Hola a todos. Antes que nada, quiero ofrecer una enorme disculpa a quienes siguen la historia, por tardar tanto en actualizar. Realmente otros proyectos me han robado mucho tiempo, pero aqui esta el siguiente capítulo y prometo no desaparecer.

Las cosas empiezan a tomar forma y estamos a punto de que todo empiece a suceder, espero les guste.

WESSEX: MI FUTURO REINO

El príncipe Aioros había cabalgado sin descanso hacia las tierras del norte hasta el reino de su amada. No podía llegar alardeando su estatus noble, puesto que sus padres no debían enterarse de dicha visita. Conociendo a Hilda, sabía que podría encontrarla fácilmente si se dirigía a los jardines del palacio, solo debía esquivar a algunos guardias reales, que sin duda no le representarían problema alguno.

Se desplazó fácilmente por algunos corredores, entre disimulo y evasiones, para buscar cobijo bajo la sombra de un viejo roble desde donde podía ver la biblioteca. Esperó un rato y después de algunos minutos que le parecieron eternos, por fin la vio caminar hacia afuera. Con un hermoso vestido azul y cubierta por una capa ligera que cubría sus hombros, caminaba en compañía de un par de doncellas.

Aioros esperó a que se acercaran a donde él estaba para descubrir su presencia, la cuál tomó por total sorpresa a la princesa de Northumbria-

-¡Aioros! ¿Pero que haces aquí?

-Por favor, baja la voz. Ven, necesito que hablemos a solas.

Hilda ordeno a las doncellas que se retirarán a pesar de las miradas de desaprobación, y caminó del otro lado del roble, abrazando al castaño.

-Amor mío ¿veniste hasta aquí a verme? ¿Por qué tanto misterio?

-Hilda… Dios, no se cómo decirte esto. Hilda. Mis padres y el Rey Apolo han decidido que…

-¿Que pasa? ¿Que han decidido?

-Debo ofrecerle matrimonio a la princesa del reino de Leinster para asegurar aquellas tierras.

La albina no emitió sonido alguno, tomo un color más pálido de lo habitual, si es que eso era posible.

-Hilda por favor, dime algo…

-¿Que quieres que te diga? ¿Cómo paso esto? ¿Por qué lo permites? ¿Acaso la amas?

-Ni siquiera la conozco. Preciosa, sabes que mi corazón es solo tuyo.

-¡Entonces demuéstramelo! Esto… Esto no puede estar pasando.

El príncipe intentó explicar con cuidado la situación aunque sabía que Hilda no lo aceptaría por más que entendiera cómo funcionaban las cosas del poder en el lugar. La rabia de romperle el corazón a la mujer que amaba se externó en un golpe a aquel árbol y en llanto contenido.

-Perdoname Hilda, se lo que sientes, yo mismo muero de coraje pero no hay nada que pueda hacer. No puedo defraudar a mis padres, perdería la corona y metería en problemas a mi reino ante los ojos del rey Apolo.

-No puedo creer que eso te importe más que yo.

-No es así, pero no puedo cambiarlo. No mientras el poder del reino no sea mío. Hilda, debo hacer esto, pero en cuanto tenga la corona en mis manos haré todo para que estemos juntos de nuevo.

-¡Estarás casado! Y con esa chiquilla revoltosa.

-¿Tu conoces a Lady Saori?.

-Coincidí con ella hace un par de meses en Londres. Es una bruta y dicen tantas cosas de ella…

-¿Que cosas?

-Que es una pagana, tu sabes, una bruja. Dicen que las mujeres de su familia lo han sido desde siempre y que baila desnuda a la luz de la luna en el bosque. ¿Eso es lo que el rey Apolo quiere para la familia Wessex?

-No sabía nada de eso. Espero que solo sean habladurías. De cualquier modo, tienes mi palabra, de algún modo me desharé de ella en cuanto sea rey. Entonces, estaremos juntos. Dime amor mío ¿Me esperarás?

La peligris lo miro moviendo la cabeza negativamente pero Aioros la tomó de las manos repitiendo la pregunta. Ella lo miró a los ojos, lo amaba profundamente y no podía mentir.

-Te esperaré.

