Draco se sentía aliviado, porque en la sala en la que se estaba celebrando el juicio no había Dementores, y por tanto podía pensar con claridad, sin ser asaltado por recuerdos atroces. También se sentía un poco vacío sabiendo que su padre iba a pasar los siguientes quince años de su vida en Azkaban. Y asustado, porque el juicio de su madre acababa de terminar, lo que significaba que ahora era su turno.

Pero, sobre todo, Draco sentía desesperanza. No tenía ninguna posibilidad de ganar el juicio. No había hecho nada por Potter, a diferencia de su madre, así que no iban a perdonar sus crímenes.

"No quiero volver a ese lugar," gritaba una y otra vez en su mente. Pero los gritos, irónicamente, quedaban ahogados por una pequeña voz que repetía, como un disco rayado: "es lo que te mereces."

-Muy bien. El último caso de esta tarde es el de Draco Lucius Malfoy.

Draco tembló al oír al Ministro decir su nombre. Quería huir, hacerse invisible, gritar, llorar. Todo a la vez. "Respira. Respira hondo. Tienes que pasar por esto," se dijo. Cogió todo el aire que pudo y empezó a soltarlo, muy despacio.

-Los cargos contra el acusado son los siguientes: que, durante el verano de 1996, recibió la Marca Tenebrosa, convirtiéndose en mortífago. Que, durante el curso de 1996-1997 en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, reparó en secreto un armario evanescente y que, el día 30 de junio de 1997, lo empleó para dejar entrar a un grupo de mortífagos en el castillo. Que ese mismo día desarmó a Albus Dumbledore, siendo por ello cómplice de su asesinato, cometido por Severus Snape.

Soportó las primeras acusaciones espirando de forma más o menos estable, pero se había quedado sin aire. Cuando abrió la boca para coger más, oyó el nombre de Dumbledore y se le escapó un sollozo.

-Que, previamente, había tratado de asesinar al Director con un colgante maldito y una bebida envenenada, lo que casi resulta en la muerte de dos alumnos. Que convivió con Aquel Que No Debe Ser Nombrado, presenciando y participando de torturas y asesinatos en la Mansión Malfoy. ¿Es usted Draco Lucius Malfoy, residente en la Mansión Malfoy en Wiltshire?

Tenía que hablar. Sentía como si tuviera los pulmones llenos de agua.

-S-sí –consiguió musitar a duras penas. La mano que su madre tenía puesta sobre su brazo se contrajo por un momento, como si estuviera tratando de mandarle fuerzas, pero no tuvo ningún efecto en él.

-¿Cómo se declara con respecto a las acusaciones?

Esa era una pregunta fácil. Su mente seguía repitiéndoselo sin parar. "Te lo mereces. Todo esto es por tu culpa. Tú te lo has buscado."

-Culp-pable.

-¿Quiere añadir algo o presentar algún testigo?

Estaba al borde de las lágrimas y no confiaba en su propia voz, así que negó con la cabeza, esperando que el Ministro le estuviera mirando, ya que no había levantado la vista del suelo ni una sola vez.

-Bien – prosiguió el hombre –. En ese caso, procederemos a discutir la condena.

Así que eso era todo. Había sido más rápido de lo que Draco había imaginado. "Ya queda muy poco. Lo peor ya ha pasado," se dijo. Pero su madre se puso de pie y gritó:

-¡Esperen! ¡No pueden condenarlo así!

Will, el auror que más asco les tenía a los Malfoy, apuntó con la varita a su madre y le lanzó un hechizo silenciador, lo que la calló. "Bien," pensó Draco, "defenderme habría sido una pérdida de tiempo."

-Eso no era necesario– dijo el Ministro, mirando al auror con desaprobación. Luego se giró hacia su madre –. Lo siento, pero usted no está en esta sala como testigo, y por tanto no tiene derecho a intervenir en el caso.

-Ella no, pero yo sí – se oyó una voz detrás de él. Draco no podía verle, pero su presencia era como un peso del que no podía librarse. Como un zumbido constante en algún rincón de su mente, que podía ignorar si se esforzaba, pero que nunca llegaba a irse. Potter.

