Capítulo 04
Miedo
- Suéltalo – insistió Riku.
Leara, sin mediar palabra, cerró la puerta principal, y se sentó en una silla. Riku la miraba fijamente a los ojos, pero ella, aunque temerosa, no apartaba la mirada. También podía sentir otros dos pares de ojos azules en su rostro.
- ¿Qué quieres saber?
- Para empezar, me gustaría que me contaras por qué razón un viejo amigo ha venido a destrozar la casa de Kairi dispuesto a matarte – dijo Riku. Se echó adelante y apoyó sus brazos en las rodillas. No dejaba de intimidarla con la mirada.
- A ver si adivino… ¿un tal Cloud Strife? – preguntó Leara casi ironizando.
- Precisamente – dijo Sora. A diferencia de Riku, el tono que empleaba Sora era más curioso que ofensivo o intimidante -. Vino siguiendo tu rastro, que por lo que sabemos es oscuro.
Leara relajó los hombros y resopló. Un extraño calor inundaba sus ojos.
- Y tiene razón… Si hay un rastro que pudiera seguir sería esta inconfundible oscuridad…
- Entonces… ¿eres un ser de la oscuridad? – siguió Sora. Ella asintió lentamente con la cabeza.
Riku la miraba en silencio, pero esta vez ella no era capaz de mirarle. Con esfuerzo, levantó la cabeza tragándose sus penas.
- No has respondido a mi pregunta – recordó.
- Cloud me estaba buscando incluso antes de aparecer yo por estas islas – dijo Leara -. Me encontró hace unos días en un planeta remoto. Kairi ya lo sabe – la miró -: yo estuve huyendo de la guerra durante todo lo que ésta duró – guardó silencio por un momento -. Supongo que tengo demasiada oscuridad en mi interior como para agradar a alguien cuya meta es destruir toda la oscuridad presente en estos mundos. Cuando Cloud me encontró libramos una batalla, una muy dura batalla. Por eso vine aquí. Antes de que diera el golpe de gracia utilicé una vieja técnica y aparecí aquí, siguiendo las explícitas órdenes de mi maestro: "si por algún casual encuentran tu paradero y vienen a buscarte, no te quepa duda de que vienen a por tu vida. Cuando eso ocurra ve a Destiny Island; ellos te protegerán" – guardó de nuevo un breve espacio al silencio.
- Pero¿por qué? Yo también pertenezco a la oscuridad y Cloud no quiere matarme por ello – dijo Riku, no contento con la explicación.
- A ti no te considera una amenaza…
- ¿A ti sí? – preguntó Sora.
- Desgraciadamente…
Kairi no había abierto la boca en todo el rato. Permanecía callada con los puños apretados y mirándose fijamente las rodillas. De soslayo, Leara intentó percibir la expresión de la chica, pero un largo flequillo rojizo tapaba su rostro.
- No encaja. Cloud es también un ser de la oscuridad – intervino Sora.
- La diferencia es que él tiene una luz que le ilumina. Yo perdí esa luz hace muchos años – dijo Leara, dibujando una extraña sonrisa melancólica en sus labios.
- Leara, es imposible que estén buscándote sólo por pertenecer a la oscuridad. Debe de haber algo más – repuso Sora, animándola a contarlo. Quizá sólo tuviera que decirlo… quizá no fuese tan malo…-. Un motivo que refuerce las ganas que Cloud te tiene. Algo que fundamente la supuesta amenaza que representas.
- Has de saber que además de Cloud, hay alguien más que sabe que estás aquí – Leara miró a Riku -: el Rey Mickey Mouse, del Castillo Disney.
- E-el Rey… Hace años que no sé de él… -parecía que mencionar al Rey era la clave. Su voz se relajó – Era muy bueno conmigo – ella sonrió, algo distraída -. Solía jugar conmigo al escondite, antes de que yo… me fuese de casa…
- ¿Te escapaste de tu casa? – Leara asintió - ¿Y eso por qué?
- Una amiga me alertó… una gran amiga que perdí hace mucho tiempo…
Algo pareció brillar en el interior de Kairi, una extraña calidez.
