Se venía la temporada de exámenes para mí, unos días del señor Albert se convirtieron en unas semanas, a lo que yo definí como el mejor compañero que había tenido jamás, a pesar de que nos veíamos de a ratos fueron las semanas más increíbles desde que "alguien" cocinaba para mí, aunque suene egoísta yo cumplí con mi parte del trato y no le avise al señor Johnson, lo que me extrañaba era que nadie más en el edificio le dijera, en varias ocasiones lo sorprendí de lejos con algunos de mis abuelos vecinos charlando de forma muy familiar, hasta Milton le daba uno de esos abrazos largos que se dan con infinito cariño, me pregunté cuánto tiempo había pasado allí viviendo antes si todos ellos eran mayores, hasta él parecía del club cuando se reunían todos, deje de darle vueltas a las razones que tendría para esconderse me encogí de hombros y no pensé más en ello mi mente estaba ocupada en totalidad, además era divertido, los días en los que hacíamos la limpieza eran los mejores, no había mucho que hacer porque el señor obsesivo mantenía todo en orden era yo el desastre, así que podíamos pasear en el parque, hablar por horas, reír, contar historias y finalmente sólo hacernos compañía mientras nuestros pensamientos revoloteaban en las miles de cosas por hacer, él se conectaba con su laptop en un mundo de números y yo pensaba lo cómodo que era su trabajo mientras leía y transcribía algún ensayo, era relajante trabajar al aire libre. Buscaba su consejo muchas veces en las que necesitaba una segunda opinión sobre mis actos y él siempre daba con la mejor respuesta, después de escucharlo hablar sabía qué hacer, no me imponía su opinión sólo abría opciones para que escogiera la que creía conveniente. Dos veces lo acompañe de compras y fue una fiesta, no dejaba que pagara ni que llevara chatarra, aunque al final le suplicaba y terminaba por sonreírme y acceder. Hubo días en los que iba por mí a la universidad cuando se hacía muy tarde, estaba acostumbrada, pero él decía que no podía imaginarme caminando sola por la calle a oscuras expuesta a todos los peligros y prefería ir por mi o me esperaba en algún sitio para volver juntos al Magnolia en tren. Los días en que pasé enterrada en libros estuvo al pendiente de mi, si comía, si estaba agotada, por las mañanas me servía jugos de frutas con combinaciones que no quería preguntar qué al final sabían bien además me mantenían con energía, él nutriciónista del hospital estaría feliz con él de asistente. Una vez nos propusimos ver una película, dispusimos todo como un cine en el salón, con palomitas de maíz y mi chatarra favorita, nuestros ratos libres desde hacía rato que los pasábamos juntos, está demás decir que era como un premio para mí por haber superado exitosamente las pruebas, aquella película no era tan mala, de hecho era muy popular, pero a mitad de ella me quede dormida apoyada sobre su hombro, lo siguiente que supe era que al despertar tenía una manta, seguía sobre su hombro y él también se había dormido sentado a mi lado, me acurruqué de nuevo con una sonrisa y cerré los ojos no quería despertarlo, fue gracioso porque nos reímos por días de aquello. Me parecía que el señor no tenía familia y yo dejé de frecuentar a todos, incluyendo a Gis para estar con él, no es que me lo pidiera nunca, lo prefería, no querría estar en otro lugar ni con otras personas, nos convertimos en un equipo y no lo habíamos planeado así, nada de aquello era planeado, pero me hacía bastante feliz, aquella paz, su compañía.

El señor Albert me envió un mensaje de texto como si estuviese espiando mis pensamientos advirtiéndome de no comer ningún refrito y que cenaríamos a las ocho, y yo que soñaba con romper la dieta sana, ya conocía hasta mi horario, no me sentía asfixiada de hecho me hacía tanto bien que llegue a creer que al fin alguien más se preocupaba realmente por mi, que existía como persona además de sentir como si la extensión de la Hermana María estuviera en casa, si, estaba rindiendo mejor y había ganado algunos gramos, cocinaba muy bien y yo era feliz de que lo hiciera, amaba comer más no cocinar a pesar de que varias veces fui su sucheff y no lo hacía nada mal. Aquel día era único, mi cumpleaños número 24, todos me habían felicitado durante el día, en el hospital el área de enfermeras me regaló un delicioso pastel y el señor Albert había hecho algo especial para mí, pensé que no estaba tan sola después de todo, entré feliz al Magnolia esperando verlo, pero cuando mire alrededor no estaba, fruncí el ceño y me acerqué a el refrigerador en donde había una nota con mi nombre

