|Demasiadas gracias a todas por sus maravillosos comentarios (Leo y me encanta cada unjo de ellos (:): ale Wendy: EDWARD-BELLA- MANSON; Hime-chan n n; esme; ADICULLEN Aleisa Black KellyFG MarCullen20 HippieLucy lax gabytaxx K y Edward Cullen Forever viszed YeIcY LEaNe SwAnSEa yoya11 B. Vi naddia-of-pattz zujeyane vale9315 vero; I am a bad daughter; darky1995 Suiza19 blum; Dark Thalassa Mary de cullen Rose Nightmare Aiiram ThoraPoison . Angel Delirium.-. . TOXICULLEN Deathxrevenge sophia18 gpattz lizitablackswan Pacita Delitah Cullen .

.

.:: Doll Is Mine ::.

.

Capítulo IV: Descontrol

.

.

.

.

El terrible dolor de cabeza volvió a regresar. Las fuertes punzadas y las terribles sensaciones de desorientación. ¿Y ahora en dónde estaría? ¿Qué estaría pasando? Tenía un desfiladero de recuerdos muy vagos y borrosos que no alcanzaba a comprender. Y ahora mismo se le hacía algo complicado pensar. Le dolía muchísimo la cabeza. Volvió a encontrarse con oscuridad cuando abrió los ojos.

Pero, para su sorpresa, esta vez no estaba maniatada. La sensación de dolor y picazón en las muñecas era la única señal que habían dejado las cuerdas que alguna vez estuvieron allí. Sin pensarlo llevó sus manos a su rostro, dispuesta a quitarse esa venda. Debía de ver lo que fuese que pasaba a su alrededor. Sin embargo, su pequeño cuerpo se congeló y tensó al escuchar una voz totalmente desconocida a su lado.

La sintió como seda o terciopelo en su piel. Provocó que los vellos de la nuca se le erizaran y algo en su interior se estremeciera. Había que admitirlo: era muy… hermosa. Quizá inconscientemente seductora bajo ese frío y sumamente intimidante tono. —Deja eso allí, muñeca.

Sus manos temblorosas bajaron lentamente hasta quedar unidas en su regazo. Se quedó muy quieta allí y tragó saliva audiblemente. Se sentía realmente débil, muy cansada y ese dolor de cabeza parecía que se venía haciendo más y más intenso, pero realmente no importaba. Seguía siendo prisionera de estas personas. E intentó no ponerse más nerviosa cuando se dio cuenta de que estaba en el interior de un auto.

Eso le decía que probablemente la llevarían a otro lado, pero no quería pensarlo. Quería simplemente imaginarse que no estaba allí, que estaba muy lejos o que volvía a estar en la ensoñación de hace algunos minutos. Pero no pudo. Podía sentir la mirada de quien fuese él sobre ella, como perforándole. Quiso abrazarse a sí misma, pero temía moverse. Se quedó rígida todo el tiempo.

Finalmente después de un rato del que ella perdió noción debido a su nerviosismo, el auto en donde estaba se detuvo. Su pulso se aceleró y comenzó a sentirse más nerviosa. ¿Ahora qué pasaría? Escuchó movimientos a su lado y se sobresaltó cuando en instantes unas gélidas manos le tomaron el brazo con algo de delicadeza y le 'obligaban' a bajar.

Pero en cuanto ella dio un vacilante y tembloroso paso, sintió que el suelo perdía estabilidad y de nuevo agradeció el tener puesta esta cosa en los ojos. No le hubiese agradado la sensación del suelo acercándose a su rostro y el mundo perdiendo nitidez. Alguien le agarró más firmemente el brazo, impidiendo que fuese a estampar como el suelo.

Jadeó cuando alguien repentinamente la cargó sin ningún esfuerzo y la llevó hacia algún lugar como si se tratase de una pluma o algo por el estilo. Podía sentir sus frías manos en sus piernas descubiertas y tuvo mucho más miedo. Después de algunos minutos en los que no supo nada, sintió una superficie blanda y suave bajo sus desnudas piernas.

Se quedó sentada allí, sin moverse, como si fuera una estatua. Se sintió realmente tonta, pero hasta la respiración aguantó por unos segundos. Y cuando no pudo hacerlo más, trato de respirar haciendo el menor ruido posible. No supo cuánto tiempo estuvo así, pero aún podía sentir la mirada de la persona que le había traído aquí. Algo le decía que mientras estuvo drogada esos infames desgraciados le habían vendido por fin. Este… este degenerado debía de ser su 'dueño'.

