Advertencia: En este capítulo hay una parte que quizá podríamos calificar como lime ligero, nada exagerado, y además como ya venimos viendo pues es shota, porque me refiero a ItaxSai. Ya que Naruto aún no ha caído. Jejeje, espero sus comentarios y disfruten el penúltimo capítulo de la historia.
¤†¤ Pεcαмîиöŝα Tзитαcïóи ¤†¤
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— Esto no debió pasar… - murmuró Naruto empujando a Sasuke, este no puso fuerza en su agarre al notar lo aturdido que estaba el otro, solo le miró acercarse a la orilla de la terraza, recargando ambos brazos y agachando la cabeza.
Un fuerte suspiro se escapó por entre los labios de Naruto. Sasuke le miraba desde el mismo lugar.
— Sabes que tanto tú como yo lo deseábamos. – inició. – Tarde o temprano iba a suceder.
— Dime algo Sasuke. – pidió Naruto aún en la misma posición, dándole la espalda al moreno, quien no se movió esperando lo que el otro fuese a decir. - ¿Eso es lo que soy para ti, no es así? – el Uchiha pareció dudar un momento no comprendiendo de que hablaba. – Un deseo… - acabó la frase mientras le daba la cara, recargando el cuerpo completamente sobre la orilla de la terraza.
— Sabes que no es así.
— No, te equivocas, no lo sé. – corrigió.
— Naru…
— Y creo que tampoco deseo saberlo. Olvida mi pregunta. – el ojinegro apretó los labios ante las palabras del rubio, quien pasó a su lado como si nada. – Debo irme ya. – uno de sus brazos fue apresado con fuerza, deteniendo así su andar, pero negándose a voltear.
— Te veré mañana. – dijo Sasuke no dando opción, ni siquiera estaba preguntando, le estaba avisando. Ambos mirando al frente, ninguno se dignó a girar el rostro para ver el contrario, parecían molestos, decepcionados quizá, ¿Confundidos?, talvez.
— No te molestes en acompañarme, conozco la salida. – dijo soltándose del agarre, por primera vez, de forma grosera.
— Tu casa está lejos, te voy a llevar. –
Y ahí estaban una vez más, ambos de camino a la casa del rubio. Sasuke no le había dejado mucha opción a pesar de la fuerte discusión que por primera vez, habían tenido sobre el tema de llevarle a su casa.
Naruto terminó subiéndose con ambos brazos cruzados sobre el pecho y mirando por la ventana, en ningún momento sus miradas se cruzaron, aún ahora que estaban frente a la casa del rubio, ya que en la calle tras la iglesia, había una puerta más cercana que daba directo a la casa, justo para no cruzar todo el terreno.
El auto estaba estacionado, Sasuke lo apagó en cuanto llegaron, no hizo ademán de moverse, ni siquiera de querer hablar, solo recargó su brazo sobre la puerta y miró hacia fuera, un par de personas caminando por la acera, pero ya era tarde y no había mas gente, ni movimiento.
— Gracias. – estaba por bajar luego del largo rato en silencio, cuando la mano del Uchiha le tomó su mano, apretando con fuerza pero sin llegar a lastimarle.
Cerró sus ojos, Sasuke no le miraba, tan solo le retenía por la mano.
— Lo siento. – fue lo único que de aquellos rojos labios salió.
Naruto suspiró ruidosamente y asintió, cosa que el otro no vio.
— Temprano. – dijo ante lo último que quedó al aire en su extraña pero muy particular discusión.
Sasuke asintió sin voltear a verle.
— Haces bien en no verme, deberías tratar de aplicarlo lo que te resta de vida… - puntualizó bajando del carro, soltándose del agarre en el proceso.
El escuchar esas palabras hizo a Sasuke girar su vista con sorpresa hacia donde estaba el rubio, quien sin mirar atrás, ingresó a su casa, dejando a un perturbado Uchiha.
Naruto Uzumaki, el sacerdote al que la mayoría, por no decir todos, los habitantes de esa colonia y puntos circunvecinos le adoraban, para todos era la mejor persona para ocupar el puesto que dejó vacío el padre Joseph con su fallecimiento, el cual les trajo tristeza pero sabían que iría a un mejor lugar.
El rubio era conocido por personas de edad avanzada desde que era un niño revoltoso y alegre, tal y como lo describen quienes le conocieron en aquel tiempo. Todos creían que su destino era ser el sucesor del padre Joseph, y no se equivocaron, pero nadie pensaba en él y lo que en realidad quería.
¿En realidad había querido eso siempre?. O solo fue verse reflejado queriendo ser tan bueno y querido por la gente como lo era su padre, manera en la que de cariño le decía al hombre que le crió.
Naruto reflexionaba estando recostado en su cama, solo se había quitado los zapatos y buscó a Sai, quien parecía ya dormir en su habitación, por lo que evitó molestarle y se adentró en las turbias aguas que representaban ahora sus pensamientos. Uno de sus brazos estaba bajo su cabeza siendo utilizado como almohada, mientras su otra mano permanecía descansando sobre su estomago. Ésta última subió hasta sus labios, los cuales tocó trayendo a su mente la imagen del moreno, cerró sus ojos reviviendo la sensación que aquel nexo con Sasuke le había provocado.
— Como si no fuera suficiente lo que hiciste, ahora hasta te pones a revivirlo. – se regaño retirando rápido la mano de su boca.
Pero sin duda era inevitable, seguro no podría olvidar esa calidez, esa dulzura y esa deliciosa sensación que el beso le provocó. Su primer beso, casi increíble a su edad, pero realista ante su profesión.
Naruto pasó una difícil noche, ahora no era un sueño el que le impidió dormir, esta vez era una realidad la causa de su insomnio, y eso, era peor. Por otro lado, Sasuke no pasó la mejor de las noches, tenía miles de rebuscadas ideas en su cabeza, todas le llevaban a lo mismo y no sabía si eran correctas. Pero, ¿Qué debía hacer en realidad?, ¿Seguir sus instintos y decir la verdad, o callar lo ya obvio y hundirse en su miseria?
