Qué tal? Ya les traemos el cuarto capítulo de la loca aventura de un chico de ojos verdes y de su brioso corcel :v
Gracias MichelleMaBelle por tu lindo review, nos da gusto saber que estás disfrutando la historia! Y descuida, cuando Levi aparezca, las cosas se van a complicar...para bien ;)
Muy bien, señores. Entran a escena los novios enojados, qué aventuras les esperan en este capítulo? Sigan leyendo :D
Flames & Handoru
De nueva cuenta ambos jóvenes caminaban por la carretera, esta vez más magullados que antes, aunque con la maleta entre ellos.
Eren soltó una risita y alzó el puño, victorioso.
-Les dimos una lección allá atrás ¿eh?
Jean, que tenía las manos en sus bolsillos, se encogió de hombros.
-Sólo eran delincuentes novatos, fue fácil-lo miró y sonrió con ironía-. No golpeas mal para ser una nena.
Eren curvó sus labios hacia arriba mientras levantaba el dedo medio. El otro sólo se rió.
Caminaron otro tramo en silencio hasta que Jean suspiró.
-Qué desperdicio.
-¿El qué?
-Esos tipos-Eren le miró, curioso-. No estaban tan mal, lástima que eran unos idiotas.
El ojiverde se detuvo, mientras que el otro avanzó un par de pasos y luego lo imitó, volteándolo a ver.
-¿Qué?
-A... ¿A qué te refieres con "no estaban tan mal"?
Jean arqueó una ceja e hizo un ademán.
-Tú sabes: cara atractiva, buen cuerpo-
-¡No, no! O sea... ¿Me estás diciendo que te gustan los chicos?-el castaño se llevó una mano a la cabeza, sorprendido-. ¡Pensé que eras un heterosexual machote!
-Me gustan los dos. Chicos y chicas, cada uno tiene lo suyo.
Eren parpadeó, aún impresionado. Los dos reanudaron la marcha.
-No lo puedo creer.
-Pues créelo, Bob. No es tan complicado: solía jugar para ambos bandos.
-¿Solías?
-...Digamos que por ahora me retiré a la banca.
-Ya...
Durante los siguientes minutos Eren se mantuvo sumergido en una serie de pensamientos que en realidad no tenían un propósito, sólo iban y venían hasta aterrizar en la misma conclusión: era la primera vez que se topaba con alguien así, y lo encontraba interesante. Bastante interesante.
Jean lo interrumpió al señalar la maleta con su cabeza.
-Debe ser especial.
-¿Eh? ¿Quién?
-¿Tu semi-prometido?
-Ah, Levi. ¡Claro que sí! Él es...-Eren sonrió-. Es...especial y...-Jean lo miró, atento-. Y es cardiólogo, ¿sabes?-terminó, acelerando el paso. Kirschtein arqueó una ceja.
-Fascinante.
El castaño lo volteó a ver con sorpresa.
-¿Qué rayos te pasa? Deja de mirarme así.
-¡Sigo impresionado! A primera vista nadie lo creería.
-Es que no soy tan obvio como tú, nenita.
Eren frunció el ceño, molesto. Pensó en darle un buen golpe para emparejarle sus contusiones, pero al mirar al frente divisó una estación de ferrocarriles.
-¡Mi salvación!
Emocionado, el ojiverde se lanzó a todo correr hacia allá, rogando que hubiera un tren disponible. Jean lo siguió, aunque rezagándose un poco en la carrera. Cuando llegó, Eren ya estaba en la ventanilla pidiendo informes.
-Disculpe, ¿todavía hay trenes a Dublín?
El taquillero, un hombre de ojos muy pequeños y aspecto aburrido, le miró de cabeza a pies y chasqueó la lengua.
-Tienes suerte, "Bob": el último tren a Dublín sale en 2 horas y media.
Eren parpadeó.
-¿Bob? ¿Por qué "Bob"?
El hombre talló su índice, medio y pulgar entre sí.
-Dinero, plata. Ya me entiendes, riquillo.
