El tenor y la luna
Las noches en Città Acquatica ocultaban un extraño pero hermoso romanticismo. Tal vez fuera por la increíble luna llena que se alzaba y reflejaba en los canales. Sólo las barcas rompían esa perfecta reflexión, dejando un camino de ondas blancas que Luljeta llevaba observando durante varias horas, olvidando por completo una importante obligación que esperaba en su casa. Regresó un instante a su memoria, pero lo hizo a su vez la imagen de su compañero de piso y su habilidad con los niños, así que no sintió preocupación por un segundo más, sólo fijándose en las caprichosas imágenes aparecer al ritmo de las serenatas que cantaban los barqueros, pensando en la persona con la que le gustaría oírlas. Derramó unas pequeñas lágrimas al recordar lo intenso que fue todo y la forma tan abrupta de destruirlo, sin darse tiempo a olvidarlo siquiera. Recordó también lo estúpida que se sentía cada vez que pensaba la razón por la que le abandonó, aunque a veces observaba su pelo negro ondulado ahora corto y sin sus mechones castaños por culpa de él para tratar de odiar a Feliciano Vargas, pero el destino no parecía querer tal cosa.
Suspiró desencantada. Algo peludo se restregó contra sus tobillos, reconociendo al responsable de tal sobresalto como un gato negro aún cachorro.
-Vaya, hola pequeño.-Lo tomó en brazos, comprobando si tenía algún collar.
Escuchó a una mujer con acento exótico decirle que ese gato era el suyo. La mujer parecía bastante más joven que ella, con ojos rasgados negros como su cabello corto y liso. El kimono hacía pensar que seguramente sería japonesa, y a juzgar por la riqueza del material, muy rica.
-¿Este gato es suyo?
-En realidad, es muy parecido a uno que mi marido perdió hace pocos días. Si lo desea, podemos acercarnos a mi casa.
-No me importaría... Pero tengo que volver a mi piso.
-Se pediría una de las mejores barcas para usted expresamente. Sígame.-Inquirió la desconocida, que más tarde se presentaría como Sakura Honda, con tono no excesivamente inquisitivo.
Así, ambas mujeres llegaron ante un enorme palacete decorado en su fachada con pinturas que imitarían a la renacentista pero con temas mitológicos de la Antigüedad clásica, lo que no desentonaba con las columnas que podían verse. El pasillo para recibir invitados no desentonaba en absoluto con la decoración del lugar, teniendo un suelo con baldosas blancas y negras, más decoración con columnas, una gran escalera al fondo y una mesa de café junto a un gran sillón rojo sobre el que Luljeta se dejó caer una vez Sakura hubo subido por las escaleras para buscar al que era su marido.
Los increíbles lujos de la mansión no eran capaces de hacer feliz en absoluto a esta dama llegada de tan lejano lugar. Observó la foto de su boda con nostalgia y tristeza, recordando a todos aquellos a los que abandonó para casarse con ese auténtico desconocido que resultó tener el corazón roto de tal forma que sólo la causa de ello sería quien le curara. Igualmente, no podía quejarse en absoluto, él jamás le había pegado o se había dirigido a ella con malas palabras, pero sentía la falta de un amor más allá del propio entre amigos. A tal punto llegaba su poca relación que la fotografía estaba abandonada tras un cristal que ya amarilleaba.
Continuó guiándose con la voz de Feliciano, quien parecía estar cantándole a la luna a pesar del viento que empezaba a subir y que le movía su eterno abrigo morado. Para ser tan delgado, de él salía una voz demasiado potente cada vez que cantaba, lo que no hacía sino acentuar el mensaje de desamor de la canción.
-Feliciano, tu gata ha aparecido.
-Ve~, enseguida voy. Gracias por buscarla, Sakura.-Y una vez más, el tono que no pasaba de amistoso al que Sakura ya se acostumbraba.