—— ◊ ——
La siguiente mañana Sasuke estaba en su oficina, en realidad, bastante ocupado si era honesto, tenía mucho trabajo que había estado dejando para después, cosa extraña para quienes le conocían y la razón por la cual Itachi se había dado cuenta de que algo ocurría, comenzando a seguir a su hermano menor, encontrando con singular rapidez la causa del problema.
En sus primeros pensamientos estuvo el alejar de inmediato a Sasuke de quien fuera que se estaba entrometiendo entre su hermano y él, ya que no le veía tan seguido en el trabajo, sus ratos libres los dedicaba en quien sabe que, o quien, saliendo como rayo en su tiempo para comer, evitándole así el gusto de molestarlo y hacerlo perder los estribos.
Pero su idea la detuvo la sola imagen de su hermano sonriendo con aquel rubio, que había que admitir que su pequeño hermano tonto no tenía mal gusto. En cierto modo, el verlo y notar como cambió su actitud personal, hizo detener cualquier idea, podrían creer todos, incluso él mismo, llegarse a creer la tontería de que no quería a su hermano menor y que solo le gustaba molestarlo y verle enojado, pero, también disfrutaba verlo feliz.
A su muy rara y curiosa manera, pero le quería. Cosa que jamás, jamás, escucharía alguien, además claro, de su ya retorcida mente.
El teléfono de la oficina de Itachi sonó un par de ocasiones.
— ¿Quién es? – cuestionó a su secretaria. La que a través de la línea le dijo que alguien le buscaba.
— Es un niño –no soy un niño- — se escucharon dos voces, la de la mujer y la del visitante.
Itachi sonrió y negó con la cabeza, escondiendo su cara tras la palma de su mano.
— Déjalo pasar. – ordenó con su característica forma humilde de pedir las cosas. —¿Qué haces aquí? – indagó recargando su cuerpo sobre el respaldo de la enorme silla tras el escritorio. – Sabes que Sasuke te puede ver… - puntualizó.
— Lo sé, pero supongo va a ir a la misa.
— ¿No se supone que estés en la escuela a estas horas? –
— Estoy aquí. – fue su breve respuesta, permaneciendo recargado sobre la puerta, en ningún momento se acercó al mayor, solo le miraba con detenimiento desde su lugar, la mitad de su espalda recargada y sus manos tras su espalda.
— Y eso es bueno… aunque, no tengo mucho tiempo que digamos. – afirmó.
Itachi miró entonces como el menor se acercaba con paso lento, quedando frente al escritorio, el chico subió una rodilla ayudándose para subir por completo al grande objeto de madera que le separaba de su objetivo, quedando a gatas una vez arriba. El mayor de los morenos sonrió de lado.
— Puede entrar alguien y sabes que es cárcel segura por ser menor. – dijo tranquilo sin inmutarse al ver como Sai gateaba hasta acercarse y recargar ambas manos en los brazos de su silla, utilizándolos como apoyo, quedando las rodillas sobre el escritorio y sus rostros muy cerca.
— Cerré con seguro. – sonrió cerrando sus ojos ante lo dicho.
— ¿Seguro que tienes trece años? – preguntó riendo el Uchiha, mientras tomaba con su mano el rostro contrario y le besaba, imponiendo su ritmo y llevando la batuta. – Siéntate aquí. – ordenó abriendo ambos brazos para dejarle el espacio al chico de sentarse en sus piernas.
— La silla me estorba, vamos al sillón de la esquina. – susurró sobre los labios de Itachi.
— Eres muy ruidoso para hacerlo aquí. – se burló. Ganando una mirada severa por parte de Sai, cosa que poco o nada le importó.
— Fuiste brusco, y esta vez no lo serás. – ordenó más que pedir.
— Haré lo que yo quiera. – corrigió. Se puso de pie y el otro hizo lo mismo, aun sobre la fina madera del escritorio. Sai sintió un poderoso brazo rodearle la cintura y se dejó mover, siendo cargado hasta el sillón de dos piezas.
Itachi se sentó, sentando al menor sobre su regazo, quedando frente a frente mientras le besaba, irrumpiendo en aquella boca pequeña que ya había sido suya toda la tarde anterior, aquellos labios que se curvaron en una mueca dolorosa al sentirle entrar en el pequeño cuerpo, los mismos labios que dejaron salir su nombre incontables ocasiones.
Sai el día anterior había estado hasta cierto punto quieto, sin saber en realidad que hacer, fue lentamente despojado de su ropa mientras el otro le distraía con besos y caricias, pero esta ocasión era diferente, la noche anterior, encontró en la televisión una película que llamó su atención, quería aprender nuevas cosas que pudiera ofrecerle al experto cuerpo de Itachi, aprenderlas y mejorarlas en él.
Y hoy era ese día.
Sai bajó por el cuello de Itachi en cortos besos, éste se sorprendió pero ladeo la cabeza para ofrecer mayor espacio, sus manos no perdían oportunidad para acariciar y vagar por toda la espalda del menor, sintiendo como este se movía un poco sobre su regazo, estimulando su creciente erección, apretó los ojos cuando Sai se removió circularmente manteniendo el mismo ritmo, cosa que le obligó a llevar ambas manos a las caderas del chico, ayudándole con el movimiento, llevando una de sus manos hasta la entrepierna que también pedía atención.
El solo pensar en la falta de experiencia del chico, y la forma en que aprendería todo ese tipo de cosas con él, le excitaban, sus pensamientos más perversos y pecaminosos fluían solo de tener ese cuerpo entre sus manos.
— ¿Dónde viste esto? – cuestionó aún con la cabeza recargada en el respaldo, permitiendo el acceso a su cuello.
Sai había desabotonado la camisa, retirando previamente la corbata que le estorbaba en su recorrido. Itachi tomó la cintura del chico y subió por los costados, llevándose con esto la playera escolar que tenía puesta, dejándole desnudo del pecho.
— Una película. – afirmó sin detenerse, ya no le besaba, pero mantenía su completa atención a los botones que desabrochaba, desesperando un poco a Itachi.
Tras abrir completamente la camisa, Sai se quedó atento a lo que veía, paseando sus manos extendidas por todo el pecho bien marcado del otro.
— Sabes que no eres un chico normal. – determinó Itachi como si diera una noticia nueva al menor.
— Lo sé, tengo la fortuna de estar contigo. – respondió sonriendo mientras se acercaba a los labios del otro.
