Disclaimer: Nada de lo que reconozcan me pertenece, los personajes son de la maravillosa Stephenie Mayer. Solo me divierto con ellos junto a mi imaginación. La trama es mía.
Summary: Nueve años han pasado desde la última vez que Isabella sintió la felicidad en primera persona. Desde ese momento, su vida gira en una absoluta oscuridad; siendo presa de las decisiones de los demás. ¿Podrá la reaparición de alguien importante brindarle la fuerza que necesita para que, por primera vez, luche por su felicidad?
.
¿Qué es la felicidad?
.
Capítulo 3: Día especial
"Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir".
Julio Cortázar
BPOV
—Ya está listo su desayuno señora —avisó Bree con voz tímida.
—¿Estoy sola? —pregunté cerrando el libro que leía.
—El señor se fue temprano, no ha dejado ningún recado para usted. —Contestó mirando sus manos—. Solo tuvo con Tyler un cruce de palabras.
Asentí levantándome del sofá. Apenas llegué al comedor la sensación de vacío volvió a oprimir mi pecho. ¿Para que necesitaba una casa gigante si iba a estar sola todo el bendito día? Aunque prefería miles de veces más estar sola que en compañía de él.
Tomé mi jugo de naranja mirando a la nada, disfrutando de su exquisito sabor. Prendí la televisión y la dejé en el canal de las noticias, aunque no le presté atención, solo la había encendido para que sus voces llenaran el ambiente.
—Bree, ¿puedes venir un momento? —pregunté elevando mi tono de voz para que ella me escuchara.
—¿Si, señora? —apareció en el umbral de la puerta.
—Ven, desayuna conmigo —pedí amablemente.
Abrió grande sus ojos y susurró tímidamente—: Pero el señor no…
—¡Me importa un carajo lo que diga! —Exclamé furiosa, al ver la expresión de temor en su rostro traté de calmarme—. Lo siento, no quise elevar la voz. Él no está aquí, y me gustaría que te sentaras al lado mío y poder desayunar juntas. ¿Me harías ese favor?
—Me encantaría —dijo con una sonrisa tímida.
Desapareció de donde estaba y en menos de dos minutos volvió con sus manos llenas con su desayuno. Se sentó en mi lado derecho de la mesa y volvió a sonreírme. Traté de devolverle la sonrisa, pero lo único que pude hacer fue una mueca extraña.
—Llevas trabajando para mí unos dos años y aún no te conozco de nada Bree, con suerte y solo sé tu nombre —comenté untando el dulce en mi tostada.
—Casi y ni hubo momentos de conversar solo las dos —contestó, un poco apenada.
—¿Cuántos años tienes?
—23 —respondió, rápidamente.
—Me gustaría saber más de ti, si es que tú quieres; no quiero incomodarte.
—No me incomoda señora —me sonrió dulcemente—, creo que soy una muchacha normal. Ya sabe, estudio o estudiaba en la universidad, en los ratos libres me gusta salir con mis amigos, mi familia.
Su relato tenía toda mi atención, ¿hace cuanto tiempo no charlaba con alguien tan… humano?
—¿Qué estudias? —dije verdaderamente interesada.
—Filosofía —contestó con orgullo—. Mi padre me ha inculcado esa carrera desde que era una niña y seguí sus pasos —sus ojos brillaron al hablar de su padre. Yo asentí secamente, sintiendo un poco de envidia.
—Debes querer mucho a tu padre —tragué el nudo en mi garganta.
—La verdad es que sí. Mi familia lo es todo para mí y no sé qué haría sin ellos.
Bebí otro sorbo de mi jugo—. ¿Tienes hermanos?
—Solo una hermana mayor, Leila. —Sonrió—. ¿Usted tiene hermanos? —Arqueé una ceja—. Lamento mi atrevimiento —se disculpó rápidamente.
—Jasper —contesté haciendo caso omiso lo que dijo—. No me molesta que me preguntes, no sientas pena —traté de calmarla—. Él es mi único hermano —y familia, agregué en mi cabeza—. Y la verdad es que yo tampoco sé que haría sin él. Fuimos siempre muy unidos, aunque hace bastante solo nos vemos una vez a la semana —mis palabras salían por si solas—. Cuando estoy junto a él, me siento un poco mejor… aunque solo sean unos minutos.
El ceño de Bree se frunció pero una ráfaga de entendimiento cruzó su rostro—. Los hermanos son maravillosos y aún más la relación que tenemos junto a ellos. Es imposible estar enojados más de cinco minutos, después de todo en eso se basa la relación de hermanos ¿o no? —largó una carcajada.
—Estoy completamente de acuerdo contigo —dije elevando las comisuras de mis labios.
