Capítulo 4: Fiesta de bienvenida: el comienzo de todo

— ¡Anímense que hoy es viernes! ¡Esta noche hay fiesta! —exclamó Ino alargando la última palabra. Inmediatamente encendió la luz.

Hinata se sentó en la cama y se talló los ojos; justo cuando estaba a punto de lograr dormirse la rubia venía y la despertaba.

Sakura, aún acostada, abrió los ojos y miró hacia la ventana.

— Ni siquiera ha salido el sol todavía ¿qué hora es? —preguntó.

— Las cuatro y media de la mañana —respondió Ino con una gran sonrisa.

La ojiperla se asustó cuando vio a Sakura cambiar la expresión de su cara. Luego se sentó en la cama y lanzó con una fuerza sobrehumana su almohada hacia la rubia.

— ¿¡Estás loca!? —gritó furiosa porque le habían interrumpido su preciado sueño. Ino, aún con la sonrisa en la cara, esquivó la almohada y esta golpeó la puerta. La Hyuuga se sorprendió mucho cuando esta hizo un ruido algo estruendoso al golpear. ¿Qué rayos tenía esa almohada adentro?

— ¡No seas gruñona Sakura! Deberías de estar contenta ya que tenemos fiesta y mañana es sábado —siguió la Yamanaka ignorando la almohada asesina.

Sakura soltó un bufido de resignación.

— Ya estoy despierta, ya da igual —murmuró.

— Hinata ¿irás a la fiesta de bienvenida? —preguntó Ino acercándose a su compañera.

— Y-yo no sé —la ojiperla comenzó a jugar con sus dedos.

— ¿Qué? —dijo la rubia.

— E-es que no traje ropa para un evento así —respondió sin mirar a la ojiazul.

— ¡No te preocupes! —exclamó Ino— Sakura o yo podemos prestarte algo —se ofreció.

Hinata se iba a negar hasta que de repente Sakura se abalanzó sobre Ino.

— ¡Ay! ¿¡Qué te pasa frentona!? —gritó la rubia con Sakura en su espalda.

— ¿Creíste que no me vengaría por haberme despertado tan temprano? —cuestionó la ojiverde.

Ambas comenzaron a dar y recibir manotazos. Al principio Hinata se preocupó pero luego se percató de que solo estaban jugando y que los golpes no eran duros.

Disimuladamente, la Hyuuga tomó su ropa y se metió al baño mientras reía.

— Naruto, ya levántate —habló Shikamaru mientras que Chouji zarandeaba al rubio.

— No quiero mamá —respondió el Uzumaki entre sueños.

— Qué problemático es todo esto —dijo el de coleta de piña alejándose unos pasos.

— Despierta Naruto —intentó Chouji. El ojiazul pareció abrir los ojos y colocó una mano en la mejilla de su amigo. Este lo miró desconcertado al ver que había comenzado a reír.

— U-un gordo —mencionó y rió estúpidamente. Shikamaru tragó en seco y Chouji se quedó pasmado durante unos segundos.

— ¿¡QUÉ DIJISTE!? —gritó Chouji.

Naruto, que ya había sacado la mano de su mejilla, aún lo miraba con expresión estúpida, pero esta se desvaneció al ver a su amigo a punto de golpearlo. Repentinamente se despertó y comenzó a correr por la habitación.

— ¡Perdóname Chouji! ¡No me refería a ti! ¡Estaba dormido! —exclamó el rubio mientras que era perseguido por su amigo. El Nara observó la escena y se masajeó entremedio de las cejas.

— Creo que... me iré a bañar —dijo y observó nuevamente a los otros dos— Sí, eso haré —pronto Naruto quedaría con un buen chichón en la cabeza.

Hinata se dirigía junto a Sakura hacia su primera clase. La última aún parecía de mal humor por haber sido levantada tan temprano. Ambas entraron al aula y se sentaron.

Naruto también iba de camino a la clase. Cuando entró se congeló unos segundos al ver a la pelirrosa. Esta parecía ignorarlo pero el Uzumaki se quedó allí parado esperando que ella le dedicara aunque fuera una mirada de reojo.

La peliazul lo miró y pensó en lo sucedido con Sakura y él la tarde anterior. ¿Estaría triste todavía? Naruto le devolvió la mirada con una sonrisa que, a pesar de no ser tan grande como la que le había dedicado dos días atrás, le logró agitar el corazón a la ojiperla.

Hinata apartó la mirada; estaba apenada por haber sido nuevamente atrapada mientras lo veía.

— " Con que ella es la nueva amiga de Sakura" —pensó el rubio ya que las había visto juntas en los recesos.

