Los personajes no me pertenecen son de la grandiosa imaginación de SM, la historia es creación de mi loca cabecita...

Chicas mil perdones por la tardanza, no las aburro tanto disfruten el capitulo...

Me regalan un review?


Capitulo 3

"Una mente con miedo es aquella que se debate entre la locura y la cordura"

Más de cuatro días llevaba encerrada entre esas cuatro paredes, los mismos que llevaba sin poder dormir, las marcas violáceas en sus ojos eran la prueba fiel, por primera vez en su vida se sentía tan desolada, tan frágil y es que el pensar poner un pie fuera de su departamento le traía espasmos horribles que no podía parar con nada. Tan mal se encontraba que las ventanas no se habían abierto tampoco y es que era tonto pensarlo, pero muchas noches soñó que sus captores irrumpían por una de sus ventanas para poder llevar acabo sus planes de matarla.

Mientras más tiempo pasaba encerrada, más ideas locas y sicóticas se le venían a la cabeza, habían ido Sue y Alice a visitarla, quisieron llevarla con Harry, pero ella se negó rotundamente, amaba a ese hombre como si fuera su padre, pero podía mas su miedo que el querer verlo bien con sus propios ojos.

-Vamos niña solo será una hora, máximo dos y te regresaremos sana y salva a tu casa- le dijo Sue con ternura

-Me alegra saber que Harry se encuentra bien, pero no tengo intenciones de salir por el momento- Alice conocía bien a su amiga, sabía que estaba aterrada, su solo aspecto lo decía, vestía pijama a las 4 de la tarde, su cabello se veía que no había sido peinado en días.

-Vamos Bella es tiempo de que salgas, no puedes seguir así- dijo Alice, instintivamente Bella agacho la cabeza, como queriendo ignorar las palabras de su amiga.

-Tiene razón Alice, tienes que salir en algún momento pequeña, no puedes quedarte aquí para siempre, recuerda que en el trabajo solo te dieron esta semana- Sue se sentó al lado de la chica, intentando acercarse a ella, pero esta instintivamente se alejo unos centímetros de ella y subió sus piernas a la altura de su pecho.

-Ya lo sé, pero por ahora no tengo ánimos de hacer nada, prometo que mañana voy a ver a Harry- Alice y Sue se miraron, bien sabían ellas que eso no pasaría hasta que Bella no venciera al miedo que traía con ella últimamente.

Esa mañana se convirtió en tres días más, hasta este día en que Bella había decidido nuevamente no salir, ella sabía que estaba siendo cobarde pero por más que se armaba de todo el valor posible no podía salir de su departamento, camino con pasos lentos hasta la nevera al abrirla se dio cuenta que ya no tenía más provisiones, solo quedaba un trozo de queso chedar de la semana pasada, el cual seguramente ya estaba echado a perder, con un fuerte portazo cerro el refrigerador.

-Maldita sea!- por un momento paso por su cabeza la idea de vivir sin comer, pero vamos a quien quería engañar sus tripas le rugían que parecía que no había comido en semanas, suspiro fuertemente y con pasos decididos se metió a bañar, al parecer su autoexilio había terminado, en cuanto salio del baño se vistió con lo primero que encontró unos pantalones tipo chadal grises y una blusa de manga larga azul, por ultimo se enfundo sus tenis. Al mirarse al espejo se dio cuenta que su aspecto cada vez estaba peor.

-Esta no eres tu- se dijo mientras se hacía un moño desordenado en la cabeza – basta de tanto miedo, no puedo seguir así… tu eres Bella Swan y eres valiente… tu eres Bella Swan y eres valiente- se dijo una decena de veces, para tratar de convencerse que podía salir de aquel terror que la tenía presa en su propia casa, mientras se mentalizaba iba metiendo en una bolsa de franela toda la ropa sucia que iba encontrando en el camino, ya que iba a salir iría a la lavandería, definitivamente su ropa también necesitaba un baño urgente.

Antes de abrir la puerta hizo un repaso mental para verificar que nada se le olvidaba- celular, bolso, lista de víveres, ropa sucia, dinero- traía consigo todo lo que iba a necesitar, con las manos temblorosas abrió la perilla de la puerta, el clic cuando abrió la sobresalto un poco –tranquila…solo a sido la puerta- dijo mientras exhalaba e inhalaba.