- No comas nada hasta que llegue – con una carita feliz

Al girarme la mesa estaba adornada y servida con platillos que se veían estupendos dispuestos en un precioso mantel y flores blancas en el centro, me acerqué como anonadada y las toque con ternura, eran preciosas de pétalos redondos y un amarillo intenso en el centro, había vino blanco enfriándose, me hizo sonreir ampliamente, era completamente emocionante, si debía tener alguna referencia parecía como antaño en Navidad en el hogar, pero para dos, me pregunté por un segundo si así se sentiría tener un hogar propio, jamás nadie había hecho algo así por mi, solo para mí, quizá él habría tenido un hogar, una esposa, padres, hermanos, quizá era diestro en estas cosas, muchas veces vi la añoranza en sus ojos, aunque jamás me atreví a preguntar, llegamos a ser muy buenos amigos y podíamos hablar de todo, todo menos del pasado, él no me contaba y decidí que tampoco lo haría, no fue algo acordado estaba entre líneas, para nosotros dejaban de existir los problemas más allá mientras estábamos riendo juntos, estaba muy consciente de que llenábamos el vacío de nuestra pequeña soledad, era como refugiarnos en un mundo más tranquilo y aparte, el Magnolia ahora era un refugio con compañía y algo frágil de tiempo contado que no queríamos romper con los problemas externos.

¿No comer hasta que llegue?, Como si pudiera hacerlo, aunque me moría por probar todo lo que había en la mesa, de hecho tomé una lechuga, no pasaron ni dos minutos cuando se abrió la puerta aunque no por completo y se asomó un osito marrón, sonreí, y él con una voz infantil movía al osito deseándole un feliz cumpleaños a la enfermera más enojona que ha conocido, en palabras generales me encantó, me pareció tan tierno que hiciera payasadas como esas que en mi rostro se dibujó una enorme sonrisa, luego abrió la puerta y sentí como mi sonrisa poco a poco se desvaneció, se acercó a mí, me entrego el osito inclinándose para darme un beso en la frente y un abrazo que sentí de pronto como si uniera partes rotas en mi corazón, la primera vez que estuvo tan cerca en todo ese tiempo, disfrute por un minuto de esa sensación luego dijo algo que no entendí, mi cara debía de ser un enorme signo de interrogación porque me aclaró que había dicho en mi idioma "Feliz Cumpleaños pequeña" no le pregunté qué idioma era el que profería tantas veces aunque supuse que era Ruso igual no entendería palabra, no le quitaba la vista de encima, pensé, ¿qué demonios ha pasado con su barba? O creo que lo dije en voz alta porque rió

- ¿Quién eres y qué has hecho con el señor Albert? – pregunté totalmente en serio con los ojos de par en par

- Quería quitarme lo de señor, la señora Denisse esta sorda, pero no me reconoció de nada eso era bastante alarmante, ¡que te parece!, ¿ahora puedes llamarme solo Albert? – me miro entrecerrando los ojos

- Puedo llamarte muñeco y sacarte de paseo – eso sólo pasó por mi mente ni loca le diría algo así, ¿además por qué estaba pensando algo así?, me aclare la garganta –¡vaya cambio!, si me apareces así en la calle de pronto me quedaría sin palabras, quiero decir que le daría la razón a la señora Denisse no te reconocería

- A ti no te aparecería de pronto es un peligro para mi integridad física, ¿comemos antes de que se enfríe? Estas pálida y ya comiste una lechuga

- Sacudí mi cabeza para que reaccionaran mis pensamientos mas inteligentes y me senté frente a él sin dejar de mirarlo - ¿Como quiere que esté señor? si hasta ayer para mí era un abuelo barbudo y extraño, hoy podrías ser mi… Hermano – y fue la primera palabra estúpida que se me ocurrió no podía pensar de ninguna forma inteligente con esa sonrisa frente a mi

- Un Abuelo? – su risa inundó el espacio, me encantaba que riera así – si, puede que aún conserve lo de abuelo además me parece mejor tu idea, ¿puedes presentarme alguna linda enfermera del hospital hermanita?