Eren bajó la vista unos segundos y luego le dedicó una mirada furiosa a Jean, quien se encogió de hombros, esbozando una sonrisa nerviosa. Tan pronto el castaño se volvió hacia la ventanilla para comprar un boleto, Jean cambió su gesto por uno de fastidio y le sacó la lengua.
Eren fue a sentarse a una de las banquitas que estaban afuera. Se dejó caer en una y metió las manos en sus bolsillos; momentos después, Jean se sentó a su lado.
-Así que dejaste a Armin en la guardería.
-Se llama "paquetería". Y sí, prefiero que esté bajo llave...
-Nadie lo secuestrará otra vez-Kirschtein miró hacia atrás-. Aunque no sé qué tan confiable sea aquel señor; tenía un aspecto poco amigable.
-¿Estás preocupado? Me conmueves.
Jean se recargó en el asiento.
-Nop. Es tu maleta, haz lo que quieras con ella.
Ambos miraron al frente, donde colina arriba se alzaba una imponente fortificación, rodeada de tonalidades verdes y grises.
-Malicabri.
-Eso lo serás tú.
-Hablo del castillo, idiota-Jean lo señaló con el mentón-. Dicen que es una de las10 maravillas de Irlanda. Son como 15 minutos a la cima...
-Ni siquiera lo intentes. No pienso perder este tren.
-De acuerdo, prioridades.
Eren asintió, satisfecho, y se cruzó de brazos. Jean echó un vistazo al reloj que estaba detrás de ellos, en la estación, y entrelazó sus manos sobre la nuca.
-Dos horas y media... Seguro el tiempo se pasará volando mientras piensas en tu novio.
El ojiverde se removió, incómodo. Volvió a asentir.
-Aquí me voy a quedar.
-Muy bien. Como quieras.
Jean se levantó y bajó de la plataforma de un salto. En seguida comenzó a caminar hacia el castillo, aunque a paso moderado. El castaño lo observó y suspiró; dio una ojeada alrededor, encontrándose con la mirada canina de un San Bernardo.
-Hey, ¿cómo estás?
El animal, que estaba sentado frente a él, se levantó y acercó la nariz a sus rodillas, olisqueándolo. Ladró.
-Lo sé, mi olor ahora es una mezcla de lodo, cerveza, sangre y quién sabe cuántas cosas más-el canino lo miraba con intensidad-. No quieres saberlo.
En ese momento otro perro, esta vez un Gigante de los Pirineos, se aproximó a él pero éste se subió a la banca para olfatearlo, colocándose muy cerca de su rostro. Eren sonrió, nervioso.
-...¿Qué tal? Tú...gigantesco animal...
En respuesta obtuvo un ladrido y una intensa mirada, parecida a la del otro.
-Escuchen, no soy muy bueno con los perros, la última vez que tuve uno fue hace 12 años...así que respeten mi espacio personal, ¿quieren?
Apenas terminó de decir esas palabras, sintió una brisa caliente sobre la nuca; al voltear, se encontró con los ojos de un Gran Danés.
-...Lindo perrote...Ah...-el mencionado empezó a olisquearle el cabello, orejas y cuello. Luego soltó un potente ladrido.
Eren se levantó como resorte y de un salto bajó de la plataforma.
-¡J-Jean! ¡Espérame, grandísimo...!
Poco después, los chicos se hallaban caminando en el pasto, rumbo a la atracción turística. Eren miraba el entorno, asombrado.
-Debo admitirlo: es un agradable lugar.
-Lamento que llegues tarde a Dublín-dijo Jean de pronto, con cierto aire apenado, cosa que sorprendió al otro.
-¿Lo dices en serio?
El irlandés cambió su gesto a una sonrisa maliciosa.
-No alcanzarás alguna tienda abierta.
Tras darle un codazo, Eren brincó una roca y lo miró de reojo.
-Hay cosas más importantes que ir de compras, Jean. Tengo una vida, un trabajo y un excelente novio.
-¿A qué te dedicas?
-Soy diseñador gráfico.
-¿Qué es eso?