Nos quedamos charlando unos momentos más, hasta que unos ruidos y gritos hicieron que nos sobresaltáramos.
—¡Maldito grandote, no dejarás que me aleje de mi hermana! —exclamó la voz de ¿Jasper?
Rápidamente me puse de pie y corrí hasta la puerta de entrada. Efectivamente era la voz de Jasper. Se encontraba en la puerta forcejeando en los brazos de Tyler para que lo dejara entrar.
—Ya le dije que no puede pasar, lo siento. —Dijo Tyler, aunque se notaba que lo hacía con pesar.
—¡Tyler suéltalo ya mismo! —ordené, prácticamente gritando.
Tyler hizo lo que exigí rápidamente. Jasper empujó su hombro con el de mi guardaespaldas y entró a la casa. Apenas me vio una enorme sonrisa apareció en sus labios y prácticamente corrió hasta mí y me envolvió en un fuerte abrazo.
—Feliz cumpleaños, bonita —dijo sobre mi cabello. Me apreté más fuerte contra él y prácticamente fundí mi cabeza en su pecho.
—Gracias, Jazz —respondí en un hilo de voz.
No se había olvidado mi cumpleaños. Él al menos lo recordaba.
El timbre volvió a sonar y miré extrañada hacia la puerta. Elevé mi vista hasta mi hermano y él sonrió de lado. Tyler abrió la puerta y dos personas, corriendo, entraron a la casa. De repente me vi abrazada entre seis brazos.
—¡Feliz cumpleaños, hermosa! —exclamaron al unísono abrazándome más fuerte.
Vi los rostros sonrientes de Alice y mi tía Charlotte. Ellas también estaban aquí conmigo, acompañándome en un día especial, aunque hace años ya no tenía el mismo valor para mí.
—Se han acordado —dije ocultando mi emoción.
—¿Acaso lo dudas? —Preguntó mi tía rodando sus ojos—. Para las personas que te aman, el 13 de septiembre no pasa desapercibido, cariño, ya te lo dije. —Volvió a abrazarme.
—Siéntanse como en su casa. Bree trae unas bebidas para compartir, por favor —pedí educadamente, ella sonrió y antes de irse dijo:
—Feliz cumpleaños, señora —asentí agradeciéndole.
—¡Yo te ayudo! —exclamó mi cuñada y se fue junto a Bree.
Miré a mi hermano y a mi tía—. Enseguida vuelvo.
Ambos asintieron y se dejaron caer en los grandes sillones de la sala. Me acerqué hasta donde permanecía Tyler y lo miré con el ceño fruncido.
—¿Por qué no dejabas entrar a Jasper? ¡Es mi hermano, por Dios! —exclamé enojada.
—Siento haber hecho eso, señora Isabella. Pero el señor solo me dio permiso para abrirle las puertas de la casa a la señora Charlotte, nunca habló de su hermano y de su esposa.
—Y tan inteligentemente los ibas a dejar fuera, botándolos como perros, ¿no?
—Jamás haría algo así con intensión, señora. Lamento que piense eso —enarqué una ceja.
Bufé exasperada—. Sé que no es tu intensión, pero no quiero que lo vuelvas a hacer nunca más, aunque tu señor te lo prohíba. Ellos son mi familia y vinieron a saludarme. ¡Es solo un maldito día!
—La entiendo señora Isabella, le prometo que no volverá a suceder. Será nuestro secreto —creí haber visto una fugaz sonrisa en sus labios.
—Confío en que será así —me di la media vuelta para marcharme pero su voz me lo impidió.
—Señora… —llamó un poco incómodo. Lo miré interrogativa—. Feliz cumpleaños.
—Gracias Tyler. —Agradecí sinceramente y mordí mi labio inferior.
Volví a girarme y me dirigí hacia la sala donde se encontraba mi verdadera familia; las personas que nunca me abandonaron.
—Había olvidado lo grande que era —comentó Jasper mirando todo a su alrededor una vez que me senté a su lado.
—¿De qué sirve su tamaño? —pregunté acurrucándome en su pecho. Él me pasó su brazo por mi hombro.
Mi tía Charlotte se acercó hasta nosotros—. ¿Por qué no hablamos de cosas lindas? Por ejemplo del viaje que harán para visitarme en París.
Tanto Jasper y yo la miramos confundida
—¿De qué viaje? —preguntamos al unísono.
—¿Por qué se asombran tanto? —Fingió enojo—. ¿Es que no planean visitar a su querida tía?
—¿Alguien dijo París? —dijo Alice aproximándose trayendo las bebidas en sus pequeños brazos, las apoyó sobre la mesa y se sentó al lado de su esposo.
—Ojalá le contagiaras tu entusiasmo a los Swan, Alice —ambas sonrieron.
