Sé que pasó un mes desde el último capítulo pero con la facultad no tengo vida. Perdón por la espera espero que les guste!
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Capítulo 4
Ojos en la noche
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Fueron los cinco días más felices de mi vida. Laurie se quedó para su protección en el cuarto de Holmes. Lo cual no representaba problema alguno para el detective, ya que desde aquella noche dormía conmigo en 'nuestra' cama. Al despertar, desayunábamos juntos, Laurie solía acompañarnos y a pesar de que guardábamos ciertas reservas, no debíamos disimular nuestra relación ante él, quien nos aceptaba con una sonrisa. Debo admitir que representaba un ligero alivio ante las miles de dudas y preocupaciones que me asaltaban a la noche cuando Sherlock se quedaba dormido en mis brazos.
A lo largo del día, cada uno se ocupaba de sus diferentes actividades. A veces, Holmes y Laurie discutían sobre los resultados de los experimentos que realizaban juntos, mientras yo leía el diario. Otras, era yo quien discutía con Laurie acerca de políticas o algún otro tema actual. Otros momentos en que Sherlock discutía sobre la posible resolución de alguna de sus cosas más triviales. Aquellos días estuvieron invadidos por una gran sensación de paz y tranquilidad y las noches cargadas de pasión y lujuria. El hecho de que aún quedaba un asesino por atrapar parecía distante en el tiempo.
-Muy bien-dijo Holmes una mañana-, supongo que debemos prepararnos. Hoy ha de ser el día en que Morrison intentará capturarte una vez más.
-Eso supongo-contestó Laurie.
-¿Y habrás de contarnos cómo planeas detenerlo?-pregunté.
-Lamentablemente deberemos usar a nuestro amigo Laurie como anzuelo-contestó Holmes-. Las posibilidades de que sepan que se encuentra aquí son altas y sospechando quién es la mente criminal tras todo esto, no podremos llevarlos a ocultas por la puerta trasera. Habremos entonces, Watson y yo, acompañarlo ante la vista hasta el laboratorio dónde deberemos dejarlo aparentemente. Sin duda, no estarán allí dada la presencia de otros investigadores, estudiantes y profesores. Por lo que, una vez que el sol se haya puesto deberá marcharse en dirección a su hogar. No ha de preocuparse, ya que tanto nosotros dos, como Lestrade, quien nos ayudará para hacer el arresto oficial, los estaremos siguiendo desde entre las sombras.
Luego Holmes se acercó hasta una de las bibliotecas y apartando uno de los libros, sacó un viejo revólver de una cajita de cuero.
-Siempre supuse- dijo Holmes-, que dado mi profesión tener un arma de resguardo sería de gran utilidad-explicó mientras se lo entregaba extendiendo la mano a Laurie-. Tal parece ser el caso hoy.
-Gracias-respondió Laurie.
-He de imaginarme que sabes tirar-preguntó Holmes.
-Perfectamente- dijo-, mi padre poseía un modelo similar.
-¿Posees buena puntería?-pregunté preocupado.
-Una niña rebosante de actividad no tiene muchas cosas que hacer en un campo. Tiro al blanco era una de mis actividades favoritas-fue su respuesta.
Luego del almuerzo, fuimos en un coche de alquiler hasta la universidad donde trabajaba Laurie. Una vez de asegurarnos de que el joven había ingresado al edificio, nos marchamos nuevamente. Solicitamos al chofer que nos llevara en dirección a los cuartos que compartíamos, pero a mitad de camino, Holmes lo detuvo y nos bajamos, tras que el detective le brindara una generosa propina para que siguiera hasta Baker Street. Luego, nos dirigimos hasta Scotland Yard donde buscamos a Lestrade, quien nos estaba esperando. Salimos acompañados por un puñado de sus más discretos hombres. Debíamos ocultar nuestra presencia, sin embargo, antes de marchar, el inspector le exigió una explicación a Holmes.
-Debo saber a que clase de de peligro, estoy exponiendo a mis hombres- dijo Lestrade-. Por lo menos dime el nombre de la persona quien está detrás de esto.