Al bajar por las escaleras, el joven de pelo castaño claro y grandes ojos dorados pudo distinguir una figura excesivamente familiar, al punto que su corazón dio un vuelco dentro de su pecho y una pequeña náusea amenazó con salir. Se repuso como pudo, pero sin poder acercarse a Luljeta, así que llamó a la gata, llamada, por cierto, Pocci. Al reconocer su voz, pudo sentir unos sorprendidos ojos marrones con cierta tonalidad rojiza observarle alucinados.
-Veo que ahora llevas el pelo distinto.-Se arrepintió al instante de esa frase tan ridícula. Dos años enteros sin verla y sólo se le ocurría hablar del peinado.
-Así me lo cortasteis... Digo, cortaron en Musiker Seele.
-...Siento lo que pasó.-Se atrevió a avanzar unos escalones para estar más cerca de ella.-Todo era perfecto para ti, y cuando llegué sólo lo trastoqué. Te debo una disculpa.
-Feliciano, no me debes nada, tarde o temprano tenía que pasar.
-¿La disculpa?
-No, lo de los fantasmas y las muñecas. Sólo pasó que coincidisteis, no me di cuenta en su momento.
-Deberíamos haber contactado en este tiempo y haber aclarado todo.-Bajó la escalera y se acercó con más seguridad.
-No habría estado mal. Pero nos habríamos perdido otras cosas.
-Estuve llorando durante tres meses, sin apenas comer o dormir, no me habría importado perderme eso.
-Hablaba de tu matrimonio.-Feliciano deseó haber escuchado celos, pero no los encontró.
-¿Te digo un secreto? Es sólo por conveniencia, no hay nada entre Sakura y yo. Me dejaste tal huella que no he podido amar a nadie más.
-Yo... Yo sí amo a alguien más ahora, lo siento.
Luljeta le vio boquear, anonadado. No quiso explicar la naturaleza de esa relación, así que dejó al gato y se dispuso a irse en la barca expresamente para ella, pero él debía sentirse testarudo esa noche pese a que su corazón volviera a estar roto como nunca. Con cada pregunta era respondido con un "vete, no me sigas", cosa que no estaba demasiado dispuesto a cumplir, necesitando respuestas.
-Sólo te pido que me digas su nombre.
-No te lo diré. Por favor, vuelve a tu casa.
-¡No! ¡He esperado mucho el momento de volver a verte! Dos largos años con miedo a que si te contactaba sería muy tarde, y ahora que el destino caprichoso nos ha vuelto a unir no pienso quedarme de brazos cruzados.
-Feliciano, nada nos ha vuelto a unir, sólo te devolví a tu gata.
-Si estás aquí es porque ahora trabajas como asistente en esta ciudad, la cual es mi ciudad, lo que supone una gran señal para volver a unirnos.
-¡No haberte ido del hospital sin más y diciendo que no ibas a estar nunca más a mi lado!
-¡No haber cortado conmigo por unos sucesos que yo no controlaba!
-No quiero discutir.
-¡Ni yo!
-¡Pues vuelve a tu casa!
-Ya te he dicho que no me iré. De algún modo te demostraré que te quiero.
La barca paró frente a una isla repleta de edificios residenciales, la cual estaba iluminada artificialmente. Escucharon una voz aguda llamar a Luljeta, sería una niña pequeña. Lo que hizo sonrojar a Luljeta y palidecer a Feliciano era el pelo castaño claro de la pequeña, su piel clara y los ojos grandes cerrados.
-¡Mami!-La niña saltó sin cuidado alguno a la barca, sin sufrir daños por suerte. Señaló extrañada a Feliciano, quien no supo responder más que por unos balbuceos.
-Feliciano, ella es Fluture, tiene año y medio.
No quería dar explicaciones innecesarias. Ambos sabían la identidad de Fluture. Preguntar si era suya habría sido una estupidez, así que alargó los brazos para cogerla, cosa a la que ninguna se negó. El momento les resultaba incómodo, pero no era nada comparado a lo que vivía el pobre barquero. El silencio se instaló, sólo roto por la dulce risa de la niña tras haber mirado fijamente a su recién enterado padre directamente a los ojos, perdiéndose el dorado de uno en el del otro.
-¿Por qué no me dijiste nada?
-Me dejaste muy claro que no querías volver a saber de mí.