Naruto no sentía rencor por lo que le había dicho la pelirrosa la tarde anterior. Debido a todos los momentos que habían pasado juntos, él solo quería lo mejor para ella. A pesar de que no hubiera significado nada para la Haruno, había algo que no lo dejaba odiarla. Seguramente era porque para el rubio, todo lo que habían pasado si había sido algo sumamente importante en su vida. Era una verdadera lástima que la ojiverde no lo sintiera así.

— "Ahora no tendrás que soportarme a mí, puedes ser feliz, Sakura" —miró a la pelirrosa un instante y volvió a posar su mirada en la Hyuuga. El Uzumaki formó una expresión melancólica en su cara y se dirigió a su asiento.

La peliazul se sintió cohibida ya que se había percatado de que la mirada de Naruto se había posado en ella durante varios segundos.

Hinata observó a Sakura de reojo y comenzó a hacerse preguntas.

¿Por qué la pelirrosa le había dicho todo aquello a su amigo si en realidad no lo sentía?

Quizás, pensó la Hyuuga, le había dicho aquello ya que el rubio le recordaba los momentos que había pasado con él y Sasuke Uchiha y eso le provocaba dolor. Aún así, eso no explicaba del todo las palabras tan crueles que había utilizado con el Uzumaki. Si se hubiese querido alejar de él por eso, solo debía habérselo dicho y seguramente el rubio la hubiera comprendido. La ojiperla estaba segura de que era otra la razón por la cual Sakura había hecho aquello, pero ¿cuál sería?

La Hyuuga dejó de pensar en aquel asunto cuando el profesor Asuma llegó y comenzó a dar la clase.

Pronto el día pasó y llegó la hora tan esperada por la Yamanaka.

— ¡Vamos chicas! Solo nos queda una hora y media para alistarnos para la fiesta —dijo la rubia con emoción.

— Corrección, solo te queda una hora y media a ti —contestó Sakura acostada boca abajo en su cama.

— ¿Qué? ¿Acaso no piensan ir? —Ino miró a sus dos compañeras.

— Y-yo —la peliazul comenzó a jugar con sus dedos.

— ¡Vamos! ¿Me van a dejar sola? —se quejó la ojiazul— Hinata, tu excusa era que no tenías ropa, pero ya te dije que yo te prestaría —

— De hecho, ya tengo la vestimenta perfecta para ti —siguió ella muy ilusionada con aquella idea.

— Hagamos algo, si Hinata va a la fiesta, yo también iré —interrumpió Sakura de repente. Ella realmente no quería ir y como sabía que la ojiperla tampoco querría, hizo aquella propuesta para que Ino la dejara en paz.

— Di que sí Hinata —rogó la rubia mirándola con ojos de cachorrito.

La Hyuuga estaba a punto de abrir la boca para decir que no cuando de pronto pensó en su compañera pelirrosa. La había escuchado llorando por su amigo la noche anterior así que pensó que era mejor ir a la fiesta para que esta se distrajera aunque fuera un poco de su tristeza.

— E-está bien —respondió. La ojiverde se quedó sorprendida y frunció el ceño al ver que su plan no había salido como esperaba.

— ¡Genial! Ahora comiencen a prepararse —exclamó Ino.

Ino fue a ducharse primero. La rubia salió de la ducha con una toalla cubriéndola, se sentó en su cama con un espejo y comenzó a maquillarse. Luego fue el turno de la Hyuuga y esta también salió de la ducha en toalla y esperó a que Ino le diera la ropa. Esta pronto lo hizo y la ojiperla fue al baño a cambiarse. Hubo un momento donde la Yamanaka se dio cuenta de que la pelirrosa se había quedado en la misma posición que antes, lo que hizo que frunciera el ceño y se molestara.

— ¿Por qué no estás vestida aún? ¡Ni siquiera te has duchado! —habló molesta.

— No quiero ir —se limitó a responder la ojiverde.

— No seas aguafiestas Sakura, además dijiste que si iba Hinata, tú tambien irías —le recordó la Yamanaka acercándose a la cama de su compañera.

— Pues no, voy a estar ocupada —la pelirrosa se cruzó de brazos.

— ¿En qué? Mañana es sábado —le cuestionó la rubia al ver que no cedía.

— Simplemente no quiero ir; ya déjame en paz, cerda —contestó la Haruno.

— ¿Sakura no va? —preguntó Hinata saliendo del baño ya vestida.

— ¡Wow! Luces increíble —la halagó Ino ignorando su pregunta.

— Y-yo —la Hyuuga se sonrojó y comenzó a jugar con sus dedos.

— Ahora hay que maquillarte —siguió la ojiazul.

— P-pero si Sakura no va, entonces y-yo —la Yamanaka la señaló con el dedo y la interrumpió.