— Pero veo que si eres inteligente. – puntualizó tomando ahora el control de las cosas.
Tumbó al menor sobre el sillón, le sacó los zapatos y el pantalón, dejándolo en ropa interior, mientras él solo tenía la camisa abierta. Recargó una rodilla entre las piernas del chico, moviéndola para estimular los testículos de este, mientras sus manos le detenían para no caer sobre el cuerpo del menor.
Itachi le besaba con ímpetu, con fuerza, con demanda, dejando claro quien tenía el poder, quien era el experto ahí. Sai le envolvía con sus brazos por sobre el cuello atrayéndolo para sentirle mas cerca.
— Hagamos algo distinto. – dijo Itachi besando la barbilla del otro, bajando en un recorrido recto de besos, Sai se recargó en sus codos para ver las acciones de Itachi. Quien retiró el calzoncillo para besar el ya erecto miembro del menor. Lamió a lo largo de este, Sai gimió e Itachi le tapó la boca con su mano.
— No hagas ruido o me detendré. – amenazó, Sai cabeceó en acuerdo y el otro prosiguió. Los gemidos ahogados le hacían a Itachi excitarse demasiado, tomaba entre sus labios la punta y deslizaba su lengua como si aquello fuera una paleta la cual saboreaba.
El Uchiha subió dos de sus dedos y le ordeno a Sai que imitara sus acciones, este gustoso chupaba aquellos dedos como si fueran el miembro de Itachi, metiéndolos en su boca y saboreándolos justo como lo hacía el mayor sobre su propio cuerpo. Minutos de intenso placer dado por la experta boca de Itachi hicieron al menor terminar en la boca del otro, quien tragó todo aquello.
— Lo siento. – se disculpó, Itachi le besó en los labios y negó, dando a conocer que no había problema alguno.
— Vístete. – dijo el Uchiha poniéndose de pie. Su ropa desaliñada, su cabello revuelto por las caricias del menor sobre su cabeza, le daban el claro aspecto de no haber estado haciendo cosas sanas con ese niño.
— Pero… Itachi-san. – dijo volviendo a las anteriormente omitidas formalidades.
— Debes irte a la escuela. – respondió. – además no creas que esto se queda así, luego tú serás quien me pague y doble. – determinó sonriendo.
Sai se vistió y se quedó algo desconcertado por la actitud del mayor. El chico se arregló y salió rato después como si nada de la oficina del otro, Itachi también se arregló la ropa, justo estaba sentado sobre el sillón mirando a la nada, el chico recién se había ido y él acomodaba la corbata en su lugar, realizando los respectivos dobleces.
— Deberían canonizarte como un nuevo santo por ser tan bueno Itachi. – se dijo a sí mismo, sabiendo de memoria los dobleces que tenía que realizar, no ocupaba de espejos para ello. – Sin duda los años te ablandan el corazón. – dijo al aire, sonriendo de lado para sí mismo.
— ¡¿Qué demonios hiciste con Sai, maldito pervertido?! – Sasuke entró arrojando la puerta, la cual se cerró con un fuerte escándalo. – Te advertí que te alejaras de él.
— No le hice nada que él no viniera a buscar. – aseguró, y no mentía.
— Seguro tú le presionaste para que hiciera algo así. — Sasuke se acercó hasta llegar frente a su hermano, mirándole con frialdad.
— Sabes perfectamente que no tengo la necesidad de presionar a alguien para que este conmigo. – elevó ambos hombros restando importancia al asunto.
Itachi tomó una mano de Sasuke cuando le vio cerca, jalándolo hasta dejarlo sentado en el sillón, invirtiendo así sus posiciones, momento en que aprovechó y le aprisionó colocando una de sus rodillas entre las piernas del otro.
— Imbécil, que intentas…
— ¿Estuviste ya con tu sacerdote? – preguntó inclinando su cuerpo al frente, viendo de cerca el rostro que era tan malditamente parecido al suyo. – O tienes celos de mí porque él no se ha dejado.
— Vete al diablo. – contestó golpeando con el puño el estómago de quien estaba tan cerca, recibiendo como respuesta la rodilla de Itachi en su entrepierna, causándole incluso más dolor.
— No blasfemes, ¿Naruto no te ha enseñado eso? – su pregunta llevaba burla de por medio, cosa que a Sasuke le retorcía las entrañas. – No sabes cuan ansioso estoy por saber de que modo pretendes reprenderme por seguir con Sai. – murmuró sobre el oído del otro, recuperando su habitual seriedad.
El sonido del conmutador le avisó a Itachi que su secretaria le llamaba. Irguió su cuerpo y se acomodó la cortaba, tan quitado de pena que enfureció más a Sasuke, quien le soltó un golpe certero en el estómago, lugar que ya le había golpeado, sacándole por completo el aire.
Itachi por reacción se llevó una mano al lugar afectado, momento en que sintió otro golpe en su mandíbula, llevándole esta vez, al suelo.
Sasuke no pensaba detenerse, estaba tan enojado, por todo, por su estupidez con Naruto, por la forma prepotente en que siempre le trataba su hermano, por estar con el menor, por todo, estaba estresado, frustrado, pero sobre todo, furioso. Ya en muchas ocasiones se habían peleado a golpes, dejándose uno que otro moretón en el cuerpo, liberando de esa peculiar manera, rencores atrasados.
El menor de los Uchiha se sentó en las caderas del otro, regalándole un nuevo golpe en el otro lado de la mandíbula. Pero equivocado estaba si pensaba que Itachi se dejaría hacer tan fácilmente.
Itachi tomó con ambas manos el rostro de Sasuke, golpeándole con la frente, logrando hacer sangrar la nariz del menor, cosa que le hizo caer de lleno al suelo, sintiendo en su pómulo, un certero y duro golpe que le hizo girar el rostro en un acto reflejo.
Varios golpes más se repartieron en el cuerpo, uno tras otro, estaban prácticamente a la par, no se trataba de una pelea por quien era mas fuerte, en este pleito no habría ganador, ni vencido, tan solo un par de hombres liberando su ira contenida. Que aunque no pareciera así, se estaban ayudando.
Muy a su modo.