—Desnúdate —escuchó ordenar roncamente desde algún punto de la habitación de nuevo a esa sedosa y hermosa voz. Se quedó congelada en su sitio, después de haber asimilado esa simple palabra. No quiso moverse y simplemente se mordió el labio queriendo contener los nuevos sollozos que querían escapar de su garganta. Esto no podía estar pasando de nuevo. Él observó ese gesto desesperado y se sintió muchísimo más tentado que nunca. Sólo le estaba provocando más y más.

Ella obviamente no lo hacía con esa intención, debía de estar aterrorizada, pero ese gesto sólo había logrado desearle más y más. —¿No me oíste, muñeca? —volvió a decir, enfatizando la última palabra con ironía, aunque sin pensar realmente en sus palabras. Realmente estaba perdiendo la paciencia y a pesar de ello lograba sorprenderse a sí mismo, porque desconocía por completo su comportamiento. ¿Tan ansioso le ponía esta niña? —Dudo que quieras que te ayude a quitarte ese lindo vestido.

Isabella, que siguió totalmente de piedra durante todo este tiempo, con el corazón a punto de estallar, el cuerpo tembloroso y la garganta adolorida por aguantar los sollozos, se desesperó y desconsoló totalmente. No tenía elección. Debía de hacerlo. Debía de tragarse ese miedo y su dignidad. La inocencia y felicidad había acabado, ahora sería sumida a un mundo horrible en donde acabarían con todo lo que fue y no tenía modo de salvarse a sí misma. ¿Qué importaba ya? Si se resistía sería mucho más horrible de lo que ya sería.

Más temblorosa que nunca se levantó de en donde estaba, sintiéndose aún desorientada por la venda en los ojos, y llevó los dedos temblorosos al cierre del costado del vestido. Comenzó a bajarlo, sintiendo como este dejaba de ceñir contra su cuerpo, lo estaba haciendo lo más lento posible. Soltó un grito cuando repentinamente sintió un cuerpo contra el suyo, un cuerpo muy grande y duro, le hizo caer de nuevo a la cama, esta vez acostada. No contuvo más los sollozos cuando lo sintió esta vez encima suyo, unas manos frenéticas rompieron el vestido. No podía resistirse más. De repente todo dejó de existir, todo pensamiento coherente fue sustituido por un deseo inhumano de poseerla ahora mismo al comenzar a entrever ese pequeño cuerpo.

Su sostén quedó expuesto y ella por instinto llevó las manos para luchar contra ese hombre, el pánico se había apoderado de ella y la resignación que instantes antes quiso tener había desaparecido. Pero era demasiado fuerte, le agarró las manos en un puño colocándoselas encima de su cabeza y revolvió su pequeño debajo de él indefensa y lloró desesperadamente cuando sintió su frío hálito contra la piel de su cuello. —Eres realmente… ¿No te das cuenta lo mucho que me tientas haciendo esas cosas? —le expresó al oído, mientras Bella lloraba desesperadamente. —¿Qué carajos me haces? —se dijo a sí mismo. Soltó un gritito desesperado.

El fuerte aroma a fresas le embriagó totalmente, en ese momento recorrió con los labios el suave y pálido cuello. También allí olía deliciosa y penetrantemente. Bella siguió llorando escandalosamente. Él se había salido de control. Comenzó a besarle furiosamente el cuello y ella soltó gritos. Parecía como si su lucha fuera nula. No servía de nada, porque no quiso detenerse y siguió besándola descontroladamente.

Sus manos ávidas recorrieron el pequeño cuerpo de la chica, olvidando por completo sus zarandeos y forcejeos inútiles. Finalmente el cuerpo de ella quedó tenso, pero quieto, porque quedó totalmente agotada. No quiso moverse más y cerró los ojos, intentando pensar que nada de esto estaba pasando. Pero sentía la fría humedad y el frío toque indeseado en sus muslos.

Después de a lo que ella le parecieron eternidades, él se detuvo. Reaccionó y la conciencia sobresalió al instinto animal que se había apoderado de él. La niña que tenía debajo de él lloraba desesperadamente y soltaba lastimeros sollozos. Su rostro estaba desencajado por terror y tortura que le estaba provocando en esos momentos. Simplemente ella le había tentado demasiado… le sacó fuera de control. Pero él no era así.