- Al grano, Leara, no des más rodeos – Riku se puso en pie. Comenzaba a impacientarse -. Di de una maldita vez lo que tengas que decir.
Leara clavó la mirada en la mesa y tragó saliva. Respiró hondo, cerró los ojos y, acto seguido confesó:
- Me fui de mi casa, soy una amenaza y el Rey me conoce porque yo… soy la hija de Xehanort.
Un silencio sepulcral zumbaba en los oídos de los cuatro presentes. Leara sentía todas las miradas puestas en ella, que se traducía en un intenso rubor en las mejillas, un temblor inapreciable en todo su cuerpo y en su respiración cortada. Todos trataban de digerir las palabras de la joven morena, pensando que les estaba tomando el pelo. Pero el que calla otorga, y por esa regla, todos comprendieron la fatídica verdad que les acababa de aplastar por su descomunal peso. Leara abrió los ojos lentamente.
- Lo siento mu…
Leara no pudo terminar su frase; la mano derecha de Riku se había apoderado de su cuello. Riku la arrastró con fuerza y la estampó de espaldas contra la pared. Ella agarró el brazo del joven, que la miraba directamente a los ojos. En ellos podía trasver la furia materializada en una profunda oscuridad que se formaba dentro de su corazón. Riku apretó aún más el cuello de la chica, y ella empezó a sentir las palpitaciones en su sien, la falta de aire y un extraño hormigueo en las yemas de los dedos.
- Repítelo – dijo Riku, a un palmo de su rostro y con una tensión que hubiese podido cortarse cual mantequilla.
Ella intentó decir algo, pero sólo consiguió emitir un extraño sonido, fruto del esfuerzo de su garganta presionada. De todo lo que estaba ocurriendo, lo peor era la mirada de Riku; acusadora, traicionada y sobre todo, dolida.
Las manos de Sora salieron de no se sabe dónde y con una extraordinaria fuerza, separó de cuajo las manos de Riku del cuello de Leara. Leara tomó una bocanada de aire y se sentó en el suelo de golpe. Vio a Kairi tapándose la cara con las manos, aún sentada en el sofá, y se dio cuenta de que nunca había sentido tanta pena. Oía lejanamente a Sora tranquilizar a Riku, que parecía haberse calmado, pero no le importaba. Estaba avergonzada, sólo deseaba huir de allí. Flexionó las piernas y se abrazó a sí misma, hundiendo la cabeza entre sus brazos. Se estaba controlando para no llorar. No iba a llorar, no iba a romper su promesa. No iba a volver a ser una cría debilucha.
Riku, por su parte, ignoraba las palabras de Sora. Sólo podía pensar en las palabras que el Rey le dedicó en su pequeña misiva. Ahora entendía lo del "lazo invisible"; ella era la hija del hombre cuyo sincorazón le poseyó tiempo atrás, probablemente fuese su tesoro más preciado. Riku no recordaba haber estado nunca tan enfadado, aunque ni siquiera sabía porqué había reaccionado así. Sólo deseaba matarla… Por sus venas corría la misma sangre de aquél que le trastocó todo lo que le importaba, la misma oscuridad dominadora que probablemente él también poseía. Fugazmente, comprendió los sentimientos de la chica que estaba acurrucada en el suelo. Sin mediar palabra ni alzar la cabeza, se levantó del suelo.
- Lo siento… mucho – susurró. La emoción no le permitía alzar la voz mucho más. Posiblemente estuviesen bailando también sus cuerdas vocales. Con un movimiento de manos determinado, ante ella se abrió un portal de oscuridad y corrió hacia él. Los chicos la intentaron seguir, pero ella cerró el portal antes de que nadie pudiese entrar. Frente a ella, se erigía una vasta playa sumida en la oscuridad de la noche. No parecía haber nadie, la luna llena se relejaba a lo lejos en la superficie del agua, algunas rocas salientes decoraban el desierto paraje y el salitre del mar pegaba fuerte en sus fosas nasales. Ella caminó hacia la orilla y perdió su vista en el horizonte.
- Joder, Riku¿por qué has hecho eso¿Estás loco o qué? – preguntó Sora, una vez él se calmó y se sentó de nuevo. Parecía enfadado – Tío¿no ves lo que está pasando o qué?