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En el territorio de Leinster, Saori portaba el anillo que aquel hombre había colocado en su dedo, no porque hubiera aceptado del todo su destino, sino porque había algo en aquel momento en el que lo recibió que le daba un poco de esperanza. Prácticamente no le dirigía la palabra a su padre, mucho menos a su madrastra. Vagaba de un lado a otro del castillo sin saber exactamente que esperar. Su hermano Mu preocupado, decidió llevarla de día de campo para animarla.

-En serio no tengo ganas de salir hermano.

-Vamos, te hará bien. No puedes seguir así. Shaka y Seika vendrán también, ya tenemos todo listo.

-No lo sé, aun me duele un poco el tobillo… Pero esta bien, aprovecharé para recolectar algunas hierbas que me ayuden con eso.

Los 4 se dirigieron a la entrada del bosque donde Seika preparó lo necesario para comer lo que habían llevado. Después de un rato compartiendo agradables charlas con ellos, Saori empezó a sentirse mejor, eran la familia con la que había crecido y agradecía poder contar con ellos en un momento como ese.

Mu y Seika corrían por el pasto divirtiéndose, mientras que la princesa caminó despacio, adentrándose en el bosque, buscando la cúrcuma y las raíces de bardana que necesitaba, ante la mirada protectora del rubio. Tomó el bolso de tela que llevaba y empezó a guardar lo que encontraba, Shaka se acercó a ella.

-Princesa Saori…

-¿Que pasa Shaka? Te noto tenso ¿Estas bien?

-Si, yo… Sé que pronto se irá para desposarse y…

-Aun no se cuando sucederá -dijo ella triste- pero supongo que así será. Yo no quisiera irme nunca de aquí, amo mi hogar.

-Eso lo se de sobra. Saori -le dice tomando su mano- yo no quiero que eso suceda sin que usted sepa lo que siento.

-¿Shaka?

-Yo se que jamás seré competencia para un príncipe como con el que usted se casará pero… Quiero que sepa que yo la amo, la amo desde hace mucho tiempo pero jamás quise incomodarla con estos sentimientos. Pero ahora, usted se irá y no quiero que lo haga sin saberlo.

-Oh, yo no se que decir… Shaka yo siempre pensé que me veías casi como a una hermana. Para mi es lo que tu siempre has sido, me has cuidado y acompañado siempre. Eres muy importante para mí pero… Creo que yo nunca he amado a nadie y posiblemente no lo haga jamás.

-No diga eso por favor -dice el rubio con la mirada triste- seguramente su futuro estará lleno de amor, cualquiera que la conozca se enamoraría de usted. Como el general que la rescató el otro día.

-¿Que dices? -preguntó ella sorprendida-.

-Me di cuenta de cómo ese hombre la miraba. Princesa Saori, se de buena fuente que no es una persona confiable, le pido que tenga cuidado con él, ya que estará cerca de usted.

-Shaka, no debes preocuparte por esas cosas -le dice tomando su rostro en sus manos y dándole un beso en la frente- Gracias por siempre estar a mi lado y cuidar de mi.

El rubio sabía que no era correspondido y que no debía insistir. Su corazón había sido liberado con la confesión y la pelilila siempre ocuparía un lugar en él, aunque en ese momento sintiera una profunda melancolía. Tomó su mano y la guió de nuevo a donde los otros, ella sonrió y se dejó llevar por el que consideraba su mejor amigo.

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De regreso en Wessex, Aioros y Saga se reunieron para compartir el panorama que a cada uno se le había presentado. Aioros lucía desanimado y molesto, había dejado a su querida Hilda con lagrimas en los ojos y esa imagen lo siguió en todo el trayecto de regreso. Saga por su parte, no podía evitar cierta molestia cuando escuchaba a su amigo referirse de manera despectiva a su futura esposa.

-No deberías hablar así de ella sin conocerla si quiera -le reprendió el general- después de todo, te casarás con ella.

-Maldita sea la hora en la que mi destino se cruzó con el de ella. Pero las cosas no son definitivas. Yo no voy a renunciar a Hilda tan fácilmente.

-¿De que hablas?

Antes de que el castaño pudiera contar sus planes, Sir Angelo entró en la habitación.

-Sin llamar, como siempre…

-Disculpe príncipe, su padre ha requerido de su presencia inmediata en el salón principal.

-Gracias Angelo. Iré de inmediato.

