Hola!
Pues aquí viene el siguiente capi de la historia! uju. Espero que les agrade y por supuesto que disfruten de la lectura. No se cuando voy a tener listo el siguiente capi pero haré todo lo posible para que no tengan que espera mucho ne?
Mientras tanto Disfruten
Paso, crujido, paso, crujido, paso…
-Asqueroso…- cerró los ojos en un intento de borrar la imagen de su cabeza, pero era imposible, el murmullo a su alrededor le recordaba la espantosa realidad. Se aferró con más fuerza al brazo de Yuki, era lo único tangible que estaba cerca y no pensaba apartarlo, al menos no hasta que estuviesen fuera de esa maldita casa.
Tropezó con algo en el suelo, una especie de piedra grande y pesada que casi provoca una terrible caída. Abrió los ojos de un golpe, encontrándose con una especie de mariposa agigantada justo encima de su cabeza, colgando tranquilamente frente a su cara.
-ALEJATE- con fuerzas sacadas de quién sabe donde, agitó su brazo herido y apartó a la horrible visión frente a él. Su corazón se había agitado lo suficiente para causarle un jadeo de alivio cuando observó como las grandes alas de la mariposa la ayudaban a alejarse. Ignoró por completo lo que le había hecho tropezar, porque sinceramente no quería averiguarlo.
-Era sólo una mariposa…- volteó a ver a su amante, éste le miraba extrañado por su exagerada reacción, sin embargo, Shuichi podía adivinar un oculta mueca de asco en ese rostro tan apuesto.
-No me gustan las mariposas, son gusanos con alas- el rubio apenas si prestó atención a las palabras de su amante, justo en ese momento había sentido algo caminando por toda su espalda, descubriendo un bicho extraño y alargado que le inspiraba el más profundo desagrado.
-No nos detengamos debemos salir de aquí cuanto antes- lanzó el extraño animal lejos y con un apretón en la mano que tenía entre las suya siguieron su camino. Tatsuha los seguía de cerca, soltando exclamaciones de asco a cada poco.
-Con un demonio, esto es lo más asqueroso que haya visto en mi vida, malditos insectos-
En efecto, lo que se encontraba dentro de aquella habitación, detrás de la plancha de metal blanca, eran insectos. Cientos o tal vez miles de ellos, de todas las formas y colores posibles, en el suelo, en el techo, en las paredes. Y Shuichi comprendió entonces, porque los hermanos habían dibujado aquellas extrañas expresiones, ese lugar parecía salido de sus más profundas pesadillas.
Tatsuha parecía ser el más impresionado, empezando por su reacción al abrir la puerta y por la forma en que en ese momento esquivaba los bichos más grandes sobre el suelo. Y era simple la explicación, el porque de su comportamiento, los bichos le causan un enorme terror, tanto que su estomago en ese momento se sentía revuelta y enfermo…
-Calmados, esto no puede ser interminable, debe tener un final. Ese final es al que debemos llegar-
Yuki era quién parecía más calmado, a pesar del asco que le provocaba estar ahí dentro. Tal vez porque no les temía a esas alimañas tanto como sus dos acompañantes, su reacción inicial tan sólo se había debido al nauseabundo aroma que despedían aquellos horribles animales.
-Espero que tengas razón, debo salir de aquí cuanto antes- el moreno daba pasos largos y certeros, tratando en todo lo posible pisar la menor cantidad de las asquerosas criaturas, aunque, estando el suelo cubierto casi en su totalidad, no era algo fácil.
-Huele horrible…-Shuichi se llevó una mano a la nariz mientras seguían avanzando, se sentía enfermo ahí dentro, primero las medusas y ahora esto, esa pesadilla era interminable. Aunque estaba seguro de preferir estar ahí dentro que frente al enorme gigante que lo había lastimado…
-Ah, me pregunto si Ryu-chan se encuentra bien- Tatsuha soltó un suspiro algo exagerado mientras trataba de avanzar con algo más de ligereza. Su corazón se aceleraba de tan sólo pensar que su amado y latoso cantante estuviese en una situación parecida, con lo mucho que odiaba los bichos.
-De seguro está bien, Hiro lo acompaña y él es muy valiente- el pelirrosa dibujó una nueva expresión de asco mientras trataba de apartar una enorme cucaracha que estaba sobre el hombro de Yuki.
-Ya, déjense de conversaciones tontas y concéntrense en el camino- el rubio jaló con algo de fuerza el brazo de Shuchi, en realidad su peor temor radicaba en encontrarse con algún bicho venenoso que pudiese causarles algo más que una picadura.