Al menos no cuando estaba haciéndoselo a alguien que no lo había pedido. Él no era un violador. Los violadores eran unos cabrones que no merecían vivir. Y aunque había hecho tantas cosas malas que seguramente se iría al averno, jamás violaría. Aunque sus instintos y deseo carnal se lo suplicaran. No podía. Quizá si lo hiciese no podría volver a ver a Alice a los ojos.

Tragó saliva audiblemente y tembló en su intento de controlarse un poco. Soltó sus manos e intentó ignorar las marcas rojas que había dejado. Su mano temblorosa se dirigió al rostro de ella y le quitó la venda que todavía había tenido durante todo este tiempo en los ojos. Se maravilló pero a la vez se frustró cuando vio de nuevo esos ojos achocolatados. Estaban extrañamente brillantes, por las lágrimas y por el horror.

Ella se había quedado petrificada mientras miraba fijamente al hombre que tenía encima. Podría decir tantas cosas de él, poner miles de adjetivos y palabras hermosas para describirlo, pero ahora mismo no estaba en la mejor situación para hacerlo. Y ni siquiera quería hacerlo. Si estuviese en otro lado probablemente utilizaría las palabras más hermosas para describir su perfección. Sólo sabía que el alborotado cabello del color más extraño que había visto, con un matiz que estaba entre el rojizo y el marrón, fue lo que más le llamó la atención. Y aquellos ojos verdes y con un inusitado brillo de irracionalidad. Estaban oscuros. Podía ver el hambre en ellos. Hambre por algo que definitivamente no era nada bueno.

Se quedaron mirando durante unos segundos, mientras él intentaba tranquilizarse. Pero no podía con ella mirándole de esa manera. Ni mucho menos sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. Se quitó de encima de ella y se apartó, dándose cuenta de que le había dejado simplemente en ropa interior. El vestido estaba técnicamente destrozado, los restos apenas y le cubrían las caderas. Y podía ver de nuevo esos delicados montes… Demonios. No podía tentarse de nuevo.

Como pudo fue a sacar algo para que se cubriera, apretó los labios cuando ella todavía seguía encogida y temblorosa en donde le había dejado. Sus ojos seguían brillando con vergüenza, pero mucho más horror. Le vio tragar saliva cuando volvió acercarse a ella. Seguía llorando escandalosamente. Simplemente le tendió la prenda y se marchó a toda velocidad de la habitación, dejando a una asustada y confundida Bella.

Sus sollozos y chillidos no habían pasado. Seguía temblando incontrolablemente y el corazón le latía erráticamente por el horror que se había llevado. Estuvo a punto de ser violada. Pero él no lo hizo por alguna razón. Y esta vez no quiso ni preguntarse la razón, porque probablemente terminaría por hacerlo. Y entonces allí culminaría el peor día de su vida… Hasta ahora. Miró el vestido que le había destrozado aquel… hombre.

Le había dado lo que parecía ser una camisa suya. Realmente no quería usarla, pero prefería estar con ella a seguir con este vestido que ahora tapaba mucho menos de lo que originalmente había hecho. Estaba prácticamente roto a la mitad. Se había descontrolado tanto. Aún podía sentir las bruscas y furiosas caricias en su cuerpo y los besos en su cuello, como si hubiese estado poseído por un instinto animal.

Se quitó el vestido todavía temblando un poco y se puso la camisa. Cuando la abrochó, no se sintió muy aliviada. Esta le cubría de la misma manera que el vestido las piernas. O sea nada. Pero eso ya no importaba. Nada importaba realmente. Porque, aunque no sabía que le pasaría ahora, sabía que no podía ser nada bueno. Estaba con un completo desconocido que le había comprado para usarla sexualmente y aunque por alguna extraña razón había parado, ya pudo darse un visto bueno de que cómo iba a ser usada. Era tan… repugnante.

Se abrazó a sí misma, mientras se dejaba caer con desgana en la enorme cama. Aunque eso no tranquilizó los escalofríos y espasmos que recorrían su cuerpo. Las lágrimas siguieron saliendo y los sollozos también. No supo cuanto tiempo estuvo así. Pero él no volvió, para su minúsculo alivio. No volvió aparecerse y ella estuvo rota y sola en aquella habitación.