Ambos generales intercambiaron miradas poco amistosas antes de acompañar a Aioros a ver a su padre. Los tres ingresaron en aquel enorme recinto, en el que las paredes cubiertas de cortinas de terciopelo aislaban un poco el frio otoñal que se hacia presente.

El Rey Sìsifo y la Reina Artemisa se encontraban sentados en el trono. Aioros se acercó a darles un abrazo, mientras sus acompañantes hicieron una reverencia y tomaron su lugar en la corte.

-Hijo ¿Cómo te fue? ¿Conociste a Lady Saori?

-Si, por supuesto padre.

-Yo pensé que la traerías contigo – inquirió Artemisa- ¿Que no se te ocurrió?

-Al parecer la noticia fue un poco sorpresiva para ella y preferí darle tiempo para asimilarlo

-Por supuesto hijo -sostuvo el Rey- Sin embargo no podemos seguir dándole largas a este asunto. Tu madre y yo ya hemos comenzado con los preparativos para la unión. Esperamos que sea a finales del otoño ¿Que opinas?

-Claro, por mi está bien -dijo en voz baja el príncipe-.

-Pero claro está que queremos conocer a esta chica antes -continuó la Reina- Creo que es importante que nos visite por un par de días antes para instruirla adecuadamente.

- Como ustedes lo consideren padres…

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Una carta de la realeza había sido enviada y recibida. En Leinsteir, Saori se preparaba para el viaje. Pasaría 3 días en el que seria su futuro hogar. A pesar de sus quejas, no pudo hacer que su hermano o Shaka la acompañaran. Eris se había opuesto, y ante la persistente enfermedad del Rey Shion, Saori no tuvo remedio mas que aceptar ir unicamente en compañía de Seika.

El viaje fue tedioso y silente, la pelilila se sentía frustrada y sin deseos de hablar. Seika la conocía y decidió dormir la mayor parte del trayecto.

El sonido de murmullos y cascos de caballo sobre el adoquìn de las callezuelas despertaron a la princesa, quien abrió los ojos y se dio cuenta que Seika contemplaba emocionada por la ventana de la carroza.

-Es un bello lugar -dijo la cortesana- no se parece en nada a Leinsteir.

Saori hizo a un lado la cortina de la otra ventana. Era verdad, aquel lugar poco tenia en común con el boscoso paisaje de donde venían. Ahí estaba lleno de gente, comerciantes, casas, caballos, parecía un lugar más bullicioso y civilizado. Tal vez no era un mal lugar, pero lo distinto de su hogar solo la hacían pensar en lo sola que estaría.

La carroza se detuvo justo en la entrada del castillo. Los mozos las ayudaron a bajar y una mujer de largos cabellos negros se acercó a ellas.

-Bienvenidas a Wessex, mi nombre es Pandora. La Reina Artemisa ha tenido que atender algunos asuntos y me solicitó recibirlas. Acompáñenme por favor.

Saori y Seika solo asintieron y caminaron, tratando de seguirle el paso a la cortesana. Le ofreció una de las habitaciones de invitados a Saori y se llevó consigo a Seika para mostrarle donde pasaría la noche. La princesa mirò por la ventana, aquel reino parecía con una fuerte estructura militar, había movimiento de soldados y entrenamientos por todas partes. Por un momento el general peliazul cruzò por su mente, para luego recordar las palabras de Shaka. ¿Por que su mente insistía en recordarlo? Se tumbo en aquella desconocida cama y sin darse cuenta, cayó en un sueño profundo.

Fuertes golpes llamando a la puerta, hicieron que Saori despertara sobresaltada y confundida. Con el cabello completamente despeinado y aun asimilando el dónde se encontraba, abrió la puerta.

-Milady, ¡apresúrese!- dijo preocupada Seika- Ahora mismo prepararé su baño.

-¿Que sucede? ¿Cuanto dormí?

-Bastante princesa, solo tenemos un par de horas para prepararla para la cena y Pandora dice que todos estarán presentes.

-¿Todos?

-La familia real y algunos miembros de la corte. Entre a la tina, la ayudaré.

- ¿Ya conociste a alguno?

-Vi a la Reina de lejos solamente. Pandora estuvo instruyéndome sobre las actividades que usted tendrá el día de mañana.

