LA LUNA EN EL ORÁCULO

4. En donde Remus trata de dominar al lobo y Peter hace un trato muy ventajoso

Remus sube lentamente, con desánimo evidente, las conocidas escaleras de piedra que conducen a los dormitorios. Se ha olvidado los apuntes de Transformaciones y los necesita para un trabajo que tiene que entregar al día siguiente. Resopla molesto. Normalmente esas cosas no le pasan, él es muy responsable y eso, unido a su inseguridad innata, le hace repasar la libreta marrón donde va anotando todos los deberes que tiene que hacer, cuándo los debe entregar y todo lo que necesita para hacerlos. Dos veces, todos los días, antes de bajar a la Biblioteca. Sin excepción.

Pero lleva unos días algo despistado, demasiado. No es capaz de concentrarse por culpa de Sirius y eso le avergüenza. A veces hasta se enfada un poco, lo cual es mucho si se tiene en cuenta que, cuando el lobo no lo domina, su carácter es de lo más pacífico. Los otros Merodeadores hacen bromas muy tontas con respecto a ser lobo en piel de cordero. Eso también le resulta muy vergonzoso y sería hasta molesto si no fuera porque se recuerda a sí mismo que, gracias a Morgana, hacen bromas en lugar de huir de él aterrados.

Ayer rompió con furia un pergamino porque no era capaz de hacer un simple resumen. Sus amigos le miraron preocupado, pero se excusó diciendo que este mes la Luna le estaba afectando demasiado pronto. Alegó algo respecto a su cercanía a la Tierra, conjunciones planetarias o la dirección del viento, lo primero que se le ocurrió. Les pareció raro, sobretodo a Sirius, pero cuando Remus dice algo, suele ser verdad, así que no se le cuestiona, por más extraño que parezca.

Desde el famoso día de la predicción del I-ching, Padfoot parece otro y eso inevitablemente afecta a Moony. Se siente abandonado. Puede que Sirius no tenga la misma relación con él que con James, pero no por eso son menos amigos. Es sólo que es…distinto. Sin embargo, en estos días Sirius ha estado distante con Remus. También se ha aislado de los demás, pero no por eso le afecta menos. Lo que más echa de menos son esos detallitos que tanto le gustan, aunque diga que son ridículos. Como traerle chocolate, revolverle el pelo o simplemente mirarle fijamente mientras le sonríe sin razón aparente. Dos días sin ellos le han hecho recordar cuánto necesita sentirse así de mimado. Normalmente se queja de lo sobre protector que es con él, pero es mucho peor que le ignore. Mucho, mucho peor, sobretodo si sólo puede suponer a qué se debe sin ser capaz de preguntárselo directamente.

James no ha parado de preguntarle por la misteriosa chica de la luna llena y Sirius calla, pero Remus sabe perfectamente a quién se refiere: Selene Stidolph. El mismo día de la clase de Adivinación, Sirius le pidió a Lily que se la presentara. Mucha coincidencia teniendo en cuenta que ella no es precisamente su tipo: una chica lista, físicamente del montón. Aún no se han encontrado más que cuando Lily los presentó, ayer mismo. Eso lo sabe porque cada vez que Sirius desaparece consulta el Mapa del Merodeador para ver dónde se encuentra. No es algo de lo que se enorgullezca, pero trata de acallar su conciencia pensando que lo hace para comprobar que no se mete en ningún lío. Lo hace desde hace unos meses, sin embargo en estos días consulta el mapa casi compulsivamente, siempre con remordimientos, pero incapaz de dejar de hacerlo.

Le preocupa que se esté dejando llevar por la curiosidad, fuerce las circunstancias y acabe saliendo con Stidolph. Padfoot no tiene novias, sólo amigas, bastantes amigas, con las que se divierte. Pero Stidolph no es de esas: si lo intenta con ella tendrá que ser algo serio. Remus está convencido de que por eso no se ha acercado a ella directamente, como hace con todas, sino que ha pedido la mediación de Lily. Las cosas pueden cambiar y eso no le gusta nada. De hecho tiene una sensación de angustia que no se le calma ni con el chocolate, que normalmente es una medicina infalible para casi todo. El aire le huele a tragedia.