La chica que ayudaba a Itachi tocó al escuchar sonidos dentro de la oficina, algunas cosas se habían caído, alguien parecía haber chocado contra la pared, el escritorio se recorrió un poco, rechinando las patas al arrastrarse. Sin temor a equivocarse, la mujer abrió la puerta mirando la escena.
Sasuke estaba contra la pared, sus labios llenos de sangre al parecer, esta venía de su nariz, su pómulo bajo el ojo izquierdo estaba rojo, su pecho agitado al respirar y su ropa y cabello desaliñado. Mientras Itachi le mantenía sujeto por el cuello de la camisa con ambas manos, mirando con furia al menor, uno de sus ojos estaba cerrado debido a la sangre que corría, aparentemente desde su ceja, la comisura de sus labios algo hinchada y apunto de amoratarse, la ropa y el cabello, igual que su hermano, se notaba que llevaban rato peleando.
— Señor Itachi, señor Sasuke. – miró alternadamente, ninguno había prestado atención al llamado de la joven, que consternada les observaba, no sabiendo en realidad que hacer. Devolvió sus pasos hasta su escritorio y llamó por teléfono a los hombres que se mantenían vigilando la puerta en el horario matutino.
Los guardias llegaron y tomaron a ambos de los brazos, Itachi se soltó y caminó hasta su escritorio, sin dejar de ver a Sasuke con el único ojo que tenía abierto en esos momentos. Sasuke por su lado se soltó de igual manera con coraje, mandando al diablo al par de guardias que le detuvieron, de la misma forma y con el mismo tono molesto mandó a su hermano al infierno, murmurando miles de maldiciones se retiró, aún con su mano tapando la hemorragia nasal.
Sasuke se dejó caer sobre un sillón que igual que en la oficina de su hermano se hallaba en una esquina. Ino enseguida entró con una caja de pañuelos para limpiarle mientras había pedido un paramédico de la misma empresa, el cual estaba calificado para casos de emergencia menores.
El menor de los Uchiha estuvo en todo momento renuente a que le curaran pero terminó accediendo ante la insistencia de su secretaria Ino, quien se mostraba preocupada, pero sobre todo, más terca que él mismo.
Rato después de que le hubiesen puesto una pequeña banda sobre la nariz, que cruzaba horizontalmente por el tabique, cosa que para su gusto, le hacía ver estúpido, se hallaba tirado a lo largo del sillón de dos piezas con cubierta de piel negra. Su antebrazo sobre su frente y sus ojos cerrados, su pómulo maltratado y amoratado, apenas y le habían puesto algún ungüento que olía a una hierba combinada con algo de menta o algo así, haciéndole sentir frescura en la parte afectada.
Estaba por quedarse dormido cuando escucho como entraban abruptamente en su oficina.
— Sasuke. – la voz conocida le trajo a la realidad completamente, sus instintos asesinos que despertaron junto con él ante la grosera interrupción, cayeron dormidos una vez más en cuanto los ojos azules del rubio chocaron con los suyos. Trató de incorporarse a prisa pero un ligero mareo le hizo una mala jugada regresándole al sillón, con un sentón innecesario. - ¿Sasuke, que te pasó? – la voz primero demandaba, pero pronto al verle en aquel estado cambio por una creciente y notoria preocupación.
Que estaba lejos de molestarle al chico de oscuro cabello.
— No es nada. ¿Por qué viniste aquí? – soltó, notando como la cuestión sonaba mas agresiva de lo que en realidad pensó que sonaría.
— No quise molestar… - dijo apartándose un poco, ya que había caminado hasta quedar frente al sillón.
Sasuke tomó con una mano su cabeza y estiró la otra para tomar la muñeca de Naruto, sentándole de un jalón a su lado.
— Sonó más agresivo de lo que pensé. – expresó lo que pensaba. - ¿Sucede algo malo? – cuestionó cuando la mirada azulina choco una vez mas con la suya.
— Es sobre Sai. – declaro.
— ¿Qué pasa con él?
— Se ha estado viendo con alguien mayor, y estoy casi seguro de saber quien es. – sus palabras vacilaban, su mirada vagaba sin interés alguno por el resto de la habitación donde estaban.
Sasuke se tensó inevitablemente ante aquello, se puso de pie y caminó como era su costumbre, firme y dejando entrever su elegante porte ante cada paso que daba, más fue fácil para Naruto darse cuenta que en un simple movimiento se tocó las costillas y volvió a caminar como si nada. Pero una notable muestra de dolor se escapó entre sus facciones.
— ¿Quién crees que sea? – indagó curioso para no hablar de más.
— Estoy casi seguro que es tú hermano, no puedo juzgar, ni asegurar lo que no he visto con certeza pero… - hizo una pausa en la que se puso de pie y siguió al otro, quien estaba sentado en la orilla del escritorio. – Sé que tú puedes hacerle ver que eso está mal, seguro si pudieras pedírselo, no se. Quisiera que me ayudaras de algún modo, aunque, talvez sea mucho pedir de mi parte. – admitió, aun parado frente al otro.
— No conozco tus razones para culparle, pero… -hizo una diminuta pausa meditando sus palabras. - Mi hermano y yo no podemos estar en una misma habitación, mucho menos podemos hablar, y peor aún sería tratar de hacerle entender algo así. – dio por terminado aquello.
— ¿Él fue quien te hizo esto? – cuestionó subiendo su mano en un acto reflejo, sin premeditarlo, ni siquiera pensarlo por un segundo, pasó su mano con delicadeza sobre la mejilla afectada del Uchiha, quien cerró un ojo con clara molestia causa del dolor de tal acción. – Lo… lo siento- dijo vacilante retirando la mano, la cual fue interceptada por Sasuke antes de que se alejara.
— ¿Qué pretendes? – indagó. - ¿Acaso me estas jugando una maldita broma? – soltó con algo de molestia y agresividad, su mano jaló el cuerpo de Naruto y lo tomó en un asfixiante abrazo, recargando su barbilla sobre el hombro del rubio. – Me estas poniendo a prueba… es que tú deseas verme loco. – aseguró bajando el tono de su voz.
— No entiendo… - dijo subiendo sus manos a los costados de Sasuke para alejarlo, pero los fuertes brazos del moreno no parecían querer ceder. –Suéltame por favor. – pidió con seriedad.