-¿Que actividades?

- Varias Milady, prepararé su vestido.

A pesar de que a Saori le disgustaba vestir de esa manera, no había duda de su belleza. Se miro al espejo haciendo una mueca, pero su doncella la seguía apresurando. Caminaron por el corredor y bajaron las escaleras hasta el comedor principal donde ya se encontraba la familia real. Pandora se apresuro a anunciarla, al tiempo que el rey y los princìpes se ponían de pie.

-Disculpen la demora -atinó a decir la pelilila- es un placer conocerlos.

-Adelante, toma asiento por favor -invitó el Rey Sìsifo- eres la invitada de honor.

-Pandora, que comiencen a servir la cena – indico la Reina Artemisa- los chicos mueren de hambre.

-Nos alegra conocerla por fin Lady Saori -dijo Aioria- siéntase como en su casa.

La cena le pareció eterna a la princesa, ante las constantes preguntas de los reyes. Su prometido ni siquiera aparentaba interés alguno en entablar conversación. Solo el príncipe Aioria aparentaba ser más amigable.

-Mañana temprano irás conmigo -dijo inquisitiva Artemisa- quiero que conozcas el linaje Wessex al que pronto pertenecerás. Y más tarde quizá Aioros quiera ir contigo a la aldea y los alrededores. A los aldeanos les encantan las bodas, seguro se entusiasmaran de conocerte.

-Yo no puedo madre -interrumpió Aioros- debo ultimar detalles con los generales sobre el avance del ejercito de Lindsey.

-Yo lo haré -dijo entusiasmado Aioria- con gusto le mostrare el reino.

-Perfecto entonces -dijo el rey- y cuéntanos Saori ¿Cómo te entregó el anillo mi hijo?

Saori observó al monarca confundida, mientras Aioros se puso de pie ágilmente.

-Padre por favor, esas cosas son privadas -argumentó el príncipe- si me disculpan quiero mostrarle el palacio a mi prometida antes de dormir.

Todos asintieron y la princesa entendió que algo pasaba, algo de lo que ni ella ni el resto de los presentes estaban al tanto. Con una sonrisa fingida, siguió a Aioros por el corredor hacia otro salón que parecía ser usado como sala de juegos y entretenimiento. Había armas y escudos enmarcados en gruesos trozos de piedra o madera, así como una mesa con algunas botellas de lo que supuso era algún tipo de alcohol.

Aioros entro después de ella y cerro la vieja puerta que emitió un peculiar sonido. Se sirvió un vaso con aquella bebida, la cual ingirió de un solo sorbo, ante la atenta mirada de la pelilila.

-Mis padres creen que yo fui personalmente a entregarte el anillo que Saga te dio.

-Me doy cuenta -dijo en tono serio Saori- ¿Puedo preguntar la razón?

-Seré sincero y claro Lady Saori, yo amo a otra mujer, así que no quiero que se haga ilusiones conmigo ¿entiende? Yo jamás podré amarla. Y si estoy aceptando este compromiso es únicamente para acceder de una vez por todas a la corona.

La princesa sonrió mirando al suelo. No era la única atada a un destino común indeseado. El príncipe por su parte, la miró de reojo extrañado de su actitud. Él esperaba por lo menos un poco de decepción o sorpresa, pero nada, solo una sonrisa que sonaba más a a alivio que a tristeza.

-¿Que es lo que le resulta gracioso?

-No estoy interesada en que usted me ame Lord Aioros, si eso es lo que le preocupa. Tenga por seguro que esta unión no me ilusiona ni me hace feliz tampoco a mí.

El castaño hizo una mueca, es verdad que ella no le interesaba, pero le molestaba el poco interés que le demostraba, sabiendo que era uno de los hijos de reyes más codiciados de toda Inglaterra. Hilda tenía razón, ella no era como el resto de las princesas, había un tono de seguridad en la manera en la que hablaba, que una mujer respetable de aquellos lares no usaría normalmente. La manera de moverse, de mirar, había algo en ella que a él no le agradaba. Se sirvió otro vaso y guardó silencio.

- Si lo que le preocupa es que yo hable y descubra su engaño ante los Reyes, despreocúpese. No tengo intención de hacerlo -rompió el silencio ella- Ahora, si no hay nada más que necesite aclararme, quisiera irme a descansar.