Camino lentamente por los pasillos hasta la puerta que la llevaría a la calle, mientras más se acercaba más grande se volvía su miedo, volvió a repetir las mismas palabras que se dijo frente al espejo y salió a la calle.

El sol de primavera le pego de lleno en la cara, sus ojos se entrecerraron por el brillo del sol, con una mano afianzo la bolsa de su ropa sucia y con la otra hizo un poco de sombra a sus ojos, miro a ambos lados de la calle asegurándose que no había nadie esperándola, había pocos transeúntes por la calle y ninguno tenía facha de sicópata acechador, así que con pasos rápidos camino hacía la lavandería.

Edward llevaba más de tres noches vigilando aquella casa, hasta ahora solo había visto salir a dos mujeres, una la reconocía como una de las trabajadoras del banco, seguramente venían a verificar que su amiga se encontrara bien, aunque de ella aún no sabía nada, en todo este tiempo no la vio salir o entrar, hasta las ventanas de su departamento permanecían cerradas, cualquiera hubiera pensado que nadie vivía ahí, solo se podía ver que había alguien en el departamento por las noches, cuando las luces eran encendidas, algunas veces podía ver la silueta de aquella mujer paseándose por el departamento, pero nunca se asomaba o hacía intento de ver por la ventana.

Estaba empezando a creer que aquella mujer solo era un espejismo y no era tan hermosa como el recordaba, cuando pensaba ese tipo de cosas, sacaba la credencial de aquella mujer, la miraba por horas, aprendiéndose de memoria sus ojos, su cabello castaño, esas diminutas pecas que tenía en la nariz, pecas que seguramente de cerca se notarían más, cuando la cordura volvía a su cabeza tomaba la credencial y la metía nuevamente a uno de sus bolsillos, no podía gustarle aquella mujer, al menos no de esa manera, el estaba ahí solo para asegurarse de que la chica no abriría la boca, pero algo tenía esta mujer que lo hacía perder la cabeza, como aquella vez cuando James comenzó a tocarla, por más que intento controlarse no pudo, de cierta manera les hizo notar a todos que nadie más que él podía tocar a aquella mujer, el haberla tenido en sus brazos fue lo más maravilloso y doloroso al mismo tiempo, por que el sabía que jamás podría aspirar a que una chica como Isabella Swan se fijara en una escoria como él, pero a la vez había sido tan reconfortante, parecía que sus brazos habían sido hechos para abrazarla fuertemente, en el momento que la dejo ir sintió de nuevo ese vacío que venia sintiendo desde hace años.

Al día siguiente del asalto el y Jasper habían pasado a visitar la Floreria Vulturi, esta era la fachada para todos los trabajos sucios que se realizaban en pleno Seattle, este era el centro de operaciones de todos y cada uno de los rufianes que azotaban la ciudad, el amo y señor de aquel lugar, así como de todo Seattle era Aro Vulturi, él y sus hermanos eran los que manejaban a todos y cada uno de ellos, iban desde carteristas, tratantes de blancas, vendedores de drogas o como ellos asaltantes de bancos y camiones blindados, cada que daban un golpe sabían que tenían que ir a dejarle su 25% de las ganancias a Aro, con esto ellos tenían ganado el respeto de aquel hombre, así como la seguridad de que jamás caerían en manos de la justicia.

-Aquí están mis chicos estrella!- dijo la voz burlona de Aro

-Buenas tardes Aro- dijo secamente Edward, mientras Jasper solo inclino la cabeza a modo de saludo.

Al lado de Aro se encontraba Demetri un hombre corpulento y extremadamente alto que servía de guarura al viejo Vulturi, siempre se encontraba sentado cerca del escritorio donde tenían infinidad de muestrarios de arreglos florales, si se tenía que mantener una fachada definitivamente la familia Vulturi eran los mejores.

-Aquí esta la entrega- dijo Edward al mismo tiempo que aventaba un sobre abultado color amarillo en el escritorio cerca de Demetri

-Vaya, como siempre mis chicos tan puntuales- Aro le hizo señas a Demetri para que abriera el sobre.

