Capítulo 4:
-Quiero vomitar – reclamó por enésima vez la chica entre mis brazos.
-Podrías callarte – le pedí en un susurro. Habían guardias y cámaras de seguridad custodiando todo el recinto. – Nos van a descubrir.
-Te voy a vomitar encima – amenazó seria.
Puse los ojos y la bajé sin ningún tipo de cuidado. Me fulminó con la mirada y se puso de pie con gran dificultad.
-Eres un bruto – mascullo entre dientes. Le sonreí con arrogancia, pero mi sonrisa se desapareció en cuanto vi que inclinaba la cabeza hacia el suelo.
-Dios – protestó antes de comenzar a vomitar.
Suspire pesadamente, en que diablos me había metido, nadie me había obligado a sacarla de la fiesta, sólo mi maldito orgullo.
Me acerque ayudarla, le sostuve el cabello y frote su espalda mientras ella continuaba expulsándolo todo.
-Lo siento – se disculpó una vez que dejo de vomitar.
-No hay problemas – dije sosteniéndola antes de que fuera a desplomarse en el suelo.
-Estoy mareada – continuó ella quejándose. – Siento que todo me da vueltas.
-¿Quieres seguir vomitando? – pregunté comenzando a preocuparme.
Ella me miró con ojos cristalinos y negó con la cabeza. Maldita sea, se veía adorable.
Se estremeció y la atraje hacia mi cuerpo, estaba congelada. No sé cuanto tiempo estuvimos así, simplemente abrazados. Podía sentir sus curvas amoldarse a la perfección con mi cuerpo, éramos como dos piezas de un rompecabezas.
-Te estoy abrazando y me has visto vomitar ¿Cuál es tu nombre? – preguntó trayéndome de nuevo a la realidad.
-Emmett, me llamo Emmett McCarty – contesté. – ¿Y tú eres? – me aparté un poco para verle la cara.
-Rosalie Hale...
...
Los ronquidos de alguien a mi lado me despertaron, abrí los ojos de golpe pero tuve que volver a cerrarlos por culpa d el maldito dolor de cabeza. Aquí es cuando se supone que prometo nunca más volver a beber, pero sé que no lo cumplire así que mejor lo olvido y me aguanto calladita.
La persona a mi lado me apegó aún más a su cuerpo, rodeando mi cintura con sus brazos.
Mierda, mierda, mierda...
Me maldije por estúpida.
Por favor que este vestida, supliqué mentalmente cuándo volví abrir los ojos.
Y sí... estaba vestida. Pero había un pequeño problema, la ropa no era mía.
Intenté apartarme de mi captor de una manera muy poco sutil, pero no logre nada salvo despertarlo. El muy imbécil me sonrió antes de rodar y quedar sobre mí. Cabe destacar que nos encontrábamos en una posición muy comprometedora, mis piernas a cada lado de su cintura y su miembro erecto entre mis piernas...
Sentí mis mejillas enrojecer, esto era sin duda lo más vergonzoso que alguna vez me había sucedido. Y lo peor de todo era que el muy infeliz tenía esa maldita sonrisa de hoyuelos estampada en su sexy rostro.
-Podrías quitarte – le pedí intentando sonar calmada.
-¿Porqué? – preguntó viéndome a los ojos. – Yo estoy cómodo – se inclinó hacia delante y su miembro presionó mi centro.
-¡Dios! – gemí cerrando los ojos ante la deliciosa sensación. Nunca había sentido algo igual, y eso me asustaba...
-¿Te gusta? – lo oí preguntar al cabo de un rato.
Me mordí los labios y asentí con los ojos aun cerrados. No quería ver la expresión de su rostro cuándo notara que no tenía experiencia.
-Rosalie – insistió.
-Se siente... Bien – contesté sin aliento.
Repitió el movimiento una vez y luego otra...
-Abre los ojos – demandó arremetiendo con más fuerza, no pude evitar gritar e ir a su encuentro arqueando la espalda...
Ya para cuando abrí los ojos, él tenía el ceño fruncido y apretaba la mandíbula, claramente conteniéndose.
-Rosalie, yo... – comenzó a decir con voz ronca y quebradiza, tuvo que tragar con fuerza para poder continuar. – Debo... Debo besarte.
Le sonreí antes de inclinarme hacia delante y besarlo, jugué con su lengua y reclamé su ardiente boca. Emmett aceptó mis besos y me los devolvió al mismo tiempo en que ambos movíamos las caderas para ir al encuentro del otro.
-Emmett – gemí su nombre con agonía. Esto se sentía tan condenadamente bien, que aún era perdonable. No haríamos más que esto, y gracias al cielo que todavía estábamos vestidos.
-Eres como una gatita – comentó él agarrando con fuerza mi trasero, extendiendo las palmas alrededor de éste. Le sonreí coqueta y jalee su cabello para atraerlo de vuelta a mí.
-¡Emmett! – llamaron tras la puerta. – ¿Estás ahí, Emmett?
Milagrosamente nos detuvimos, respirábamos agitados y podía sentir mis labios hinchados por los besos.
