Pasada una semana de la llegada del albino a la vida de Konan y Pein, junto con sus cinco hermanos mayores, el albino vivía de lo más feliz de la vida, exceptuando que ya sabían que él mojaba la cama, a lo que Konan alegaba que era solo por lo duro de su vida, incluso le recalco a todos sus hijos que, alguna vez, cuando llegaron, también mojaban la cama.

Durante esa semana, Hidan salía mucho con Konan, por materiales escolares, una mochila, en fin, todo lo que se necesitaba para entrar a la escuela.

También fue el juicio de su padre, al cual asistió como prueba y testigo, el final fue simple, cadena perpetúa por violación a un menor e incesto.

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A la semana siguiente, era el primer día de clases, el ojilila asistiría a la secundaria, junto con sus hermanos, los cuales estaban un año más que él. Pero por azares del destino, Pein convenció al director Jiraiya de poner al joven albino con sus hermanos, igual, en la primaria lo habían adelantado un año.

-Apúrate, Hidan, hoy es el primer día de escuela – gritaba un arreglado Deidara, listo para ir a la escuela, junto con sus otros cuatro hermanos, solo faltaba el albino.- ¿No me digas que has vuelto a mojar la cama?

El ojilila baja corriendo las escaleras, no precisamente con el uniforme, si no con una camisa de botones, sin mangas, blanca. Unas bermudas rojas, tres cinturones adornaban su cadera, junto con unas botas negras.

-Hidan, te vas a meter en problemas por usar eso.

-Papá le explico todo al director, no pasa nada si lo llevo un par de días hasta que me compren el uniforme, o se me pegue la gana usarlo.

-Como quieras, pero se nos hace tarde, vamonos – aclaro el ex Uchiha. Todos se iban en bicicleta a la escuela, excepto Hidan, quien sabía andar en patineta.

-Síguenos, Hidan – los tres menores montan sus bicicletas y se disponen a abandonar su casa, solo por unas horas, el albino sube a su patineta y se deja guiar por sus hermanos.

El camino transcurre sin ninguna molestia, hasta que pasan por una calle que Hidan conoce bastante bien, una avenida por la que las prostitutas suelen estar para buscar clientes. Inmediatamente reconoce a una pelirosa, de ojos jade y gran frente, que esta parada ahí.

-Hey, Sakura perra! – el albino detiene su andar, junto con él, sus hermanos para ver el por que del retraso.

-Ahh, hola demente.

-¿Qué tal la vida, anoréxica?

-Ya sabes, lo de siempre, idiota, ¿Cómo te va con tu nueva familia?

-Bastante bien, burro de planchar. ¿Cómo esta mi madre?

-Dice que te extraña y que espera que tu padre se pudra en la cárcel.

-Entiendo, si la vez, dile que la quiero y que también espero lo mismo para ese bastardo.

En eso llega Sasori, con su poca paciencia, jala una de las orejas del menor y se lo lleva a rastras de ahí.

-¡Nos vemos, prostituta de dos centavos! – grita ya un poco alejado.

-Vamonos ya, Hidan deja de comportarte como un niño caprichoso.

El albino le saca la lengua, junto con el dedo medio.

-Jodete – toma su patineta y se va, junto con Itachi y Deidara.

-Como odio a ese mocoso – el pelirrojo retoma su camino de nuevo, apenas llegan y todos voltean a verlos, son los populares de la escuela, pero no dejan que se les suban los humos a la cabeza.

-Oigan, que lugar tan fino – el albino llega haciendo gala de su gran y extenso vocabulario.- Este lugar esta de poca madre, creo que me va a gustar, joder que si.

-Hidan, Modera tu lengua.

-Tch, si, lo que digas hermano – el timbre suena y todos entran, el albino acompañado de sus hermanos, al llegar al salón, le dicen que espere un momento afuera para que el profesor le presente. Este espera como se le indico, pronto llega otro alumno, un moreno de ojos verdes, el albino encara una ceja. ¿Y este quien es?

-Orden clase, orden. Bien, hoy tenemos dos nuevos compañeros, pasen por favor – el albino y el moreno obedecen y entran, el ojilila tiene los tres primeros botones de su camisa abiertos, dejando entrever su pecho blanco.

-Preséntense ante el resto, por favor.

-Me llamo Kakuzu Áyame.

-Yo me llamo Hidan Nagato (Obvio, por el apellido de Pein xP, estuve corta de inspiración).

-Bien, joven Hidan, hágame el favor de cerrar esa camisa.

