-Ese esposo, Demoniaco-

"Mi lindo esposo Ciel, es un año menor que yo, sin embargo, desde aquel día que lo conocí, no pude evitar sentir amor por él, su pequeña sonrisa tan inocente y sus hermosos ojos azules, tan grandes como la luna; Lo perdí dos veces, pero, yo jamás lo dejaré ir del todo…Siempre estará conmigo"

Pasó un mes después de ese baile, nadie volvió a saber de Conde Collins y sus ya descubiertos planes de conquistar a Elizabeth, cosa que hizo que Ciel se tranquilizara y no estuviera en guardia todo el tiempo, ahora, se dedicaba a revivir su empresa, mientras hacía que el contrato se llevara a cabo plenamente.

Ciel y Elizabeth estaban tomando el té en el jardín, Sebastián y Paula estaban a unos cuantos metros, tratando de darles un espacio adecuado para hablar, aunque, el mayordomo podía escuchar plenamente la conversación, sus oídos estaban tan desarrollados, que podría escuchar a un lobo sollozar a miles de kilómetros.

El Conde tomó la taza acercó la nariz a esta, antes de beber el té, le gustaba olerlo y sentir su aroma acariciando sus sentidos, era un pequeño placer que podía darse, cuando estaba en un espacio tranquilo, sin ser molestado.

-Ciel, dime, ¿Qué hiciste estos tres años?- Elizabeth volteó a ver al peli Azul, quien estaba en otro planeta degustando su té

-Eh, ya sabes…Recorrí el mundo- Vaciló por un momento y respondió

-¿Y porque no te molestaste en enviar una carta?- Le reclamó algo molesta

-No…No comprendes Elizabeth, yo jamás pensé en regresar- Confesó rápidamente

-Ah…Comprendo, sin embargo regresaste… ¿Por qué?- Preguntó algo dolida, quería que saliera de los labios de Ciel, aquella respuesta que esperaba

-Debo admitir que tu grito de desespero alertó a todos los demonios, muchos respondieron a esa llamada y fueron al bosque- Respondió desilusionando a la rubia

-Así que jamás pensaste en mi- Había sentido un golpe en su pecho, ella le esperó durante tanto tiempo, pero él, tuvo el lujo de viajar alrededor del mundo y no pensó ni un poco en ella

-Si lo hice, uno jamás olvida el pasado, Lizzy- Llevó el borde de la porcelana a sus labios y bebió el té

-Comprendo…- Llevó la mirada hacia otra parte, la verdad dolía tanto y él ni siquiera tuvo una expresión alguna al responderle, ¿Cómo podía ser él tan duro?, el Ciel que conoció alguna vez era totalmente diferente, ese se preocupaba por ella y siempre enviaba cartas a su mansión preguntándole su estado de ánimo, pero….Después de ese incendio, solo quedaron las cenizas de ese antiguo Conde.

-No te pongas triste- Suspiró- No debí ser tan duro…pero debes comprenderme- Trató de buscar la mirada de la rubia, pero ella trataba de evadirlo

-No es eso….Ya no importa de todos modos- Mordió su labio inferior, tratando de contener las lágrimas, siempre había sido así, tan frágil sentimentalmente

-Lizzy…- Ya no sabía que decir, tenía que ser duro con ella, el Ciel Phantomhive que regresó de aquel incendio, era así…era frío y sin sentimientos, solo concentrado en cosas de adultos…No en el amor, ni sentimientos ridículos, ahora que era un demonio, querer era algo prácticamente imposible

-El té se terminó, debo ensayar con madre- Se levantó de la mesa, estaba pálida, algo herida ante la posible indiferencia de Ciel, debía encontrar a ese niño sonriente de nuevo, pero sería algo muy difícil- Vamos Paula- Llamó a la castaña y esta se fue de inmediato con ella

Sebastián se acercó a la mesa donde se estaba tomando el té, recogió las tazas y los cubiertos, con una sonrisa ladeada en su cara.