—¿Hablas en serio, tía?
—No me lo preguntes como algo fuera de lo común, Jasper. Infinidad de veces los invité y espero que puedan ir. Además, Ángela se pondrá furiosa si no asisten a su compromiso.
—¿Ángela se casará? —pregunté asombrada.
—Por supuesto, ya lo consideraba un hecho desde hace mucho tiempo atrás. Apenas ellos se miraron ya sabían que eran almas gemelas. Solo hay que estar junto a ellos un minuto y te darás cuenta del amor que profesan. Ángela y Ben son tan hermosos juntos, que te contagian el inmenso amor que se tienen con solo mirarlos —sentí un leve pinchazo en mi pecho por las palabras de mi tía.
—¿Para cuándo es la fecha? —dijo Jasper intrigado apretando sus brazos en torno a mí.
—Será en cuatro meses. Le dije que era esperar mucho tiempo, pero ella insistió en que quería graduarse antes de anunciar su compromiso. Además no planean esperar tanto tiempo entre compromiso y matrimonio —soltó un suspiro soñador—. Así que… antes que tengan tiempo a pensarlo demasiado, espero que estén desocupados para esa fecha —hurgó en su cartera hasta que sacó dos sobres de ella—. Este es para ustedes —se lo entregó a Alice—, y este, tómalo como otro regalo de cumpleaños Isabella —me sonrió y me entregó el otro sobre, similar al que le había dado a mi cuñada.
Tomé el sobre en mis manos y lo abrí cuidadosamente. Dentro, había dos pasajes de avión con la fecha de ida para el mes de enero, pero la fecha de vuelta se mantenía en blanco, con destino a París.
Quité mi vista del sobre y miré a mi tía con ojos brillantes.
—Gracias tía —dije verdaderamente agradecida. Conocer Francia era uno de los sueños que aún no llegaba a cumplir, pero en cuatro meses tendría la oportunidad de hacerlo.
—Confío en que el segundo pasaje lo utilices con alguien que se lo merezca —agregó seria, formando una firme línea en sus labios.
Asentí con la cabeza gacha.
—¡Esto es estupendo! —Exclamó Alice—. Siempre fue mi sueño ir hacia Francia, conocer París, la Torre Eiffel. Al fin podremos ir, amor —se colgó del cuello de mi hermano.
—Me alegro que les haya gustado mi sorpresa —sonrió mi tía.
—Es demasiado, tía. Muchas gracias. —Dijo mi hermano con sus ojos brillantes—. Siempre deseé llevar a mi hermosa Alice a conocer ese país; es más, me hubiera gustado que nuestra luna de miel la pasemos allí. Pero ya sabes, aún no terminaba de acomodarme en el hospital y no nos alcanzaba el dinero para hacer ese viaje.
Fruncí el ceño, ¿por qué con todo el dinero que tenían nuestros padres, él tuvo que privarse de un viaje? ¿Tanto lo detestaban como para desheredarlo?
—Nunca entenderé como actúa el cerebro de mi hermano —hablaba de Charlie—. Pero estoy segura que se dará cuenta de sus errores, y en ese entonces será muy tarde.
Se formó un incómodo silencio entre nosotros. Cada uno nos quedamos sumergidos en nuestros pensamientos, hasta que la tímida voz de Bree se hizo notar.
—El almuerzo está listo, pueden pasar al comedor cuando deseen —avisó y le agradecí con un asentimiento de cabeza.
Nos dirigimos los cuatro hasta el comedor y por primera vez me sentí a gusto con esta parte de la casa. Era raro utilizarla en un almuerzo, ya que casi siempre me encontraba sola a esta hora del día y me limitaba a comer en mi recámara, o en la isla de la cocina. Hoy, todo era diferente. No solo por la grata compañía de los que más quería, sino porque me sentía cómoda en mi propia casa… eso no llegaba a pasarme muy a menudo.
Pero hoy era mi día especial, no dejaría que nadie lo arruinase.
—Me ha encantado pasar este día especial contigo, mi hermosa Bella. —La miré seria—. No me mires así, antes amabas que te llame Bella y aún lo seguiré haciendo aunque a ti te moleste, siempre serás mi bella Bella —jugó con las palabras y me envolvió en un cálido abrazo.
—Gracias por estar aquí y recordar mi cumpleaños, tía —correspondí su abrazo.
Me picó la nariz—. Ya deja de agradecerme por recordarlo. Esperaré ansiosa estos cuatro meses para verte otra vez, y ojalá esos ojitos apagados vuelvan a brillar.
Me dio un último beso de despedida y esperó a un costado a que me terminaran de saludar.
—No sabes la alegría de verte de nuevo, Isabella. —Alice me abrazó fuertemente—. Ojalá podamos hacerlo más a menudo.