Los nervios le estaban matando y no comprendía que estaba haciendo ahí. ¿Era en realidad el problema con Sai su único motivo?. Naruto mantuvo sus manos a cada costado del Uchiha, su fuerza se acabo y no hizo intento alguno por alejarse, pero tampoco correspondió.
— Sasuke yo…
— Ayer… – habló interrumpiendo cualquier cosa que fuese a espetar el rubio. – Me pediste que no volviera a buscarte, y hoy… Eres tú quien acude hasta mí. – Los brazos de Sasuke se deslizaron por la espalda de Naruto, separándole un poco para mirarle el rostro. – No estés jugando conmigo. – pidió en lo que parecía casi una orden.
— Lo siento, fue un error venir a buscarte. – la azulina mirada bajó, sus parpados se cerraron con pesar, separó el cuerpo que le mantenía preso y se alejó. – En verdad no quise… espero que te recuperes pronto, adiós Sasuke. – sonrió melancólico y salió.
La mirada de Sasuke permanecía sobre el piso, apenas giró su cuerpo y tiró todo lo que había en el escritorio con coraje, y más que nada, frustración. Naruto logró escuchar el estruendo pero no hizo intento por regresar. Quizá en verdad eso era mejor así.
—— ◊ ——
Unos días más fueron los que sucedieron a ese, Sasuke e Itachi apenas y se limitaban a compartir el mismo techo únicamente en la empresa, ya que saliendo de ella, cada quien tomaba su automóvil partiendo a rumbos completamente contrarios. Las secretarias de cada uno eran quienes tenían contacto, y las únicas que hablaban en las oficinas de los jefes, ya que los otros ni siquiera eso hacían.
Sasuke se la pasaba serio, mucho más de lo normal, apenas y recibía los informes de los pendientes y demás asuntos que debía atender y se limitaba a cumplir. Por otro lado, su hermano mayor, Itachi, parecía serio, enojado y talvez hasta ermitaño, pero ciertamente nada de eso era en realidad lo que pasaba, al contrario, sus salidas con el menor eran mas frecuentes a pesar de haberle explicado a Sai que terminarían por descubrirlos, el chico se negaba a dejar de verle un día, así que implementaron su manera de verse sin ser tan obvios. Claro, siempre y cuando Itachi estuviera de humor y quisiera buscarle.
Mientras Naruto se hallaba consternado.
Los últimos días luego de hablar con Sasuke, y apartarse decidiendo que ya no le vería, pasaron en relativa calma, el cuidado de la iglesia, las misas, confesiones y de más asuntos, así como la administración de todo, le mantuvo ocupado lo suficiente como para no pensar en el moreno.
Claro… Al menos en el día. Porque cuando la noche caía, sus deberes se acababan, le tocaba dedicarse a descansar, y vaya que lo ocupaba, más no era su deseo hacerlo, prefería tener la mente llena y no pensar en el Uchiha. El problema con Sai parecía haber parado, incluso hasta se sintió mal cuando el pequeño le presentó a un chiquillo de su salón de clase, con el cual había estado saliendo, ambos eran amigos y no le vio inconveniente a ello.
— Tal parece que malinterpreté todo. – suspiró cerrando sus ojos. Su cuerpo estaba a medio vestir recostado sobre la cama, y sus brazos le daban el apoyo de una almohada.
La vocecilla dentro de su cabeza, la cual venía escuchando con mayor continuidad en estos días, le hizo traer a la mente el recuerdo del beso, la culpabilidad se hizo presente.
— No puedo creer que lo hayas hecho… - se dijo a sí mismo. – Y peor aún, lo disfrutaste. – manifestó cerrando con fuerza los ojos. – Olvídalo de una vez, ya has orado por tu falta. – se dijo cambiando de posición, colocando su cuerpo sobre un costado y su mirada fija en la ventana de su habitación. – ¿Pero en verdad crees ser perdonado cuando no te arrepientes del todo?
La cuestión quedó en el aire, era obvio que no sería contestada en su solitaria habitación, no tenía la menor idea de cómo reaccionar, era algo que nunca le había pasado, y eran muchas ya las personas que habían intentado algo con él de forma romántica pero todas aquellas fueron rechazadas con la carismática forma que solo a él le caracterizaba.
Claro, ahora no podía decir que fueran todos, uno había logrado llegar más allá de lo imaginado, incluso por él mismo, se atravesó en su vista, se metió en su vida y terminó por infiltrarse en su corazón. Esa era la dura y cruel realidad que había evitado, ni siquiera en su pensamiento había admitido tal cosa, pero para que negar lo que era tan real, él no podía mentir, no debía hacerlo.
Los días que sin él había pasado, eran pocos, si, pero largos en exceso. Muy dentro de su corazón algo le hacía creer que cada mañana aparecería junto a la puerta como en cada misa que estuvo dando en los últimos seis meses, pero no era así, le esperó por toda la semana y jamás le vio aparecer.
Eso significaba que solo había sido un capricho, o talvez un simple gusto, quizá Sasuke tenía muchas personas a su disposición como para limitarse a rogarle a una de tantas, aunque eso era mejor para él. ¿Cierto?
Tonterías, absurdas mentiras que ni siquiera él podría creer.
Apartó sus pensamientos de tajo y se dedicó a dormir. Seguro la lejanía les haría bien, aunque ya no sabía de qué modo podría seguir mirando a la gente a los ojos, se sentía hipócrita al saber, que su promesa tambaleaba, que su fuerza de voluntad flaqueaba y su debilidad era cada vez mayor.
—— ◊ ——
—…y también tiene una junta con los demás ejecutivos señor…- hablaba la rubia oji azul que iba caminando tras el que era su jefe. Llevaba rato hablando sobre los deberes que tenía Sasuke Uchiha para ese día, pero éste parecía no escucharle en lo absoluto, ya que caminaba dirigiéndose a su oficina en un silencio abrumador. — ¿Señor? – indagó.
— Cancela todo lo que tenga que hacer hoy… - ordenó acelerando el paso. Ino vio como el otro se alejaba y se limito a hacer lo que se le pidió, llegando con rapidez a su escritorio.
Sasuke entró a su oficina a prisa, saliendo segundos después con la misma rapidez. Se dirigió al estacionamiento privado de la empresa y ahí abordó su auto a una dirección por demás conocida.
