ir, Momoko-chan. –la pelirroja hizo un puchero algo gracioso y la morena y sentó de sopetón en el césped.

-No sé como haces, Miyako, pero tienes que enseñarme. –articulo Kaoru cruzándose de brazos. –O juro que moriré.

-O ellos morirán en sus manos. –añadió Momoko. La rubia sonrió divertida.

-Solo los ignoro. –A las otras dos les apareció un tick en el ojo y ella desesperó. –Bueno, pero hay que hablar de otra cosa.

Entonces, Momoko, como alma que lleva el diablo, se reincorporó en su sitio, lista para el chisme.

-Vale, a que los chicos nuevos son extraños. –señaló asintiendo para si misma. Kaoru, con una sonrisa de oreja a oreja se reincorporó también.

-Ya, te ha gustado alguno de ellos. –dijo sonriente.

-Que bah, pero claro que no. –dijo, haciendo gesto de asco. –yo sería incapaz de serle infiel a Ken-kun. –La sonrisa de Kaoru desapareció al segundo siguiente, molesta. Ya se había imaginado sus entrenamientos sin Momoko de nuevo, como deberían de ser.

Miyako, al notar la tensión tan repentina en el ambiente, siguió la plática.

-Oh, si, me parecieron algo… extraños. –dijo. –Ya ven, son hermanos, ¡trillizos! Y ni se parecen.

-Lo sé, además, no sé…me pareció verlos en otro lado. –medio mintió, pensando que si les mencionaba a las chicas el parecido con los Rowdys, la matarían (por lo menos Kaoru)

-Si, a mi también. –El tema se dio por terminado ahí, y el resto del receso pasó normal, entre chillidos, una que otra pelea simple y un regreso al salón a escondidas para pasar desapercibidas por el alboroto armado. Cuando llegaron (casi siempre eran las primeras) los tres hermanos ya estaban en el salón, y pronto llegaron los demás alumnos, agrandando cada vez más el bullicio.

El día terminó casi igual que comenzó que como empezó, tranquilo y sin contratiempos, para los tres hermanos, claro esta, así que tras observar a las chicas irse cada una por su camino, ellos decidieron hacer lo mismo, después de todo, no era como si les agradara estar en ese lugar (al cual Koiji ya había calificado como reformatorio para adolescentes). Además, tenían un camino muy largo que hacer.

-Taiga debería comprarnos algo para movernos siquiera, ya que no nos da dinero para el metro –Se quejó el del medio, pateando una roca, y no era para menos, tenían que caminar desde la escuela, hasta las afueras de la ciudad, ya que el edificio de Taiga estaba en los bosques más próximos, donde nadie pudiera ver el recinto. –Con el endiablado calor que hace.

-Deja de quejarte, Koiji, tengo escuchándote todo el camino. –Renegó Makoto, haciendo que Hotaru se lamentara por caminar con sus hermanos.

-¡Es pleno Agosto! ¡Hace calor!

-No me importa, yo también tengo y no ando como nenita quejándome, cierra la boca.

-Eh, chicos, no empiecen. –Dijo Hotaru, en un vano intento de callarlos, cosa que claro, no funcionó demasiado, ya que el pleito siguió hasta que llegaron a su casa.

-¡Y el domingo te terminaste mi desayuno!

-¡Cállense ya! –gritó Hotaru, histérico, haciendo que los otros dos solo refunfuñaran bajo. –Por fin llegamos. –dijo, abriendo la puerta del edificio con las llaves que Taiga les había dado a cada uno.

-Muero de hambre –Bociferó alto Makoto, corriendo a la cocina con Koiji detrás.

-¡Eh, déjenme algo! –siguió Hotaru, que se había quedado atrás por cerrar la puerta.

-¡Ni hablar, llegaste al último! –El pleito comenzó y los demás integrantes del lugar no tardaron en bajar.

-Joder, tan tranquilo que había estado todo por aquí sin ustedes. –Dijo As entrando por la puerta con toda su pandilla detrás.

-Cierra la boca As –calló Makoto, comiendo rápidamente. El otro rió estruendosamente.

-¿Te crees mucho, Brick? -Dijo, a lo cuál, el otro no contestó, ya estaba acostumbrado a las idioteces de As. –No me ignores, pedazo de idiota. –Dijo dándole un capón en la cabeza, a lo cual, el respondió con un puñetazo fallido.

La pelea habitual comenzó.

-¡Dale, As, dale!

-Hey, gordo Billy, cierra la boca, pedazo de inútil, mi hermano le romperá la cara a As. –Dijo alto Koiji.