-¡Emmett! – insistieron. – ¡Abre la maldita puerta!
Mi acompañante maldijo entre dientes y fue a ver quién era.
-¿Qué quieres Edward? – gruñó molesto a la persona que se atrevía a molestarnos.
-¿Con quién estás? – preguntó alguien con humor.
Emmett bufo cabreado.
-Largó de aquí.
No le hicieron caso, entraron a la habitación sin ser invitados y se quedaron observándome.
-Hola Rosalie – saludó Jasper con una sonrisa.
Iba a responder, pero el ruido del portazo que dio Emmett al cerrar la puerta, me lo impidió.
-¿Se conocen? – quiso saber el chico de cabello cobrizo que reconocí por la primera voz.
-Claro – contestó Jasper. – ¿Conoces a Emmett, Rosalie?
-Estoy en su cuarto – respondí dándome de hombros ante lo obvio de su pregunta.
Emmett se aclaró la garganta desviando nuestra atención.
-¿Entonces qué querían? – les preguntó a sus amigos.
-Debo confesar que estaba preocupado – contestó el cobrizo pasándose las manos por el cabello.
-No te pongas marica, Edward – lo molestó Emmett.
El cobrizo puso los ojos y continuó su relato.
-Anoche desapareciste de la fiesta, no fuiste a desayunar y te perdiste dos clases. Ahora entiendo porque – dijo lo último mirándome, obviamente creía que su amigo y yo habíamos tenido sexo.
-No es lo que parece – intenté justificarme. No quería quedar como una zorra frente a ellos, eso arruinaría mi reputación.
Una cosa es hacerles creer a todos que soy una zorra, pero otra muy distinta es serlo. Y hasta ahora siempre me he sentido orgullosa de no serlo.
Emmett alzó una ceja y se cruzó de brazos, esperando a que continuara.
-Yo... – me aclaré la garganta. – Debo irme.
-Fue un gusto conocerte, Rosalie – dijo el amigo de Emmett cuando pase junto a ellos.
El fortachón de Emmett lo golpeó fuertemente en la cabeza y el muchacho le devolvió el golpe.
Ahora todos creerían que habíamos tenido sexo, y no podría hacer nada por desmentirlo, suficiente prueba era estar aquí en su cuarto y con su ropa.
Felicidades Rosalie... Eres oficialmente una zorra.
-Soy Edward – gritó el cobrizo antes de que cerrara la puerta.
...
-Hola cariño – susurró alguien en mi oído.
Puse los ojos en blanco y me volteé a verlo.
-¿Porque esa cara? – me interrogó.
-Es la única que tengo – contesté irónica.
-Auch – se burló. – Estás con un humor de perros.
Preferí ignorarlo y continúe eligiendo mi comida. Peter no insistió en molestarme y se lo agradecí en silencio.
Me dirigí a mi mesa cuando de repente:
-¡Rose! – me llamó Alice Cullen desde su mesa.
-¿Y ésta que quiere? – preguntó Peter a mi lado, me encogí de hombros.
-Ven a sentarte con nosotros – insistió la pixie sonriendo.
Trague duro al notar por quiénes estaba acompañada.
-Me sentaré con Peter – utilicé a mi mejor amigo como escusa para no ir junto a ellos.
-Vamos, Rosalie – intervino Edward viéndome con diversión. – Peter puede venir también ¿Verdad, Emmett?
El grandullón se encogió de hombros indiferente. Imbécil...
No sé porque ni cómo llegué hasta su mesa. Sólo sabía que tenía que asesinar a Edward, el muy bastardo me quería humillar frente a sus amigos, y a un Hale nadie lo humilla.
-No te vi en clases hoy – comentó Leah comiendo como un animal.
-Me sentía mal está mañana – respondí como si nada.
-Que extraño – dijo Edward. – Emmett tampoco fue a clases esta mañana.
-Vuelve abrir la maldita boca y te arranco los dientes – amenazó Hulk a su amigo.
-Hey – intervino la Pixie viéndolos feo a los dos.
Emmett bufo mientras que Edward sonreía con suficiencia.
Al parecer ya éramos dos los que querían matar al cobrizo.
-¿Dónde estuvieron ustedes dos anoche? – nos preguntó a Emmett y a mí con seriedad Alice.
Vaya la chica no se andaba con rodeos, iba directo al grano.
-Follando – respondió con total naturalidad Emmett, y luego tuvo el descaro de preguntarme. – ¿Verdad, gatita?
Quise morirme en ese preciso instante, mis mejillas ardían como el mismísimo infierno. Cómo mierda dice eso frente a todos, frente a Peter... Podía lidiar con cualquier cosa, menos con esto.
-¿Te ha comido la lengua el gato, Rosalie? – preguntó Edward con burla al ver que yo no contestaba.
-O Emmett – agregó Alice con una risa.
Fulmine a Emmett con la mirada, y él me sonrió con descaro. Me las va a pagar, juro que me las pagará.
...
Siglos y siglos sin actualizar ésta historia, les pido disculpas. Ojalá les guste el capítulo ya que pronto se viene más... Besos, nos leemos pronto :)