-Creí que usted había prometido jamás mentirle- Sebastián trató de atormentarle como solía hacerlo casi siempre

-Cállate Sebastián- Dejó la taza en la mesa y apretó su puño

-Yo debería comentarle que en las noches sollozaba su nombre- Se acercó a él y le dijo en voz baja

-¿Qué ganas con esto?, ¿Hacerme sentir molesto?- Le confrontó fastidiado

-Bochan, usted en realidad se cree toda esta mentira, en verdad me asombra….Viajar por el mundo- Se bufó

-¿Esperas que le diga que matamos toda una aldea?, ¿Eso quieres?- Se levantó iracundo

-Fue por una causa noble, ella debe entender que está enamorada de un ser demoniaco y maligno- Sebastián trataba de retarle, de hacerle sentirse confundido

-Ella no comprenderá, Sebastián, así que deja de decirme todas esas cosas

-Pero….Usted trató de ocultar esa mentira y la hizo sentir mal….Eso no es un acto digno de un esposo, Bochan- Le hizo reaccionar

-Tiene que ser así Sebastián, yo no estoy listo para esto…Sentimientos, los perdí en ese incendio, lo único que queda…Es un demonio repugnante- Le gritó

-Mentiras, Mentiras, Bochan, con todo mi respeto, usted debería no engañarse a sí mismo- Giró sobre sus talones y se dirigió a la casa

-¡Cállate!, ¡Es una orden!- Aquellas palabras de Sebastián le hicieron perder los estribos

-Como ordene- Se inclinó sosteniendo los platos y los cubiertos con su mano y se alejó de allí, dejando al iracundo demonio solo, engañándose a sí mismo

Ciel golpeó el pasto molesto, en realidad, todo le enfadaba, odiaba que su mayordomo le retara y con una sonrisa, diera al descubierto todos sus engaños, durante esos tres años, él estuvo consumiendo todas las almas de una aldea, hasta que esta quedó desolada, además, varias veces, se daba algunos paseos cerca de la Mansión Midford, para verificar que ocurría dentro de esta, por lo que, el engaño a Elizabeth había quedado al descubierto, haciéndolo sentir, débil y algo apenado, es un demonio, quien no puede sentir…Sin embargo, las evidencias humanas seguían allí, demostrándole, que aún quedaban rastros del antiguo Ciel.


Elizabeth tomó la espada y con un movimiento ágil, apuntó justo en el pecho de su hermano, haciendo que se quedara inmóvil y algo nervioso

-Lizzy, realmente me tendiste una trampa- Edward le sonrió, sin embargo, la mirada de su hermana menor, se encontraba apagada- ¿Qué ocurre?- Mordió su labio y esperó que no fuese gracias a Ciel

-Nada hermano mayor- Bajó su espada y soltó un suspiro

-Dime la verdad Lizzy, sabes que soy tu hermano, la persona que velará por hacerte feliz- El Rubio tiró su espada al piso y abrazó a su hermana

-Ciel sigue siendo el mismo- Dejó caer su cabeza sobre el pecho de su hermano y dejó que las lágrimas cayeran

-No permitiré que él siga haciéndote esto, siempre ha sido lo mismo, ¿Hasta cuándo te darás cuenta?- La confrontó algo dolido, era su hermanita, la que estaba llorando por su enemigo

-Debo cumplir con mi deber, ahora que hice un trato, no hay vuelta atrás, yo me encargaré de que él vuelva a sonreír- Se liberó del abrazo y lo miró seriamente

-Me duele saber que estás así, siempre que visitabas la mansión Phantomhive, regresabas a casa a llorar, porque Ciel seguía siendo el mismo, a pesar de que actuabas tan bien cuando estabas con él, tu corazón no soportaba la idea de que lo habías perdido- Sacó la verdad al aire

-Hermano mayor, te quiero- Volvió nuevamente a abrazarle- Pero debo hacer esto, no quiero seguir sintiéndome así, pero tampoco deseo alejarme de Ciel, haré que cambie, tengo que hacerlo…

