Capítulo 4:
Lagrimas nunca derramadas.
-¿Te has hecho daño pequeño?
El niño de pelo rosado empezó a llorar sin saber por qué.
-Vamos no llores tienes que ser fuerte si quieres llegar a ser un gran caballero sagrado como tu padre. Mi nombre es Meliodas.- Meliodas le tendió la mano al niño el cual la acepto y lo levantó.
- ¿Me-…Meliodas?
-Si – Respondió agachándose para estar a su altura sin soltar su mano con una sonrisa.- ¿Por qué llorabas Pequeño gil?
-No… no lo sé… no lo recuerdo….
-Oh! Pareces que tienes una herida en la cabeza…- Gilthunder se puso la mano donde Meliodas dirigió su mirada y cuando la vio la tenía manchada de sangre.-Lo siento Gil…
Gilthunder abrió los ojos, se encontraba en el suelo del Boar Hat. Se había golpeado la cabeza contra el suelo. ¿Cómo habría caído? ¿Qué hacia allí?
El suelo estaba cubierto por los cristales de la ventana rota y de restos de madera, a lo lejos podía verse humo procedente de la ciudad. Ahora lo recordó: Meliodas, vio aquel símbolo negro en su frente y una especie de onda de energía oscura lo golpeó cayendo al suelo.
-¡¿Meliodas?!- Se levantó deprisa del suelo aún un poco mareado apoyándose en la única mesa que seguía de pie. Recupero su espada y se puso en camino hacia el bullicio. ¿Qué habían hecho? Habían sido ellos quienes habían conseguido que esto pasase. Tenía que llegar deprisa.
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-¡Deprisa!- Se escuchaba no muy lejos de allí. Tenía que llegar lo más rápido posible al lugar. -¿Qué ha ocurrido comandante? ¿Por qué ni siquiera nos han dicho sobre la misión?– Dijo un caballero apresurado.
-¡Uno de los magos de palacio ha percibido un gran poder oscuro por el este!- Dijo una voz que procedía de un grupo, parecía el líder del grupo. – Pero este poder se está moviendo al centro de la ciudad, algunos caballeros que llegaron heridos al reino dijeron ver en el suelo a un caballero sagrado herido, entonces vieron al capitán de los siete pecados capitales a los pies del caballero. Le atacaron, y ahora estamos intentando pararlo, es muy rápido… - Gilthunder caminó aún más rápido para llegar hacía allí.
Decenas de caballeros sagrados se encontraban en el suelo mal heridos. En el centro de la plaza rodeado de un poder oscuro casi indivisible se encontraba una criatura levitando sobre el suelo. Su cuerpo cubierto por manchas negras contrastaba con su cabello amarillo y casi no dejaban ver su blanca piel y su ropa hecha jirones…
-¿Meliodas…? ¡Meliodas! ¿Dónde está el resto de pecados?- Pregunto Gilthunder a uno de los caballeros que parecía liderar el grupo.
-¡Oh! ¿Está bien? Me dijeron que esa criatura le había atacado- El caballero vio la herida de la cabeza.- Maldita bestia…- El caballero hablaba demasiado rápido para responder.- Están llevándolos al castillo…o intentándolo, tenemos la suerte de que llegaron algunos caballeros sagrados de sus misiones que no pudieron ayudarnos contra Hendricksen. Parece que después de todo sí que quisieron derrocar la monarquía en aquel tiempo cuando atacaron al gran maestro sir Zaratras. Siguen siendo nuestros enemigos, nos ayudaron para después para cogernos desprevenidos.- El comandante hizo una pausa furioso. – Ya no dejaré que nos engañen de nuevo.
- ¡Pero eso fue hace diez años! Nos sal-
- ¡¿No ves que está atacándonos?! No lo defiendas por que fue tu maestro, después de todo seguramente fuera el quien lidero la matanza de tu padre. ¡Defiende el reino de Liones!
Todos los caballeros heridos huían buscando médicos para las heridas, sin embargo ninguno se quedaba en el suelo. Ninguno estaba muerto. Aún estaba algo de Meliodas dentro de él.
-Espere, por favor ¡Tengo que explicarle!- Le cogió del hombro.
- Solo haces retrasarme con esa criatura. – El caballero miraba como sus compañeros caían sin poder remediarlo- Si no vas a luchar conmigo, no luchas por Liones ¡Aparta!
-No estoy en tu contra, por favor,… ¡Escúchame!- El caballero sagrado cargo contra Gilthunder. El caballero del trueno sostuvo su espada para parar el ataque, sin embargo sintió un dolor en su nuca, donde se hirió en el Boar Hat y soltó la espada. Todo estaba perdido, lo vio todo negro, pero en tanta oscuridad había algo de claridad, ante él un chico de cabello rubio recibía el golpe en su lugar. Él se apoyaba en el suelo, mientras Meliodas paraba con el antebrazo la espada del hombre atacante, en segundos había apartado a una veintena de caballeros para llegar allí, su cuerpo no había corrido suerte, tenía rasguños y heridas más graves por todo el cuerpo. Forcejearon durante unos instantes hasta que Meliodas se impulsó enviando volando al caballero unos diez metros atrás. La oscuridad ceso a su alrededor por un momento aunque seguían aquellas marcas en su cuerpo. Desde donde Gilthunder veía, Meliodas pudo ver cómo puso su mano en su pecho y empezó a respirar agitadamente.