-Esta completo- la voz ronca del sujeto resonó en todo el lugar

-Muy bien…es un placer hacer negocios con ustedes, aún no sabemos donde será el próximo golpe, en cuanto tenga planos y ubicación les haré venir, mientras tanto son tan libres como lo quieran- Ni Jasper ni Edward se quedaron más tiempo, solo asintieron ante las palabras del viejo y salieron del lugar.

Después de haber repartido el dinero entre los seis, cada uno se fue por su lado, ya sabían que tenían que dejar pasar al menos una semana para que se les volviera a ver juntos, a pesar de que sabían que nada les pasaría por que eran muy meticulosos en sus robos, aun así a Edward le gustaba extremar precauciones.

Así que todo su tiempo lo invirtió en estar de pie frente al edificio de Isabella Swan, hoy era el cuarto día que permanecía ahí parado, llevaba más de una hora rondándole en la cabeza la idea de irse, probablemente podría ir a casa de Emmett y ver si corría con la suerte de encontrar a Tania la amiga de la esposa de esté, pero había algo, tal vez una sensación que le decía que hoy especialmente no debía moverse de ese lugar, así que ahí permaneció, después de veinticinco minutos la figura delgada de Isabella a pareció por la puerta del edificio, estaba más delgada que el día del asalto, su rostro parecía cansado y tenía unas inmensas ojeras que le cubrían sus hermosos ojos, miro a ambos lados de la calle, como intentando encontrar a alguien, después comenzó a caminar hacía la izquierda.

Edward no lo pensó dos veces, la siguió por la acera de enfrente, Isabella iba con la mirada clavada en el suelo, varías veces pensó que chocaría con algún transeúnte, pero ella hábilmente había logrado esquivarlos, de pronto se detuvo en las puertas de la lavandería y entro. Edward intento poder mirarla de lejos, pero los letreros en los cristales se lo impedían, así que llego a un expendio de periódicos y compro un ejemplar. Con el periódico en mano entro en la lavandería, el lugar estaba casi desierto solo se encontraba una mujer doblando su ropa limpia a mitad del pasillo y la dependienta que estaba tras un mostrador tecleando algo en una laptop, mientras más se adentraba al lugar el olor a detergente, blanqueador y suavizante se hacía más fuerte, al levantar la mirada, se encontró con Isabella al final de la lavandería, estaba separando su ropa en diferentes canastos, Edward pensó que lo mejor era que estuvieran a una distancia prudente, así que cuatro lavadoras después de la que iba a ocupar Isabella, decidió tomar asiento en una de las sillas que se encontraban frente a los aparatos, abrió el periódico para fingir que leía, pero por el rabillo del ojo podía ver todos y cada uno de los movimientos de la chica.

Después de que termino de separar la ropa la metió en la lavadora que tenía frente a ella, de su bolso saco lo que parecía ser una cartera- maldición!- exclamo la chica, siguió rebuscando en su bolso, al no encontrar lo que buscaba, miro en dirección a donde se encontraba Edward, tomo un billete de su bolso y camino hacía él.

Edward no sabía que hacer, si permanecer ahí, marcharse o tal vez…

-Buen día- la voz titubeante de Isabella hizo que Edward apartara los ojos del periódico, no sabía que hacer, solo se le quedo mirando a la chica que tenía parada frente a él – perdón que te moleste…es solo que…me…preguntaba si tenías cambio en monedas, al parecer no tengo mucho cambio para lavar la ropa- Edward seguía inmóvil, por más que trataba de reaccionar le era imposible y si pasaba lo que Emmett había dicho, si reconocía su voz, si armaba un escándalo en aquel lugar- mmmm, perdóname no quería importunarte, creo que iré mejor con la chica del mostrador- entonces Edward salió de su letargo y con su mano la sujeto de la muñeca para que no diera un paso más.

-lo siento, es que estaba muy metido en la lectura- Bella sintió un estremecimiento desde la punta de los dedos de los pies, hasta la ultima hebra de cabello, el toque y la voz de aquel hombre la hicieron sentir una calidez inesperada.