-Créeme, esto lo cambia todo. Por completo.
-Además, no la habrías reconocido. Imagino que, con el renombre y el patrimonio de tu familia, una hija bastarda fuera del matrimonio no te habría ayudado.
-La voy a reconocer.
-¿Qué?
-La voy a reconocer. Llevará mi apellido y será una Vargas de pleno derecho, pasando a vivir en mi palacio y recibiendo la mejor educación y atención que me pueda costear. Lo que digan sobre mí me da igual, por culpa de unas boberías de viejas cotillas ya te perdí, y ahora no voy a dejar que me separen de mi hija.
-Si... La acabas de ver...
-Puede parecer algo rápido, pero así soy yo. Con un solo vistazo veo el alma de las personas y siempre procuro juntarme a aquéllas más luminosas, como hice contigo.
-No puedo creer que uses de nuevo tus encantos de galán...-Esbozó una sonrisa al verlo tan feliz, habiendo esperado algún tipo de rechazo.
-¿Y funcionan?-Se sentó a su lado, rozando sus manos, haciendo escapar un latido en sus corazones, uno que llevaban necesitando sentir de nuevo.
-Tal vez.-Acercó su cara, quedando a sólo centímetros, tocándose sus labios por un breve instante. El barquero seguía incómodo por completo, afortunadamente ellos bajaron junto a la niña, permitiéndole marchar.
A la mañana siguiente, al amanecer, a ese pobre hombre le volvió a tocar hacer el turno a esa isla, encontrando a esa parejita sonriente besarse. Comprobó así que eran muy impulsivos pero no violentos. Tosió para llamar su atención, despidiéndose antes de que Feliciano subiera y le pidiera regresar al palacio Vargas con una marcada sonrisa en la boca y un brillo en los ojos. No paró de parlotear cosas sin sentido como las exportaciones de Australia, cosa que echaba de menos hacer, aunque al funcionario no le importara en absoluto. Su corazón volvía a estar henchido de felicidad, la cual no se desvaneció ni cuando vio a la que era su legítima esposa apostada en la puerta.
-Sakura, ¿dormiste bien?
-¿Dónde estuviste? Tus familiares vinieron al amanecer, y no he sabido responderles cuando preguntaron por ti.
-He vivido la mejor noche de mi vida. Era ella, era Luljeta Hoxha, la dueña de mi corazón. Ha vuelto, hemos vuelto, y no sólo eso: Tenemos una hija en común. Se llama Fluture, y desde ahora, será Fluture Vargas.
Sakura permaneció impasible. Por un lado quiso advertirle del plausible rechazo de la familia, pero por otro no olvidaba que debían guardar las formas. Sólo se retiró de la puerta, permitiendo al italiano entrar con una sonrisa en la cara que lanzó a sus familiares:
Carlo guardaba cierto parecido con él al tener pelo castaño claro y piel rosada, pero sus ojos eran verdes, como los del desaparecido Lovino. Rómulo era un hombre joven para ser abuelo, con el pelo castaño desordenado, piel morena, ojos marrones y constitución fuerte. Apanu, como su marido, era muy joven para ser abuela. Tenía la piel más clara, el pelo castaño también y loa ojos verdes.
-¡Nietecito!-Rómulo se levantó y se acercó a abrazar a Feliciano.-¿Dónde has estado, pillín?
-¿Recordais que os conté que me enamoré durante mi estancia con el tío Roderich? Bien, ella ha vuelto. Mi querida Luljeta Hoxha ha vuelto. Y no sólo eso: Tenemos un hijo. Anoche estuvimos hablando después de decirle que reconocería a Fluture, nos reconciliamos y...
-Cielo, para.
Feliciano al fin se fijó en la cara seria de sus familiares, quedando entre sorprendido y decepcionado ante las miradas de negación que mostraban su impedimento a tales planes. una llamarada de ira le alcanzó y le impulsó a gritarles:
-¡Hipócritas! ¡Se trata de mi felicidad!
-Lo sabemos. Esa chica te tuvo muy entristecido durante todo este tiempo, y no deberías caer a sus pies al primer día.