-Controla… la oscuridad…- Dijo doliente hablando a sí mismo.
-¿Qué te ocurre? ¿Meliodas?- Dijo levantándose elevando la mano con la intención de voltear al capitán para verle la cara. En aquel momento Meliodas dejo caer el brazo y las marcas lo recorrieron dibujando surcos hasta finalmente formar un ala con la que se impulsó hacia adelante para contratacar con el caballero sagrado que ya se dirigía hacia el cuando vio que Meliodas había cesado de atacar. Pero en su trayecto Meliodas fue golpeado de un puñetazo en su cara por alguien bien conocido por él. Ban, el pecado del zorro. Meliodas acabo destrozando varios tenderetes de la ciudad.
-…- El capitán entre frutas y madera comenzó a levitar invocando unas garras de oscuridad en sus manos.
-Esa marca del zorro…Tu… eres el pecado de la codicia…- Dijo el caballero que iba a atacar a Meliodas. Ban lo miro con recelo. Estiró su mano hacia él, robando toda su energía, cayendo desplomado al suelo.
-¡Capitán! ¡Para esto de una vez! – Ban se adelantó a golpearlo, Meliodas fue más rápido con sus garras, estrellándolo contra el muro de una casa ya destrozada- Si con esa estamos…. No tengo otra, quizás pueda verte… Elaine – Dijo con una sonrisa forzada. Ban saco de su bolsa unos nunchakus. El cielo comenzó a cubrirse de nubes.
-¡Detente! - Dijo Gilthunder. Ban se impulsó desde la casa hacia Meliodas. La oscuridad en el cuerpo de Meliodas se desplazó hacia sus brazos, parando cada golpe con ellos. De pronto Gilthunder comprendió que Meliodas solo atacaba a aquellos que consideraba un peligro. Gilthunder se deshizo de su espada impulsándola en el suelo lejos de él.
–Despierta capi…- La velocidad de Ban iba creciendo mientras que la de Meliodas disminuía, finalmente Ban pudo propinarle un golpe en el pecho que lo envió volando hacia una fuente la cual destruyó con el impacto. Gilthunder no sabía que hacer entre tanto caos, el dolor lo martilleaba sin dejarle pensar. No podía seguir viendo como golpeaban así a su maestro. Quizás… no fuera exactamente lealtad… Quizás… fuera que quisiera que estuviera bien, para volver a ver aquella sonrisa que siempre le dedicaba al verlo y escucharía con agrado que lo llamara de nuevo como él siempre lo hacía…
En segundos Meliodas voló hacia donde Ban con una gran hoja afilada impactando en Ban, el cual no pudo evitar el golpe mandándolo lejos de allí. Ahora Meliodas miraba a Gilthunder. Gilthunder no sabía si estar asustado y apartarse o seguir mirándole a los ojos e intentar traerlo de vuelta sin embargo antes de poder reaccionar….
-¡Gilthunder!- La voz de Margaret resonó entre el silencio dejado tras el impacto de Ban a decenas de metros de allí. Meliodas bajo la cabeza apoyándose en las manos, como si tuviera un gran dolor que no pudiera quitarse.
-¡Margaret vete de aquí!- Advirtió Gilthunder. Meliodas profirió un grito de dolor y de él emano una oscuridad que lo envolvió todo. En la oscuridad Gilthunder y Margaret se divisaron a aproximadamente diez metros de distancia.- No te muevas…- Unos pasos descalzos se escucharon. Un chico rubio con marcas negras en su pelo y con la ropa hecha jirones caminaba hacia Gilthunder.
- ¡Gilthunder! ¡Debes defenderte! –Margaret puso sus manos tapándose la boca de la sorpresa y apenada- Estas sangrando…- Margaret miró asustada al ver como Meliodas se acercaba en la oscuridad lentamente hacia él.
- ¡Él no quiere hacer daño Margaret! Sé que Meliodas se encuentra ahí, solo hay que traerlo de vuelta… Si me ve con la espada es posible que se sienta atacado...- Cuando se dio cuenta Margaret sostenía su espada en alto como podía.
- Si no puedes ver la realidad Gilthunder, entonces pelearé por ti… como tú has hecho por mi todo este tiempo poniéndote en peligro. No quiero que te haga daño…
-¡No! ¡Margaret!
-¡Meliodas, pecado de la ira! ¡Estoy aquí! – Gritó para que dejara de caminar hacia Gilthunder. Meliodas vio su espada y como corría hacia el con ella, este transformo la oscuridad de su brazo en una larga cuchilla y sin rozar el suelo cargó hacia ella.