-Pronto no tendrás que hacerlo, serás libre hermana…No te preocupes- El corazón de Edward se deshizo, Ciel debía pagar por cada lágrima derramada, él era un demonio realmente malvado, sin sentimientos, debió haberse quedado en el olvido, no debía regresar y hacer sufrir nuevamente a Lizzy

-Debemos continuar entrenando, madre vendrá y se enfadará si nos ve perdiendo el tiempo

-Tienes razón- Pasó delicadamente su mano por los ojos de su hermana y secó las pequeñas lágrimas que se encontraban estancadas allí, su sed de venganza latía firmemente, debía encargarse de él

Ambos volvieron a tomar sus espadas y continuaron con el entrenamiento, en unas cuantas semanas, Lizzy tenía un torneo y debía practicar, le prometió a su padre continuar, aunque le apenaba la idea de que Ciel, tal vez iría a verla y pensar que era una esposa aterradora.


Cayó la noche y todos ya habían terminado de cenar, ahora, se habían dispersado por toda la mansión, a hacer sus últimas acciones antes de dormir; Elizabeth se postró en uno de los balcones, soltó un suspiro hondo y se concentró en las estrellas, imaginaba su matrimonio con Ciel totalmente diferente, creía que iban a ser sonrisas en vez de lágrimas, pero igual que todo lo que giraba en torno a ella, eran mentiras.

Ciel entró al balcón y vio a la rubia sostenida del muro, observando el Cielo, él estaba en un clase de infierno, peor que el que había visitado, no quería hacerla sentir mal, pero estaba mudo, no podía expresar nada, su palabra de demonio se lo impedía, era algo que estaba totalmente fuera de su alcance.

-Lamento lo de esta tarde- Se acercó a ella y soltó difícilmente

-No importa, sé que aún estás cegado por la ira y la venganza, es lo único que queda de ti- Bajó la mirada, triste

-La oscuridad se apoderó de mí, renuncié a ser feliz, para poder luchar por lo que perdí, sin embargo, hice tantas cosas y jamás lo recuperé, no tuvo caso después de todo, pero me aferré a eso y me acostumbré a ser así- Respondió

-Te entiendo Ciel, pero debes simplemente dejarlo ir, estás perdiendo tanto y vivirás por siempre, ¿Continuarás así?, ¿Toda la vida?- Le miró a los ojos, tratando de hacerlo caer en cuenta

-Me temo que es muy difícil Lizzy, eso no se puede, porque el Ciel Phantomhive que sonreía y jugaba, se quemó en la mansión y murió junto con sus padres- Dijo algo que jamás se había atrevido a decirle a nadie

-Entonces estarás dispuesto a perder mucho más…Yo no soporto la idea de que no pueda hacerte feliz- Volteó a ver el bosque, era frustrante hablar con él y mirarle su ojo azul totalmente apagado, enseñándole las heridas

-No puedes decir eso del todo- Se acomodó a su lado en el balcón y postró su mano en su hombro- Eres la persona que me recuerda el pasado, cuando sonreía, cuando jugábamos, si tú te vas, ese pequeño recuerdo también lo hará y entonces yo… Caeré en agonía

-Ciel….- Lo miró un poco alegre, sus ojos verdes se volvieron cristalinos

El demonio suspiró y trató de evadir su mirada, no se sentía del todo cómodo, el jamás había tenido el valor de decirle todas esas cosas, pero, era ella quien lo lanzaba a ese extremo, a ser débil, a ser un Ciel diferente, aunque fuese solo un poco; él era malo, en el pasado, le quitó la vida a muchas personas sin escrúpulos, se burló y humilló a otros, consumido por la ira, por venganza, sin embargo, cuando estaba con la rubia, ese Ciel pasaba a ser segundo y trataba de hacerla feliz, ese era su deber como prometido, como esposo, lo que le prometió a su padre el día que anunció su compromiso y así lo haría.