-Señor Potter – dijo el Ministro. Qué raro; durante los juicios de sus padres se había dirigido al chico por su nombre de pila –. El señor Malfoy ha rechazado su oportunidad de ofrecer testigos.

¿Era ese su tono de sorpresa? ¿Es que incluso el Ministro de Magia se sorprendía de que Potter estuviera intentando defenderle? Porque Draco, desde luego, estaba sorprendido. Tanto que, por un momento, casi se le olvidó sentir miedo, y desesperanza, y un vacío dentro de su pecho.

-Tal vez Malf... esto, Draco, crea que no hay nada más que decir, pero yo no estoy de acuerdo.

-En ese caso, no puedo negarte la palabra.

-Pero ¿va a permitirlo? – interrumpió alguien del jurado–. ¿Va a dejar que Harry Potter defienda a este criminal? –. Draco le dio la razón internamente. Nada de aquello tenía sentido –. En los casos de Lucius y Narcisa existían motivos válidos, ¡pero no creo que haya nada que contrarreste el hecho de que este chico es el culpable de la muerte de Albus Dumbledore!

-De hecho, lo hay – respondió Potter, igualmente alterado –. Lo expliqué una vez ante el mismo Voldemort y no me importa repetirlo: Dumbledore planeó su propia muerte.

Draco sintió un escalofrío bajar por su columna vertebral, como le ocurría cada vez que Potter decía aquel nombre. "Cállate, Potter. Por favor, no lo empeores. Por favor, que se calle..."

-Eso no cambia los hechos, Harry.

- Sí que los cambia. Dumbledore era consciente de que Draco estaba intentando matarlo, y de una forma muy poco convincente. Y no hizo nada al respecto, salvo pedirle a Severus Snape que lo hiciera en su lugar para que Draco no tuviera que cargar con ese peso. ¿Van a negarme que Dumbledore habría sido capaz de hacer mucho más si hubiera querido salvarse? Podría haberlo expulsado, delatado, o atacado. Y habría salido victorioso, seguro. Estamos hablando del mago que venció a Gellert Grindelwald. Un alumno de sexto no suponía una amenaza para él.

Potter se calló un momento, como si quisiera darle tensión a su monólogo. Y lo consiguió; nadie dijo ni una sola palabra. El corazón de Draco estaba latiendo a unos trescientos mil latidos por segundo.

-De hecho, incluso en sus últimos momentos de vida, Dumbledore pudo haberse defendido. Cuando Draco entró en la Torre de Astronomía, Dumbledore tuvo tiempo de lanzar un último hechizo antes de ser desarmado. Pero no detuvo a Draco, ni lo desarmó, ni se protegió. Me petrificó a mí.

Varios sonidos de sorpresa, entre ellos el suyo propio, resonaron en la sala.

-Yo estaba con él, escondido bajo mi capa de invisibilidad. Así que lo vi todo.

Draco levantó la vista del suelo por primera vez, y giró el cuello. Aunque eso no fue suficiente para ver al chico, se encontró con la mirada de su madre, que parecía tan sorprendida como se sentía él. ¿¡Potter estaba allí?! ¿Cómo era eso posible? De repente, todos los recuerdos que tenía de esa noche se actualizaron, incluyendo a un Harry Potter invisible siendo testigo del peor momento de su vida.

-Draco apuntó a Dumbledore con su varita, pero no fue capaz de matarlo. Dumbledore le habló; le ofreció protección. Le dijo que no era un asesino. Ya entonces, él no lo creía. Y yo tampoco lo creo.

-¿Y a quién le importa lo que creyera ese viejo? Rita Skeeter ya nos ha desvelado qué clase de persona era en realidad – interrumpió alguien.

-Y Draco Malfoy bajó su varita – concluyó Potter, como si nadie hubiera hablado –. Justo antes de que Snape entrase en la torre, Draco comenzó a bajar su varita.

-¿Qué quieres decir con eso exactamente, Harry? – preguntó el Ministro.

-Quiero decir que Draco no iba a matar a Dumbledore. Nunca quiso hacerlo. El único motivo por el que lo intentó una y otra vez a lo largo del curso fue que Voldemort había amenazado con matarlos a él y a su familia si no lo hacía.

-¿Es eso cierto, señor Malfoy?

