Perdonen por tardar tanto, es que la inspiración no quiere llegar T-T

Aquí les trigo otro capítulo algo triste, lo siento por eso D:

Ah, y con respecto al largo de los capítulos... Es que no puedo extenderlos mucho, sino la historia tendría menor cantidad de capítulos, y se tardarían el triple en leerlos y yo en escribirlos.

Gracias por sus reviews n.n Déjenlos nuevamente :3

Ya los quiero ;w; (?


Capítulo 4: Amigos, y enemigos.

Mikasa lo miró fijamente, incrédula, sin saber el porqué de esa repentina pregunta.

-¿C-Casarnos?- Tartamudeó la pelinegra.

-Sí, casarnos. Yo tu marido y tu mi mujer.- Eren estaba tan perplejo como ella. –Y no me digas que no, porque sé que es lo que quieres.

Mikasa no supo qué responder después de esa acusadora afirmación. Ambos sabían que era cierto, pero nunca habían dicho nada parecido. Asintió tras un breve momento de reflexión.

-Pero… ¿Por qué? No lo entiendo…

-No necesitas entenderlo, Mikasa. Es lo que siento, y lo que quiero para nosotros tres.

Ella se levantó y se acercó a él, al punto en que sus narices se rozaban. No planeaba bajar a cenar, por lo que se encontraba descalza, y solo una camisa de seda cubría su delicado cuerpo. Eren deslizó sus manos por su cintura hasta abrazarla por completo, y Mikasa hizo lo mismo con sus hombros.

-¿Marido y mujer?

-No solo eso. Familia.- Por un momento el tiempo se detuvo para ambos, sus labios se habían encontrado una vez más.

Eren desprendió un poco la camisa de la pelinegra, lo justo para ver su apenas crecida pancita. Se arrodilló frente a ella, y sin previo aviso, depositó un dulce beso su vientre.

-Vístete.- Ordenó el castaño mientras se levantaba. -Tienes que alimentarte, y alimentarlo.

Ya vestida con ropa de civil, ambos bajaron a la cocina, donde todos sorprendidos miraban a la pareja que creían dividida entrar tomada de las manos. Se sentaron en la misma mesa que Armin, Jean, Sasha y Connie, y los miraron con una gran sonrisa en el rostro.

-Mikasa, Eren, que suerte que vuelvan a estar juntos- Sasha sonrió.

-Nunca dejamos de estarlo, simplemente me costó asimilar las cosas y me alejé por un impulso idiota, como siempre lo hago.- Masculló Eren mientras se llevaba un trozo de pan a la boca.

Mikasa, por otro lado, solo mirada su plato de comida con recelo, y comía algo cuando Eren se lo ordenaba.

-Y bueno, ¿Qué fue lo que te hizo alejarte, hombre?- Dijo Connie lleno de intriga, mientras por debajo de la mesa acariciaba la rodilla de Sasha.

-Mikasa y yo… Vamos a-…-Mikasa introdujo un gran trozo de pan en su boca, obligándolo a callar.

Todos en la mesa la miraron y aguantaron la risa.

Eren tragó velozmente y logró decir antes que Mikasa reaccionara. –Vamos a casarnos.

Jean se ahogó con la bebida que estaba tragando.

-¿Qué van a qué?- Preguntaron Connie y Sasha, que no habían puesto atención.

La pelinegra fulminó con la mirada al castaño, que bajó la mirada y siguió comiendo, al igual que ella.

-Que van a casarse.- Dijo Armin que también estaba distraído. –Espera, ¿Casarse? ¡¿En qué están pensando?! Si el Comandante se entera podría expulsarlos, y entonces el sueño de nuestra infancia no podrá…- Se fijó en Mikasa y Eren, que apenados miraban su plato de comida. –Pero lograron convencerlos más de una vez, no creo que esta sea diferente.

Habiendo terminado la cena, los tres amigos se sentaron alrededor de la pequeña mesa que tenía Armin en su habitación.

-¿Ahora van a casarse? ¿Es en serio?

-Vamos a ser una familia, Armin.

-Aún así. El Comandante va a expulsarlos…

-¡¿Y qué esperabas que hiciéramos con el bebé?!

Mikasa retrocedió ante la agresiva respuesta que Eren le había dado a su amigo.

-Eliminarlo.- Respondió ella, en tono frío.

La tensión se apoderó de la habitación, y los tres evitaban mirarse.

Mikasa, escondida bajo su bufanda, fue la primera en formular una palabra.

-Buenas noches, chicos, me voy a mi habitación.- Se levantó y comenzó a caminar hacia la puerta, cuando fue tomada del brazo. –No estoy de humor, Eren. Y quiero irme ya.

El castaño la acercó a él, y frente a Armin, desabrochó nuevamente la camisa de la pelinegra y apoyó una mano sobre su vientre.

-¿Ves esto? Aquí está nuestro hijo, y me gustaría que estuvieras de nuestro lado para protegerlo.

Mikasa y Armin quedaron petrificados ante las palabras de Eren.

-Lo estoy.

-Entonces, ayúdame.

Mikasa, harta de la situación, cansada, y confundida, se soltó de Eren, abrochó su camisa, y sin mediar palabra con sus amigos, se retiró de la habitación dando un portazo. Ya estando en su habitación, y con las emociones encontradas, se recostó en su cama, esperando que el sueño la llevara con él.

Eren, por su parte, se encontraba frente a Armin, desafiándolo con la mirada.

-¿Por qué primero me dices que debo ser una familia y luego estás en contra de esto?

-Porque yo no puedo tener una familia, ¿Entiendes?- El rubio comenzó a molestarse. –Es fácil decirte que debes protegerla, pero hacerlo no lo será. ¿Sabes lo difícil que es verlos ser felices y yo esperando a que llegue el día en que pueda decirle a Annie lo que siento por ella?

-¿Y qué esperas que yo haga? Ni siquiera planee dejarla embarazada, ¿Y me hablas de dificultad?

-Eren, no sabes nada.

Al escucharlo, Eren perdió la paciencia y abofeteó a su amigo. -¡No es fácil estar en mis zapatos, y nunca lo será! ¡Antes de hablar, piensa un poco!- Respiró profundamente. –Lo siento, pero ya no eres el mismo.

Armin lo golpeó en el rostro al terminar la frase.

-¿Qué yo no soy el mismo? Mírate en un espejo, y dime quién es el que ha cambiado.- Se dirigió hacia el baño. -Y con permiso, me sangra la nariz.

El castaño quedó en shock, era la primera vez que su amigo lo golpeaba. Sintió un punzante dolor en el labio, y al llevarse la mano, notó el corte que le había producido el puñetazo.

-Lo siento Armin. Hablaremos mañana, mi novia y mi hijo me esperan.

Y diciendo esto, abandonó la habitación.

Regenerándose poco a poco en el camino, llegó a la habitación de Mikasa. Una vez dentro, atoró la puerta, se desvistió hasta solo quedar con su remera, y se recostó junto a ella.

La pelinegra estaba aún despierta, pensando en lo que pasó, y lo que pasaría.

-Te dejaste llevar por tus impulsos.

-Siempre lo hago.

-Tal vez yo también comience a hacerlo.

-No, no lo harás.- Soltó Eren, mientras la abrazaba por la cintura y la acercaba a él. –No lo permitiré.

Sus piernas se entrelazaron, y uno junto al otro, los dos cayeron rendidos ante el sueño.