Me encogí de hombros—. Gracias por venir Alice y por amar tan intensamente a mi hermano. Él es muy fe… —corté abruptamente esa palabra—, se ven maravillosos juntos —suspiré.
—Estar junto a él es un regalo, cuñada —puso su boca a la altura de mi oído—. Tú también mereces a alguien que te proteja y te haga sentir como Jasper me hace sentir a mí.
No respondí nada a lo que me dijo, solo me quedé viéndola. Ella entendió mi silencio y me saludó con un beso en la mejilla.
—Ya estás poniéndote vieja, bonita —Jasper me abrazó fuertemente elevándome en los aires.
—No te olvides que tú eres más viejo que yo —intenté sonar enfadada.
Mi hermano me dejó sobre mis pies—. Siempre serás hermosa, y no solo hablo por fuera.
—Como digas —contesté rodando los ojos.
—Nos veremos el jueves próximo —me dio un beso en la mejilla y se encaminó con las demás.
—Claro y gracias por venir, otra vez —los acompañé hasta la puerta y tras una última mirada desaparecieron hacia los ascensores.
Me quedé viéndolos subir al elevador y mi tía meció su palma, yo hice lo mismo sin siquiera darme cuenta. Las puertas del ascensor se cerraron y yo me quedé ahí parada y nuevamente sola.
Antes de que se hiciera la hora en la que él volviera, me encaminé con pasos rápidos hacia la sala, y tomé el regalo de cumpleaños que mi tía me había dado. Rápidamente me dirigí hasta mi recámara y fui a la parte de mi lado del armario. Tomé la llave escondida en uno de los cajones y abrí el único lugar en donde mi privacidad era respetada. Ni siquiera me atreví a mirar lo que había dentro, sería muy masoquista de mi parte. Por lo tanto, solo me limité a guardar rápidamente el sobre dentro de mi sagrado cofre. Una vez hecho aquello, lo cerré y volví a colocar todo como estaba antes.
Me di la media vuelta y fui hasta mi mesa de noche. Tomé el anillo y me lo coloqué en el dedo correspondiente.
Mis pies tomaron camino hacia el balcón. Necesitaba un poco de aire fresco. Me senté en el sillón que tenía en mi lugar favorito y admiré desde la altura la hermosa ciudad de Seattle.
Me maravillaba al ver esas personas tan normales caminar hacia donde sea que iban. Desde mi perspectiva se veían muy pequeñas, pero me entretenía de sobre manera mirarlos pasar, tan ajenos a lo que sucedía a su alrededor.
Estuve entretenida bastante tiempo en el mismo sitio, solo observando. El sol se estaba ocultando en el horizonte y comenzaba a refrescar. La luz del sol se estaba terminando, al igual que mi día especial.
Entré al interior de la casa y fui hacia la cocina, en busca de mi nueva amiga. Yo ya la consideraba así.
—¿Quiere un poco de té, señora? —preguntó Bree con voz amable.
—Me encantaría, gracias —sonrió en respuesta y fue a calentar agua—. Quiero que me llames Isabella y me tutees, Bree. Nada de señora cuando estemos las dos solas, ¿de acuerdo?
Sus ojos se abrieron sorprendidos—. Por supuesto, Isabella.
—¿En qué momentos asistes en la Universidad? Digo… siempre te veo aquí; es más, es raro que tengas algún día de franco.
—Oh —se rió—. En verdad, ahora estoy tomándome un año sabático —enarqué una ceja—. Antes, cuando no trabajaba aquí, se me hacía muy difícil costear los estudios. Me han suspendido la beca y me vi obligada a encontrar un empleo.
—¿Hace dos años no vas a la universidad?
—Algo así. Pertenezco a una familia humilde y no basta solo con el empleo de mi padre. Además, él es un señor grande y no le podemos exigir más de los que ya nos da. Mi trabajo ayuda mucho en casa y en terminar de costear los estudios de mi hermana que se recibirá este año —sonrió orgullosa.
—Es muy noble lo que haces, Bree —dije—. Pero, no tienes que preocuparte más por ello. Estudiar filosofía es tu sueño, ¿no?
—Por supuesto —respondió.
—Yo me haré cargo de tus gastos de Universidad —le dije solemne.
Abrió y cerró la boca varias veces y me miraba atónicamente.
—Disculpe, ¿Qué dijo?
—Lo que seguramente escuchaste. Si tu sueño es estudiar esa carrera que te apasiona, no tienes por qué privarte. Si está en mis manos ayudarte, lo haré. Al fin y al cabo, ya te considero como una amiga y las amigas se ayudan.
—P-Pero… p-pero —tartamudeó—. Yo… trabajo aquí todo el día.