- ¡Claro que lo veo! – respondió - ¡Esa arpía tiene en su interior la misma oscuridad de Xehanort¡Ahora entiendo porqué es una amenaza para todos¡Ahora entiendo a Cloud!
- No, Riku ¡no está pasando eso¡La has espantado¡Necesitamos saber por qué está aquí, ha dejado muchos cabos sueltos¡Por tu culpa! – Sora parecía ofendido.
- ¡Los dos nacieron de la oscuridad, Sora¡¿Qué más hay que explicar?! – dijo Riku como si fuese obvio- ¿Quién te dice que no va a seguir los pasos de su padre? Posee las cualidades propias, está entrenada y controla la oscuridad como si fuese agua que beber, y por si lo olvidas ¡tiene una llave-espada¿No te dice eso nada?
- ¡No, Riku! Estás delirando, tío. Tú también tienes una y no intento matarte, de ser así…
- Callaos – Kairi habló. Aún tenía la cara oculta entre sus manos, pero su voz sonó muy firme. Los dos la miraron extrañados -. Cerrad… la… boca.
Kairi se levantó y se dirigió a Riku. Kairi tenía el rostro cubierto en lágrimas, y los chicos se alarmaron.
- Kairi…
- Una chica, una buena chica acaba de ser víctima de una agresión física sin motivo alguno – dijo Kairi con todos los vellos de punta y una expresión muy inusual en ella.
- Kairi, es la hija de Xehanort… - se excusó Riku.
- Y en lugar de estar a su lado, prefiere escaparse a los nueve años, elige morir en la calle que seguir a su padre – Kairi parecía realmente indignada -. ¡No tenía adónde ir y aun así lo prefirió a estar junto a su padre¡Ella no tiene la culpa de ser la hija de Xehanort!
Kairi estaba comenzando a temblar y Sora se asombró de tal manera que retrocedió un par de pasos.
- ¡Riku, ella decidió¡Y su decisión fue precisamente la misma que la tuya: luchar contra Xehanort y la oscuridad de su interior!
- ¡Kairi ella nos ha engañado¡No nos lo habría dicho de no ser por la carta o la visita de Cloud!
La reacción de Kairi provocó un nerviosismo asustadizo en Sora. Ella, con cierta rapidez, alzó el brazo y con toda la fuerza que podía permitirse le cruzó la cara a Riku. Ninguno de los dos eran capaces de asimilar lo que estaba ocurriendo: aquella no era Kairi. Ella siempre era sensata, tranquila, siempre tenía preparadas las palabras adecuadas para cada situación, nunca utilizaba la violencia…
- Esa chica, Riku, la chica a la que casi asfixias en un ataque de pánico irracional, está ahora en cualquier lugar, sola, como a lo largo de su vida, intentando explicarse porqué todo el mundo se empeña en matarla sólo por haber cometido el enorme pecado de nacer – Kairi hablaba con la voz entrecortada, procurando ignorar el fuerte temblor de su cuerpo que se canalizaba hasta su voz -. Ella nos necesita más de lo que crees.
Riku la miró. Acababa de citar al Rey en lo que respecta a la carta que le mandó exclusivamente a él, carta que por cierto, ella no había leído. Resulta que Kairi era la única que había sido capaz de ponerse en el pellejo de Leara. Se avergonzaba de sí mismo, de haber cometido un acto como aquél.
- Búscala, por favor – pidió Kairi, ya algo más tranquila. Lo que tenía que decir ya lo había dicho, y al parecer, había causado el efecto deseado. Riku se levantó, y, disculpándose, abrió un portal de oscuridad y lo atravesó dispuesto a traerla de vuelta.
Cuando Riku desapareció de la estancia, Kairi se llevó una mano a la cara y sollozó ahogadamente. Se sentó en la silla y se echó en la mesa, deseando calmarse, pero en lugar de ello, se permitió un segundo sollozo tal vez algo más ruidoso. Un pequeño golpe sordo justo a su lado, en la mesa, la hizo levantar la mirada. Sora le había traído un vaso de agua, y la miraba sentado a su lado en la mesa.
- Tranquilízate, Kairi – su voz era tranquila -. Bebe, anda.