Abre la puerta del dormitorio y se encuentra a Padfoot y Prongs en el suelo mirando algo con atención y discutiendo. No se han dado cuenta de que ha entrado. James parece exasperado, el rostro marcado por la incomprensión, y se revuelve el pelo una y otra vez. Se queda observando en silencio la escena.

Los dos parecen hermanos, todo el mundo los ve como hermanos y ellos se sienten hermanos. Así que lo son, por mucho que su sangre no sea la misma, y Remus sabe que por eso nunca se ha sentido desplazado por esa relación. Es algo tan diferente y profundo que, aunque en ocasiones tenga que estar en un segundo plano para ambos, de algún modo se siente feliz de que estén tan unidos.

—¡Pero si ha salido! —Sirius alza los brazos y los agita como si con ello pudiera dar más validez a sus palabras.

—Padfoot, esto es una tirada gitana, hemos lanzado todos, todos los arcanos mayores ¡lo raro sería que no hubiera salido! —Se quita las gafas para frotarse los ojos, como si le estuviera entrando dolor de cabeza.

—Es la conclusión y yo he hecho una pregunta muy concreta. —Su entrecejo se arruga en un gesto de obstinación muy característico de la familia Black. Remus cree que si se viera en esos momentos en un espejo se pegaría un puñetazo.

—¿Concreta? "¿Eso que pienso es lo que es?" ¿Te parece una pregunta concreta?

—Esto no es una coincidencia —dice inamovible como una montaña.

—Es la conclusión ¡hay que interpretarla! Mira, aquí dice claramente que significa mil cosas: preocupación, peligro, secretos, engaño… —Alza el libro abierto a la altura de los ojos grises—. ¡Al derecho o al revés esta carta indica más bien que lo que crees no es lo que es! —Vuelve a poner el libro sobre su regazo y lo mira con cansancio—. O algo así. También podría ser que alguien te esté manipulando, o que otra persona crea lo que no es.

—¡Qué no! Esta carta está aquí porque esto es lo que creo que es. Este arcano representa…

—Soy el primero que te anima a buscar a una chica nueva para hacer cosas bajo la luna llena, como te dijo la Profesora Adams, más que nada porque llevas tiempo sin salir con nadie y eso en ti es preocupante. Pero creo que nadie mejor que tú mismo sabe si te gusta lo suficiente esa chica o no. Ver señales por todas partes es una tontería. —James se tumba boca arriba con los brazos tapándose la cara, desesperado y rendido, aunque no deja de hablar.

Sirius sostiene la carta de la discordia con la mano derecha: el arcano de la Luna. La mira con atención un rato, mientras ignora el discurso de James, que continua para él como un incómodo ruido de fondo. Se pierde en ella, con la mente casi en blanco. El decimoctavo arcano presenta los rasgos clásicos del tarot de Marsella, no en vano la baraja está hecha por la prestigiosa casa Grimaud. Todo se centra en una luna de cara humana: los dos perros le ladran, el cangrejo la mira, las gotas parten hacia ella. Remus no sabe que en esos momentos Sirius piensa que él mismo podría ser un personaje de esa carta, uno de los dos perros cuya única fijación es el lejano satélite. Su vida está siendo absorbida por la luna.

De pronto, como si algo lo hubiera llamado, el animago alza la vista para encontrarse con la mirada dorada de Remus. El licántropo se sobresalta al saberse descubierto. No está haciendo nada malo, pero siente como si hubiera sido pillado en falta. Por un segundo le parece que Sirius está entre sorprendido y avergonzado. Pero acto seguido, tira la carta como si le quemara y le mira con una expresión severa. Sus ojos dan miedo.