—Lo sé, pero puedes ingresar en el turno tarde. Ya sabes que después del mediodía no hay nadie aquí salvo yo. No te preocupes por ello, yo te cubriré. Será nuestro secreto, ¿qué me dices?
—¡No lo puedo creer! —exclamó e hizo algo que me sorprendió absolutamente. Corrió hacia mí y pasó sus delgados brazos alrededor de mi cuerpo. Salí de mi aturdimiento y correspondí su abrazo sin dudarlo—. Gracias… ¡oh, Dios mío! Usted es un ángel.
—No soy un ángel Bree —murmuré una vez que nos separamos—. Cuando uno tiene un sueño, hay que cumplirlo. Yo entiendo lo que es no poder dedicarte a lo que realmente te apasiona. Si la filosofía es tu pasión, nadie tiene que prohibir seguir tu camino.
—Lastimosamente no cuento con el capital suficiente para seguir mi camino —murmuró cabizbaja.
—Ya no tienes que preocuparte por eso, deja todo en mis manos. Tú solo ve a la Universidad y pide tu rematriculación. Desde hoy en adelante, tu carrera ya no es un problema.
—No hay palabras para agradecerte todo lo que haces por mí.
Elevé las comisuras de mis labios, tratando que se parezca a una sonrisa.
Bree me recordaba mucho a la muchacha que yo fui hace algunos años. Cuando las decisiones de las universidades se ponían en mi camino. ¿Por qué no iba a ayudarla a cumplir el sueño de convertirse en una profesional de la filosofía? Yo contaba con muchísimo dinero, que difícilmente algún día fuese gastado. Si yo podía ayudarla, ¿Por qué me tendría que privar de ello? Me sentía mejor conmigo misma haciéndolo. No me sentía tan… inútil, después de todo.
Merendamos un poco de té con el pastel que había traído mi familia hoy en la mañana. Charlamos de su vida, y de lo que se vendría en esta nueva etapa. En cada momento que tenía me agradecía por lo que haría por ella, aunque no fuera necesario que lo hiciera. Lo hacía porque quería y porque me nació hacerlo.
El teléfono sonó en toda la casa, Bree estaba lavando los trastos sucios, así que me aproximé a contestar yo misma.
—¿Sí? —pregunté.
—¿Isabella? —dijo una voz del otro lado.
—Ella habla, ¿Quién es?
—Pensé que tendría que pedir por ti —se escucharon unas risitas—. Soy Rosalie.
Abrí los ojos sorprendida—. ¿Rosalie?
—Sí, Rosalie Hale. —Giré los ojos, ya sabía quién era esta mujer—. Espero que no te esté interrumpiendo, me tomé el atrevimiento de pedir tu numero y lo conseguí gracias a tu…
—Imagino quien te lo habrá dado —dije interrumpiéndola—, no te preocupes, no interrumpes nada. Ahora dime, ¿a qué se debe tu llamada?
—¿Recuerdas lo que hablamos anoche?
—Ajá —dije recordando la conversación que tuvimos en casa de mis padres.
—Me preguntaba si todavía sigue en pie.
—Creí haberte dicho que si.
—¡Genial! ¿Crees que me puedes ayudar uno de estos días? Tengo el examen en diez días, y me gustaría estar cien por ciento preparada para darlo.
—Por supuesto, no tengo ningún problema —cambié todo el peso de mi cuerpo en un pie—. ¿Te parece mañana a las tres de la tarde?
—¡Por supuesto! Estaré ahí —dijo emocionada, le pasé la dirección del departamento y, tras un saludo de despedida, colgué.
Confusión. Quizás esa era la palabra que más se acercaba a cómo me sentía. ¿Cómo de repente iba a ayudar a la hermosa Rosalie Hale? La conocía hace algunos años, pero nuestra relación no pasaba del "hola y adiós". Me sorprendía un poco este avance entre nosotras, pero supongo que sería bueno entablar una amistad con ella.
—¿Sucede algo, Isabella? —la voz de Bree hizo que interrumpiera mis pensamientos.
—No, nada —respondí cortésmente—. Estaré en la sala.
Estuve leyendo una media hora, hasta que la puerta de entrada se abrió. Levanté la vista hasta allí y lo vi a él junto a otro hombre.
—Muñeca, ¿Dónde estás? —preguntó su ruidosa voz.
—En la sala —rodé los ojos porque ya me había visto.
Se aproximó hasta mí y quitó el libro de mis manos, para dejarlo sobre la mesa. Me levantó del sofá y abrazó su cuerpo con el mío para besarme fiera y apasionadamente. Yo respondí automáticamente, como siempre hacía. Sabía que hacía esto porque no estábamos solos y así marcaba su territorio.