Fueron segundos incontables, e indescriptibles. No era consciente de lo que estaba haciendo hasta que estuvo apretando a Meliodas contra si en un abrazo. El brazo de Meliodas atravesó junto a su oscuridad la armadura del caballero en la parte abdominal. La espada en manos de Margaret cayó contra el suelo. Margaret quedo muy sorprendida y consternada. La oscuridad a su alrededor se desvaneció y los ojos de Meliodas cambiaron a su tono verde normal.
-¿Pequeño Gil?… Oye… ¿Qué...?- Meliodas vio que de su armadura derramaba sangre. A su alrededor todo estaba destruido y Gilthunder herido.- ¿Por qué lo has hecho? - El cuerpo de Gilthunder empezó a ceder, Meliodas lo sujeto como pudo cayendo al suelo por la altura.- ¿Por qué te has puesto delante?- Gilthunder respiraba con dificultad. Puso su mano en el abdomen intentando taparlo. Meliodas lo tumbó en el suelo.
- ¿Estás satisfecho con lo que has hecho, Monstruo?– Margaret hablaba con el poder de un rey, aunque al verla los ojos le lagrimeaban. Meliodas le quitaba la armadura apresurado a Gilthunder sin poder hablar.- Tus pecados no quedarán impunes esta vez.- Y con estas últimas palabras se alejó de allí.
-¿Por qué Gil? ¿Por qué?-
-Yo…. Podía pararlo. Después de todo… soy más fuerte que cualquiera de los siete pecados capitales… - Dijo sonriéndole. Meliodas no pudo evitar abrir más los ojos de sorpresa centrándolos en su rostro. Cogió su mano con fuerzas.
-Si… después de todo lo eres…- Meliodas le dedicó una sonrisa para no preocuparlo- Oye… Pequeño Gil… No cierres los ojos ¿Quieres?...- Todo era pesado, lo importante era que había salvado a Meliodas. Todo se emborronaba a su alrededor. Necesitaba descansar…-¡Gil!- Gilthunder sintió un gran apretón en su mano. Una gota de agua cayó en su mejilla. Parece que lo último que vería sería un día lluvioso junto a Meliodas intentando reanimarlo.- ¿Por qué nunca puedo proteger lo que quiero?- La voz de Meliodas temblaba. Abrió los ojos, aún las nubes se resistían de romper a llover. "¿Entonces esa gota?" Centro su vista en Meliodas el cual examinaba su herida como podía. No soltaba su mano en ningún momento.- ¡Merlín! ¡Elizabeth! ¡Un médico! ¡¿Hay alguien ahí?!
-Meliodas…
-¡Gil! ¡Resiste!
-Meliodas quiero decirte algo…
-Reserva tus energías, pronto estarás bien.- No, no lo estaría. Sentía que no le quedaba tiempo.
-Meliodas, tú has sido mi maestro. El que me lo enseño todo. Mírame… Quiero que sepas que te aprecio, por haberme liberado de la maldición, por haber estado siempre de mi lado sacrificándote por mí. No me importa lo que seas o le que hayas hecho. Yo…
-No dejaré que te pase nada pequeño Gil- Dijo Meliodas serio con palabras apresuras, con miedo a que no escuchara alguna de ellas, apretando su mano. Sintió de nuevo aquella oleada entumecedora. En segundos no supo lo que hizo, todo fue despacio y deprisa a la vez. La mano que mantenía sujeta a Meliodas la soltó, sentía no tener más energía sin embargo la elevó apartando los mechones de cabello de Meliodas que lo acariciaban frágilmente, reposando sus dedos en su cuello y dejando el pulgar en su mejilla. Apoyo su otro codo en el suelo incorporándose lentamente. Cuando quiso darse cuenta sus labios estaban juntos en un beso. Meliodas tardo segundos en reaccionar. Los ojos cerrados de Gilthunder se encontraban a pocos centímetros de los de él. Meliodas cerró sus ojos y puso su mano ahora libre en el cuello de Gilthunder sujetándolo y atrayéndolo hacia él. Sobre ellos la lluvia caía, y con el sonido de un trueno en el cielo. Los labios de ambos se separaron y con ello la energía de Gilthunder cesó.
- ¿Gil?... ¿Pequeño Gil?... No… respóndeme… Por favor… de nuevo no… Tu no… Por favor…- Su voz rompió el silencio dejado por el trueno y un grito agónico salió de él. A su alrededor el suelo temblaba, Meliodas abrazaba a Gilthunder con fuerza, la oscuridad lo destruía todo a su alrededor. Y con el último trueno de ese día la oscuridad se disolvió.
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Muy lejos de allí una figura de pelo rosado en los tejados del castillo miraba la escena
-Y allí en la superficie desolada tan cerca estuvo el trueno de las sombras de la ira que no pudo evitarse como el este se desvaneció ante la intensidad de este pecado. Y con el último relámpago cesó la oscuridad cegada por la ira…- Dijo como recitando de un libro. Atrás suyo otra figura apareció.
-Parece que la paz tras la tormenta aún no llego a su fin.- Dijo con una sonrisa el pecado de la gula Merlín.