— ¿Se puede saber qué haces espiándonos? —Frío, enfadado, seco.

Remus y James se sobresaltan. Prongs parece incapaz de creerse la reacción exagerada de su amigo. Gira su mirada hacia el castaño a la vez que se incorpora, algo preocupado por la reacción que pueda tener: puede hundirse o entrar en cólera. La luna es muy caprichosa con él y por algunas reacciones suyas de los últimos días sabe que hoy Remus puede ser peligroso si se enfada. Sin embargo, Moony se ve dolido y algo asustado.

—Venía por unos apuntes —balbucea antes de salir de la habitación con rapidez sin preocuparse por cerrar la puerta.

Nunca, jamás, Sirius le había hablado así, menos aún sin tener motivos. Se detiene a mitad de las escaleras y se apoya en la pared con gesto abatido. Lo sabía, estaba cambiando por culpa de la estúpida predicción de una profesora que de seguro es un fraude. Los pensamientos se encadenan, uno lleva a otro y pronto la congoja deja paso a la ira.

El plenilunio está demasiado cerca y nota al lobo dentro, revolviéndose, pidiendo salir, aunque sea un momento, para romper cosas, morder, arañarse… lo que sea. Ha de hacer algo para controlar esa vorágine de emociones que amenaza con dominarle. Necesita retener a ese lobo fortalecido por la proximidad de la luna y lo único que puede permitirse hacer para ello es agotarle agotándose. Agradece llevar puesta ropa muggle lo suficientemente cómoda para lo que tiene en mente.

Por fortuna, el Director en su día fue lo suficientemente previsor como para darle un permiso especial para salir del castillo a cualquier hora para controlar sus ataques de nervios. Así que se dirige hacia la salida con paso rápido y grandes zancadas gracias a sus largas piernas, paso que va acelerándose a medida que va cruzando por pasillos, salas y patios, hasta que, cuando divisa el majestuoso arco de piedra que cobija la puerta lateral del castillo, empieza a correr.

Ha llovido. Sus botines se clavan en el barro, resbalan en la hierba, se hunden en los charcos. Choca de cuando en cuando con algún árbol, tropieza una y otra vez y aún así su desesperada carrera no cesa. Grita aullando. Desearía poder correr a cuatro patas, lo necesita, se siente torpe con ese frágil cuerpo que no acompaña a la fuerza que le está quemando por dentro.

Las criaturas del Bosque Prohibido han olido a la bestia en él y no se interponen en su camino. Es uno más entre todos ellos. Los centauros vigilan de lejos asegurándose de que no se acerca a sus dominios, pero ellos rechazan al mago, no al lobo. "Teme a los humanos sobre todos los animales" les repiten desde antaño a sus potrillos.

La carrera desesperada acaba cuando cae de bruces y se queda tendido en el suelo, con las uñas clavadas en la fría y húmeda tierra. Apenas puede moverse, pero la mente la tiene clara, el lobo se ha dormido satisfecho, al menos hasta dentro de unos días. Y en medio de aquello, se le ocurre algo, una idea que seguramente le avergonzará más tarde, pero que en ese momento le parece perfecta. Pero antes, debe descubrir el modo de regresar al colegio cuando está tan cansado que hasta respirar le cuesta.

.

La mayoría de los alumnos ya se han ido a dormir cuando, por fin, Remus regresa al castillo. En la Sala Común sólo hay uno, un merodeador; está sentado en la mesa más cercana a la chimenea. Wormtail se afana en tratar de terminar un trabajo para Astronomía, cosa que le parece imposible. Si alguno de sus amigos le hubiera ayudado, hacía horas que hubiera acabado, pero James y Sirius no estaban de humor ni para hablarle y Remus no se ha presentado a la cena.

