WEEEEEEEEEEEEENO, jejeje ya se k e tardao 1 pelin. Spero k las proximas actualizaciones se sucedan + deprisa... y sí, oyeron bien, habrá proximas...creo.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

No podía creerlo. Después de tantos años, por fin, volvían a encontrarse. Aún cuando hacía ya mucho tiempo que había dejado de creer completamente en el destino no pudo sino preguntarse si no los había unido para siempre, y, por mucho que intentara librarse de su implacable atadura este se empeñaba enconadamente en que siguiera el camino que parecía haberle marcado.

Y allí estaba de nuevo ella con su melena pelirroja y su sonrisa inocente.

A causa de la emoción por volver a verla tan pronto los encantamientos que se había puesto para cambiar su apariencia desaparecieron por completo, su pelo creció hasta sus hombros, creció varios centímetros y sus rasgos se afilaron.

¡Maldito Malfoy y su pandilla de anormales! Pensaba Ginny Weasley mientras buscaba rápidamente un compartimento en el último vagón del tren que estuviera vacío. Desde que el tren se había puesto en marcha ese rubio estúpido y su grupito de lameculos no habían dejado de perseguirla por todo el tren. Mientras buscaba un sitio vacío donde poder descansar del ruido que llenaba el tren su mente no dejaba las enigmáticas palabras que su madre le había susurrado al oido mientras se despedían:

-Pórtate bien este año. Por cierto, te espera un pequeña sorpresa en el colegio.

¿Cuál sería esa sorpresa a la que se refería su madre? Había oído rumores de que había un nuevo alumno en el último vagón que parecía tener unos 17 años. Que ella supiera era la primera vez que un alummno que no era de primer curso entraba en Hogwarts.

Tocó a la puerta del último compartimento y, como nadie parecía responder entró como una exhalación ya que le había parecido oir la voz de Malfoy.

Cerró la puerta con un gran suspiro de alivio y se dió la vuelta. Casi había gritado del susto que se dió al encontrarse con una persona que se le hacía muy familiar. El chico se quedó como de piedra al verla, cosa que a ella le encantó, ya que pensaba que era por ver a alguien con "una belleza tan impresionante como la suya".

En ese momento, mientras abría la boca para decirle algo a su "helado acompañante" su cuerpo brilló y empezó a cambiar de una manera impresionante. Su pelo moreno se hizo más largo hasta llegarle a los hombros, creció varios centímetros, las uñas se le volvieron transparentes, como si estuvieran hechas de cristal. Los ojos se volvieron más brillantes y profundos.

En ese momento Ginny supo porque le parecía tan familiar, la persona que tenía delante no era ni más ni menos que Harry Potter. Justo cuando se le iba a acercar para saludarle y preguntale dónde había estado los últimos tres años Harry le sonrió.

Mientras todos sus hechizos iban desapareciendo Harry se daba perfecta cuenta, pero no pudo hacer nada por restaurarlos, la emoción era demasiada.

Pero tampoco parecía ser tan malo. Ginny no se había dando cuenta de su pequeño secreto, o, al menos, eso era lo que parecía.

Pero cometió un error más, el peor de todos. Cuando Ginny parecía que se le iba a acercar sin

nigún problema cometió la tontería más grande que pudo haber hecho en ese momento: le sonrió.

Y, conforme lo estaba haciendo se iba dando cuenta de cuanto la estaba cagando, pero no pudo hacer mada por evitarlo.

Abrió la boca y sonrió. Y dos enormes colmillos aparecieron, destacando entre todos los demás dientes.

Tuvo que taparle la boca, pues el grito llegó probablemente hasta Hogwarts. Pensó que, si le hablaba, y le explicaba la situación se calmaría.

-Te quito la mano de la boca si me prometes que no gritarás ni intentarás escaparte¿de acuerdo?- le preguntó con la voz más dulce que pudo poner en ese momento.

Ante el asentimiento de la pelirroja le quitó la mano. Parecía que se había repuesto del susto, ya que no le había quitado la mano de la boca cuando ya tenía una varita apuntándole al corazón.

-No hará falta nada de eso- le dijo Harry con la voz algo más seria.

-Pues yo creo que sí- le contestó Ginny- el que haya un vampiro suelto dentro de un tren lleno de niños me parece motivo más que suficiente.

En ese momento un rayo de sol se coló por entre las cortinas cerradas y le dió de lleno a Harry en la frente. Ginny no pudo más que abrir la boca de sorpresa, pues Hary ni siquiera cambió la expresión de la cara.

-¿Cómo demonios...

-Je,Je,Je. Ya te he dicho que no haría falta tu varita, pues, como te habrás dado cuenta yo no soy un vampiro común.

-De todas formas- dijo desapareciendo de su campo de visión y reapareciendo detrás de ella- no llegarías ni a tocarme- comentó casualmente con una sonrisa divertida.