Mantuvo los ojos cerrados firmemente y no separó las rodillas de su cuerpo durante un buen rato. Pensó en Renée, en Charlie, en todas las personas queridas que había dejado atrás. Alguna vez pensó que no eran muchas, y que estaba totalmente sola, pero ahora que había estado pensando en todas ellas se arrepintió de haberlo hecho. Quizá no eran muchísimas, pero pensando en cada una de ellas se daba cuenta de lo valiosas que eran. Y de lo mucho que las extrañaría. De lo mucho que les necesitaba.

Pero sobre todo a Renée y Charlie. ¿Cómo estaría mamá en estos momentos? ¿Qué estaría haciendo? Bueno, eso no era difícil de imaginar. Totalmente destrozada, con el alma en un hilo, llorando desesperada e intentando localizarla inútilmente, porque estaba tan lejos. Ahora mismo no sabía en donde se encontraba, pero la última vez que supo, en Italia.

.

.

Se pasó las manos por el rostro y tiró de sus cabellos, de nuevo intentando deshacerse de esa frustración y… rabia que sentía en esos momentos. ¿Qué había estado a punto de hacer? Aunque en realidad eso era obvio. Estuvo a punto de tomarla a la fuerza. Arrancar esa pureza que tanto le había atraído. Lo que más le importaba era, ¿por qué le había pasado eso?

Cuando reproducía las vívidas imágenes de lo que hizo se desconocía totalmente. Esa chica realmente era un peligro para él. Había algo en ella, que iba más allá de esa inocencia, que le atraía irrevocablemente y le volvía loco. Tal como había pasado anteriormente. Olvidó por un momento quién era, esa absurda moral y la conciencia y en su mente sólo estuvo vivo el pensamiento de tomar esa inocencia y a esa muñeca hasta el cansancio.

Tendría que soportarlo. Y además de eso, intentar ver qué era lo que tenía aquella chica que le atraía. ¿El físico sería? No lo creía muy probable. La muñequita era un encanto, pero sabía muy bien que sus tipos siempre habían sido mujeres maduras. Y esa definitivamente no lo era. Sacudió la cabeza y suspiró.

Lo averiguaría. No la dejaría hasta lograrlo.

.

.

Abrió los ojos con pesadez, algo confundida. Una vez que las imágenes de su alrededor se volvieron nítidas observó en dónde estaba. Una habitación demasiado ostentosa y enorme. Quizá la más enorme que había visto. El tipo de habitación que tenía alguien quien sin duda tenía mucho dinero.

Estaba sentada en una enorme cama también. La cama más suave, blanda y cómoda en la que había estado. Pero cuando vio el vestido roto en el suelo y la camisa de hombre que traía puesta, los recuerdos que su mente por piedad misma había querido dejar a un lado por unos momentos, volvieron. Ya ni siquiera quiso admirar el lugar. Se sintió algo adolorida del cuerpo. Se miró las manos y vio que en sus muñecas aún tenía las pruebas de la fuerza que él había aplicado para domarla. Hematomas muy marcados.

Miró paranoica a su alrededor y se alivió un poco al ver que no había nadie. Ese hombre no estaba. Algo le decía que no había vuelto desde… lo que había pasado esa vez. Ya ni siquiera tenía noción del tiempo. Pero, tenía que encontrar una manera de salir de aquí. Sus ojos por instintos buscaron y cuando vislumbraron una ventana al otro lado de la habitación, ella se bajó silenciosamente de donde estaba y fue hacia ella.

Apartó las gruesas cortinas y se asomó por la enorme ventana. Era de día. Y la esperanza minúscula que se había formado en ella desapareció. No había forma de salir de allí. Había barrotes. Le hubiese gustado saltar y aunque viendo la altura en la que se encontraba seguramente hubiese muerto, no le importaba. Era una buena manera de salvarse de esto. La casa debía de estar muy oculta en el bosque o algo así. No había forma de pedir ayuda.

Buscó también en la ostentosa habitación y no encontró nada de utilidad. Se fue a sentar en uno de los rincones de la enorme habitación cuando se dio por rendida. Estaba atrapada aquí. Y no sabía cuánto tiempo sería así. Probablemente esta habitación sería como su jaula. De nuevo se abrazó a sí misma y escondió la cabeza entre las rodillas, las lágrimas de nuevo escurriendo por sus mejillas.