— ¡Ni lo pienses! Ya no puedes retractarte —le dijo.

Hinata suspiró sabiendo que no podría ir en contra de Ino.

— ¿N-no creen que esto es demasiado? —preguntó refiriéndose a la ropa. Ino y Sakura se sonrieron.

— ¡Pues claro! Dejarás embobados a todos los chicos —habló la rubia viendo la ropa que le había prestado a Hinata.

— Mejor dicho, los dejarás inconscientes —siguió Sakura riéndose.

La vestimenta de Hinata se trataba de una falda de vuelo color azul royal demasiado corta para su gusto y una camiseta corta de color blanca que dejaba a la vista parte de su vientre. Como la Hyuuga estaba un poco más proporcionada que Ino, la vestimenta le quedaba aún más pegada que a la rubia.

— Ahora solo faltan los tacones — dijo la Yamanaka.

— ¿Los tacones? ¿Acaso quieres que parezca una mujer de la vida fácil? —le cuestionó la pelirrosa. La Hyuuga abrió la boca con sorpresa.

— Bueno, pues que se vaya con zapatillas —contestó Ino haciendo un puchero. Todas siguieron con lo suyo hasta que Sakura llamó a la ojiperla.

— Hinata, ven acá —dijo esta y la peliazul se le acercó.

— ¿Sabes por qué a la cerda le gustan tanto estas fiestas? —le preguntó la Haruno e Hinata negó con la cabeza.

— ¡Te puedo oír frentona! —exclamó Ino al escuchar que su amiga le había dicho cerda. Sakura solo la ignoró y siguió con la conversación.

— Porque es el único momento en la escuela donde se puede vestir como zorra sin que le digan nada, después de todo no hay ningún guardia vigilando —explicó la pelirrosa mientras que Hinata se quedaba pasmada.

— ¿¡Cómo que zorra!? —gritó la rubia enfurecida y le dio un manotazo a la ojiverde.

— Es que solo están Shizune y Tsunade-sensei, y ellas nos dejan hacer lo que queramos, no es mi culpa —se justificó la Yamanaka cruzándose de brazos.

Una vez que las dos chicas estaban maquilladas y vestidas, se despidieron de Sakura y llegaron hasta la entrada del cafetorium. La rubia llevaba puesto un vestido corto de color violeta.

— ¡Vamos a divertirnos! —exclamó Ino a punto de abrir la puerta. La música se oía hasta afuera y eso asustó un poco a la peliazul.

— ¿Qué s-se supone que haga? —la interrumpió Hinata ya que no estaba acostumbrada a ese tipo de eventos.

— ¡Pues bailar! —la rubia abrió la puerta de golpe e Hinata se asustó con lo que presenció. La música estaba más alta de lo que había creído y frente a la tarima se encontraba casi todo el mundo bailando. Las personas estaban tan pegadas unas a otras mientras bailaban, que no llegaban a ocupar ni la mitad del lugar.

La Hyuuga se percató de que las mesas y sillas habían sido recogidas y echadas hacia una esquina del cafetorium. Las luces estaban apagadas, pero había luces de colores que parpadeaban. Vio que en otra esquina del lugar se encontraban dos mesas donde habían bebidas y entremeses.

La Yamanaka tomó de la mano a Hinata y comenzó a dirigirse hacia el gran grupo de personas que bailaban hasta que se encontró con dos personas conocidas.

— Hola Ino —saludó un muchacho de cabello castaño.

— ¡Chicos! —exclamó la rubia al verlos.

— Chicos ella es Hinata Hyuuga, Hinata estos son Chouji y Shikamaru —presentó rápidamente la ojiazul.

— H-hola —dijo la peliazul en susurro casi inaudible.

— ¡Mucho gusto! —exclamó Chouji. El chico de coleta de piña miró a Hinata como si la estuviera saludando sin palabras.

— ¿No vino Sakura? —preguntó él al ver que su rubia amiga no venía acompañada de la pelirrosa.

— No, la muy aguafiestas se quedó —explicó Ino.

— Nosotros estamos aquí con Naruto; somos compañeros de cuarto este año —habló Chouji.

— ¿Enserio? —su amigo estaba a punto de contestar cuando de pronto vio a un muchacho desconocido tocándole el hombro a la rubia.

— Hola linda ¿bailamos? —le preguntó el chico a Ino.

La rubia lo miró de arriba a abajo y pareció aprobarlo con la mirada.

— ¡Claro! Nos vemos luego chicos —la Yamanaka se volteó para irse con aquel muchacho hasta que de pronto se acordó de algo.

— Espera ¿estarás bien sin mí? —preguntó dirigiéndose a la peliazul.

— N-no te preocupes —Hinata sabía que no estaría bien sin ella, pero no se atrevía a decírselo.