-no te preocupes, en verdad puedo ir con la dependienta- Edward le sonrió de la forma más hermosa que Bella había visto en su vida

-permíteme arreglar mi momento de estupidez- se levanto de la silla sin soltar a Bella ni un solo momento y se metió la mano en la bolsa de se pantalón, de la cual saco muchas monedas- aquí tienes- le coloco las monedas en la mano que sostenía, en ese momento se percato del temblor que tenían las manos de Isabella, la chica tomo las monedas y junto sus dos manos como tratando de detener aquel temblor que no le paraba desde hacía unos días, temblor que le hacía recordar que lo que vivió fue tan real como aquel hombre tan amable que esta con ella.

-Muchas gracias, en seguida te doy un billete por ellas- Edward negó con la cabeza

-no en necesario, hoy por ti, mañana por mi- Isabella esbozo una hermosa y radiante sonrisa, como hacía días que no lo hacía.

-de verdad no se como agradecértelo- en ese momento Bella fue más conciente aún del hombre que tenía parado frente a ella, vestía unos jeans desgastados color azul que se le ceñían tentadoramente en las caderas, una sudadera gris con las letras GAP en el pecho, aún que la sudadera le quedará un poco holgada se veía que tenía un físico de infarto. Edward se percato de la mirada evaluadora de Isabella, cuando sus ojos se toparon el arqueo una ceja en señal de que se había dado cuenta de la evaluación de la chica, en ese momento Bella bajo la mirada y sus mejillas se tiñeron de un rojo hermoso, nunca en toda su vida Edward había visto algo tan adorable en una mujer, hacía muchisimos años que no veía aquella reacción en una mujer.

-Me lo podrías agradecer aceptando un café- Bella levanto la vista, sus ojos se abrieron de par en par, no era posible que un hombre tan atractivo como aquel le estuviera pidiendo una cita y es que sin temor a equivocarse este hombre era el más hermoso que había visto en su vida y esa fachada de chico malo que tenía lo hacía mas apetecible si fuera posible.

-Yo…este…no creo- Las manos de Isabella se movieron más desesperadas, instintivamente Edward tomo una de sus manos entre las suyas.

-Te prometo que no te haré daño- Bella negó con la cabeza

-No es eso…- soltó un fuerte resoplido, como le explicaba a este guapísimo extraño que no estaba preparada para salir en una cita, después de todos los eventos vividos hace unos días no se sentía con muchos ánimos- es que no estoy vestida para la ocasión- por dentro quería darse de golpes en la cabeza por la estupidez que acababa de decir.

-Yo creo que estas hermosa- las mejillas de la chica se colorearon más si era posible

-Creo que…iré a poner la lavadora a andar- camino apresuradamente hasta donde se encontraba su ropa sucia, tomo la primera canastilla y la metió en el aparato, coloco el detergente, las monedas y la acciono, la voz de Edward detrás de ella la hizo dar un enorme salto, pero el detonante de todo el embrollo posterior fue que Edward le coloco la mano en su hombro.

-Entonces me aceptas la taza de café?- por instinto Bella se fue al piso, desplomándose cual torre de naipes, se hizo un ovillo en el piso, envolviendo sus piernas con sus brazos, sus ojos se cerraron y comenzó a repetir en voz muy queda- No por favor!, no por favor!, no por favor!- en ese pequeño pero importante momento Edward de dio cuenta de las secuelas que presentaba aquella hermosa mujer, secuelas que él y sus amigos habían provocado, con toda la delicadeza del mundo la tomo entre sus brazos, se sentó en una de las sillas, colocando a la chica en su regazo, como aquel día en la camioneta.

-Tranquila…tranquila- sus manos recorrieron su cabello, logrando en el proceso deshacer el moño desordenado que Isabella se había hecho antes de salir de casa, con sus dedos le recorrió desde la cabeza hasta el ultimo de sus rizos chocolate- yo estoy aquí y nada malo va a pasar- ese olor, esa voz… le estaban trayendo a Bella nuevamente la tranquilidad perdida, no supo exactamente cuanto tiempo estuvieron en aquella posición, el clic de la lavadora al terminar su trabajo la saco de su letargo.

Se encontraba entre unos brazos calidos, unos brazos que le recordaban algo, pero no sabía el que…al levantar la cabeza se dio cuenta que esos brazos le pertenecían a aquel chico tan amable que le había dado las monedas.