- ¿Entonces no le da curiosidad saber los motivos de esto? ¿No quiere saber nada más?

-No, no en realidad. Con su permiso, alteza.

Ella salio del lugar ante un confuso Aioros que terminó su vaso al verla partir. Saori camino pensativa por los vacíos corredores del palacio en el que todos al parecer habían desaparecido; se preguntaba si en verdad no quería saber lo que sucedía, pero lo que respondió era cierto. En realidad no le interesaba saber quien era la mujer a la que le pertenecía el amor de su futuro esposo, por el simple hecho de que ella no lo amaba. Ni siquiera lo conocía. Ella misma no tenía esperanza alguna de ser feliz en aquella unión.

Perdiéndose en su reflexión se dio cuenta que también se había perdido en los pasillos de aquel silencioso palacio. En algún momento debió equivocar el camino pero no reconocía esa parte del lugar. Había varias puertas cerradas en aquel corredor pero temía abrirlas y encontrarse en algún lugar en el que no debía, por lo que decidió continuar hasta el final del pasillo donde encontró unas escaleras que subió; sin embargo solo encontró una hermosa puerta tallada de madera. Curiosa, dejo su temor a un lado y la abrió encontrando una preciosa biblioteca a media luz. El olor a libros viejos inundó su nariz y no pudo evitar adentrarse en la habitación.

Revisando los títulos de aquel polvoso lugar, encontró algunas cosas interesantes en un estante superior, por lo que buscó cómo alcanzarlo, tumbando una pequeña estatua que se encontraba a un lado. El sonido de la caída hizo que retumbara otro sonido más, el de una silla cayendo.

-¿Quien anda ahí? -dijo una voz grave-.

Saori pasó saliva y despacio caminó hacia donde la voz llamaba, mientras ofrecía una disculpa por esta ahí.

-Eres tu -dijo ella- ...usted.

-Lady Saori, yo pensé que.. Discúlpeme por favor

-Sir Saga, yo soy la apenada -se sonrojó- creo que esperaba a alguien más.

-Me escondía de alguien más -rió él- pero escuché un ruido ¿se encuentra bien?

-Si, yo solo intentaba tomar algo para leer antes de dormir.

El peliazul caminó hacia la estatua rota.

-¿Es este?

Ella asintió.

-No muchas damas de este reino son ávidas en la lectura. Pero usted no sería como el resto, por supuesto.

-No se si es un halago o una ofensa -contesto ella- pero con usted siempre es difícil saberlo, ¿no es así?

-Permítame acompañarla a sus aposentos por favor. ¿Se encuentra usted alojada en el ala este?

-Para ser sincera… No tengo idea. Llegué aquí buscando mi habitación.

Sir Saga le dio una mirada que ella no descifró bien, pero era esa mirada la que la hacía no pensar claramente. Recordaba bien esos ojos, los mismos que había visto de cerca aquel día en el precipicio.

-Yo puedo ayudarla -dijo él ofreciendo su mano- por favor.

Ella aceptó y ambos caminaron en silencio por varios minutos. Ella quería decir algo, pero no sabía qué. No entendía por qué el calor de su mano en la suya parecía tener un poder eléctrico. Lo miraba a momentos, era demasiado bien parecido, pero no era eso lo que la atraía hacia él; había algo enigmático que le era difícil ignorar.

-Hemos llegado. ¿Es esta la alcoba que le fue asignada?

-..S..Sí. Gracias.

Sir Saga besó su mano antes de finalmente soltarla y desearle buenas noches. Ella entró y cerró la puerta sintiendo algo extraño en ella. ¿Que podía ser? Recordó las palabras de su mejor amigo… ¿En verdad era Saga un hombre malo y peligroso? Ella no lograba ver aquel peligro, ni siquiera en la energía que emanaba, la cual era sí fuerte, pero a la vez noble.

¿Que tenían aquellos ojos azules? ¿Que hacía que aquel cabello lila flotara en el aire de manera especial? Aquella noche, Saori paso despierta gran parte del tiempo. Lo que ella no sabía, era que alguien más permanecía despierto, pensando cosas muy similares a las de ella...

Hasta aquí llegamos esta vez, gracias por leer y por su paciencia. Hasta pronto!