Avanzaron un trecho más, entre exclamaciones de asco y movimientos exagerados para apartar a las traviesas alimañas que hallaban su camino sobre ellos. Después de todo, la salida no parecía para nada cerca y el pasillo cubierto de bichos daba la impresión de ser interminable.
-Ah, ojala el móvil hubiese servido, así tal vez podría haberme comunicado con Ryu-chan- Tatsuha suspiró desalentado, había dejado el aparato junto con sus ropas en la habitación de las embarazadas, se había descompuesto con el agua así que no tenía caso llevarlo consigo.
-De todos modos, no funcionaban, pobre varias veces obtener señal mientras buscaba una salida en el piso de arriba, pero fue imposible- Shuichi agitó su brazo con fuerza al ver un par de bichos voladores dirigiéndose a él.
-Claro, tienes razón…- con un suspiro de resignación siguió adelante, ya casi acostumbrado a el desagradable crujir de los bichos bajo sus pies. Su temor era grande, pero el miedo de perder a Ryuichi lo era más. Debían encontrar una salida lo antes posible, aunque en ese lugar pareciera imposible.
-Yuki, agita la cabeza por favor, tienes algo caminando junto a la oreja- Shuichi levantó la mano con la intención de remover dicho animal, pero…
Una vibración interrumpió sus acciones, seguida por la repentina aparición de una mínima luz sobre el suelo, a escasos metros de donde se habían detenido.
-Un…teléfono…- Shuichi retrocedió un par de pasos por pura inercia, ¿qué demonios tenía que estar haciendo un teléfono enterrado entre todos esos bichos?, ¿acaso alguien más había entrado en ese lugar antes y lo había olvidado ahí?, ¿acaso no eran los primeros en ser engañados…
-Lo tomaré- Yuki apartó con algo de brusquedad al pelirrosa y se adelantó hasta estar frente a la misteriosa iluminación, se inclinó con cuidado.
-Yuki…- el pelirrosa lo observaba atemorizado, no le parecía buena idea tomar las cosas que esa casa le ofrecía. A pesar de estar usando las ropas que habían encontrado en el armario, no le parecía para nada confiable.
-Es un teléfono móvil, y alguien está llamando- la voz de Yuki le provocó acercase, alrededor todo estaba oscuro y las únicas fuentes de luz provenían del encendedor del rubio y el móvil que sostenía con su mano libre. Shuichi entornó los ojos y logró distinguir un aparato negro que se le hacía familiar.
-¿Eh?, ese móvil se me hace conocido- extrañado acercó su rostro al aparato y comprobó que, en efecto, lo había visto antes.
-Es…es… de Seguchi-san- tanto Tatsuha como Yuki abrieron los ojos en sorpresa ante semejante revelación, y es que si lo veían de cerca y hacían memoria de las veces que habían visto a su cuñado, tenía mucho sentido lo que Shuichi decía.
-Ahora que lo mencionas, es igualito al que siempre anda cargando ese engreído- los tres se miraron entre sí, con el mismo pensamiento en la cabeza, rodeados de asquerosos bichos y con una mínima iluminación. ¿Por qué estaba el móvil de Seguchi Tohma en medio de ese lugar?
-Podría ser que…- de nuevo interrumpidos, pero esta vez era diferente, había algo más en el súbito traqueteo de algo arrastrándose por el suelo, una especie de aroma desconocido que se habría paso por sus fosas nasales, y que no era desagradable, más bien, era algo bastante placentero.
Shuichi fue el primero en volver la cabeza, buscando encantado al causante de tan agradable sensación. Porque instantáneamente, como por obra de magia, las heridas en su cuerpo habían dejado de escocer y el temor causado por la enorme cantidad de bichos a su alrededor había desaparecido.
Tatsuha y Yuki parecían estar en la misma situación, paradas a ambos lados del pelirrosa, el rubio con el móvil en la mano mientras éste seguía vibrando, apenas prestando atención a algo que no fuera ese hipnotizador aroma desconocido.
-Que delicia…- el pelirrosa estiró una mano, tratando de alcanzar algo ¿invisible?...
-¡Muévete Baka!- la mano de Yuki lo arrastró justo a tiempo, provocando que ambos cayeran sobre los asquerosos bichos del suelo y algo más que llamó la atención del cantante al instante.