-Hai, hai – el albino procede a hacer lo pedido, una vez hecho, el profesor pone a ambos alumnos nuevos en pupitres seguidos.

-Muy bien, para los que no me conocen, soy el profesor de matemáticas, Umino Iruka.

Pasada la hora de matemáticas, seguida por otra de español, con Kakashi Hatake, quien era algo, pervertido.

Después estaba la hora de artísticas, luego la de historia, siguió con el receso.

-¿Dónde rayos se metió ese albino loco? – se preguntaba Itachi.

-Debe estar holgazaneando por ahí.

El ojimiel no se equivocaba, el albino estaba sentado en la rama de un gran árbol, disfrutando de la flojera.

-Me puedo acostumbrar a esto – una sonrisa de satisfacción cruza su rostro. Pronto escucha a un grupo de jovencitas acercarse a donde estaba él, son un grupo de cuatro, el albino baja un poco mas de su rama para escuchar lo que dicen.

-¿Entonces te parecen guapos los nuevos? - pregunta una de pelo rubio, que le cubre la lateral derecha de la cara.

-Me pregunto si no será pariente perdido de Deidara.

-Pues…si, me parecen muy atractivos, ¿no viste el pecho del de pelo blanco…como se llamaba? – dice una castaña

-Hidan – responde otra rubia, esta tiene cuatro coletas y un pequeño fleco.

-Ese mismo – el albino sonríe más que complacido, sigue bajando de poco en poco, hasta colocarse en una rama que estaba sobre las cuatro chicas. Se de soporte en sus piernas para ponerse de cabeza.

-Entonces, ¿les parezco guapo? – la voz del albino se deja escuchar y las chicas lanzan un grito que hace caer de cabeza al albino.

-Auch – se levanta con la cara sucia.- No tienen por que gritar así, joder – hace tronar su cuello.

-¡Hidan!

-Oh, oh, problemas para el albino, huyan – el peliblanco trata de salir corriendo pero en lugar de eso, Itachi le da alcance agarrándole de uno de sus cinturones y tirándolo de trasero en el piso, los tres le rodean.

-¿Qué mierda quieren?

-Nuestra próxima clase es la de Formación Cívica y Ética, aula trece, no te pierdas – el moreno le pica la frente con dos dedos.

-¿Solo para eso me tiraron de culo? Lárguense – el ojilila escucha que gritan su nombre a lo lejos. Voltea a ver y en la reja de la escuela están unos pocos jóvenes.- ¡Chicos! – corre al encuentro con sus antiguos camaradas, pero la reja lo impide por completo.

-¡Enano!, te extrañamos mucho aya por el barrio – le dice un joven de melena negra.

-Yo también chicos, cuando venia para acá, me tope con la puta de Sakura.

-Ahh, esa perra, creo que vi como conseguía otro cliente.

-Je, tan joven y ya folla, que cosas, ¿O no amigos? – dice un rubio de estatura considerable.

-Claro, ¿pero que esperabas? Si es hija de una puta y su madre es hija de otra.

-Bueno, bueno, ya hablamos mucho de esa perra – interrumpe el de la melena morena.- ¿Cómo te va con tu nueva vida, Hidancito?

-Pues….no me quejo, tengo cinco hermanos, mi nueva madre es bastante cariñosa y mi nuevo padre esta lleno de percings por toda la cara, es más, ¿ven a esos tres que están a unos metros detrás de mí?

-Hai.

-Son mis hermanos mayores.

-Wow, ¿incluso esa rubia? Preséntamela – dice un peliblanco de ojos negros, pálido, muchas veces le decían que si era hermano de Hidan o algo por el estilo, cosa que no era cierta.

-No es ella, es él, no te conocía esos gustos jajaja – el albino se burla de aquel que alguna vez fue su cuidador y mejor amigo, Tobirama.

-No te burles, oh, oh, chicos, hora de irse, le diremos a tu madre que la quieres – todos se van al ver llegar a los hermanos del menor.

-Hidan, ya sonó el timbre, muévete – el moreno lo toma del brazo y lo incita a avanzar, llegan al salón, el profesor no ha llegado, una suerte para ellos quienes han llegado tarde.

-Hidan, pórtate bien – los tres se van, dejando a su hermano albino cerca de su compañero moreno.

-Hola – saluda el ojiverde.

-Hola, Kakuzu…. ¿cierto?

-Así es, Hidan, si no me equivoco.