Y eso no me apeteció para nada, en mi mente había una batalla extraña por definir este cambio drástico, ¿con quien en realidad había estado compartiendo todo este tiempo?, yo decidí que era un señor por respeto, por mantener la distancia frente a alguien del que no conocía nada, pero pensándolo con frialdad su manera de ser era siempre muy jovial, me sentía cómoda pasando el tiempo con él, me convencí de que era un abuelo por no ver lo que realmente era y terminará por… Resoplé audiblemente y también decidí en ese mismo instante que lo de hermanita no me convencía, así que opté por sacarle la lengua de forma infantil a su sarcasmo

- ¿Qué edad tienes… Albert? – lo miré con el ceño fruncido y una ceja levantada en advertencia, para que no mintiera o sacara algún otro tema, lo cual hizo preguntándome por la mía – sabes que 24 te lo dije

- ¡Ya no soy señor! – junto las manos en una cómica representación de oración – Amen

- ¿¡Por favor!? – y fue una súplica él no paraba de sonreír al parecer era chistosa mi reacción o mi cara, quizá ambas, era un libro abierto

- Ya crucé los 30 – tomo un bocado y me guiñó el ojo lo que me dejo sin pensamientos – hace pocos años – ¡y allí está! el toque mágico para dejar como siempre la información a medias, no tenía remedio así que puse los ojos en blanco y me reí

- No puedes por nada del mundo ser mi abuelo, ni mi hermano tengo los suficientes en América como para agregar otro – me excusé – y no te gustarían mis compañeras, ahora que has rejuvenecido mágicamente no podrás acompañarme al hospital, te lo prohibo Albert – lo señalé con el cubierto sin poder evitar reprimir una sonrisa divertida y rió sin más comentarios

Comimos entre conversaciones del día y yo me concentré en mi comida, necesitaba sacarme una foto suya para poder detallarlo sin que tratara de buscar respuestas a unas preguntas que no quería formular. Sentía que tenía a otra persona enfrente, pero cuando lo miraba volvía a tener a el señor Albert, mejor se hubiese quedado barbudo. Al rato conversábamos al fin entre risas como siempre, le contaba cómo fue mi décimo cumpleaños y como me había ganado una cicatriz en mi rodilla que hizo que quisiera ser enfermera, ese día no solo yo había salido herida de la travesura, también algunos de mis hermanitos del hogar, trepar tan alto ese árbol no era una profesión de ayuda, le mostré la prueba del delito de resbalar por la colina y la delineó como si quisiera borrarla, lento y con cariño, fue un momento que quise detener en el tiempo y quizá lo logré por unos segundos hasta que mi laptop sonó con una vídeo llamada entrante, salte como resorte porqué sabía que eran mis madres y abrí de inmediato con una sonrisa, las felicitaciones se hicieron sentir en todos los rincones con los niños incluidos, me hizo muy feliz, las salude con tanta euforia que cuando preguntaron cómo estuvo mi día preferí mostrarles a el antiguo señor Albert de quien les había hablado, pero nunca presentado, a él no se le notó en nada la sorpresa y saludo a la pantalla diciendo que era un placer conocerlas al fin con su sonrisa habitual, jamás había visto sonrojarse a la hermana María, pero los pixeles y la distancia no me privaron de esto, les conté de la cena y de mi osito marrón mientras Albert les aseguraba que me cuidaba con una formalidad increíble, era tarde noche y se despidió de las tres disculpándose, de mí con otro beso de cumpleaños en mi frente que ya me estaba gustando, tenía que madrugar por sus "negocios" los que no sabía exactamente que eran. Después del cumpleaños general me preguntaron quién era y sin pensar mucho les respondí "sólo Albert ya se los dije vive conmigo" después de decirlo sonó bastante comprometedor, la señorita Pony se llevó a los niños a la cama y la hermana María se encerró en la dirección con una cara que conocía muy bien, iba a reprenderme a forma de consejo

- Bueno… No conmigo, quiero decir, aquí…. Justo a mi lado… No en mi cama.. -chasquee la lengua

Una mala situación y no hacía más que empeorarla no podía contarles la verdad, les parecería sospechoso y llamarían al señor Johnson acabando con la estadía de mi huésped ya poco menos secreto, suspiré profundo tratando de idear un plan con la cual librarme pero la hermana se acercó demasiado a la pantalla

- Candice, necesito que me expliques como es que vives con un hombre que apenas conocemos y es tan… Joven, creí entender que era el señor dueño del lugar que se quedaría unos días, imagine un anciano – no sé si era retórica porque no me dejo responder cuando comenzó a formular más preguntas – ¿además cuando lo conociste?, ¿hace cuánto están saliendo?, y quiero que me digas si va en serio, ¿tus estudios como quedan en esto?, y por lo que más quieras ya tuvimos esta conversación debes cuidarte, ¿el señor Johnson está al tanto?