-Vamos siéntate y te lo explicaré todo- dijo Harry dándose cuenta de que Ginny estaba completamente sobrepasada por lo que estaba sucediéndole.

-De acuerdo- respondió con voz ausente y si poder dejar de mirarle, casi sin poder pestañear.

Parpadeó un par de veces al notar que Harry le pasaba una mano enguantada en piel de dragón negra por los ojos.

-Pero.¿Cómo es posible que tú seas un vampiro?¿Y, qué clase de vampiro eres cuando puedes estar tan tranquilo a la luz del sol?No me lo puedo creer...

Harry no pudo evitar soltar un suspiro, sabía que le tocaba contar una larga historia, e intuía que no sería la última vez que la contaría.

-Bueno... todo empezó a mediados del verano entre segundo y tercer curso, supongo que lo recordaras...

-Salió en El Profeta en primer página durante ese verano... todos los días-dijo Ginny.

-Pues eso...-soltó Harry con los ojos en blanco. -Como sabrás me escapé de la casa de mis tíos después de haber inflado a la hermana de Vernon, Marge. Me subí al autobús noctángulo y, me dirigía al Caldero Chorreante para intentar pasar el resto del verano sin contratiempos cuando unos encapuchados atacaron el autobús.

No me acuerdo de que pasó entre el ataque y el momento en que me desperté un tiempo después. Sólo recuerdo una voz susurante que me intentaba tranquilizar mientras me desvanecía.

-¿Y quién demonios eran esos encapuchados que te raptaron?- preguntó Ginny que parecía estar muy metida en la historia y no se perdía ni una sola palabra.

Harry no pudo evitar soltar una risilla ante la actitud de la pelirroja.

-Espera, no te impacientes, ya llegará.

-Como te decía -dijo mirándola con una mirada entre seria y divertida- me desmayé. Recuerdo despertarme y ver el cielo a través de una ventana. No podía mover la cabeza, y cuando intenté mover el resto del cuerpo tampoco pude. Tan sólo podía ver el cielo estrellado o cerrar los ojos y volver a dormirme.

Cuando volví a despertarme ya era de día. Comprobé que ya podía mover el cuerpo pero me dolían todos los músculos.

-El dolor se te pasará en un par de días, no te preocupes -escuché en mi cabeza medio adormilado.

Me incorporé de la cama y pude ver que estaba en una habitación de piedra, sólo entraba luz por la única ventana de la habitación, que estaba a la derecha de la cama. Aparte de la cama, en la habitación sólo había un pequeño armario de madera, y un baúl.

De repente me llegaron sonidos de gritos, entrechocar de metal y aullidos espantosos. Lo primero que me vino a la mente fue¡Hombres lobo!

Salí tambaleandome de la habitación y aparecí en un pasillo de piedra. Diez minutos después llegué a una habitación circular donde se unían cinco pasillos aparte del que yo había salido. La cruzé corriendo casi sin fijarme en como era y salí por lo que parecía la puerta principal. Era muy entrada la noche y era luna llena. Empezé a andar intentando alejarme lo más posible de la casa de piedra donde había despertado. Cuando no llevaba ni cinco minutos andando pisé algo duro que sonó a metálico, miré hacia abajo y ví que mi pié estaba encima de una espada medieval, y por lo que brillaba a la luz de la luna, parecía hecha de plata. La recogí por si acaso me topaba con alguien, ya que no tenía mi varita, supuse, acertadamente, que mis captares me la habían sustraido "amablemente". La espada pesaba mucho, y, después de andar unos 300 metros me detuve a descansar. Me senté en la raíz de en gran árbol y apoyé la espalda en el tronco. Unos instantes después oí ruidos de pasos y forcejeos, y, ante mí, cayeron un hombre y un enorme lobo. En seguida me dí cuenta de que el hombre no podía ser humano ya que parecía tener una fuerza similar a la del licántropo.

Me levanté rápidamente y puse la espada entre mí y el lobo. No sabía que hacer, pero cuando ví que los afilados y babeantes dientes del lobo se estaban acercando peligrosamente a la gargante del "hombre" tomé una decisión (la cual en ese momento me pareció la más sensata, ya que prefería luchar contraun hombre muy fuerte que contra un hombre lobo desquiziado) y clavé la espada hasta la empuñadura en la espalda del licántropo. Ni bien la espada empezó a hundirse en su piel, este empezó a gritar y a convertirse en ceniza.

Me senté en el suelo resoplando y le lanzé una mirada al hombre. Este parecía totalmente repuesto y me miraba con una extraña sonrisa.

-Creo, mortal- me dijo aún sonriéndome- que esa ha sido la última buena acción que harás en esta vida.

En ese momento me dí cuenta de dos cosas: uno, que me había metido de lleno en una batalla entre haombres lobo y vampiros, y dos, que le había salvado la vida a un vampiro que me iba a devolver el favor chupándome la sangre hasta dejarme seco.