—Te extrañé —dijo sobre mis labios, me removí incómoda—. ¿Tú no? —me miró serio.
—¿De dónde viene esa pregunta? —contesté tratando de sonar sensual.
Rió de lado—. Así me gusta —volvió a besarme.
Un fuerte carraspeo detrás de nosotros hizo que nos separemos, por fin.
—Lo lamento Félix —se disculpó, o mejor dicho fingió sus disculpas—. Supongo que ya conoces a mi hermosa Isabella.
—Por supuesto, cuento con esa suerte —habló mirándome intensamente, tomó mi mano y la besó.
¡Qué asco!
—¡Bree! —exclamó fuertemente.
La pobre de Bree apareció unos instantes después totalmente acalorada por la carrera que había hecho para llegar tan rápido.
—S-Si señor —habló con la voz entrecortada.
—Espero que hayas hecho la cena que te pedí —dijo serio—. Cenaremos en media hora.
—Señor estará lista en…
—¡Media hora dije! —exclamó otra vez sobresaltándonos a todos.
Bree asintió con la cabeza baja y desapareció hacia la cocina.
—Lamento la escena, pero la servidumbre está para servir, ¿no, Félix? —preguntó provocándome náuseas con sus palabras.
—Por supuesto, por algo le pagas —rodé los ojos, ambos estaban cortados por la misma tijera.
—Iré a cambiarme de ropa —avisé hablando solo para que él me escuchara.
—Ponte más linda de lo que eres —contestó tratando de ser dulce.
Hice una mueca y corrí —literalmente— hacia mi habitación. Apenas llegué a ella, tomé una almohada y la llevé a mi rostro para gritar todo lo que mis pulmones me permitieron. Grité por frustración, por enojo, por bronca, por no poder hacer nada para revertir todo lo que estaba pasando conmigo.
Pero grité por sobre todas las cosas, porque mi día especial ya había terminado. Definitivamente.
Ingresé al baño y el reflejo de mí en el espejo me interceptó.
—Mírate Isabella, mira en la persona que te convertiste —me dije a mi misma mirándome en el reflejo.
¡Genial!, pensé con sarcasmo. Había llegado a tal límite que hablaba sola.
—Ya es tarde para tratar de cambiar. Ahora debo vivir con las consecuencias —suspiré resignada. Tendría que decirle a Tanya que me tratara por esto también, ¿era normal mantener una conversación con el espejo?
—Necesitas hablar con alguien que comprenda la mierda de tu cabeza, ¿Quién mejor que tú misma para hacerlo? Ahora báñate y pon la máscara de todo-lo-que-sucede-a-mi-alrededor-es-perfecto y finge, como siempre haces.
—¿Me queda otra alternativa? —retruqué a mi reflejo.
Jalé mis cabellos y tapé el espejo con una toalla. Si algún día enloquecía, no sería por mantener conversaciones con el espejo y, encima, éste me respondiera.
Me duché y tardé en hacerlo, no quería ir a la sala y mirar a esos repugnantes seres humanos. Una vez que estuve limpia, me coloqué una blusa y una falda negra; mi atuendo cotidiano. Levanté mi cabello con una hebilla y no me preocupé en secarlo.
—¿Qué quieres que te diga, Félix? Ya sabes cómo es el ambiente, es obvio que intentarán lamer tus zapatos.
—No tienes ni que decirlo, hermano —le respondió éste—. Las personas bailan por un poco de dinero.
Unos ojos azules miraron hacia mi dirección.
—Ya estás aquí, muñeca. —Dijo con una sonrisa que dejaba sus hoyuelos al descubierto—. Ven te estábamos esperando para cenar.
Palmeó la silla del lado derecho de la de él y rápidamente me senté. A los pocos minutos Bree colocó los platos en frente de cada uno y se marchó.
—En menos de dos semanas tenemos un compromiso con la Universidad de Seattle —lo miré llevándome la comida a la boca.
—¿Ambos? —pregunté una vez que tragué.
—Por supuesto. —Me sonrió dulcemente acariciando mi mano por encima de la mesa.
¡Qué buen actor!
—Iremos en representación de la firma Swan, diré un discurso. Es solo por mostrar una de las imágenes más importantes del buffet de tu padre —asentí.
—¿Sigue sin haber algún caso importante que logré llamar tu atención, Isabella? —preguntó Félix sin quitarme sus ojos de encima, ¿Qué le pasaba a este tipo?
—Exactamente Félix, aún no encuentro nada interesante —dije forzando a que mi voz se escuchara normal.
—Ya lo encontrarás, Isabella —acarició cada letra de mi nombre, me estremecí de puro asco.