-Yo lo siento- dijo en un susurro

Edward bajo la mirada y se encontró con unos ojos chocolates asustados- No lo sientas, no paso nada- le sonrió

-Debes pensar que soy una loca- Edward movió la cabeza en señal de negación

-Eso jamás, una linda niña como tu jamás lo sería- Bella le sonrió y se aferro más a Edward, enterró su nariz en el pecho de aquel extraño era realmente extraño esa conexión que sentía por aquel hombre pero en el fondo de ella le parecía tan familiar, como si siempre hubiera pertenecido a aquellos brazos.

Después de haber pasado la situación mas embarazosa, termino de lavar la ropa, aunque Edward ya no se despego de ella ni un solo instante, no hablaron sobre el tema, tal parecía que los dos querían hablar de otras cosas aunque fueran triviales, como el estado del tiempo, alguna noticia importante que Edward leía en el periódico hasta que terminaron por hablar de sus gustos musicales, entre más hablaban más se daban cuenta que tenían muchas cosas en común, Bella se asombro de saber que a aquel hombre que por momentos parecía tan rudo tuviera un gusto tan igual al de ella en cuanto a música clásica se refería.

-Bueno pues por fin he terminado, creo que es hora de irme- le dijo Bella

-Entonces lo del café lo dejamos descartado?- Bella pensaba cuan sería su mejor decisión, pasar tiempo con aquel hombre la había hecho olvidarse un poco de sus temores, estando con el se sentía a salvo – no quiero que pienses que soy un acosador- dijo rascándose la nuca.

-No creo que lo seas- dijo ella de forma tímida

- Es solo que me gustaría conocerte- ella camino dos pasos para quedar completamente frente a él

-Entonces comencemos por el principio, mi nombre el Isabella Swan, pero me gusta que me digan Bella- dijo extendiéndole la mano.

Hasta este momento Edward comprendió que en medio de su conversación jamás se dijeron sus nombres y es que el no necesitaba que Isabella se presentará, el finalmente sabia quien era ella, pero ella ignoraba completamente de quien era él.

-Edward Cullen- estrecho su mano con fuerza y la jalo hacía él, para finalmente depositar un beso en la mejilla de Bella, la chica inmediatamente se ruborizo.

-Mucho gusto Edward- dijo una nerviosa Bella

-El gusto es todo mío Bella chica de las mejillas sonrosadas- le dijo de la manera más tierna que Bella había escuchado, con sus dedos le acaricio la mejilla, ante su toque Bella no pudo hacer más que cerrar los ojos, aquello era completamente inverosímil le decía su mente, como era posible que sintiera este tipo de cosas por un completo extraño, pero sus emociones le decían otra muy distinta.

Como ninguno de los dos quería acabar con la conversación terminaron hiendo juntos a hacer las compras de Isabella, el tiempo se les estaba haciendo demasiado corto, de vez en cuando se miraban perdiéndose uno en la mirada del otro, otras tantas hacían bromas, para los dos parecían tan natural ese tipo de acciones, Edward aún no alcanzaba a comprender que había en esa chica de ojos marrones que lo hacía comportarse como nunca lo había hecho y es que con las mujeres con las que convivía jamás se detenía a pensar cuales eran sus gustos, como vivían o simplemente que esperaban o querían de la vida, para él simplemente era una follada mas y fin del asunto, pero con Bella estos momentos eran los más importantes que hasta ahora había vivido, no era hipócrita, la chica le gustaba tan endemoniadamente que si dejaba que salieran a la luz sus pensamientos lujuriosos en este momento estaría mas duro que una roca, aquel cuerpo se lo había imaginado más de 20 veces desnudo y dispuesto a ser tomado por él, pero se sentía tan en paz con esas platicas que no quería estropearlo con sus malos pensamientos, de cierta manera Isabella hacía que Edward se sintiera en casa.

- Aquí es- dijo Bella cuando llegaron a su apartamento, por dentro se moría de ganas por invitarlo a pasar, pero sabía que era demasiado pronto, tal vez en la segunda o tercera cita, si es que la había lo invitaría por ahora no.

- Espero que esta no sea la ultima vez que nos veamos- dijo Edward mientras le acariciaba la palma de la mano

-Yo espero lo mismo- sin ser conciente de lo que hacía Isabella le acaricio la mejilla

-Prométeme que la próxima vez que nos veamos me dirás que te tiene así- la mano de Bella cayo a su costado, comenzando a negar con la cabeza.