Kairi le hizo caso y bebió un sorbo de agua. Estaba un poco fría, pero lo necesitaba.
- Gracias – sonrió.
- Guau… estas feísima cuando lloras – dijo Sora, simulando espanto. Comenzó a hacer elocuentes gestos -. Tienes la cara roja, como parcheada, muy fea, los labios hinchados, tienes goteras en la nariz y los ojos inyectados en sangre, parece que vas a comerte a alguien – Sora sonrió -. Toma, fea – él le tendió un pañuelo que sacó del bolsillo y ella lo cogió, con una tímida sonrisa en los labios. Ella se secó las lágrimas y se sonó la nariz lo más discretamente que pudo.
- ¿Quieres que te lo devuelva? – preguntó Kairi.
- Considéralo un regalo – rió el chico -. En serio, cuando le has guanteado la cara a Riku, era increíble el miedo que dabas. No eras tú.
- Creo que me he pasado un poco… - alegó Kairi, mirando su cuarto de reflejo en el vaso de agua medio lleno.
- Bueno, teniendo en cuenta que él ha reaccionado cogiéndola por el cuello y levantándola del suelo, diría que tú no has sido muy dura con él. Deberías haberle pegado otra galleta – Sora sonrió malévolamente -. Pocas veces he visto a Riku tan sumiso, je, je, je. Era todo un placer…
- Eres muy retorcido¿lo sabías? – preguntó Kairi. Estaba sonriendo.
- Don perfecto tenía que pifiarla antes o después. Y lo ha hecho monumentalmente – dijo Sora, metiéndose con Riku. Sora dejó de sonreír -. Realmente… la pobre chica no tenía culpa ninguna. Probablemente es la persona más perseguida del universo.
- Y codiciada…
- ¿Cómo? - preguntó el castaño.
- No me digas que no has caído en la cuenta – al ver que Sora seguía con su inexpresividad, prosiguió -. Si alguien tiene en su interior la oscuridad más poderosa, aquella que ha doblegado a almas oscuras también, debe de ser también codiciada por aquellas almas que tienen la capacidad de doblegarla a ella. Sería una bonita pieza de colección para algunos que yo me sé… - dijo Kairi. Sora sucumbía ante la pesada lógica que exponía la chica. Era realmente inteligente.
Cuando las palabras no acercan a expresar aquél sentimiento tan profundo como lo que en su mente acontecía, el silencio siempre era la respuesta. Y eso era lo que ella estaba buscando: silencio. Miraba al horizonte, viendo la difuminada línea que delimitaba un inexistente final del inmenso océano. Su olfato estaba empolvado con un fuerte aroma a salitre; sus dedos estaban fríos y sus pies se perdían entre la arena y la orilla. Sólo se oían las olas: una canción perfecta para aquellos que no desean oír palabras. Leara dejó la mente en blanco y cerró los ojos, permitiendo que sus sentidos la llevaran.
Una ligera brisa hizo ondear su oscuro cabello, que se disimulaba con el cielo nocturno.
- Este mundo es perfecto para mí… - susurró.
- Yo también lo creí tiempo atrás.
La chica abrió los ojos de golpe y se volvió. Riku estaba allí. Vio de reojo cómo se cerraba un portal de oscuridad a lo lejos. Él avanzaba hacia ella, con tranquilidad. Ella volvió a mirar al horizonte.
- La noche aquí siempre es preciosa – aseguró ella. Riku guardó silencio.
Leara tomó asiento en la arena húmeda y fría y Riku la imitó. Durante un rato, reinó sólo el sonido de las olas.
- Perdóname por lo de antes – dijo Riku -. Podría decirte que el que te atacó no fui yo, que estaba fuera de mí, pero no quiero te hagas una idea equivocada – Riku vio como en su comisura se dibujaba una muy leve sonrisa, casi apenada. Encogió las piernas y apoyó sus brazos en las rodillas.
- Yo también le tengo miedo – musitó la chica. Riku no se esperaba esa respuesta. Él la miró sorprendido -. A la oscuridad. De la única manera que puedo soportarla es cuando está fuera de mí, cuando es la noche… cuando es calma. Debiste pasar tiempos muy difíciles. Él no era para nada alguien fácil de tratar.