Y lo encontró justo frente a sus ojos, algo que nunca espero encontrar, ni en sus más aisladas pesadillas hubiese podido imaginar que algo así estaría enterrado entre la inmundicia de los extraños bichos que los rodeaban, porque justo frente a él se encontraba…
-Seguchi-san- sus ojos se abrieron a más no poder y un grito murió en su garganta cuando un golpe certero y mortal fue asestado en una de las paredes, provocando que varios de los asquerosos insectos quedaran pegados entre sus chorreantes y viscosos fluidos.
El cantante logró darse la vuelta para encontrarse con la macabra mirada de una de las embarazadas de la habitación anterior, aún desnuda y con los mismos aparatos en forma de arañas prendidos de sus ojos vacios. Un enorme bate de metal era sostenido por sus blancas manos y era ella quién había asestado el golpe en la pared.
-¡Muévete Shuichi, debemos huir de ella!- sin pensárselo dos veces siguió las instrucciones de su amante y se puso en pie, con la imagen del rostro de su jefe grabada en la cabeza. No quería creer que fuera cierto, pero no cabía duda que ese inerte cadáver enterrado bajo todas las horribles alimañas era el de Seguchi Tohma…
-Esa extraña fragancia proviene de ella, lo he podido sentir cuando me paso cerca - Tatsuha corría a su lado, con una expresión difícil de definir, entre enojado y asustado.
La salida no parecía estar cerca, y la iluminación que les ofrecía el móvil de Seguchi no era muy buena. La presencia de la embarazada estaba cerca, el aroma se hacía más fuerte por ratos y estaban seguros que de detenerse a olerlo serian nuevamente hechizados .
-No podemos parar, debemos seguir hasta alcanzar un tope, y sólo si no hay otra opción debemos enfrentarla. No puede ser demasiado fuerte en su estado- Yuki jadeaba por ratos, después de todo los cigarrillos que consumía a diario le estaban pasando factura, el aire le faltaba después de haber corrido un trecho tan corto.
-Aguanta Yuki, no te atrases por favor- con lágrimas en los ojos, Shuichi, observaba a su cansado amante. No quería que nada malo le pasara, especialmente después de haber visto como su jefe había terminado…
-¿Una salida…?- Tastuha no se la creía, justo frente a él se encontraba una abertura, aparecida como por obra de magia y desprendiendo un brillo extraño. Como si al traspasarla salieran al exterior, a un exterior iluminado por el radiante sol.
Con las energías renovadas, los tres apretaron el paso, sólo había una forma de averiguar si esa abertura los podría llevar a la salida y era atravesándola. La embarazada les pisaba los talones, a pesar de ir descalza era bastante rápida y ya casi los alcanzaba.
Un último esfuerzo para llegar, estaban tan pero tan cerca que casi podían percibir una brisa fresca. ¿Sería acaso esa la salida de la maldita casa?
El terrible hedor tuvo su razón de ser cuando hubieron traspasado el umbral de la puerta. Cómo una pintura creada por el más macabro artista, frente a sus ojos se extendía el horror de una mente enferma.
Cadáveres, guardados celosamente entre enormes estanques de agua turbia. Se movían ligeramente, como si el agua que los rodeaba tuviese corriente. Y para Hiro fue bastante obvio que el líquido donde flotaban todos esos desdichados no era simple agua, debía ser…
-Cloroformo- K volteó a verlo con extrañeza, en sus brazos seguía aprisionado Ryuichi, aunque éste seguía sin querer reaccionar.
-Estoy seguro, este aroma tan desagradable pertenece al cloroformo y la carne en descomposición- el americano dibujo una mueca de asco antes de empujar a su protegido para seguir avanzando. Otra vez en busca de una puerta que los llevara a la salida, ese lugar era un laberinto, y no sabia cuantas puertas más deberían abrir antes de encontrar la salvación…o la muerte…
-Alejémonos de aquí, es desagradable- el guitarrista se limitó a asentir, al menos el uso de su móvil ya no era requerido, la habitación estaba ligeramente iluminada por gastados focos en el techo. Aunque eso sólo lograba que la visión de los cadáveres fuera más clara.
El suelo del lugar estaba cubierto de agua, que por alguna razón tenía un matiz rojizo, tal vez perteneciente a la sangre los cadáveres. Aunque era algo extraño verla en el piso y no dentro de los bizarros estanques…
-¿Quién podría haber hecho esto?, parece una casa de la tortura, no parece un orfanato- Hiro dejó escapar un gemidito, no le gustaba estar ahí, ahora mismo deseaba nunca haber escuchado a su latoso mejor amigo y haberse quedado junto a Ayaka en Japón.