Draco se dio cuenta de que su respiración se había vuelto muy irregular. Intentó hablar, pero una especie de burbuja subió por su garganta y salió de su boca en forma de sollozo. Sintió, impotente, como las lágrimas empezaban a resbalar por sus ojos. "¡No! ¡No llores, estúpido!" se dijo. Pero las amenazas del Señor Tenebroso, sus promesas de una muerte dolorosa si no cumplía sus órdenes, se empezaron a repetir en su cabeza y no pudo hacer nada para contenerlas. Así que simplemente asintió.

Por suerte, nadie mencionó el hecho de que estaba llorando. Eso habría borrado cualquier esperanza de parar. Solo su madre reaccionó, tocando de nuevo su brazo y acariciándolo.

-No estoy negando nada de lo que Draco Malfoy ha hecho – siguió hablando Potter, que parecía, como de costumbre, no ser capaz de callarse –. Estoy diciendo que todo lo que hizo, lo hizo porque no tuvo alternativa. Solo era un niño cuyos padres estaban bajo las órdenes de Voldemort –. De nuevo, un escalofrío bajó por la espalda de Draco –. A mí me llamáis "el Niño que Sobrevivió" por algo que causaron mis padres. Entonces, a él deberíais llamarle "el Chico que no tuvo Elección."

Todo el mundo empezó a hablar a la vez. Draco distinguió tonos de indignación, sorpresa, incredulidad e incluso aceptación, aunque no logró descifrar lo que nadie estaba diciendo. "Tienes que parar de llorar," se dijo.

-Sigo sin entender cómo Harry Potter puede estar defendiendo a Draco Malfoy –dijo la bruja que estaba sentada al lado de Shacklebolt, cuando el resto del Consejo se hubo callado –. Creía que era su enemigo. Siempre lo decían en El Profeta...

-Todo lo que ocurrió entre Malfoy y yo dentro de Hogwarts eran cosas de críos – dijo Potter –. Él me incordiaba y se reía de mí. ¿Y qué? También yo hacía lo mismo. Pero esto no es el colegio. Es la vida real. Y como la primera vez que Draco y yo nos vimos cara a cara en la vida real me salvó la vida, lo justo es que yo haga lo mismo por él.

A esa última declaración la siguió un silencio absoluto. Draco no podía creer lo que oía. "¿Cuándo le salvé yo la vida a Potter?" Miró a su alrededor y, para su sorpresa, vio cómo los miembros del Wizengamot lo observaban con caras de espanto e incredulidad.

-¿Cómo que te salvó la vida? – dijo el Ministro.

-En la Mansión Malfoy, el pasado marzo. Unos mortífagos me llevaron hasta allí con la intención de entregarme a Voldemort, pero Hermione me lanzó un hechizo que me deformó temporalmente la cara. Lucius Malfoy le pidió a su hijo que me identificase. Sabía que si Draco confirmaba que yo era Harry Potter y me entregaban, Voldemort les perdonaría por los contratiempos que le habían causado y toda familia volvería a estar a salvo. Pero Draco no lo hizo. A pesar de que sabía que era yo, no lo dijo.

Todos los presentes emitieron sonidos de sorpresa, y a Draco se le paró el corazón. Dejó de llorar, y por un momento tampoco respiró. Pero abrió mucho los ojos.

Recordaba perfectamente aquel momento. Pues claro que había sabido que aquel era Potter. ¿Acaso no era obvio? ¿Cómo podría nadie confundir aquellos ojos?

También recordaba todo lo que había sucedido después. Cómo le habían castigado por no ser capaz de identificar al chico.

Lo que le sorprendió fue que Potter también lo recordase. Que pensase que Draco le había salvado la vida.

-Creo que va siendo hora de que haga la intervención por la que he venido hoy aquí – dijo, de repente, otra voz a su espalda. ¡¿McGonagall?!

-Adelante, Minerva – respondió el Ministro.

-En primer lugar, me gustaría mostrar mi acuerdo con todo lo que Harry ha dicho acerca de Draco – dijo la profesora –. Dejar atrás tantos años de enemistad para defender a un compañero es algo que muchos magos mucho mayores que él han tenido problemas para hacer. Y estoy segura de que si Harry es capaz de perdonar el comportamiento del chico, cuando hace unos años era quien peor pensaba de él, el resto de mis alumnos serán capaces de seguir su ejemplo.