No cree que haya nada de qué preocuparse, el licántropo sabe cuidarse bien. Más problemas va a tener él si no termina los malditos trabajos a tiempo. Este curso le está costando mucho, ojalá le fuera tan fácil como a los otros tres. Es el único Merodeador al que no se le dan bien los estudios, aunque también es cierto que se diferencia de los otros en muchas cosas. Es muy consciente de que de no haber tenido la suerte de caer en su curso y Casa, hubiera sido una victima habitual de los Merodeadores, así que está muy agradecido a su buena estrella. Se siente afortunado de saberse amigo de ellos, uno más de ese grupo al que tanto admira.

Bueno, él sobretodo admira a James, es simplemente el mejor. Remus puede ser muy inteligente, pero no es tan popular y está muy delgado y débil por la luna. Sirius es guapo y popular, pero es demasiado extremista, muy loco, cualquier día le pasará algo malo. Pero James… popular, inteligente, rico, guapo, jugador de quidditch…Le encantaría ser él. Deja su mente divagar y se imagina todo lo que haría si fuera Prongs y, una vez más, deja las tareas olvidadas. Hasta que oye abrirse el retrato no sale de ese mundo de éxito y fama que predice para su amigo.

—Moony, necesito que me ayudes con las tareas de Astronomía —pone su mejor cara de pena, esperando que también esta vez funcione—. No sé cuantas horas llevo y no consigo terminarlas. Mercurio me sale en dos casas…

El castaño se deja caer como puede en una de las sillas. Mira los pergaminos por encima, detectando con rapidez los errores.

—Te equivocas en cosas básicas que dimos a principio de curso y vas acumulando fallos, más que ayudarte te tendría que hacer los deberes.

En los cursos superiores la Profesora Sinistra manda trabajos distintos a los alumnos para evitar que se copien unos de otros, así que Remus no puede simplemente darle los suyos para que le sirvan de guía.

—Lo sé, pero es que no puedo con todo. Si no nos pusieran tantos deberes podría estudiar todo lo que tengo atrasado y ponerme al día con las lecciones. Si sigo como hasta ahora no creo que pueda aprobar la asignatura.

—Desde luego Astronomía lo llevas fatal… Si no te sabes la teoría es imposible hacer los ejercicios, así ni estudias ni entregas bien la tarea.

—¿Verdad que sí? Le pedí a la Profesora Sinistra que me librara de las tareas al menos durante un mes… Se puso hecha una furia y me dio mucho miedo.

—No te preocupes Peter, para eso estamos los amigos ¿verdad? Yo te hago la tarea durante al menos un mes, pero todos los domingos te preguntaré una lección para asegurarme de que estás estudiando.

—¿De verdad harás eso por mí? Eres el mejor Moony, eres genial.

—Tranquilo, pero… ya sabes que me paso la vida controlando que Sirius no se meta en líos. Si hago tus tareas tendré menos tiempo para vigilarle…. ¿Tú no podrías echarle un ojo a lo que hace y me lo cuentas? No hace falta que le sigas ni nada, sólo que cuando no estoy, como en clase de Adivinación, le prestes algo de atención y me vayas diciendo todo lo que dice y hace que sea sospechoso… Así estamos seguros de que mientras estamos ocupados en otras cosas no se mete en problemas.

—Sí, si, claro. —Sus ojos brillan emocionados.

Es algo muy simple, de todos modos él siempre anda pendiente de lo que los otros dos animagos hacen. Además es Moony, si él se lo pide seguro que es de lo más correcto. ¡Ayuda que Sirius no haga alguna de las suyas, con lo cual salva su propio pellejo, y a cambio le hacen los deberes! Mejor no podía haberlo soñado.

Peter está tan emocionado que no cae en la cuenta de lo nervioso y culpable que se ve Remus. Se siente fatal por estar manipulando a su amigo. Es algo horrible, pero cuando se trata de Sirius es incapaz de mantener la cordura. Por él es capaz de coger plata pura con sus manos desnudas.

Continuará…


N/A: Esperamos que os haya gustado. La semana que viene más.