—Quedé con Rosalie Hale para ayudarla mañana —comenté lo primero que se me vino a mi mente para cambiar de tema.
Félix elevó una ceja y miró divertido al hombre que estaba a mi lado.
—¿Rosalie Hale? —preguntó Félix, sin quitar su sonrisa divertida.
—¿La conoces? —respondí con otra pregunta.
—Rosalie Hale es conocida por todos, muñeca —dijo ahora el hombre que tenía al lado—. Además, ya trabaja para nosotros, pensé que sabías eso.
¿Saberlo? Evidentemente no lo sabía, aunque eso explicaba el por qué estaba siempre presente en las reuniones importantes delbuffet de mi padre.
—Es muy amable de tu parte ayudarla. Hace años quiere graduarse, pero es un poco lenta —comentó con sorna.
—Lenta para algunas cosas, rápidas para otras —murmuró muy bajamente Félix, tan así que no estoy segura de haber escuchado bien.
El resto de la cena pasó, para mi suerte, más rápido de lo que imaginaba. Los hombres se sumergieron en temas de trabajo y, aparentemente, había llegado un caso nuevo que contaba con uno de los senadores más importantes de Seattle, aunque aún no estaba confirmado de qué se trataría este caso. Por lo visto, estaban teniendo más trabajo que de costumbre.
Cuando se hicieron las once de la noche, pude excusarme diciendo que estaba muy cansada y me refugié en mi habitación. Con la ayuda de un té de manzanilla logré calmarme, y poder conciliar el sueño, claro que a la madrugada me desperté sobresaltada por el mismo sueño-pesadilla de siempre.
Definitivamente mi día especial ya acabó, pensé antes de volver a la inconsciencia nuevamente, ésta vez sintiendo un brazo fuerte apretándome por la cintura, al que con cuidado aparté de mi cuerpo.
.
.
—La señorita Hale está aquí, señora —avisó Tyler escoltando a la rubia.
—Hola Rosalie —saludé una vez que mi guardaespaldas nos dejó solas.
—Isabella —saludó alegremente besando mi mejilla—. ¡Wow! ¡Tienes una casa alucinante!
—¿Quieres beber algo? —hice caso omiso a su deslumbramiento por el departamento.
—Un café sería genial —dijo.
—Siéntate en los sillones, en un momento estoy aquí. Puedes colocar tus apuntes en la mesa —asintió dejándose caer en los sofás.
Fui hasta la cocina y la vi a Bree.
—¿Deseas algo, Isabella?
—Prepara un café para Rosalie y un té para mí, por favor —asintió.
—¿Es una nueva amiga? —preguntó—. Lo siento, no quise entrometerme.
—Ya te dije que no te preocupes, no me molestan tus preguntas —dije con voz dulce—. Solo la estoy ayudando para un examen, cuando estén listas las bebidas, ¿puedes llevarlas hasta la sala?
—Por supuesto.
Agradecí y volví hacia la sala con mi supuesta amiga. Al verme, sus ojos azules me miraron cálidamente.
—La decoración es totalmente preciosa, no imaginé tu hogar así.
Me encogí de hombros—. Todo fue decorado por mi madre, yo prácticamente no hice nada.
—Debes sentirte como una reina viviendo en su palacio, ¿verdad?
—Dudo mucho que sea una reina y que este sea un palacio —contesté haciendo una mueca—. ¿Me pasas los apuntes?
Así empezamos a preparar la materia, la verdad que no fue muy difícil ponernos de acuerdo y establecer un buen grupo de estudio. Además, era su última materia y se notaba que ya había estudiado bastante antes.
—¿Cuántos años tienes, Isabella?
—26 —dije recordándome mentalmente que ayer los había cumplido.
—¡Wow! —silbó por lo bajo—. Has hecho la carrera muy rápidamente, ¿te graduaste hace dos años? —asentí en respuesta llevándome mi té a la boca.
—No tenía otra cosa que hacer más que estudiar. Supongo que eso me llevó a hacerlo tan rápidamente.
—Ahora entiendo a todos los que se asombran por tu inteligencia. No cualquiera hace la carrera de abogacía en los seis años y, además, se gradúa con honores y es la primera en su clase ¡en Harvard! —Exclamó elevando sus brazos—. Creo que ni siquiera el gran Charlie Swan se recibió con tantos honores.
—¿Tú estudias hace mucho? —pregunté para que dejara de hablar de mí.
—Comencé cuando cumplí los veinte. Antes estudiaba diseño gráfico, pero luego supe que no era lo mío. Me interesé por las leyes y heme aquí —dijo sonriendo—. Me costó mucho llegar a donde estoy hoy, pero me siento orgullosa por haber hecho todo lo que hice.
—Sentirse bien con uno mismo es lo importante —comenté—. No sabía que trabajabas para mi padre.