-Lo que está diciendo es que...

-Que si Draco Malfoy queda libre de todos los cargos, será más que bienvenido en Hogwarts para terminar sus estudios y realizar sus ÉXTASIS.

Volver a Hogwarts. Existía la posibilidad de que Draco volviera a Hogwarts.

Antes de que tuviera tiempo de procesarlo, Shacklebolt pidió tiempo para deliberar con el Wizengamot y su madre se levantó y se arrodilló ante él. En algún momento le habían quitado el hechizo silenciador.

-Oh, Draco, cariño, todo va a estar bien– murmuró, poniendo una mano en su mejilla y acariciando su pelo con la otra. A Draco le dio un poco de asco. Le gustaba que le tocasen el pelo, pero odiaba que lo hiciesen cuando lo tenía sucio.

-Ya verás... gracias a Potter... seguro que te dejan volver a clase... – seguía susurrando su madre. Daba la impresión de que estaba consolándose a sí misma tanto como a él.

Así que volver a Azkaban ya no era su única opción. Ahora existía una alternativa: volver a Hogwarts y tener que ver todos los días a Potter, el Gryffindor estúpido que le había salvado el culo.

Cerró los ojos y soltó un suspiro. Genial.

-Atención, por favor – dijo el Ministro, unos minutos después. Se hizo el silencio.

"Es la hora de la verdad," se dijo Draco. Y, de repente, se dio cuenta de que se había hecho ilusiones. La voz que le repetía que merecía ir a Azkaban se había callado en algún momento y él no se había dado cuenta.

-Draco Malfoy, la condena que se ha propuesto por los crímenes que has cometido es de diez años en Azkaban, tras los cuales quedarás libre de todos los cargos. Sin embargo, tras tenerse en cuenta el papel fundamental que jugaste en la protección de Harry Potter en la Mansión Malfoy, así como la amenaza bajo la que te encontrabas cuando cometiste los crímenes de los que se te acusa y el hecho de que eras menor de edad, se ha reducido la condena a cuatro años.

"Cuatro años," empezó a saborear las palabras. "He pasado allí dos meses y medio y sigo vivo. Pero no sé si sobreviviré a cuatro años".

-Los que estén a favor de liberar al acusado de todos los cargos.

Tendría que estar mirando hacia las gradas, contando cuántas manos estaban levantadas, pero sus ojos estaban firmemente cerrados y, antes de que pudiera convencerse de que tenía que abrirlos, el momento había pasado.

-Los que estén a favor de condenarlo.

"Inspira. Expira. Vuelve a coger aire. Eso es, no pares de respirar," se decía. Un grito se formó en su pecho, pero no salió, por suerte. No habría ayudado mucho ponerse a gritar, dada su situación. "¡¿Por qué no lo dice ya?! Que lo diga, que lo diga ya, por favor..."

Y entonces:

-Draco Malfoy, quedas libre de todos los cargos.

Todo se detuvo. Bueno, no, no todo. A su alrededor la gente volvió a empezar a hablar, y alguien desvaneció las cadenas que lo mantenían atado a la silla. Su madre se levantó para abrazarle, y todo el mundo empezó a salir de la sala. Pero, dentro de él, todo se había detenido.

Libre. Libre de todos los cargos. "Esto no es lo que merecías." Se puso de pie, clavó la vista en la pared y se dejó abrazar por su madre. Sus hombros se relajaron y se dio cuenta de lo tenso que había estado.

De repente, sintió que alguien se le acercaba por detrás.

-Esto es tuyo – dijo la voz de Potter. Se giró torpemente y bajó la vista para ver lo que el chico le estaba tendiendo.

Era su varita.

-Gracias – dijo, un poco confuso. Él se habría quedado la varita de Potter si la situación hubiera sido la opuesta.

-Ahora la varita me es fiel a mí, así que no sé si te funcionará bien. Tal vez dártela haga cambiar su lealtad otra vez.

Sin volver a dirigirle la palabra, Potter se giró, entrelazó su brazo con el de Granger y se fue. Probablemente para volver a su casa.

Y Draco también. Él también iba a volver a casa.