Eren le explicó con brevedad en lo que consistía su exitosa carrera. El de ojos pequeños guardó silencio unos momentos, luego lo miró.
-O sea que engañas a la gente con dibujitos y un poco de publicidad.
El ojiverde frunció el ceño.
-Hay mucho más en esa carrera que sólo "dibujitos", imbécil. Además, yo no engaño a nadie-le dio un empujón-. ¿Sabes? Eso es tan típico de ti, siempre ves lo peor.
-No. Sólo soy realista.
-¿Ajá? Si eso es cierto, me gustaría saber de quién tienes una buena opinión.
Jean le miró de reojo e hizo un ademán.
-Hay un paaar de cosas buenas tuyas.
-¿Cuáles?
Kirschtein vaciló unos instantes, luego se detuvo y lo miró fijamente.
-Responde esto: tu departamento, tu hermoso departamento está en llamas. ¿Qué sacarías?
-...¿Qué?
-Si tu casa estuviera incendiándose y tuvieras...60 segundos, ¿qué sacarías?
-...Umh...
-Anda, dime. El perro chihuahua, un cobertor de 500 dólares, ¿qué?
Eren parpadeó. Nada tenía sentido. Aunque Jean lo seguía mirando con intensidad, recordándole a los enormes perros de la estación. Apartó la vista, incómodo.
-¡No voy a jugar este juego contigo!
Jean asintió. Ambos reanudaron la marcha. El ojiverde arqueó una ceja.
-A ver, ¿y tú qué te llevarías? Tu adorable pub está en llamas, ¿qué sacarías?-el castaño movió las manos, haciendo mímica-. El fuego sube por las escaleras, las botellas de alcohol explotan y tienes 60 segundos.
Jean miró al cielo.
-Sé exactamente qué sacaría.
-Bien, ¿qué sería?
El irlandés lo vio unos instantes y sonrió, adelantándose un par de pasos.
-No te lo diré.
-Ah. Tú puedes preguntar pero no responder-musitó Eren, indignado-. Qué divertido.
Llegaron a la cima. Las murallas del fuerte los rodearon, mostrando el antiguo esplendor que tuvieron tiempo atrás. Eren las contemplaba, absorto. El de ojos pequeños aprovechó esto y fue a sentarse sobre una enorme roca.
-Este castillo tiene una grandiosa historia.
-¿En serio?
Jean le señaló el panorama.
-Hace cientos de años, vivió un poderoso comandante de nombre Rod Reiss, quien tenía una hermosa prometida llamada Isabel. La leyenda dice que tenía un cabello color fuego y una cálida sonrisa, pero lo que más encantaba de ella eran sus ojos: parecían un par de esmeraldas que te atrapaban con sólo mirarlas-Eren se cruzó de brazos, desconfiado-. Por desgracia, Rod era tan viejo como para ser su padre...o su abuelo. Y por lo tanto, Isabel no lo amaba.
-Típico.
-Esto es historia antigua, cretino. ¿De dónde piensas que vienen todos los cuentos y películas? ¡De la historia!-Jean bajó de la roca y le indicó que siguieran caminando-. En fin, el día de sus esponsales, Isabel se encontró con el soldado de mayor confianza de Rod: Farlan. Un valiente y apuesto guerrero de cabello castaño, alborotado. Ambos se enamoraron, ¿pero qué podían hacer?
Eren se encogió de hombros.
-¿Matar a todos y fugarse?
El barman puso los ojos en blanco.
-Isabel vertió una poción somnífera en las bebidas, de manera que ambos pudieran huir y vivir su romance. Cuando despertó, Rod notó la ausencia de su prometida y su fiel soldado; enloqueció y salió en su persecución.
-¿Los capturaron?
-Las personas de las aldeas tuvieron compasión de ellos y los ocultaron. En los bosques, graneros e incluso en algunos castillos. Dormían una noche y después continuaban el viaje-de pronto, Jean viró a la izquierda, metiéndose en un pasadizo que pasaba inadvertido-. ¡Ven!