-Ya está haciendo frío, es mejor que entres- Trago saliva y trató de no adentrarse mucho más en aquella conversación

Ella asintió, Aunque fue muy poco, ella por fin supo que le importaba a él, aun habían evidencias del antiguo Ciel y esta vez, no descansaría hasta por fin, hacerlo regresar, esa fue su promesa.


Ciel abrió sus ojos, se incorporó en la cama lentamente y notó como toda su ropa estaba sudada, había tenido una clase de pesadilla, sin embargo no recordaba nada, volteó la mirada a Elizabeth, quien dormía sin percatarse de nada y era mejor así, él no quería demostrarle lo débil que era realmente.

Miró el antiguo reloj que se encontraba en una esquina de la habitación, eran las 2AM, se volvió a recostar y tratar de conciliar el sueño, pero sintió como su corazón se aceleraba y podía sentirlo latiendo en cada lugar de su cuerpo, sus manos comenzaron a temblar y un escalofrío le rodeó, sin duda, le estaba sucediendo algo.

Sus ojos comenzaron a teñirse de rojo y una sed se apoderó de él, estaba perdiendo la razón, su mirada se estaba difuminado y todo le daba vueltas, debía llamar a Sebastián, antes de que él fuese consumido por el mismo.

-S-Sebastián- Gritó a duras penas, pero ellos estaban en la habitación más lejana y ese grito, no podía oírse, por lo que se quitó el parche y trató de llamar al demonio

-¿Ciel?- Elizabeth se levantó al escuchar el grito ahogado del Conde, se incorporó en la cama y vio una espeluznante escena

Ciel estaba totalmente paralizado, sus ojos rojos y enseñando unos colmillos, él estaba reflejando su esencia de demonio y la rubia temió por su vida

-¿Qué ocurre Ciel?- Elizabeth sin pensarlo se lanzó sobre él y trató de que recuperara el aliento

-Lizzy, C-Corre- Estaba luchando para no perderse a sí mismo, las venas se marcaron en su cuello y sus dedos comenzaron a retorcerse, él debía contenerse, no quería asustarla.

-¿Qué?, ¿Qué ocurre?- Estaba sin duda asustada, pero mucho más por lo que podría pasarle a él

Ciel se lanzó sobre ella, aprisionándola con sus brazos y enseñándole aquella expresión aterradora, el hambre se reflejaba en él, ¿Iba a matarla?, el demonio le enseñó sus dientes y lentamente fue acercándose a sus labios, desde allí, podía robar su alma y dejarla sin vida, pero, él aún luchaba para que aquello no sucediera.

-¡Me estás asustando Ciel!, ¡Suéltame!- Ella trató de sacudirse y poder soltarse del demonio, a quien parecía desconocer, él había jurado cuidarla, pero jamás creyó que debía protegerse de su protector.

El demonio trataba de contenerse, la presión se notaba en él, todas sus venas parecían brotarse y sus extremidades comenzaban a temblar, debía esperar, estaba a unos metros de los labios de la rubia y si lograba llegar a ellos, sería la última vez que la vería con vida, él no podría continuar viviendo así, habiendo asesinado a Lizzy.

-¿Ciel?- Le desesperación llegó a Elizabeth, Ciel estaba cambiando, ya no era él, así que estaba segura de que llegaría a su fin, los labios del joven estaban tan cerca de los suyos, pero sabía que algo bueno no iba a suceder, ella debía esperar….Alguien tenía que salvarla

La contención no duró, Ciel se lanzó como un lobo hambriento hacia la joven, ansioso de probar aquella alma, dulce, amarga y picante, ahora no parecía importarle que fuese su esposa, Elizabeth Midford, a quien había jurado proteger, no, ahora ella era su presa.