-No lo sé, pero cuando regresemos a Tokio "the boss" se las verá conmigo. No puedo creer que nos haya enviado a este lugar- la voz de K pretendía ser alentadora, aunque también se estuviese muriendo del miedo.
-Quien lo diría, nosotros caminando en una habitación llena de cadáveres, nunca nadie me creerá cuando se lo diga. Sólo vivirá en mis pesadillas- un ligero sollozó se escapó de los labios del pelirrojo, provocando que el pianista entre sus brazos se aferrara con algo más de fuerza a él.
-Don´t worry Hiroshi, los sacaré de aquí aunque sea lo último que haga, todos saldrán intactos de este lugar o me dejo de llamar Mr. K- el guitarrista apenas sonrió, era increíble como su manager trataba de subirle el ánimo, a pesar de todo…
Adelantaron otro pequeño trecho, justo para llegar frente a lo que parecía ser una hilera de bañeras desgastadas y cubiertas de tubos. Pequeños aparatos extraños se mantenían colgados del techo, aparatos que marcaban un ritmo, como los de los hospitales. El suelo en esa parte era casi imposible de distinguir, el rojo de la sangre lo cubría casi en su totalidad.
-¿Qué es esto?- con esfuerzo se abrieron paso hasta estar cerca de una de las bañeras, el piso estaba tan resbaladizo que temían caer en cualquier momento, o provocar que sus dos inconscientes compañeros se hiciera daño.
-Mierda, esto es horrible…- Hiro apartó la cara con el asco pintado en su expresión, ahora mismo se arrepentía por haber asomado la cabeza en una de las bañeras. Cubrió su boca con la mano, sosteniendo a Suguro con su otro brazo.
-Ahora sabemos que hacen con los cadáveres después de meterlos en los tanques…- K se apartó con prudencia y jaló a Ryuichi hasta que estuvieron a una distancia más o menos aceptable, el hedor ahí al menos no era tan intenso como cerca de las bañeras.
-¿Qué…hay…adentro…?- el cantante de NG apenas y alzó la cabeza para hacer la pregunta, su rostro aún conservaba la expresión de terror que había permanecido desde la extraña llamada. Pero al menos ya hablaba.
-Algo horrible, no creo que quieras saberlo- el manager trató de sonar compresivo, aunque muy en el fondo no pudiese comprender lo que pasaba por la cabeza de su protegido.
Pero a Ryuichi esa respuesta no pareció satisfacerlo, por lo que, en un movimiento que los sorprendió, se apartó de los brazos del rubio y se acercó con premura a una de las bañeras, descubriendo su contenido.
El vómito se acumuló en su garganta, como una explosión de ácidos directo de su estomago. Se contuvo colocando una mano sobre su boca, aunque sus ojos no podían apartarse de la bañera, sus pupilas se habían abierto a más no poder y observaban atónitas el contenido.
Un cuerpo, irreconocible, podría ser tanto un hombre como una mujer, era difícil decirlo. Piernas y brazos abiertos como si esperaran recibir a alguien, la cabeza sobre el pecho, desprendida y con las cavidades oculares vacías. La boca abierta, sin dientes ni lengua en una especie de expresión burlona. Y el torso, despellejado completamente, sólo los músculos eran visibles, la piel había sido removida y no estaba a la vista.
Los tubos en las bañeras parecían suministrar algún tipo de sustancia hedionda, algo que caía en pequeñas gotas y que parecía quemar todo a su paso a una velocidad demasiado lenta. Además, un par de esos tubos parecían servir para un fin contrario, porque estaban conectados directamente sobre la carne, como si…
-Parecen absorber la sangre. Es por eso que el suelo está cubierto de ella- Hiro colocó una mano sobre el hombro del cantante e intentó apartarlo, K se mantenía a unos metros de ellos, con Suguro ahora reemplazando el lugar de Ryuichi entre sus brazos.
Pero el latoso castaño no parecía querer escuchar al pelirrojo, porque de nuevo se soltó de su agarre y comenzó a avanzar entre las bañeras. Parecía buscar algo, porque se asomo a cada una de ellas, con la misma mueca de asco e incredulidad.
-Sakuma-san…- no hubo respuesta, nada más que los incesantes pasos del cantante, seguidos de un extraño chapoteo provocado por la sangre en el suelo. El castaño parecía determinado a encontrar algo entre esas bañeras, y a juzgar por su expresión no se detendría hasta encontrarlo.
El guitarrista suspiró resignado, no comprendía, el contenido de esas bañeras era tan asqueroso que el sólo hecho de verlo una vez más le causaba nauseas. Pero Ryuichi seguía asomándose sobre ellas como si no pasara nada. ¿Qué demonios estaba buscando?