-¡Billy no es gordo!

-No, es obeso. –señaló Boomer, aun comiendo sentado a la mesa, solo que con el plato al aire debido a que As y Brick se molían a golpes sobre la mesa. Billy comenzó a sudar de rabia, haciendo reían divertidos a los otros dos.

-¡Billy no es gordo! –Y así, la millonésima pelea masiva se llevó a cabo en el recintó, donde el plato de Boomer salió volando, la gorra de Brick y un zapato morado, de sabrá Dios quién.

-Vaya, me imaginé que habrían llegado al escuchar el bullicio. –De nuevo todos pararon al escuchar aquella voz en la cocina. El escenario era este: Brick y As arriba de la mesa, el primero debajo del segundo, luchando por no ser golpeado, a los lados, Boomer y Butch pateado y brincando sobre el estómago de Billy y el resto de la banda gangrena aporreando las puertas, para echarle más ánimos a su líder.

Los ameba reían estúpidamente, sin razón aparente.

Claro, hasta que Taiga entró y el asunto se tranquilizó.

-Uf, que ha sido divertido. –dijo Brick bajando de la mesa, caminando a coger su gorra. Boomer bajó del estómago de Billy, que parecía más verde de lo normal, seguro iba a vomitar pronto.

Taiga pareció ignorar todo aquello y reparó en sentarse en una de las sillas no destrozadas.

-¿Y bien? –Inquirió alzando una ceja, dirigido a Brick, que se acomodaba la gorra. Este solo imitó su gesto, levantando su ceja.

-Bueno… eh, As llegó y yo estaba comiendo y…

-Eso no, idiota. –Resopló, molesto. – La escuela, las niñatas.

-Ah, claro. –Pareció entrar en razón. –No hay nada.

Boomer y Butch se alarmaron por la imbecilidad del mayor.

-¿Nada? –gruñó. – ¿Los he mandado para nada?

-Taiga-sama, lo que quiere decir es que aun estamos… observándolas. –Salvó Boomer. –Necesitamos saber primero sus movimientos para acercarnos. –Los otros dos asintieron.

Taiga pareció meditarlo, tenía lógica. Supuso que Boomer fue el de la idea, era el más normal de los tres. Sin embargo, frunció el ceño.

-¿Y cuanto tiempo les levará eso? –se quejó. – No quiero retrasos ni estupideces, ¿me oyen? Saben perfectamente lo que puede pasar.

-No lo sabemos, pero será muy fácil. Nos emparejaron en el mismo salón. –El de bata chasqueó los dientes.

-Pues no me interesa, ya se los he dicho. –Dijo, parándose a malas de la silla. –Y ya cállense, que los escucho hasta mi laboratorio.

Desapareció.

As sonrió, arrogante y orgulloso. -¿Ya no tan contento, eh?

Ignorando todo comentario, Butch habló para sus hermanos.

-¿Dónde está el idiota de Mojo? –preguntó extrañado, y sus hermanos recapacitaron en el asunto.

-Cierto, normalmente ya habría bajado gritando un millón de estupideces, sobre sus niños. –comentó Brick, con los brazos sobre su nuca.

-Sobre eso… -se introdujo a la conversación al verse ignorado. –En la mañana Taiga-sama le dijo que bajara.

-¿Qué... bajara? –indagó Boomer. As se encogió de hombros.

-Sí, no sé a que hora regresó a su piso. –Se explicó, comenzando a subir por las escaleras, que estaban justo enfrente de la enorme cocina. –Pero supongo que hace rato de eso. –Su voz se perdió en las escaleras junto con él su pandilla. Los otros tres se miraron entre sí, con miradas confusas.

Subieron algo tensos por las escaleras, deteniéndose en el piso de Mojo, y sin más, abrieron la puerta. De su habitación. Soltaron un suspiro y se quedaron ahí incómodos, sin saber que pensar, o en su defecto, no aceptando la pequeña preocupación que cada milenio sentían por el idiota de Mojo.

Boomer fue el primero en acercarse a la cama, donde un Mojo jojo con heridas abiertas y tirado en la cama respiraba con dificultad. Brick maldijo por lo bajo a Taiga.

-Mojo… -movió levemente. –Mojo…

El simio pareció despertar y enfocó con trabajo unos ojos azules y unos mechones rubios.

-Oh, ya llegaron, ¿donde están el otro par? –Al verse mencionados, Butch y Brick se acercaron. –Que bien, más les vale que destruyeran muchas cosas y le dieran una paliza a esas chicas malcriadas.