De nuevo abrió los ojos. Y esta vez un dolor agudo de cabeza le acompañó. ¿De nuevo se había quedado dormida? Levantó la cabeza, que había estado todavía escondida entre sus piernas, y sintió dolor y a la vez alivió en el cuello. Estiró las piernas también adoloridas. Quien sabe cuánto tiempo había estado en esta incómoda posición. Miró alrededor de la habitación, no había nadie de nuevo.

Todo estaba igual que antes de que se durmiera… no sabía cuánto tiempo había pasado. El único cambió en la habitación es que había una bandeja con… comida. De repente algo se iluminó en su interior… No había comido desde que había empezado esta pesadilla. ¿Cómo había sobrevivido? Quien sabe cuánto tiempo había pasado, pero la mayor parte lo pasó inconsciente. Obviamente el no haber comido desde hace mucho tiempo, era la razón por la que se sentía tan… débil.

Caminó con cautela a la mesa en donde estaba la bandeja y miró. Tenía algo de temor, no sabía realmente si quería comer o no, pero ahora que estaba un poquísimo tranquila, su estómago reclamaba algo de alimento. Se encogió de hombros, pensando que nada peor podía pasar. Probablemente eso la mataría y acabaría con todo. Comenzó a devorarla y se maravilló por su sabor. Una vez que la hubo terminado, se dirigió de nuevo a la ventana.

Un enorme muro debía de rodear la casa, que se encontraba en medio del bosque. Se preguntó por qué. Pero el hecho de que estos factores afirmaran que le sería imposible escapar, sólo le deprimió y angustió más. ¿Ahora qué haría? ¿Qué pasaría? Seguía preguntándose. De nuevo fue a sentarse al rincón, por más estúpido que sonara se sentía 'protegida' estando allí. Se quedó mortificándose por un buen rato y sus pensamientos fueron interrumpidos, su cuerpo se puso en alerta, cuando escuchó a alguien abrir la puerta.

Se volvió rápidamente y se sorprendió al ver a una mujer entrar a la habitación. ¿Quién era ella? No parecía ser mucho más mayor que ella. Era algo joven. No tenía un aspecto amenazante o intimidante como ese hombre. Sus cabellos eran de castaño claro y sus ojos oscuros, también era algo morena. De hecho le miró con gesto amable y sonrió tímidamente.

Bella se relajó sin poder evitarlo al verla. No parecía tener intenciones de hacerle daño. Simplemente se preguntó el porqué estaría aquí. ¿O estaría enterada de lo que le estaba sucediendo? Sin embargo no quiso atreverse a preguntar. Ni siquiera sabía si debería de hablarle.

—Me alegro que haya comido —expresó ella amablemente, mientras se apuraba a recoger la bandeja ahora sólo con un plato vacío. —Se le veía demasiado débil. Y al señor no le hubiese gustado que la rechazase.

—¿El señor? —se atrevió a preguntar intrigada. Pero ella no contestó, simplemente sacudió la cabeza y volvió a sonreír brevemente.

—¿No hay nada que necesite, señorita?

—Yo… —Bella prefirió negar con la cabeza. Sería demasiado obvio y estúpido pensar que si le pidiese a esa chica que le ayudara a salir de aquí lo hiciese. Ella se excusó con un asentimiento de cabeza y salió de la habitación. Bella volvió a quedarse sola en la habitación, ahora con muchas más preocupaciones en la cabeza.

Las manos le temblaron y prefirió irse a sentar de nuevo al rincón. Después de lo que le parecieron eternidades, comenzó a desesperarse y a deprimirse de nuevo. Quería sumirse en un sueño profundo, pero no parecía estar cansada ya. No había ninguna forma de poder evitar esta horrible situación. Y de nuevo sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando de nuevo alguien entró a la habitación.

El pánico le recorrió el cuerpo, el corazón se le constriñó y sus ojos se abrieron cuando vio de nuevo a ese hombre. De nuevo, ahora con más claridad, se dio cuenta de lo hermoso y perfecto que parecía ser. Un hombre que a cualquiera, incluso a ella misma, podría parecerle todo un encanto. Sin embargo, teniendo en cuenta la situación y la mirada gélida e intimidante, definitivamente no podía ser así.