Ya estaba a unos centímetros de ella, las patadas de la joven no sirvieron de nada, Ciel iba a tomar su alma y calmaría el dolor que sentía, su piel ardía y su estómago rugía por comida, pero, antes de llegar a los labios de la joven, una mano cubierta por un guante de seda le lanzó al suelo.

-Bochan- Sebastián miró asombrado a su amo, la maldad se había apoderado de él, sus labios rojos, sedientos de sangre y sus ojos, enseñando su lado demoniaco, que había salido debido al hambre.

El mayordomo observó a Elizabeth, ella parecía estar aterrada, su esposo enserio iba a matarla, era algo irónico; el pelinegro rápidamente sacó algo de su bolsillo, el cual se movía desesperado en su mano y se lanzó sobre Ciel para poder estabilizarlo, luego, introdujo lo que parecía ser una ardilla viva en su boca y esperó a que el demonio hambriento se calmara.

-¿Qué ocurre Sebastián?- Elizabeth se acercó al borde de la cama y observó a Ciel, su boca estaba totalmente llena de sangre, al igual que sus manos, por haber tomado a la ardilla y haberla masacrado.

-Mi Lady, le tengo que pedir disculpas, fui muy lento y pude haber puesto en peligro su vida- Sebastián se levantó del piso y le hizo una reverencia a la rubia, mientras Ciel continuaba en el piso

-¿Por qué Ciel quería matarme?- Sus ojos se abrieron y el temor la invadió

-Debemos esperar a que él se mejore, después le explicaré esto- Sebastián regresó a verificar el estado de su amo, sus ojos habían retomado el color azul de siempre y sus colmillos se estaba ocultando de nuevo

Ciel recuperó la conciencia, algo aturdido, observó a su mayordomo, quien tenía una cara de desapruebo y después, vio a Elizabeth, estaba pálida, reflejando el miedo que sentía por el en ese instante, tenía vergüenza, había tratado de matar a su esposa y fue tan débil, que no pudo contenerse.

-¿Qué pasó Sebastián?- Ciel observó sus manos, llenas de sangre del animal, era degradante ser visto por ella de esa manera

-Bochan, al parecer usted volvió a transformarse- Sebastián se acercó a él y sacó un pañuelo, con el que limpió las manos manchadas de sangre de su amo

-Lizzy, yo…- El peli azúl trató de explicarlo, pero la vergüenza le hacía sentirse iracundo con él mismo

-Yo…Entiendo Ciel- Respondió con la voz temblorosa

-Los humanos recién convertidos en demonios, tienden a sentir hambre por un alma regularmente, si ellos no consiguen una, se convertirán en su figura demoniaca, trayendo destrucción por doquier- Sebastián trató de ocultar aquel incidente, contándole la verdad a Elizabeth- El amo tuvo la mala suerte de tener que haberse convertido en este momento y como no había un alma cerca, Lady Elizabeth se vio afectada, pero, prometo que me encargaré de impedirlo la próxima vez- El mayordomo se agachó y trató de disculparse con Elizabeth

-Tú pudiste haberme matado…- Murmuró algo asustada

-Lizzy, estoy tan avergonzado, yo no quería que vieras esto…, Rompí mi promesa, ahora parece que debo protegerte de mí mismo- Se levantó y trató de tranquilizar a la rubia

La marquesa no tenía palabras, ella creyó que siempre que estuviese en peligro, podía ocultarse entre los brazos protectores de Ciel, pero ahora, lo veía como si fuese una amenaza más grande, él atentó con su vida, su mirada, teñida de rojo como la sangre, enseñándole a un asesino, uno sin corazón.