Era la hora en que ya sabía que el rubio estaría dando su misa diaria. Dejó estacionado su carro a un par de casas de la iglesia y caminó en dirección al lugar. La gente estaba ya reunida, apenas estaban llegando, Naruto parecía ocupado con una chica, la cual hablaba amistosamente con el rubio, cosa que para nada le gustó, pero sin hacer notar su presencia en el lugar, se sentó en una de las bancas, y la gente se comenzó a acomodar en los asientos desocupados, dando minutos después, inicio al sermón.
Como cada día, Naruto miraba al frente, buscando con discreción el rostro impasible de quien siempre estaba parado junto a la puerta observándole, pero tal como venía pasando en las últimas semanas, ahí no había nadie.
Era tanta la costumbre que habían desarrollado ambos, que Naruto no se percató en toda la hora que duró aquel sermón, de que entre la gente estaba sentada aquella persona a la cual buscaba con frecuencia mirando hacia la puerta.
— Ave María purísima…
—…Sin pecado concebido. – mencionó la persona que del otro lado de la ventanilla aguardaba por que el padre le absolviera de sus pecados. Comenzando a confesarse.
— Solo rece dos rosarios y un padre nuestro. – impuso como penitencia ante los pecados mínimos que fueron confesados por aquella persona.
Naruto cerró los ojos y suspiró cuando escuchó que la otra persona salía de aquel estrecho lugar para confesarse. Tan solo una ventanilla con unos diminutos orificios eran los que conectaban al padre con las personas que entraban al confesionario. La puerta del otro lado sonó, alertando a Naruto que alguien más había entrado.
— Ave María purísima… - Naruto esperó impaciente por una contestación que no llegó. – Debe contestarme con un "Sin pecado concebido"… -
— Lo siento, no soy alguien creyente en realidad. – la tranquila voz le heló la sangre por un momento, Naruto quien siempre mantenía la mirada fija al frente mientras los demás se confesaban, evitando verles el rostro a través de la ventana, giró su rostro para visualizar entre los numerosos orificios aquel rostro pálido que se había grabado en su memoria.
— Sasuke, ¿Qué haces aquí? – preguntó olvidando los formalismos, que hacía tiempo había dejado atrás con él.
— Estoy aquí para confesarme padre. – habló de lo más formal, como si fuera cualquier persona con la que estuviese hablando, y no precisamente con Naruto.
El rubio sintió como si le hubieran dado un golpe seco en la boca del estómago, sacándole el aire. Bajó el rostro como siempre y miró al frente.
— Ave María purísima… - inició una vez más, recibiendo por parte de Sasuke, la respuesta que se esperaba de cualquier persona que entrase ahí.
— Sin pecado concebido. – contestó como lo indicó antes el rubio.
— ¿Qué te trae a la casa de dios a confesarte…? – indagó Naruto, mordiendo su labio inferior por no terminar la frase con la palabra "Hijo" como a todos los demás, a quienes les agregaba ese adjetivo.
Hubo una larga pausa en la que ambos estuvieron en silencio. Naruto imaginó que talvez a Sasuke le costaba trabajo confesar lo que fuera que hubiera hecho, pero… ¿Qué podría ser?
— No puedo evitar… - inició, Naruto solo pudo escuchar como el otro suspiraba para continuar. - pensar en usted como objeto de mis más bajos instintos… - los azules ojos del padre se abrieron demasiado. Tragó saliva casi como si se estuviera ahogando con ella y siguió escuchando sin saber en realidad que decir. - …como la persona que quiero a mi lado, como mi compañero para lo que resta de vida.
— ¡Sasuke! – exclamó lo más bajo que pudo para no alterarse, pero asegurándose que el moreno le escuchaba.
El Uchiha hizo caso omiso a la interrupción y prosiguió.
— Soy pecador y no me arrepiento de serlo porque entre mis sueños le he llamado, porque aún estando despierto, a su lado me siento soñando. Quiero que me crea, no es esto un capricho, porque en verdad es cierto, todo lo que ya le he dicho. – Naruto apretó los ojos por un momento, no pudiendo evitar, segundos después fijarse en el rostro de Sasuke, el cual a través de la malla se notaba afligido, permanecía sentado, su cabeza recargada en la pared trasera y sus ojos cerrados, una expresión intranquila que el tono de su voz reflejaba notoriamente.
— Sasuke, sabes que yo no puedo… yo, yo no… está mal. – mencionaba balbuceando más para sí mismo que para el moreno.
— Le amo. – afirmó dejando paralizado a Naruto. - Le amo, y no se en que momento cambió todo, porque en un inicio solo era una sencilla atracción, que con el paso de los días, se ha convertido en mi perdición. – Sasuke abrió sus ojos y por primera vez se acercó a la ventanilla, aquellos negros orbes reflejaban esa opaca luz que los primeros días en que le conoció el rubio, eran parte de su vacía mirada. Aquella que en el fondo pedía a gritos compañía, dicha petición que su dueño no podía pronunciar. - Perdóneme padre si estoy cometiendo un pecado, pero olvidarle, no es algo que esté en mis manos.
Naruto no tuvo la menor idea de que decir, por primera vez estaba tan callado como una tumba ante una confesión de ese grado, quizá era algo que intuía ya de tiempo atrás, porque sabía que Sasuke venía coqueteándole y que había sentido una conexión especial con él cuando estaban juntos, pero una cosa era una atracción carnal, y algo muy distinto era involucrar un sentimiento tan grande como el amor en ello.
El par de ojos azules se acercó a la ventana, recargó su frente sobre aquella red, sintiendo en su rostro la cálida respiración que de entre los labios del moreno escapaba, sintiendo esa calidez en su interior, que le envolvía el corazón. Ambas miradas se conectaron por un par de segundos. Sasuke observó fijamente los ojos de Naruto, recordándolos, justo como los había grabado en su mente.
— Lo siento. –
Duras palabras que no parecían en realidad decir nada, pero que dada la circunstancia significaban mucho. Naruto después de decir esas dos simples palabras se levantó y salió del confesionario, dejando a un solitario Sasuke del otro lado. Por fortuna para el rubio, la iglesia ahora estaba sola, Sai estaba en la escuela por lo que no habría problema en que le viera en ese estado de abatimiento.