Instintivamente volvió a abrazarse a sí misma y a pegarse imposiblemente a la pared, sabiendo que seguramente venía a hacerle daño ahora sí. Él siguió mirándole fijamente y se echó a reír, aunque era una risa fría y sin humor. Sin embargo resultaba música, como una muy hermosa pieza clásica. Seguramente hubiese sido mucho más musical si fuera alegre. —Descuida, muñeca, no voy a hacerte daño.

Cuando escuchó sus palabras tuvo unas extrañas ganas de gritarle que se fuera al carajo, porque era obvio que no eran verdad, pero prefirió tragar saliva, como si se estuviese tragando esas mismas palabras. Probablemente si lo hacía él le golpearía o algo así. Se quedó callada. No quiso moverse. Sin embargo él siguió mirándole fijamente, como estudiándole. Se encogió más y casi hundía la cabeza entre las rodillas. No le gustaba que le mirara tanto.

—¿Tanto miedo me tienes? —dijo repentinamente y ella casi quiso gritarle de nuevo. Él se dio cuenta de que eso había sido una pregunta muy estúpida. La más estúpida de todas. Obviamente la niña le tenía miedo. Pero quería que dijera algo, no que simplemente estuviese allí encogida sin hacer nada. Le frustraba demasiado. —Escucha… —comenzó. Se apretó la nariz intentando formar las siguientes palabras que tanto trabajo le costaba formular. —No… No quería hacerte eso, ¿de acuerdo? No tengo ninguna intención de… abusar de ti.

Bella por primera vez en mucho rato, dejó el miedo de lado. Este pasó a ser sustituido por la incredulidad y rabia. ¿Qué no tenía intenciones de abusar de ella? Sí, y un carajo. No por nada le había comprado. —No te creo nada —musitó con voz temblorosa. Él se sorprendió de escuchar su voz.

Parecía ser tan delicada como ella. Muy suave. Y a pesar de lo suave, pudo detectar la rabia y un poco de miedo en ella. —Es verdad. No soy un violador, muñeca.

—¿Entonces…? —comenzó a decir ella mordazmente. Pero no se atrevía a decir esas palabras horribles. Sólo le provocaban sentir como si un ladrillo le estuviese bajando por la garganta. Casi quiso rodar los ojos, pero esta no era cualquier plática. —¿Por qué… por qué me compraste si no es por eso?

—No lo sé. Aún me lo pregunto.

—¿Q-Qué? —jadeó Bella. Ya no estaba tan temerosa como antes. Al menos parecía que ese tipo no iba ah hacerle nada… por ahora. Él se había quedado pensativo y esas palabras le sonaron más una respuesta para él mismo que para ella. Y él eso mismo se preguntaba. No estaba seguro de la razón por la que lo había hecho.

—No lo sé —replicó, esta vez más fuerte y fríamente. Le provocaba escalofríos, como si seda fina estuviese recorriendo su piel. Era una voz muy hermosa. —Pero deberías de estar agradecida.

—¿Qué? —exclamó Bella esta vez. Escandalizada. Furiosa por sus palabras. ¿Por qué decía algo como eso? Eran sandeces. Por supuesto que jamás podría estar agradecida por algo así. Era obvio y si él pensaba algo como eso estaba completamente idiota.

—Lo que oyes, muñeca. Gracias a mí no amaneciste en la cama de un viejo verde —replicó fríamente. Bella en ese momento bajó la mirada y no pudo evitar sonrojarse furiosamente, ante el significado de sus palabras. —¿O hubieses preferido eso? Seguramente se hubiera dado un buen festín contigo —añadió, sin humor.

—De todas formas tú lo harás —replicó Bella con voz ahogada.

—Ya te dije que no tengo intención de hacerlo, no pienso repetírtelo de nuevo —contradijo con exasperación. «Al menos, no por la fuerza y no todavía», pensó en su fuero interno y se reprendió por esos pensamientos. Vio con timidez que de nuevo se llevaba una de sus manos a la nariz y se apretaba el puente, parecía realmente frustrado. Intentaba pensar con claridad.

—Sigo sin entender entonces para qué me… compraste —dijo de mala gana Bella. Estaba comenzando a molestarse realmente. Ese hombre era un desvergonzado. Ni siquiera quería admitir que estaba ansioso por tomarla. —Nadie gasta… tanto dinero sin razón alguna —masculló.

—Tómalo como un favor... En ese lugar no hay hombres muy decentes. Y no hay nada más placentero para un hombre que quitarle la virginidad a una mujer. Es algo tan deleitable y grande para el ego. Y si se trata de alguien tan joven… mucho mejor —Las mejillas ardieron más y se sintió más incómoda.