-No se…- le puso un dedo en la boca

-Si lo cuentas será más fácil de superar- en ese momento o Bella no quiso verlo o estaba tan distraída por el roce de Edward que no le tomo importancia a ese comentario – prométemelo Isabella- su voz de mando más que asustarla, la hizo asentir automáticamente

-Lo prometo- Edward le sonrió de su forma favorita o al menos así era ahora

-Buena chica- saco del bolsillo de su pantalón su celular- ahora aquí teclea tu numero telefónico- Bella lo tomo entre sus manos y tecleo el numero de su casa primero, para después teclear el de su celular

- El primero es el de casa, el segundo es mi móvil- Edward asintió, beso la mejilla de Isabella

-Descansa hermosa, que a partir de hoy tienes un ángel caído que cuidara de ti- Bella frunció el ceño

-Tu eres solo un ángel- Edward movió la cabeza en negación

-No soy tan bueno para merecer ese titulo- Bella paso las yemas de sus dedos por la mejilla de Edward

-Para mi si lo eres…cuídate- la chica dio media vuelta y entro al edificio, Edward simplemente se quedo ahí petrificado viendo como aquella mujer entraba a aquel lugar, para después perderse en el elevador, había repasado mil veces el plan a seguir con Isabella, tenía vigilarla de cerca, si se daba la oportunidad lograría ganarse su confianza, para que de esta manera le contará que tanto sabía y así tomar la decisión de dejarla en paz o…, Edward frunció el ceño, eso ni pensarlo, menos ahora que ya estaba más que dispuesto a entrar en la vida de aquella chica, pero esta vez para quedarse, Isabella Swan le atraía demasiado, tanto que comenzaba a volverlo loco, se la había imaginado en distintos escenarios tomándola, reclamándola… amándola…, esa clase de mujer no era para Edward Cullen príncipe de los ladrones, pero Bella ella sería para él, aunque fuera lo ultimo que obtuviera en esta vida.

No supo en que momento llego frente a la puerta de los hermanos Witherdale, toco la puerta con desesperación, sabía que era el último lugar al que tendría que ir, pero la única que podría calmar sus deseos era la mujer que le abrió la puerta, Tania Witherdale ahí estaba ella tan hermosa como siempre, su cabello rubio rojizo le caía por los hombros, su torso estaba cubierto por una blusa ceñida al cuerpo de tirantes color rosa, la falda si es que a esa miniatura se le podía llamar así era de un mezclilla deslavado.

-Pero mira que ha traído el gato- la voz burlona de la mujer hizo que Edward levantara la vista, sin aviso la tomo de la cintura y estampo sus labios en los de ella, sin pensarlo dos veces Tania enredo sus piernas en las caderas de aquel hombre con el que soñaba cada noche y que hoy por fin iba a tener entre sus brazos una vez más.

-Tu hermano?- logro preguntar Edward mientras avanzaban al interior de la casa

-No esta y no creo que llegue- camino con ella en brazos para soltarla en el sofá – y la niña duerme- Edward asintió y con gran maestría le saco la falda a lo que Tania ronroneo como una gata en celo y es que hacía más de un mes que Edward no se aparecía en la puerta de su casa, aunque sabía que cada que se veían era para follar, poco le importaba por que era la mejor follada de su vida.

Edward le abrió las piernas, observando su parte más intima completamente expuesta para él, Tania hizo amago de pararse para desvestir a su compañero, pero él se lo impidió colocándole una mano en su vientre.

-No!- ella como siempre no volvió a intentar hacerlo, solo fue una espectadora como cada vez que se acostaba con él.

Edward se bajo los pantalones junto con sus boxers, dejando libre su masculinidad, después de colocarse el condón lo más rápido que pudo, se posiciono encima de Tania y la penetro sin siquiera asegurarse que estaba lista para recibirlo.

-Mierda- fue el grito de dolor de Tania, quien sintió como si la partieran en dos, pero después de que Edward comenzará su danza en ella el dolor dio paso al placer, con movimientos rudos las manos del joven tomaron los senos cubiertos por la blusa todavía, sin previo aviso mordió uno de ellos sobre de la tela, haciendo que su compañera se arqueara hacía él como si le pidiera más.