-Su nombre es comandante Morrison. En tiempos de Moriarty, era un secuaz más que llamaba poco la atención. Opacado siempre por su jefe y seguramente también por temor, no se atrevía a surgir al frente como organizador de su propia red delictiva. Tras la muerte de su jefe aún quedó bajo las órdenes del Coronel Moran. Gracias a nuestro accionar que lo dejo en prisión, hemos despejado su camino para su libre surgimiento. Siendo así el siguiente heredero de la organización de Moriarty y trazando los mismos caminos del crimen que su antiguo jefe, además de buscando maneras fáciles de hacer dinero en grandes proporciones, escuchó, sin duda, sobre las investigaciones del señor Laurie que harían al poseedor de la fórmula inmensamente rico. Por lo que mandó a un asesino tras él, pero al no ser tan inteligente como su antecesor cometió varios errores como no elegir bien al que cumpliera sus recados, mandando a su propio hijo. Un hombre violento y salvaje cuya codicia lo ciega con odio y ansioso por formar parte de los negocios de su padre. Su ferocidad fue lo que lo llevó a cometer aquel espantoso crimen y las torpezas que lo delatan, y lo que lo hará atacar de nuevo. Sin embargo, no ha de sorprenderle, si al apresarlo comienza a recitar historias fantásticas acerca de Laurie. Su orgullo, una vez que se encuentre rodeado, no le permitirá dar los brazos a torcer hasta que todos aquellos que considera enemigos caigan aunque no sea más que un intento desesperado.
Pude apreciar como Holmes contaba la historia de modo tal de proteger a Laurie. Por más de que Laurie fuera su cliente, se me antojó enternecedor de su parte y tuve que recurrir a toda mi fuerza de voluntad para no delatarnos allí mismo. Aprovechando las últimas horas de sol, fuimos hasta la universidad. Lestrade dispersó a sus hombres en grupos pares, mandándolos a esconderse entre los recovecos de las casas.
La noche arrojó sus sombras sobre nosotros. Un mal presentimiento mandó escalofríos por mi espalda. No esperaba una batalla a muerte entre grandes fuerzas del bien y del mal, pero sentía por seguro que vería sangre. Pero acostumbrado a vivir con Holmes, había aprendido a despreciar todo lo referido a los sentimientos y lo ignore. Fue un gran error del que jamás podré dejar de arrepentirme.
Cuando lo único que alumbraba eran los faroles de la calle, Laurie salió con las manos en los bolsillos, mirando para abajo y con un andar lento, como de quien camina despreocupado o sumido en sus pensamientos. Nada en su aspecto delataba que salía a lo que se iba a enfrentar. Después de todo no debía sorprenderme, llevaba años ejerciendo el rol de un hombre. Detrás de él, lo siguieron algunas personas –profesores por su apariencia- que pronto se dispersaron. El joven había quedado solo, ni siquiera su sombra lo acompañaba. Caminó según lo indicado por Holmes a través de calles abandonadas que guiaban hasta su hogar.
Entonces un disparo resonó en la oscuridad, rompiendo el único farol que alumbraba la zona, los otros estaban demasiados lejanos para que nos alcanzaran con su luz. La silueta de un hombre apareció a un costado de Laurie. Pude reconocer a la persona que habíamos visto hurgando entre sus cosas y una cojera me lo confirmaba. Salí raudo a escena a defender a nuestro amigo, y disparé a la pierna sana de Morrison. Otro disparo hizo eco junto al mío, Laurie siguiendo el mismo concepto que yo, atinó a disparar al mismo lugar. El asesino quedó tirado en el suelo, junto con un charco de sangre que iba en aumento. Todos los revólveres apuntaban en su dirección previniendo que atentara contra la vida de alguien.
Antes de que alguno comenzara a hablar, Morrison tuvo un ataque de risa. Una risa malvada, siniestra y despreciable, digna del hijo del diablo.
-Parece que el Sr. Laurie está bien preparado-dijo burlonamente.
Su voz destilaba veneno, sus ojos parecían brillar ante esa gracia que el solo encontraba divertida ante la mirada cargada de odio del joven investigador, con un rencor cargado de numerosas heridas del pasado y del presente.
-No podía darme el lujo de que otro tomara esta misión, debía asegurarme de verlo con mis propios ojos. No permitiría que alguien fallara-Holmes escuchaba atento ante toda información que delatara más sobre los asuntos del padre-. Pero tranquilo, aún me queda una última carta para jugar.