-Fui yo quien le rompió el corazón, y he sido yo quien tomó la decisión de volver a enamorarme de ella.
-Además, muy posiblemente sólo esté aquí para que reconozcas a la niña, que podría incluso no ser tuya.
-¡Es idéntica a mí! Y como dije, es mi vida. Y, veo en vuestras miradas que lo que queréis es mantener las apariencias.
Apanu se acercó a él y colocó las manos sobre sus hombros, gesto previo a las regañinas más duras camufladas como palabras de ánimo falsas y vacías. Feliciano se preparó mentalmente para la que le iba a caer.
-Efectivamente, te corresponde defender el honor de la familia como un buen heredero, y reconocer a la hija que tuvieras con una amante a la que no ves desde hace años no ayuda.
-¿Crees que Lovino habría sido mucho mejor?
Apanu torció el gesto al oír mencionar a su favorito. Pareció por un segundo que iba a golpearle o a gritarle, y lo habría hecho de no haber sido porque Rómulo se levantó, le pidió a su nieto que lo siguiera y éste le hizo caso, llegando juntos a la enorme sala que era la biblioteca familiar.
Rómulo se apoyó sobre el pupitre en el que descansaba el globo terráqueo y tras el cual estaba un cuadro con el mítico Andrea Vargas, fundador del clan. Lo observó, situándose de espaldas a Feliciano, e inició un discurso que más parecía dirigirse al retratado.
-Tu abuela no lo hace a malas, Feli. Recientemente ha oído que la bestia de Città Acquatica ha vuelto a atacar y sólo pretende salvarte, aunque sea de algo que no existe.
-¿Qué es eso?
-Es una habladuría estúpida que afirma que un monstruo devora a los primogénitos que encuentra. Tu abuela lo cree de verdad, así que cuando ha oído eso de que ibas a reconocer a una niña seguramente ha pensado que esa cosa te atacaría y ha usado el honor como excusa.
-Es comprensible. Me gustaría saber más sobre eso, la verdad.
Rómulo soltó una risotada, creyendo haber oído una broma muy divertida. Sólo la determinación en la mirada y la postura de Feliciano le hizo recular.
-Nuestra familia es una de las más importantes en toda Italia.-Se pavoneaba Rómulo Vargas.-Nada puede llevarse por delante a los poderosos Vargas.
-¿Y qué hay de esas leyendas?
-¿No creerás en serio que un monstruo aparece y devora a los primogénitos?
-Yo no solía creer en leyendas ni monstruos ni todo aquello que atentara a la razón... Hasta que entré en el Bosque de las Muñecas Rotas... Y ahora, háblame de ese maldito rumor...
-No hay mucho más: Monstruo se come a bebés o niños. Fin. Oh, venga es sumamente estúpido... Pero si de verdad lo crees, hazle un bien a tu hija y no la reconozcas.
Feliciano pareció convencido cuando salió de la biblioteca. No parecía fijarse en las miradas de satisfacción de sus abuelos cuando creyeron haber evitado una deshonra para la familia.
Lo que cambió esa sensación de calma y satisfacción fue la llegada de Luljeta Hoxha junto a una niña efectivamente, idéntica a Frliciano, besando éste a ambas sin pudor alguno.
-Amore mio, bienvenida a casa.
-¿Feli, qué significa...?-Su abuelo aún creía estar viviendo una pesadilla.
-Ve~, he hablado con ella y hemos decidido que no me voy a divorciar de Sakura por eso de las apariencias, pero Luljeta ahora vivirá conmigo. Sobre Fluture, estará aquí y será tratada como una Vargas más, pero sólo usando mi apellido a mi muerte.-Esbozó una sonrisa triunfal mientras guiaba a las que consideraba las mujeres de su vida a las habitaciones del palacio.
Por supuesto, ninguno ignoraba que los patriarcas no iban a aceptar esa derrota tan fácilmente, pero si iban a intentar proteger a su hija de un monstruo, ¿por qué no de unos ancianos que, sin embargo, iban a hacer todo lo que jamás imaginaron para separarles?