-No seas ridículo, apenas llegamos hoy. No hicimos nada. –dijo Butch. El simio hizo amago de levantarse, pero fue detenido por el menor y el mayor.

-No seas estúpido mono idiota. –alegó Brick. –Que no vez que el idiota de Taiga no desinfectó todas las heridas, algunas están abiertas.

Boomer suspiró. Mojo temblaba de dolor.

-Ya vuelvo, voy por…

-Hmp, no necesito de su ayuda, soy su madre, mojo, mojo. –Solo por esa vez pasaron por alto lo de madre.

-Cierra el pico mono, y deja que Boomer haga algo.

Por su parte Boomer iba por las pocas cosas que tenía para hacer algo por el mono enfadoso. No es como si el fuera experto en aquello, pero desde que se convirtieron en los conejillos de indias de Taiga, no le había quedado más remedio que aprender a usar un algodón, alcohol y curitas, ya que era preferible que fuera él mismo, y no sus hermanos, que seguramente, terminarían abriendo más las heridas del que fuera que lo necesitara. Aunque, solo lo hacía por sus hermanos y por Mojo.

Tenía la certeza de que. Aunque lo negaran, todos, no solo sus hermanos, él y Mojo, habían aprendido a apoyarse, e incluso, se atrevía a decir que sus hermanos le habían cogido algo de afecto, al mono, solo un poco, tampoco es como si lo amaran, pero después de años de vivir ahí y apoyarse mutuamente, era imposible que fueran indiferentes. Por lo menos con el idiota que los había creado.

Aunque eso nunca lo aceptarían, mucho menos Butch.

Regresó con lo tres, donde Brick y Butch estaban tirados en el suelo mirando alog en la televisión, a lado de la cama de Mojo. Casi nunca salían de su piso, solo en ocasiones así, cuando, aunque les repugnara, se preocupaban un poco por el simio. Mojo seguía temblando de dolor.

-¿Te puso anestesia? –Indagó Brick.

-No mucha, mojo. –Los cuatro guardaron silencio, escuchando los quejidos de Mojo. Butch se arrimó a Brick, observando a Boomer y a Mojo.

-¿Qué crees que haya querido probar ahora? –susurró al pelirrojo que se encogió de hombros y también dirigió su mirada a los otros dos, con curiosidad. Se preguntaba que sustancia dañina o no habría agregado al cuerpo del simio.

Siempre que la operación era beneficiente ya fuera en fuerza o habilidad para el receptor, lo aplicaba en su mismo organismo mediante inyecciones. Se preguntaba que era ahora.

-¿Alcanzaste a escuchar algo mientras te operaba? –preguntó de nuevo a lo cual Boomer lo vio con mala cara. Butch le sacó la lengua al rubio y Brick los ignoró, esperando saber que tramaba Taiga con eso.

-No, mojo, mojo. –El pelirrojo resopló, molesto.

-Pero que mono más idiota. –Y así, el poco rato pacífico que se había logrado, se convirtió en un pleito donde Mojo le gritaba y chillaba improperios a Brick (aunque se estuviera muriendo de dolor), mientras este le respondía con otros tantos, para minutos después unírsele Butch y terminar Boomer envuelto también.

Después de todo, Boomer ya había terminado con Mojo, y la preocupación se había esfumado, y mañana sería un día seguramente más tedioso para ellos, puesto que no podían pasar mucho tiempo aplazando el contacto con las súper odiosas.

Si tenían suerte, podían dejarles claro que las odiaban.


Cha chan, aquí está es cuarto capi ^^

La verdad, no estoy del todo convencida de cómo quedó, sobre todo el final -.-u, pero tampoco sentía que debía adelantar las cosas. En fin, soy primeriza en esto, ustedes díganme que tan horrendo esta.

En fin, por fin vemos algo de humanidad en los Rowdys, ¿Raro, no? Pues no tanto :D, más adelante se explicará el porque, si se supone que son oscuros y malos y bla, bla.. (yo los amo *o*)

Y, un poco del pasado de Taiga, bueno ni tan pasado, ni tanta información n.ñ

Y, hehe, que les parecieron las identidades secretas de los chicos, eh? La verdad creo que esos nombres les van muy bien. Solo haré una pequeña aclaración para que no se preste a confusión: mientras estén en la escuela y con las chicas, serán llamados con sus identidades secretas, solo cuando estén en la guarida de Taiga con los demás villanos, serán llamados por sus nombres originales.

¡Muchas gracias por todos sus reviews, me suben los ánimos!

En fin, nos leemos,

¡Abrazos aplastantes para todos!

Miss Nutella :)