—Sí, lo hago hace poco más de un año —bebió un sorbo de su café—. Me prometieron un contrato para cuando me gradúe. La verdad es que fue una ayuda maravillosa para terminar mi carrera.
—Seguramente que sí.
—No es fácil encontrar trabajo como abogado hoy en día. Debes estar muy orgullosa por tener a la familia que tienes, jamás te faltará empleo.
—Si soy una mala abogada, ni siquiera el hecho de que mi padre sea dueño de una firma reconocida de abogados me garantiza tener empleo, Rosalie.
—Lo sé, pero no eres una mala abogada. Hasta tienes la posibilidad de elegir los casos que te llamen la atención —dijo incrédula.
—¿Cuándo es la ceremonia de graduación? —pregunté para cambiar de tema.
—En poco menos de dos semanas, tengo entendido que vas a estar presente.
—Si, así es. Al parecer la firma de Charlie tiene que decir un discurso.
—Tu padre es un ser muy solidario —la miré fijamente—. Donó miles de dólares hacia la Universidad de Seattle, es una gran ayuda para ellos.
No es solidario, todo lo hace por su imagen. Por su patética imagen.
—Tengo entendido que es muy querido por todos allí. Me lo recordaban cada día que asistía para acompañarlo. También me lo decían cuando cursaba en la universidad, y eso que no estábamos en Seattle —dije.
—Habrás causado muchísimos revuelos en tu época de alumna. ¡Imagínate tener a una Swan como compañera de clases!
¿Por qué en todos sus diálogos me hacia quedar como la cosa más importante que habitaba en el mundo?
Sí, era la hija de Charlie. Sí, era una Swan. Sí, me había graduado con honores. Sí, hice la carrera en los años programados que duraba. Sí, si quería podía conseguir empleo en donde quisiese. ¿Pero y eso qué? ¿Acaso me hacia una mejor persona?
—Créeme Isabella, en mis 29 años jamás he conocido a una mujer tan maravillosa como tú.
¿Me estaba jodiendo?
—Creo que me tienes muy arriba, Rosalie. Soy una persona bastante aburrida, y yo no me siento como algo maravilloso —dije incrédula por ese pensamiento—. No sé qué te habrán vendido sobre mí, pero estoy segura que se equivocan.
—Todos los que te conocen te adoran y aman. Es muy difícil caerles bien a todos —remarcó la última palabra.
—Yo no trato de caerles bien a todos. Es más, tú bien sabes que no asisto a todos los acontecimientos a los que se me invitan. No estoy rodeada de esas personas.
—Eso es lo que más me maravilla de ti. Aunque todo el mundo te ame y te aclame, tú te mantienes fija en tus ideales. Definitivamente, eres una mujer muy fuerte y enigmática.
Me encogí de hombros y traté de entablar alguna conversación de otro tipo. Odiaba hablar de mí y de los "logros" que había alcanzado. ¿Por qué fastidiaba tanto en hacerme el centro de la atención?
—No sé cómo agradecer todo lo que hiciste por mí —dijo mientras caminábamos hacia la puerta.
—No tienes que agradecerme nada —contesté sin importancia.
—Espero que nos podamos hacer grandes amigas. La verdad, es que tú me das muchísima confianza.
—El tiempo dirá, Rosalie.
—Por supuesto, ¿puedo volver mañana?
—Claro, a la misma hora. Aprobarás este examen, ya lo verás.
—Confío ciegamente en ti —me abrazó fuertemente y, luego de unos momentos, le correspondí el abrazo—. Hasta mañana.
Fue hacia la puerta y Tyler la escoltó hacia los ascensores.
Quizás este favor me ayudaría a encontrar una amiga después de todo. Rosalie no parecía una mala muchacha, algo parlanchina, sí. ¿Pero las mujeres no somos reconocidas por hablar mucho?
¿Qué podría salir mal?
.
.
.
Holaa :)
Antes que nada, otra vez pido disculpas por la tardanza, pero ya estoy aquí. La computadora de mi beta decidió andar mal, así que lamento si hay algún error, todos corren por mi cuenta pero no quería hacerles esperar más.
Último capítulo conocido que vuelvo a subir, ahora sí a partir del próximo nos ponemos al día :), gracias por la paciencia.
Gracias por los favoritos, alertas, reviews, pero como siempre digo por leer y dedicarle un tiempo a la historia. Un abrazo gigante, nos leemos en el próximo capítulo (no tardaré en subirlo).
Abrazos de oso.
Alie ~
Gracias en especial a:
chiquitza, janalez, DANIELADRIAN, Gretchen CullenMasen, isaaa95, KarenMasenCullen, Gigi Cullen.