—¿Y te incluyes entre ellos? —musitó Bella con cautela. Dirigió una tímida mirada hacia ese hombre. Parecía una estatua, sentado despreocupadamente en uno de los lujosos sillones que estaban al otro lado de la habitación y mirándole inexpresivamente. Desvió su mirada de nuevo al suelo que tenía enfrente.

—No lo sé, quizá. No es como si me metiera con… niñas todo el tiempo —No sabía realmente qué pensar de sí mismo. Al menos no era un viejo verde. Pero mientras miraba las piernas descubiertas de esa niña pensó que probablemente tampoco sería muy decente de su parte acabar con esa pureza que tanto deseaba.

Y ella no lo comprendió. No comprendió su razón y probablemente no lo haría. Y entonces ¿qué pasaría ahora? ¿Qué haría con ella, si supuestamente no la tomaría? ¿La tendría de adorno aquí? Todo resultaba tan estúpido que ni ella misma, siendo tan tonta, se lo creía. Debió de haber pagado un montonal de dinero por ella y nadie, nadie, gastaba dinero sabiendo que no habría ningún beneficio.

—Entonces no entiendo qué hacías en un lugar como ese, si no te gustan las niñas… —masculló Bella, enfatizando con furia la última palabra. Las palabras de este tipo realmente le hacían enfadar. Era un hipócrita pervertido. Pudo escuchar su suspiro exasperado. Pero no le contestó.

—Dime tu nombre. -—Recordó de repente, después de un rato. Ni siquiera sabía cuál era el nombre de esa niña. Ni mucho menos su edad. Aunque seguía dudando si quería saber lo último. Bella dudó, prefería ahorrárselo. No quería que supiese nada de ella. ¿Para qué querría saberlo?

—No te pasará nada por decírmelo, cariño —añadió mordaz.

—Bella… —aunque lo dijo tan bajo que no estuvo segura de que lo hubiese escuchado. «BellaUn nombre muy adecuado, por supuesto», pensó con ironía Edward. Pero ese debía de ser un sobrenombre.

—¿Ese es tu nombre?

—Es Isabella, pero prefiero Bella —murmuró, mirando al suelo. Pero se arrepintió, no querría que le llamase por su nombre. No quería que supiese nada de ella y sin embargo ya le había dicho como le gustaba que le llamaran. Que idiotez.

Bella… —dijo esta vez en voz alta. Escalofríos extraños y ajenos le recorrieron. No le gustó lo bien que sonaba su nombre en sus labios, pero había admitirlo, sonaba muy bien. Bella miró sorprendida mientras él se levantaba de en donde había estado y sin otra palabra más salió de allí, no sin antes dirigirle una gélida mirada que hizo que permaneciera congelada en su rincón.

|Nota de Autor:

Pues, díganme qué piensan. ¿Les gustó? Fue un poco extraño y algo difícil escribir este capítulo. Bueno, en realidad lo escribí rápido, pero estuve releyéndolo (ya superé mi aversión por leer mis propias historias) y sentía como que no quedaba claro. Le faltaba algo, no sé. Finalmente decidí dejarlo así, sólo le cambié unas cosas. Les suplico: Comenten. xD. Muero por saber lo que piensan.

Por cierto, adoré un review de una chica que entendió totalmente, Vero, (lo dijo con esas palabras que no pude decir yo) la manera de pensar de Edward y sus razones para desear a Bella. Me alivió saber que dejé más o menos clara la imagen de Edward, aunque se irá aclarando más a lo largo de la historia. xD. Por cierto, también cabe destacar que Bella no siempre será la frágil chica sumisa, también tendrá momentos en los que encarará a Edward y eso, creo que en este capítulo lo hizo, no lo sé xP¡Gracias por todo!

Ains, estoy alargando demasiado la nota. Otra cosa que me preguntaba, y me pusieron en un review, y que también llegué a pensar mientras escribía el capítulo, es… ¿Sería mejor en primera persona? Es decir, lo típico, Bella PoV y eso. Nunca es tarde para cambiarlo. Quizá así sería más profundo… o no sé si esté bien así. Las dos maneras me gustan xD.

Adieu y que Edward les acompañe,

Leon
Miércoles 3 de febrero 2011.