-Te gusta- la voz ronca y demandante de Edward hizo que Tania se arquera una vez más

-Si… por favor más fuerte- Edward tomo el otro seno y lo mordió más fuerte aún, Tania sabía que le quedarían las marcas mañana, pero poco le importaba, eran como sus trofeos, su prueba fehaciente de haber tenido a Edward Cullen entre sus piernas- maldita sea muévete más rápido- grito ella desesperada.

Aquello quien lo viera, lo vería completamente grotesco, esa relación mal sana había crecido entre ellos desde que tenían 15 años respectivamente y es que los padres de Tania habían sido muy buenos amigos de los de él, se podría decir que crecieron juntos, aunque Edward al principio intento quitársela de encima, finalmente le gano la calentura de la adolescencia, tomándola en el garaje de la casa Witherdale, entre el carro destartalado de la chica y miles de cachivaches que ahí tenían, esa…fue la primera vez de ambos y no sería la única, aunque con el paso de los años Edward entendió que aquella mujer no podía darle más que esos momentos, no más, mientras Tania soñaba con el día en que Edward la amará, el simplemente la follaba hasta el cansancio y después se iba sin decir adiós.

Las arremetidas de Edward se volvieron más y más demandantes, el sudor cubría sus cuerpos, los jadeos llenaban el ambiente, hasta que el grito de la mujer hizo que él se liberará como un poseso, al abrir los ojos Edward se quedo de piedra, frente a él estaban esos ojos chocolates con los que ahora soñaba, su piel de porcelana, sus pequeñas pecas en esa hermosa nariz y esos labios- Isa…be…lla- con su manos completamente temblorosa toco aquel rostro que sus ojos veían.

-Que carajos- sin aviso Tania lo aventó, Edward callo a un lado del sillón desconcertado, mientras Tania recogía su ropa del suelo para comenzar a vestirse – Ahora no solo tendré que conformarme con tenerte aquí mientras tienes necesidad, sino que ahora me vas a llamar por otro nombre- Edward se levanto colocándose los pantalones en el proceso.

-Yo nunca te he prometido nada, así que ahórrate los reclamos- Tania lo miro incrédula

-Pero yo…- Edward se paro frente a ella

-Pero nada Ta, sabías que lo nuestro es así, no comiences a reclamarme, solo nos divertimos, nada distinto a lo que haces todas las noches- el rostro de la chica enrojeció

-Tienes razón, pero da la casualidad que esos hombres me pagan por eso, por que soy su puta, pero hasta ahora contigo no había sido así, pero gracias por hacérmelo saber, de ahora en adelante si tienes ganas pues ve y quítatelas con la tal Isabella- Tania camino hasta la puerta y la abrió de par en par

-Ta yo no…-

-No es necesario Edward…adiós- Con la mirada baja salió de aquella casa, sabía que con Tania no lo unía amor, pero si un cariño de amigos, ahora la había cagado completamente al decirle el nombre de otra, aunque sus encuentros no eran precisamente amorosos, Edward trataba de no hacerla sentir mal, menos por que sabía lo que ella tenía que soportar cada noche cuando salía a ejercer el oficio más antiguo del mundo.

Iba tan ensimismado que no logro esquivar a la persona que choco con él- Maldito fíjate por donde…- Edward lo ayudo a ponerse de pie- Edward mi hermano- James Witherdale abrazo a Edward con efusividad.

-Vamos James te ayudo a llegar adentro- esta definitivamente iba a ser una noche muy larga, así que Edward con un suspiro de resignación ayudo a su amigo a llegar hasta su casa


Hola a todas mil perdones por no subir antes, pero estas dos semanas estuvieron un poco complicadas, pero prometo ahora si actualizar todos los viernes, cuando pueda serán dos veces a la semana, pero seguro los viernes.

Ahora quiero agradecer en especial a Selene que ha estado aqui desde el inicio, a Eliza, Nikita, Anabell, bienvenidas chicas y gracias por sus reviews, espero que sigan por aqui y me den sus opiniones, así como sus teorias, un beso enorme a todas y recuerden que Un review es como una gota de agua en el desierto...

Nos leemos el viernes...