Se encaminó hasta adentrarse en aquella pequeña habitación donde se encontraba un escritorio, recargándose en la puerta.
— Naruto. – se escuchó la voz al otro lado de aquella gruesa madera.
No hubo respuesta alguna.
Naruto giró el cuerpo acariciando un poco aquella parte lisa y brillante por el barniz, palpando como si deseara que fuese la persona que estaba justo al otro lado de aquel pedazo firme que se imponía entre ambos.
— Solo quería que lo supieras… no podía seguir tragándome esas palabras. – mencionó. Naruto siguió en un mutismo que dañaba a los dos.
El Uchiha decidió alejarse en ese momento, cualquier cosa que quisiera decir no parecía cambiar el hecho de que Naruto fuese un sacerdote y que por más amor que pudiera profesarle, la condición del rubio no cambiaría y no le permitiría responderle a ese sentimiento.
¿O la lejanía que imponía Naruto era precisamente por lo contrario?
Se dio la vuelta decidido, solo estaba torturándose y hasta donde recordaba, no era masoquista, y no pretendía comenzar ahora. Tan solo un par de pasos alcanzó a dar, cuando el ruido de aquella puerta abriéndose le hizo detenerse.
— Eres un egoísta. – la suave voz de Naruto le detuvo, Sasuke no volteó por completo, tan solo agachó y ladeó un poco la cabeza, mirándole así de reojo. – Ni siquiera estoy seguro que sepas lo que es amar, si en verdad tuvieras un sentimiento tan grande hacia mi, como lo es el amor… no me harías sufrir de este modo. – los negros ojos se abrieron en sorpresa.
— ¿Sufrir dices? – repitió analizando el porqué de aquel reclamo. Cayendo rápidamente en cuenta, obteniendo de su propia conciencia la respuesta que segundos más tarde, el rubio expresó en voz alta.
— Sabes que soy un sacerdote. – afirmó, Sasuke giró para encararle, solo un par de pasos les separaban, pero la mirada de ambos les unía. – Mi condición esta obligada al celibato. Solo debo amar a dios. – continuó recargando medio cuerpo en la pared junto a la puerta. – Y tú vienes pretendiendo que deje todo lo que quiero, que rompa una promesa, no te importó en lo más mínimo lo que yo fuese a sentir. ¿O es que en realidad pensaste en algún momento que soy humano ante todo y también podía llegar a caer presa del amor?
Sasuke se acercó hasta él y le tomó de los brazos, apretándole con fuerza, sus labios sellados en una línea que expresaba su amargura.
— Ni siquiera lo habías pensado Sasuke.
— Tú no puedes amarme. Tú lo dijiste. – manifestó moviendo el cuerpo del otro con desesperación. - ¿Es que acaso insinúas que sientes algo por mí? – el raciocinio estaba lejos de ayudarle al Uchiha, su mente era una telaraña y su corazón quería salirse, talvez de desesperación, quizá por la emoción que el solo imaginar tal cosa le provocaba. No sabía en realidad que sucedía pero estaba seguro que ahora no estaba para analizar situaciones y comportamientos.
Solo se dejaba llevar.
— ¡¿Es que no lo notas?! – y la bomba había explotado. Sasuke parecía no creerlo y Naruto estaba en la misma situación, uno pensaba que se estaba volviendo loco y que escuchaba de más, mientras por otro lado, el rubio sentía como si perdiera control de sus acciones y hablara en contra de su voluntad.
¿En realidad había dicho lo que creyó escuchar?. ¿Era él, dueño de esas palabras?
Sasuke atinó a estrechar entre sus brazos el cuerpo del otro, pasando una de sus manos por la espalda y la otra atraía la rubia cabeza contra su pecho. Naruto por su parte tomaba con fuerza la camisa de Sasuke, arrugando la parte que en un puño apretaba.
— Eres un egoísta. – balbuceaba aún escondiendo el rostro en el pecho del mayor. – Vienes como cualquier persona y te metes en mi corazón. – expresó sintiendo la frustración correr a través de sus venas.
— No lo pensé, me has llegado a conocer, soy impulsivo y no imaginé que tú… - hizo una pausa y ambos escucharon los pasos de alguien entrando a la iglesia, Naruto le separó y empujó a Sasuke hasta dentro de la oficina, dejándole ahí para ir con quien había llegado.
Sorprendiéndose de ver a esa persona ahí.
— ¿Qué le trae por aquí? –
— Estuve buscando por toda la empresa a mi tonto hermano menor, y no le encontré. – la imponente presencia del Uchiha mayor se hizo presente, caminando hasta llegar a Naruto. – Y supuse que estaría aquí, su auto está a un par de casas de aquí, supongo que no estoy equivocado.
— Lo siento, pero, hasta donde yo se, ustedes no se llevan muy bien, y aquí no es buen lugar para que se miren y puedan intentar desquitar sus enojos. – Itachi sonrió y asintió.
— Tiene razón, la casa de dios no debe ser ofendida de esa manera tan salvaje. – admitió con clara burla. – Solo dígale que no olvide lo que hablamos por teléfono. Y espero usted no lo haya olvidado aún. Dígale eso, él entenderá, sobre todo si tomamos en cuenta que no hablamos en persona, mucho menos por teléfono más de una vez al año.
Y ante aquello se marchó. Naruto arrugó la frente al no comprender, no sintió que pasaron varios minutos hasta que una persona abrazándole con efusividad le trajo a la realidad.
— Llegué – avisó el chico de negros cabellos y ojos del mismo color.
— Pensé que saldrías más tarde. – afirmó un poco confundido.
— Yo también, pero hoy faltó un profesor y nos dejaron ir temprano. Voy a hacer mi tarea y luego vengo a limpiar. – Naruto revolvió el cabello del chico, quien apartó la mano quejándose de que ya no era un chiquillo, cosa que le causó gracia al rubio, pensando que la manera tan efusiva de abrazarle por la cintura, fue propia de cuando aún era más pequeño. ¿Quién le entendía entonces?. Sonrió.