Con un rápido movimiento, levantó la mano que aún cargaba el arma. Aquella noche sería testigo de dos explosiones de pólvora más. Mientras que Morrison yacía muerto en el suelo con un disparo en su sien, Laurie había sido herido en su hombro derecho. Fue una fracción de segundo lo que me tomó observar a los oficiales que se miraban sorprendidos, preguntándose quién había sido el realizador del disparo que acabó con la vida de Morrison, antes de que comenzaran a correr en la dirección en que había sido escuchado. Holmes no se inmutó, mientras que yo me recliné para examinar a Laurie. La herida no representaba demasiada gravedad, si bien era profunda. Aparentemente no había tocado ninguna vena o arteria importante y había entrado sin dañar ningún hueso. Sin embargo, la bala aún residía allí y debía ser extirpada si se quería reducir el riesgo de infección. Miré a Laurie a los ojos para comprobar su lucidez y una mirada preocupada me recibió. Volteé la cabeza instintivamente hacia Holmes antes de que todo cerrara en mi mente, este asintió ligeramente. La intención de Morrison jamás había sido asesinar a Laurie sino exponerlo. Era una herida digna de ser atendida en un hospital, donde cuando quisieran extraerles las ropas para atenderlo, descubrirían su secreto.
Lestrade volvió al rato, con la respiración agitada, tras haber hecho la persecución en vano. Luego de inspirar y exhalar repetidas veces, habló:
-¿Cree que sobrevivirá, doctor?-preguntó.
-La herida no es grave, pero se le debe retirar la bala-dije.
-Muy bien, entonces lo llevaremos al hospital-dijo él.
-No-contestó Holmes-. Estamos más cerca de nuestro hogar, allí, sin duda, mi querido doctor Watson podrá operarlo sin problemas.
-Si creen que es lo más apropiado-dijo Lestrade mirándome, esperando a que rebatiera lo dicho por Holmes, en su lugar, asentí-. En cuanto vuelvan mis hombres llevaremos su cuerpo a la morgue. ¿Sabes quién pudo haber sido el asesino?
-Sin duda alguna-contestó Holmes con aquella petulancia propia de él-. El cariño no es algo que abunde entre nuestros enemigos. Al parecer, Morrison padre puede perdonar un error, pero no dos. Además del hecho de que temía que su hijo dijera algo que pusiera al descubierto todas las operaciones de la organización, después de todo, los muertos no cuentan historias.
-¿Cómo pudo un padre hacer eso a su hijo?-pregunté horrorizado.
-Para Morrison padre dejó se serlo en cuanto falló. Para moverse en su negocio no pueden darse el lujo de permitirse sentimientos.
-Menos mal que lo tenemos a usted entonces, Holmes-dijo Lestrade.
-Hemos de ocuparnos inmediatamente de nuestro amigo-les recalqué.
Los dos hombres me miraron, y se acercaron para ayudarme a levantar a Laurie y colocarlo en posición para que pudiera hacer un torniquete con la corbata que me había sacado. El joven intentó ayudarnos, colocando su peso como mejor podía, pero a este punto apenas podía seguir consciente. Baker Street estaba a unas siete cuadras y luego sólo deberíamos hacer dos cuadras más. Lestrade insistió en acompañarnos pero tras insistir que no nos hacía falta y que se debía hacer cargo del cuerpo de Morrison, conseguimos librarnos de él. Al llegar a nuestro lugar, Holmes se adelantó abriéndome las puertas para permitirme el paso. Deposité a Laurie sobre la mesa en la que solíamos desayunar, y por primera vez agradecí los hábitos adictivos de Holmes, ya que con un poco de su solución de cocaína conseguí adormecerlo para que no sintiera tanto dolor. Luego, tras un poco de esfuerzo conseguí extraerle el objeto metálico, limpié la herida con alcohol y lo quemé un poco, y luego le di algunos puntos. Gracias a la cocaína Laurie apenas sentía una molestia en el brazo. Tras haber finalizado, lo llevamos al cuarto de Holmes donde pudiera descansar y dormir. Una vez que cerré la puerta de la habitación, el detective me acorraló contra una de las paredes.
-Nuestro amigo está en su cuarto recuperándose, la policía ha ido tras Morrison, mas dudo que lo atrapen, y no hay nada que podamos hacer nosotros, al menos por esta noche-enumeró Holmes-. Así que sugiero que lo aprovechemos-un brillo pícaro iluminaba sus ojos.