-Creo que debes volver a dormir- El demonio observó el piso, había hecho algo realmente difícil de perdonar, además, si alguien se enteraba de eso, el contrato quedaría anulado, él había sido desleal a su pacto y aquello podía ser castigado

Elizabeth se acomodó en la cama, estaba en shock, las manos repletas de sangre de Ciel, la hicieron verlo de otra manera, el pequeño niño sonriente, se había convertido en un asesino, jamás sería capaz de verle con otros ojos

El Conde abandonó la habitación junto a Sebastián, ambos caminaron por el corredor oscuro sin decirse ni una palabra, lo que habían estado ocultando, fue descubierto de la peor manera posible, haciendo a Elizabeth vivirlo en carne propia, enseñándole, un Ciel que jamás quiso relucirle, ese era él, un verdadero asesino, el que humilló, torturó y maltrató a tantas personas en su pasado, el que estaba consumado por la oscuridad, el que nunca cambiaría su esencia.

-Bochan, esto es muy grave, si Elizabeth cambia de opinión, ella podría romper el contrato y quedar libre, para otros demonios- Sebastián rompió el silencio y trató de aconsejar a su amo

-Como volveré a mirarla a los ojos, Sebastián, esto es grave, ella puede quedar expuesta a otros demonios- Le dijo con una mirada de loco

-No se preocupe amo, yo me encargaré, mueva sus piezas con cuidado y gane nuevamente a la reina- Sebastián se arrodilló ante él y le hizo una reverencia

-Debo alejarme de ella, está asustada- Apretó sus puños, él estaba a punto de perder a la reina, por haber hecho una mala jugada

-No es su culpa amo, si yo hubiese llegado a tiempo, nada de esto estaría pasando, mis disculpas

-Tengo que hacer algo- Ciel corrió nuevamente a la habitación, él no podía dejar que aquello quedara así

Elizabeth aún no podía cerrar sus ojos, cuando lo hacía, la figura de aquel demonio regresaba, atormentándola, haciéndola temer.

Ciel entró a la habitación, la rubia de inmediato fingió dormir, aunque él sabía perfectamente, que nadie podría conciliar el sueño, después de lo sucedido, lentamente, se acercó a ella y se agachó al lado de la cama para poder tener visibilidad de su pequeña mentira.

-Veo que estás asustada- Le habló en un tono suave, para persuadirla

Pero ella no respondió, mordió su labio y trató de no caer en llanto, él podía ser tan dulce, pero sabía que era una simple ilusión, ella había visto quien era él en realidad

-Lizzy, traté de contenerme, yo en realidad no quería, fueron mis instintos e hice mal en no protegerte de mi lado oscuro- Agachó la cabeza y pasó su mano por el cabello de la joven, lo único que parecía estar visible

-Entiendo que ahora eres un monstruo- Se ocultó en las cobijas para no mirarle

-Lo sé, soy un monstruo y entiendo que quieras alejarte de mí-

-No quiero alejarme de ti- Se descubrió y le permitió ver sus ojos verdes

-¿Eh?, Pero tú…- Ahora estaba confundido

-Recuerdo el día que tuve que enseñarte mi lado oscuro, creí que jamás volverías a verme con los mismos ojos, pero lo hiciste….Vi en tu cara el mismo temor que sentí hace un momento…Pero aun así, tu accediste a continuar conmigo- Se incorporó lentamente y observó a Ciel

-Lizzy…- Estaba sorprendido, ella enserio le amaba.

-Temí porque tu cara me reflejó lo que eres en verdad, lo que somos todos, también me di cuenta como luchaste contigo mismo para no hacerme daño….Lo que me hizo pensar…que tú me quieres- Sus ojos se pusieron cristalinos

-Así que no tienes miedo- Una pequeña línea se dibujó en su boca

-Jamás lo haría Ciel, la impresión del momento ya pasó- Ella le sonrió, aunque estaba asustada todavía, simuló no hacerlo

El conde no pudo evitarlo y la abrazó, aunque él era un demonio que no podía sentir, la idea de que ella terminara el contrato le agobiaba, la paz que sentía al estar con Elizabeth, era una que no encontraría en ningún lado, por fin lo había descifrado, al fin, lo había admitido.

"Jamás dejaré que esta persona se vaya"

Continuará.

Hola, aquí traigo el 4 capítulo, espero que haya sido de su agrado, próximamente, más capítulos