-Estas en lo correcto, dime ¿Me imagino que ya escuchaste lo que dijeron de nosotros esas perras, no? – señala a el pequeño grupo que estuvo hablando de lo sexy que es el albino y el moreno en el almuerzo.- ¿Cuál te gusta?

-Ninguna.

-¿Cómo que ninguna, hombre? Si están como quieren.

-No me interesan las mujeres.

-¿Entonces eres gay?

-¿Y que si lo fuera? – le mira directamente a los ojos, el albino siente como los vellos de la nuca se le erizan.

-Puedo ver que tu también tienes gustos diferentes, lo quieras admitir o no, no es mi problema – vuelve a su pose seria de antes.

-Tsk, jodete – el albino se queda pensativo, en realidad no le gustan los hombres…. ¿O si?

-Oe, Hidan.

-¿Qué quieres, Kakuzu?

-¿Por qué noto dolor en tu mirada, dime, que escondes detrás de esos hermosos ojos lila? – el albino voltea a verlo directamente, desciende la mirada de poco en poco.

-Me gustaría decírtelo, pero es muy doloroso, además aun es muy pronto, apenas nos conocemos.

-Entonces dame tiempo, conviértete en mi amigo y déjame curar todo lo que te aqueja.

-Entonces, eso esta bien – pasan el resto de la clase platicando y conociéndose.

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Unos años mas tarde, el albino ya esta en la universidad junto con su ahora novio.

Kakuzu se le había declarado en su segundo año de preparatoria, regalándole un pequeño oso de peluche, con el cual, el albino duerme todas las noches. Ahora se encuentran caminando al apartamento donde viven ambos.

-Kakuzu – el albino recuesta su cabeza sobre su pecho mientras caminan.

-¿Mmm?

-¿Me amas?

-Desde que te conocí me llamaste la atención, Hidan, cuando aceptaste ser mi novio, me hiciste muy feliz. Así que, si, te amo Hidan.

-Nunca había sido tan feliz, tu siempre has estado a mi lado, aun cuando mi verdadera madre desapareció, tu estuviste ahí para consolarme – el albino cierra un momento sus ojos.- Te quiero

-Lo se, Hidan, lo se – ciertamente, un día llegaron los amigos de Hidan, diciéndole que su madre simplemente desapareció.

-Nee, Kakuzu, ¿aun sigues queriendo estudiar psicología?

-Si, tú sabes que es lo que siempre me ha llamado la atención, que tú seas un flojo sin remedio, pero que se metió a estudiar psicología conmigo, es otra cosa.

-¡Oe! – Hace un puchero.- me ofendes, bastardo – el moreno le mira con cariño y le desordena la cabellera plateada.

-Mañana no quiero ir a la clase, Orochimaru Sensei es un pervertido de lo peor.

-Hidan – le jala una mejilla.- No puedes vivir fingiendo que te enfermas a cada rato.

-Vamos, Kaku, solo esta vez y ya, te lo prometo – pone su mirada de cachorrito desamparado.

-Esta bien, pero que sea la ultima vez, ¿entendido? – al albino le brillan los ojos.

-Claro – toma al ojiverde del brazo y comienza a correr en dirección a su hogar.

Al llegar, se disponen a cenar y darse un baño juntos.

Desde que Hidan inicio una relación con Kakuzu, este se dejaba hacer unas pocas cosas, como bañarse juntos, besos en publico, algunas veces besos y caricias, pero jamás llegaron al sexo, el albino decía que aun era muy pronto, aunque su moreno ya sabia del trauma de su novio.

Al día siguiente, el albino despertó solo en la enorme cama que compartía con el moreno, abrazado a la almohada que regularmente usa Kakuzu y al lado izquierdo esta el osito de peluche que guarda desde hace ya algunos años.

Mira el reloj, marca las once de la mañana, casi las doce, no le importa mucho la verdad.

Se levanta de mala gana, primero al baño y luego a la cocina.

Cuando el reloj marca las dos de la tarde, tocan a la puerta del departamento.

-Que raro, Kakuzu no llega hasta dentro de una hora mas – Intrigado, se dispone a abrir la puerta, gran error.

Unos hermosos ojos lila lo miran desde el umbral de la puerta, el albino se paraliza al instante, reconocería esos ojos donde fuera, él mismo tiene esos malditos ojos.

-Hola, hijo, ¿Cuánto tiempo, no?

-¿Papá?

Perdón por dejarlas hasta aquí, pero luego subo el siguiente capitulo.

Besos