La rubia sonrió y se fue a bailar con su nuevo acompañante. El de coleta de piña los observó irse con el ceño fruncido. La Hyuuga lo vio y se percató de que estaba molesto. Pronto el Nara apretó los puños y se alejó de los dos jóvenes.

— ¿Shikamaru? ¿A dónde vas? —preguntó Chouji al verlo irse. El chico volteó hacia Hinata con una sonrisa que parecía de disculpa ya que se iría a buscar a su amigo y la dejaría sola. La ojiperla sintió como los nervios se acrecentaban en su interior.

Estaba sola en un lugar donde no conocía a nadie. El pánico se apoderó de ella y supo que no podría durar más de cinco minutos en aquel lugar. Trató de buscar con la mirada a alguien conocido pero fue en vano; Hinata sabía que no conocía a nadie más en aquella escuela.

Decidió que lo mejor sería irse hacia su residencia para no tener que pasar un mal rato. Pronto procedió a buscar a su compañera para decirle que se iría. Para ello, tuvo que meterse en la multitud de jóvenes que bailaban extremadamente pegados unos a los otros.

— ¡Oye! —exclamó una persona cuando sin querer la Hyuuga lo empujó para pasar.

— D-disculpa —murmuró ella apenada.

— ¡Fíjate! —le gritó alguien a quien había pisado.

— ¡Lo siento! —al no encontrar a Ino decidió que sería mejor alejarse de aquel caos.

Se dirigió hacia las mesas donde estaban las comidas para poder distraerse.

— ¿Quieres probar el jugo? —le preguntó un muchacho que estaba atendiendo las mesas. Hinata asintió tímidamente y el chico le sirvió el jugo en un vaso. La peliazul llevó el recipiente a sus labios y tomó rápidamente. Luego tosió varias veces cuando aquel líquido le quemó la garganta; resultaba que aquel jugo contenía alcohol, algo que a ella no le gustaba para nada. Al verla, el muchacho comenzó a reír y en respuesta Hinata se alejó.

No entendía como podía haber tan poca supervisión en aquella escuela. Miró hacia todos los lados buscando a Shizune y a Tsunade. Cuando las encontró vio como la rubia se meneaba de lado a lado por el lugar, como si estuviera borracha, y como Shizune la seguía histérica para que no le pasara nada.

Hinata decidió salir del lugar; ya le daba igual el avisarle o no a la Yamanaka que se iría. Cuando se dirigía hacia la salida, un muchacho se le acercó.

— Hola preciosa —le saludó él haciendo que la Hyuuga se cohibiera al ver aquella sonrisa extraña en sus labios.

— ¡Yo la vi primero! —exclamó otro muchacho acercándose. Hinata aprovechó la discusión para alejarse.

En el camino hacia la salida, la ojiperla se topó con otro muchacho que le sonreía de manera extraña y perturbadora. Optó por ignorarlo cuando de pronto ocurrió algo inesperado.

— ¡Ah! —la peliazul soltó un grito al sentir una mano apretando su parte trasera.

— Estás buenísima —le dijo el muchacho que había cometido el acto.

Hinata se alejó con lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento. La ojiperla por fin salió del lugar; estaba totalmente asustada. Si así solían ser las fiestas, ella se encargaría de no volver a asistir a ninguna. Seguramente por eso Sakura había decidido quedarse. La Hyuuga se acercó a un árbol que estaba cerca del cafetorium y colocó sus manos en sus antebrazos para protegerse del frío nocturno.

Acababa de pasar por una experiencia realmente horrible, pero no tuvo tiempo de pensar mucho en ello ya que algo la sacó de sus divagaciones.

Había visto que una persona había pasado corriendo a su lado. ¿Qué rayos había sido aquello? Luego llegó una persona hasta donde ella estaba y se paró mientras que respiraba agitadamente.

— ¿Viste a dónde fue? —le preguntó. Hinata negó con la cabeza.

— ¡Rayos! —exclamó. Hinata observó a la persona; era aquel chico rubio de ojos azules que era amigo de Sakura.

— E-espera; tú también lo viste ¿cierto? —el ojiazul estaba anonadado. La Hyuuga asintió con la cabeza mientras lo observaba; parecía estar embobada.

— ¡Entonces no debo estar tan loco! —habló de pronto el rubio. La chica no entendió a qué se refería.

— ¡Estoy seguro de que era él! —gritó nuevamente.

— ¿Q-qué? —preguntó Hinata completamente desconcertada.

— ¡Estoy seguro de que era Sasuke! —le respondió el chico.

— Ah... —soltó la peliazul haciendo ver que había entendido.

Hinata enmudeció al caer en cuenta de lo que aquello significaba.