- No le tengo miedo a la oscuridad – aseguró Riku, endureciendo su voz.
- Lo sé, pero tienes miedo a cualquier relación que pueda existir entre tú y la oscuridad de Xehanort. Y lo notaste cuando me viste, notaste que mi oscuridad es igual a la suya¿verdad? Lo sé por que cuando yo te vi a ti la primera vez te confundí con Xehanort. Pero luego nos presentaron y lo comprendí todo.
- Noté en ti una extraña y conocida presencia, y por eso, comencé a desconfiar. Pero ni por asomo imaginaba que él pudiese tener una hija, y mucho menos que fueses tú.
- ¿Cómo me has encontrado aquí? – preguntó sosegada la chica.
- No lo sé exactamente, algo me ha traído a esta playa. Supongo que lo que me ha guiado hasta aquí es…
- ¿El rastro de oscuridad? – preguntó con ironía.
- … que yo también habría querido ocultarme en este lugar.
De nuevo el silencio se cernió sobre ellos.
- Supongo que eras tú el que estaba anoche escondido.
Riku asintió, recordando la escena.
- Nunca hubiera sospechado que fueses una portadora de la llave-espada.
- Es curioso… la tengo antes incluso de marcharme de casa. La invocaba a placer solo para verla, pero en aquél entonces apenas podía con ella; pesaba mucho para mí – Leara estiró un brazo y un haz de luz se materializó entre sus dedos, formando la imponente llave-espada que lució la noche anterior -. Es maravillosa¿verdad?
Riku la miró. Tenía un diseño excepcional, nunca había visto una como aquella. Leara le tendió el arma y él la agarró. Desde la yema de sus dedos, se extendió una ligera carga eléctrica por todo su cuerpo. Podía sentir (cual oscuridad) cómo el poder le fluía por todo el cuerpo. Aquél arma emanaba una fuerza impresionante. Riku se irguió y marcó un par de movimientos; era tan ligera como manejable y dejaba una brillante estela de luz por allá donde pasaba. Un minuto después volvió a sentarse junto a Leara, que le miraba.
- Es muy potente. ¿Cómo se llama? – dijo entregándosela.
- Se llama como mi mejor amiga – dijo la chica. Riku se sorprendió, pero prefirió no hacer preguntas. Él volvió a mirar al horizonte.
- Mañana iremos a ver al Rey, creo que debe estar al tanto de tu paradero – al ver que ella asentía con la cabeza, de acuerdo, prosiguió, con un tono algo más taciturno -. Leara, a pesar de que siento muchísimo todo lo ocurrido, como ya te he dicho, no quiero que te hagas falsas imágenes acerca de mí. Quiero que sepas que te voy a ayudar en lo que sea, pero esto no nos convierte en amigos de repente.
Ambos se levantaron del suelo y se miraron. Leara se calzó de nuevo con agilidad.
- Lo sé. Amigo tuyo no es cualquiera, lo tengo comprobado – sonreía Leara. A Riku le alegraba que se lo hubiera tomado tan bien, sin embargo notaba en su actitud un deje de nerviosismo.
- Creo… que deberíamos volver, no me atrevo a dejar a éstos solos mucho rato – suspiró Riku -. Pero se está tan a gusto aquí…
Leara sonrió.
- Volveré yo, será mejor dejarte solo un tiempo – aseguró la chica.
- No es necesario, yo…
- Riku, en serio, podemos apañárnoslas sin ti durante un rato, no te preocupes. Probablemente necesites estar solo, igual que yo.
Riku la miró y le agradeció el gesto sin palabras. Él la vio desaparecer tras el umbral oscuro, disfrutando de la serenidad de la cala oscura, de su mundo perfecto.
Hola de nuevo!!
Aquí otra actualización, ésta con bastante menos de interludio. Bueno, aquí nos encontramos con el primer "spoiler" clave de Leara; la historia girará en torno a este hecho irrefutable. Éste es uno de mis capítulos favoritos: me resulta divertido la situación de Kairi "la violenta" y de Riku "más violento" xDDD. Sora me sigue resultando igual de adorable...