Desde aquella primera vez, había descubierto mi droga personal. Podía comprender mejor la atracción de Holmes hacia la cocaína, ya que era la misma que ahora poseía hacia él. Pude apreciar que el frasco de solución, últimamente, no había cumplido otra función que la de acumular polvo. Sonreí a mis adentros al comprobar que yo solo era más que suficiente para el detective.
Besé y mordisqueé sus labios con hambre y lujuria, mientras el recorría mi cuerpo con sus manos. Con dedos torpes debido al torrente de adrenalina y endorfinas que recorrían mis venas, acelerando mi pulso y agitando mi respiración, conseguí desprender a Holmes de la parte superior de sus ropas. Mientras él hacia un trabajo similar con mis pantalones, rompiendo la agonizante prisión en que estos se habían convertido. Mi cuarto y cama estaban demasiado lejos para que la pasión que nos embargaba y no pudimos sobrepasar el piso del lugar en que habíamos comenzado a besarnos. Luego me ocupé de sus pantalones mientras el se atendía de mi camisa. Cada tanto debía recordarme que tenía que respirar, ya que no separamos nuestros labios a no ser que fuera absolutamente necesario y sólo para susurrar nuestros nombres al oído. Exploramos nuestros largos mutuamente con las manos, entre jadeos y gemidos tuve que rogar a Sherlock que se detuviera. Debía saciar mi sed de él de otra manera, por lo que acomodé mi cuerpo por sobre el de él y con un movimiento certero pero delicado me introduje en su ser. Acaricié a Holmes en todos los puntos sensibles en que tanto como doctor y como amante conocía a fin de relajar a mi compañero, hasta que asintió ligeramente con la cabeza apremiándome a seguir. Lentamente, comencé a moverme en su interior haciendo cada vez más fuertes las embestidas, llegados al punto en que ambos debíamos modernos los labios para no gritar. Finalmente, ambos llegamos al clímax, sumidos en el más íntimo de los abrazos.
Mientras aún estábamos recobrando la respiración, demasiado absortos en aquel paraíso que creábamos durante la noche, ignorábamos la realidad. Por lo que esta vino a abofetearnos en la cara. Sin duda, habíamos sido incapaces de apreciar los sonidos provenientes de la escalera y quedábamos ajenos a todo, hasta que la puerta de la sala de estar se abrió, haciendo presencia Lestrade y Jones. Sus rostros quedaron congelados en una expresión de sorpresa, del cual el más rápido en recobrarse fue el de Jones, quien enseguida exclamó:
-¿Qué está sucediendo aquí?-aunque la verdad había quedado ya demasiado expuesta para siquiera intentar disfrazarla, la cara del inspector comenzó a tomar un tono escarlata y sus ojos irradiaban desprecio- ¡En nombre de la reina, quedáis todos arrestados!
Los gritos fueron suficiente para despertar a Laurie, quien aún confundido se asomó para averiguar lo que pasaba. La tragedia acababa de desatarse por completo. Mientras que Lestrade seguía estupefacto en su lugar, con emociones que iban desde la sorpresa a la angustia adueñándose se sus expresiones, Jones vino hacia nosotros en un intento sin duda de apresarnos. Le llevó pocos segundos a Laurie comprender lo que pasaba, y en un arrebato de su incondicional lealtad, se interpuso en el camino entre el inspector y nosotros. Pero el destino estuvo dado de modo tal que Jones decidió apartarlo del camino de no otra manera más que empujándolo en el pecho. Y a pesar de la rabia que lo dominaba, pudo notar lo que ocultaba Laurie.
Durante la operación, había retirado las vendas que se habían manchado de sangre que ocultaban su feminidad, sin ocuparme de reemplazarlas luego. Y lo que en otra ocasión, o para otra persona hubiera sido considerado un atributo, regalo de la naturaleza, fue fatalmente reconocido ante el tacto accidental de Jones.
-¿Qué es esto?-gritó escandalizado y abrió sin miramientos de un tirón la camisa de Laurie exponiendo su feminidad-. ¡Una mujer en ropas de hombre! ¡Actos lujuriosos entre dos hombres cómplices de una mujer! ¡Esto es sin duda demasiado!-luego miró a su compañero indignado-. Inspector Lestrade, acompáñame en esto, ¡quedáis todos arrestados en nombre de la reina!-repitió una vez más.
Lestrade nos miró como si pidiera perdón mientras sacaba las esposas.
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Espero que les haya gustado!
Y el drama recién comienza! A un capítulo y prólogo del final!