-Hiroshi…- regresó su mirada hacía K y lo encontró más cerca.
-Déjalo que haga lo que quiera, está avanzando y eso es lo que necesitamos hacer. No hay otra opción más que pasar en medio de las bañeras así que da lo mismo- el pelirrojo asintió a duras penas y comenzó a avanzar junto al rubio. Suguro parecía haber recobrado la consciencia y los observaba con algo de extrañeza. Aunque no se había atrevido a asomar la cabeza sobre las bañeras ensangrentadas…
Pero mientras ellos se disponían a seguir adelante, una vibración en el bolsillo de su chaqueta provocó que Hiro se detuviese en seco buscando con desesperación su móvil entre las ropas. Cuando lo encontró no dudo en llevárselo al oído y contestar lleno de emoción, hasta el momento no había conseguido señal pero si estaba recibiendo una llamada eso quería decir que…
-¿Hola?- al instante debió apartar el aparato de su oreja, el sonido al otro lado de la línea lo había ensordecido momentáneamente. K reaccionó a tiempo y ahora estaba a su lado escuchando con atención el grito de terror que había salido del móvil de Hiro…
-¿Quién…?-
"No por favor, deténganse, no hemos hecho nada malo sólo hemos venido a ver a los niños…" otro grito aterrador siguió las palabras de una mujer, cuya voz se les hacía bastante familiar.
"Basta, basta. Se lo ruego, ya no le haga daño por favor, puede hacerme a mí lo que quiera pero a él no… por favor…" los ojos de Hiro se abrieron en su máxima expresión cuando logró reconocer a la mujer, aunque no la hubiese visto muchas veces estaba seguro que era ella…
-Mika-san…- K se adelantó a decirlo, su expresión no distaba de la del guitarrista, ambos tan sorprendidos que repentinamente se habían quedado mudos.
"NOOOOOOOOOOOOOOOOO! BASTA, no tiene porque hacer esto, basta…basta…basta…" una especie de burbujeo se escuchó luego, y la voz de Mika se apagó tan rápido como había llegado. Una extraña vocecita infantil habló entonces, con alegría, como si disfrutara de lo que estaba haciendo, fuera lo fuera…
"Ahora eres parte de mi casa de muñecas…" la llamada se cortó de repente, justo antes de que el móvil se estremeciera de nuevo y un texto apareciera en la pantalla. "Tienes un nuevo mensaje".
El pelirrojo lo abrió al instante, encontrándose con una única frase escrita con letras rojas…
"Tú serás el próximo"
-¿Qué demonios…?- un nuevo grito los saco de balance, siendo K el primero en dirigir su mirada hasta donde Ryuichi había caído, con Kumagoro a unos metros de él y una mueca de terror dibujada en su rostro. Ambos corrieron hasta estar a su lado…
-Sakuma-san- el pelirrojo se inclinó junto a él y lo ayudó a ponerse en pie, teniendo particular cuidado con el brazo herido. Kumagoro quedó olvidado por un instante, y justo en ese momento Ryuichi comenzó a balbucear algo difícil de entender…
-…voz…la misma…era…ella…esa…voz…lo…escuche…yo…Mika-san…ella…aquí…- cubrió su cara con las manos, en un intento de calmar sus sollozos. Hiroshi lo consoló pasando un brazo por sus hombros, aún inseguro acerca de lo que había querido decir. Tal vez se refería a lo que habían escuchado por el teléfono, aunque, todo lo demás no tenía mucho sentido.
Intentó apartar al cantante de ahí, llevárselo un poco lejos para que pudiesen seguir adelante. Sin embargo, éste parecía estar pegado al suelo y no se movía, el pelirrojo dedujo que tal vez quería llevarse al dulce conejito rosa con él. Así que, con cuidado, se inclinó para levantarlo del suelo (luego necesitaría un buen baño) y lo recogió cubierto de sangre. Y justo cuando se disponía a entregárselo, algo más llamó su atención, algo que brillaba entre la viscosa mezcla de sangre…un anillo dorado…
Lo tomó desconcertado y se lo acercó al rostro, a pesar de estar cubierto de sangre podía distinguir una pequeña inscripción en la parte de adentro…algo así como…
"Eternamente juntos, Mika y Tohma Seguchi" casi cae de la impresión, aunque en lugar de eso se puso en pie y se acercó a la bañera que había provocado a Ryuichi tan gran impresión.
-¿Mika-san?-
