Día 4: Escóndeme (Hide me)
Adrien corría por las calles perseguido por sus fans. Parecía que se convirtió en costumbre siempre huir cada vez que se salía de su casa sin permiso y sin el guardaespaldas. Logro esconderse en un callejón vacío. Tratando de irse en la calle contraria por la que se habían ido su grupo de fanáticos, choco con algo, o más bien con alguien.
—Lo siento… —se froto la cabeza un poco para luego mirar preocupado con quien se había tropezado — ¿Marinette?
—A-Adrien—dijo ella nerviosa — ¿Qué haces aquí?
—Bueno, estaba aburrido, así que yo me escape de mi casa —le dio una sonrisa culpable.
De pronto Adrien escucho a la turba de gente que lo perseguía acercándose de nuevo. Junto sus manos en un gesto implorante.
—Por favor, solo quiero salir un rato de la mansión.
Marinette lo vio con un poco de lastima, pero luego se convirtió en una mirada de decisión al ver la desesperación de Adrien.
—De acuerdo, pero tenemos que ser sigilosos.
Miro a sus alrededor y vio una caja vacía que le dio una idea. La tomo y le hizo unos improvisados agujeros con unas pequeñas tijeras que por suerte tenía en su pequeño bolso. Cuando termino, le puso una caja de cartón en la cabeza.
- Tu solo sígueme.
Ambos caminaron a paso rápido, con las miradas de extrañeza que les lanzaban los transeúntes. Cuando estuvieron cerca de la panadería, la chica se asomó por la calle por la que debían de pasar para llegar su casa. Como vio que la calle estaba vacía se dirigió a Adrien que estaba detrás de ella.
—Vamos, no hay moros en la costa.
Ambos prácticamente corrieron al ver tan cerca la panadería, solo unos pasos más y estarían a salvo. Marinette busco sus llaves y abrió la puerta, una acción que aunque tomo solo algunos segundos, para Adrien fueron eternos. Subieron corriendo las escaleras y rápidamente ingresaron al apartamento correspondiente.
Marinette cerró la puerta con rapidez y se apoyó en ella, soltando un suspiro de alivio.
—Ya puedes quitarte la caja de la cabeza, Adrien.
Rápidamente, el joven tomo la caja y la tiro en el suelo de la sala.
—Muchas gracias, Marinette.
Hubo un momento de silencio en el ambiente. Se sentía un poco incómodo, por lo que la chica decidió intervenir.
— ¿Ahora qué quieres hacer? ¿Quieres jugar mecha strike? —dijo ella tratando de sonar casual.
— ¿A tus padres no les molestara que me hayas traído aquí sin permiso? — pregunto el dudoso.
—No te preocupes, no creo que sea algún problema para ellos, al contrario creo que a ellos les agradas.
Se dirigió hacia el sofá lo palpo a su lado, invitándolo a sentarse. Ella encendió la consola y empezaron a jugar. Ambos se estaban divirtiendo mucho, la competitividad de ambos lo hacía todo mucho más dinámico. Tomaron un pequeño tentempié en un descanso que se dieron de las partidas.
Para Adrien era extraño ver a Marinette tan casual con él. Pero su alegría se esfumo cuando vio a los padres de Marinette entrar al pequeño departamento.
—Hola hija —Ambos se sorprendieron al ver a Adrien en medio de su casa. Marinette se levantó rápidamente y se paró frente a ellos.
—Hola mamá, hola papá.
— ¿Que hace Adrien aquí? – pregunto Sabine.
—Bueno sus fans lo estaban persiguiendo y él también quería salir de su casa. – dijo ella poniendo la cara más adorable que podía.
Sus padres los miraron con algo de preocupación y duda.
— ¿Y tiene permiso?
Adrien los miro de forma triste.
—No, me escape de mi casa.
Tom se acercó a él y poso sus manos en sus hombros sacudiéndolo un poco de manera cariñosa.
—Tranquilo Adrien, no le diremos nada a tu padre, pero la próxima vez no te salgas de casa sin su permiso, él debe estar muy preocupado por ti.
—Y si quieres venir puedes hacerlo cuando quieras. Intentaremos hablar con tu padre Adrien —Sabine lo miro de forma maternal.
A Adrien se le ilumino la mirada. Por fin encontró a más personas que abogarían por él, por su libertad.
—Muchas gracias Madame y Monsieur Dupain Cheng. De verdad lo apreciaría mucho.