Suspiró viendo como Sai se adentraba para salir por la puerta trasera e ir a casa. Por unos segundos olvidó a quien le esperaba, y tragó saliva solo de recordar. Cerró los ojos y decidido a esclarecer todo, cerró la puerta principal de la iglesia, ya había dado la misa y en la tarde la gente no solía visitar tanto el lugar.
Sus pasos le llevaron hasta quedar frente a la puerta donde estaba Sasuke, la abrió despacio y le miró ahí, sentado en su silla, recargado completamente, una mano sobre sus labios y su mirada apenas se movió segundos después de escuchar la puerta abrirse.
Y ahí estaban una vez más, Naruto recargado sobre la puerta que había cerrado ya tras él, sus manos a su espalda y su mirada perdida, no sabía como retomar la plática, tampoco sabía si en verdad deseaba hacerlo, pero, era un hecho que quisiera o no, tendrían que. Sasuke por su lado no estaba mejor que el rubio, se sentía nervioso y sin saber en realidad que decir o hacer.
Sus instintos tan solo le gritaban que besara al rubio, que las palabras vendrían solas, pero era un sentimiento contrariado, ¿Y si Naruto se volvía a enojar?. Ahora parecía más calmado pero… ¿Qué debía hacer?
— ¿Quién era? – preguntó sin saber de que forma iniciar la plática.
— Eso ahora no es importante. –
— Tienes razón, no lo es. – y un nuevo e incómodo silencio se apoderó del lugar. Naruto evitaba ver a Sasuke a los ojos y este por el contrario, buscaba hacer contacto visual. Pero viendo sus fallidos intentos, se puso de pie, recorriendo ruidosamente la silla, para luego acercarse lento hasta Naruto, quien subió la mirada al ver tan cerca aquellos lustrados zapatos.
— Sasuke yo… -
Cualquier cosa que estuviera por aclarar el rubio, fue completamente callada por los labios de Sasuke, los cuales se colocaron tan cerca de la boca ajena, que Naruto se paralizó, deteniendo su frase, cerró sus ojos sintiendo a Sasuke besarle la mejilla y recorrerse a través de ella en cortos besos, hasta llegar a su oído.
— Voy a respetarte. – murmuró sobre este, besando el lóbulo y pasando sus manos desde la cintura hasta la espalda del rubio, quien se dejaba mover sin poner resistencia alguna, tan solo elevó sus brazos hasta apoderarse de los hombros del Uchiha.
Inconscientemente su cabeza se ladeó dando espacio al pequeño acto del ojinegro, quien repartía cortos besos en aquella parte que le era ofrecida. Sus manos se aferraron con un poco más de fuerza a la espalda del rubio, logrando con ello que ambos cuerpos chocasen.
— No, no, no. – habló en pausas, alejando tan solo un poco a Sasuke de él. Seguían abrazados pero con una prudente y apropiada distancia de pieles, incluyendo ambos pares de labios. – Dijiste que me respetarías.
— Y lo haré, lo siento, me dejé llevar. – Naruto se sintió un poco culpable porque en verdad sentía la necesidad de seguir, de que las acciones de Sasuke no se detuvieran, esa cercanía le era ligeramente conocida, algunas veces en sus sueños le miró y las cosas iniciaban parecido, por lo que prefirió detener todo antes de cometer una locura, ¡Y en que lugar!.
— ¿A que te referías con respetarme? – preguntó para aclarar el punto. – Sabes que no puedo tener una relación, que no habrá besos, que no tendremos relaciones… que no…
— Shhh… - un dedo índice se posó sobre sus labios. Sasuke movió afirmativamente su cabeza. – Lo sé, pero suena mejor si no lo dices. – bromeó, besando la frente del rubio, quien le abrazó después, hundiendo su cabeza en la curvatura del hombro, inhalando con discreción el perfume que llevaba Sasuke.
— No creo que sea lo correcto para ti. – manifestó Naruto luego de varios minutos en silencio.
— Yo sé lo que es correcto para mí. – determinó con seguridad. Apretando el cuerpo del otro entre sus brazos. – y estar contigo lo es…
Era una bonita frase, una buena intención y cualquiera podría haber suspirado de amor, cayendo a los pies del guapo chico que acababa de pronunciarla. Pero…
¿En realidad era posible que Sasuke soportase eso?.
Es decir, cómo un chico de su nivel social, con su físico atractivo para la mayoría, quien puede tener a cualquiera, querría esperarle, estar en algo parecido a una bastante rara relación donde no habrá ningún tipo de contacto. Donde ni siquiera podrían expresar lo que sienten frente a los demás, donde tan solo dios será el testigo que en realidad se quieren.
¿Era posible que Sasuke le tuviera paciencia?
Continúa…
¤Žhёиα HîK¤
"…La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores…"
.Oscar Wilde.
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Bueno, sin querer queriendo, salieron diecisiete hojitas exactas, justo como los reviews que recibí, coincidencias nada más. Pero gracias por cada uno. Como ya dije en el inicio de este capítulo, en el siguiente veremos el final. Por cierto, aclaro que no soy religiosa, y dejé de ser católica a los 11 años, así que cualquier error sobre lo que Naruto haga o lo que signifique sobre la iglesia, lo siento, pero no soy nada experta en eso. Pero hago lo mejor!
MegumiMinami310 -Pues parece que no se te dio lo de los votos, jeje! pero si no era lo tuyo, es mejor así, saludos y gracias por el review-
GabZ -Loquilla... si te entendí, gracias por el rev. Espero te guste este capítulo que no recuerdo si ya leíste.-
Sofy cuneo
Sumi-chian -No digas eso!! Como crees, hay mucho yaoi aún por disfrutar en la vida, saludos-
Isfryd Beloved
.-Sweet Ichigo.-
Saku-ann
May Tsunade8
Doll-aquamarine
Aya de Sakuma -Una de las pags es www. proverbia .net, es que me gustan mucho las frases celebres por eso tengo muchas-
Mikoto-sama
Fati-chan
Rossette91
Princess Kushinada -Muchas gracias por tus palabras, me sonrojas, y me halagas u/u gracias.-
Hijadelaluna
Danny
Hitomi Miri
!MUCHAS GRACIAS!
Espero sea de su agrado y me digan su opinión, en el siguiente, veremos el tan ansiado lemmon y el final. Espero que no me alargue mucho.