- Hermana María no estamos saliendo vive aquí, pero duerme en otra habitación yo… nunca dije que era un anciano

- ¿Estas mintiéndome Señorita?, le llamabas señor Albert, Candice es un pecado terrible, debes de estar enamorada de él, no es un jovencito que digamos, pero es un muchacho guapo y tú no eres más una niña, esta vez debe ser en serio para vivir con él, parece que llevarán años conociéndose - se puso una mano en la cien y negó con la cabeza, imaginé que rezaría por mi esa noche con más ahínco - sé que ya eres mayor y sabes lo que haces, pero siempre vamos a velar por ti y tanto Pony como yo queremos tu felicidad si está a su lado lo entenderemos aunque no compartamos estas idas modernas de vivir como un matrimonio sin casarse, ante Dios es un pecado

- ¿Qué podía decirle? La única cosa que encajaría sin perjudicar a nadie, la señorita Pony se sentó a su lado mirándome sin palabras, bajé la voz y susurré al micrófono una excusa – se preocupa por mí, y saben bien que se cuidarme solo diré que lo he llegado a querer mucho, adoro que esté aquí conmigo, me hace sentir protegida, no se, más feliz – puse los ojos en blanco mentalmente tragando esas palabras que para ser honesta salieron de corazón y aunque no quedaron del todo tranquilas se conformaron bastante con la respuesta porque no preguntaron nada más, o eso creía

Cuando me fui a dormir realmente no dormía miraba el techo preguntándome cuando me había enredado tanto, "vivir como un matrimonio…", no vivíamos así, no quería que llamaran por buscar más respuestas al señor Johnson, la hermana María me dio la sensación que quedo en veremos pero la señorita Pony es más severa en ese aspecto, no había dicho mentiras, Albert se había convertido en un amigo especial, el mejor que jamás haya tenido, me escuchaba y me ayudaba además de acompañarme, no vivíamos como un matrimonio, miré al techo con el ceño fruncido y me cruce de brazos, ante la idea empecé a plantearme una imagen general de cómo podría verse desde otra perspectiva… pensé en como lo verían las personas que sabían lo mismo que mis madres, en el edificio Milton y la señora Denisse no lo verían de aquel modo, ¿o si?, las imágenes de ellos sonriéndome más que antes y guiñándome un ojo de vez en cuando no me parecieron extrañas hasta ese momento, nunca dije nada en el hospital, ni mi entorno lo sabía, mucho menos Gis, no le conté a nadie del señor Albert aunque su única petición había sido no decirle a el señor Jhonson, ¿por qué no lo había hecho?, en el fondo tenía una vaga idea, cuando estábamos los dos en el parque, no andábamos de manos ni muy juntos, pero las personas podrían vernos como una pareja, quizá nos veíamos así cuando me ponía su chaqueta o iba por mí a la universidad, o cuando me enganchaba a su brazo en el tres y cansada me recostaba en su hombro y es que en que lógica estaba escrita que un hombre y una mujer podían vivir sólos, juntos, sin ser familia y no ser algo más, era una completa despistada, si pensaban que entre nosotros había algo… Si era así.. Además él no me veía de otra forma que no fuera como una… Hermanita a la que debía cuidar, como si fuera una niña que necesitara de un padre, frunci en ceño y me giré con molestia, ¿y como lo veía yo? ¿Si Albert y yo viviéramos realmente así sin darnos cuenta?... Entonces… como práctica era una horrible pareja, y sería una esposa terrible, reí por ello, la hermana se equivocaba y arreglarlo con ellas sería sencillo, cuando se marchara les diría que todo acabó, los demás que también tenían esas ideas lo asumirían con el tiempo, entonces pensé, cuando él se marchara estaría sola otra vez, no quería que se fuera, ya no, quizá hace semanas pero justo en este momento no, me había hecho a la idea de que estaba allí, no me importaba qué pensara la gente y asumiría mi culpa frente al señor Johnson con tal de que se quedara, adoraba llegar y que me sonriera preguntándome sobre mi día, que comiéramos juntos, mirarlo leer en el sofá o simplemente leer sus notas sobre el refrigerador, me gire hacia la pared que dividía nuestras habitaciones y suspiré, me hacía sentir… acompañada.


Feliz inicio de semana, esta tratare de subir mas capitulos... supongo que la confusion es mas que normales, muy ironico, jajajaja. Abrazos a todas