Eren arqueó una ceja, dudoso.
-¿Es seguro?
Una mano emergió de las sombras y asió la suya.
-¡Claro!
Ya adentro, ambos comenzaron a subir por unas escaleras. Jean prosiguió su relato.
-Dormir fue lo único que hicieron.
-¡Ja!
-¡En serio!-insistió el otro, sonriente-. Farlan, como buen hombre que era, sentía culpa por haber traicionado a su general. Por respeto a él, y a Isabel, nunca fue más allá.
-Ajá...
Eren se adelantó y llegó a la cima de esa torrecilla. Sus ojos se abrieron más, impresionados. Ante ellos, había un valle de tonalidades verdes, grisáceas, azules y blancas; todo gracias a la vasta vegetación que rodeaba las montañas, los dos pequeños lagos que reflejaban la luz solar, el mar que se extendía en el horizonte y las nubes que adornaban el cielo infinito. La perfección de la naturaleza era casi imposible de describir, así como la emoción del joven, quien nunca creyó ver tanta armonía de colores en un solo lugar.
Jean metió las manos en sus bolsillos.
-Entonces encontraron la vista de este castillo. Se dice que, incapaces de resistir tal belleza, consumaron su amor delante de este paisaje-finalizó, volteándolo a ver.
Eren lo miró por igual. Estando tan cerca, pudo notar ciertos rasgos en el irlandés que antes no vio; por ejemplo, la piel era más blanca de lo que creyó, mientras que sus delgados labios tenían un particular tono rosado. El singular corte de cabello de alguna manera enmarcaba aquel rostro alargado, resaltando la intensidad de su mirada.
También eso. Aunque pequeños, sus ojos eran dorados y despedían un extraño brillo. Al percatarse de ello, un súbito cosquilleo le recorrió la espalda; sonrió, parpadeó y después apartó la vista. Jean arqueó una ceja.
-¿Y ahora qué te pasa?
-Aléjate de mí.
-Claro. Cuando lleguemos a Dublín y me pagues.
-No, en serio. Justo ahora.
Contrario a su petición, Jean dio un paso hacia él, acortando aún más la distancia entre ambos.
-¿Por qué?
-¡Que te alejes!-el ojiverde le dio un golpe en el hombro y retrocedió.
-¡Agh! ¿¡Qué demonios!? Te doy un tour gratuito por una de las maravillas de Irlanda, ¡y me golpeas!-reclamó el otro, sobando la parte afectada-. ¿Acaso así se agradece a la gente allá en Boston?
-No puedo creerlo-el castaño se cruzó de brazos-. Debí esperarlo de ti.
-...No entiendo nada de lo que dices.
Ruborizado, Eren lo miró con enojo.
-Intentas seducirme.
Ahora a Jean le tocó parpadear.
-¿Qué?
-Claro: un viajero solo, joven y a punto de comprometerse, que no podría resistirse a un "valiente y apuesto guerrero".
-¿¡Disculpa!?
-Bien. Déjame decirte que tu plan no funcionará, "Farlan".
Jean parpadeó otra vez, asimilando sus palabras. Se llevó una mano a la cabeza y comenzó a reír.
-No eres chica, pero da miedo cómo tiendes a pensar como una.
-¿¡Qué dijiste, idiota!?
El de ojos dorados se acercó y le dio un manotazo en la frente, luego se giró hacia el paisaje.
-No te sientas superior, "bombón". Esta historia es cierta, aunque de seguro no es como la tuya.
-¿Qué se supone que significa eso?
Jean se disponía a responder, cuando el claro e inconfundible silbido de una locomotora lo interrumpió. Ambos se miraron, luego Eren vio su reloj y palideció.
-¡MI TREN!
CONTINUARÁ...
Uh-oh, parece que alguien va a tener que correr lo que nunca *silba* ese tatakae tiene una suerte...bien jodida xD
Una vez más, gracias a quienes le dan una oportunidad a esta historia, favs, follows, reviews, incluso sólo leerla. Gracias, gracias uwu
Nos vemos la siguiente semana! :D
