4. La noche de Halloveen

En la cama reposaba una anciana en un estado lamentable, su extrema delgadez daba miedo. Hablaba con la voz tan débil y resquebrajaba, que apenas podían entender lo que le decía a una chica pelirroja de unos dieciséis años, con cara de tremenda preocupación.

- Tienes que hacer todo lo que te he dicho y afrontar tu destino, Emily

- Abuela haré lo que me pidas pero no me hables como si no fueses a estar aquí mañana

- Recuerda quien eres y tu responsabilidad en este mundo. Sé que aún eres muy joven para darte cuenta de todo el peso que recae sobre ti y sobre...

- ¿Sobre quién abuela?

- Ahora que lo sabes es cuando más podríamos hablar sobre ello... pero no hay tiempo

- Abuela, me estás asustando

- No te preocupes, mi pequeña, tu corazón siempre ha sabido guiarte

- No siempre

- Claro que sí, todo estaba escrito en el destino, tú debías conocerle mejor, tú sabes sus puntos débiles y eso es una gran ventaja

- Pareces tan débil, te traeré una sopa bien caliente de la cocina, seguro que te reconforta

- Ya no hay nada que me pueda reconfortar que no sea que hagas todo al pie de la letra

- Todo se hará como me has mandado, no te fallaré pero ahora descansa un rato

La joven Emy salió de la habitación traspasando a la Emy actual. Ella tenía los ojos llenos de lágrimas, su respiración era profunda y entrecortada. Levantó su mano como para poder alcanzar a aquella anciana tan frágil.

- Si me lo hubieses dicho, nada sería igual, te echo tanto de menos, necesito de ti abuela ¿Por qué me hiciste esto?

Harry y Sirius miraban atónitos la escena, ellos eran fantasmas viendo el pasado en el peor momento de toda su vida. Ahora entendían porqué no debían entrar en la casa y hubiesen dado todo por poder marcharse de allí. Estuvieron en silencio un rato y luego llegó la joven Emy con una bandeja llena de cosas.

- Necesitas comer algo, la sopa está caliente, como a ti te gusta, y te he traído tus pasteles favoritos, cómetelo sin rechistar

Se sentó en la butaca, posó la bandeja en la cama y cogió la cuchara. La cargaba con poca cantidad para que no la derramara, la sutileza con lo que lo hacía daba a entender el profundo cariño y respeto que sentía hacia su abuela. Sus ojos brillaban seguramente conteniendo las lágrimas para que no se notara su flaqueza.

- Bien y ahora unos pasteles de postre – Le dijo mientras partía con un cuchillo trozos pequeños y se los daba a la boca

Aquella escena estaba destrozando el corazón de la actual Emy, se notaba que apenas se tenía en pie y no notó que Harry le agarraba del brazo.

- Ya está, mañana llamaré al médico para que te dé esas inyecciones tan revitalizantes que te pone y pasado mañana daremos un paseo por el jardín ¡verás que bien! – Quitó la bandeja de la cama y la posó en la mesita

- Esta noche pasará lo más horrible del mundo y no podremos impedirlo, el destino está marcado así

- No hables así, me estás asustando de verdad – El terror en su cara era evidente

- Prepara la mesa con la bola de cristal

Sacó un mantel azul con pequeños brillos y lo puso centrado en una pequeña mesa redonda que estaba junto a la ventana. Sus movimientos eran torpes, se notaba que estaba nerviosa y asustada.

- Está noche estará el cielo despejado, quizás podamos ver alguna constelación y la luna será llena, seguro que disfrutamos viéndola juntas

El espectro de Emy casi se cae al suelo, se apoyó en la pared y se agarraba con fuerza mientras negaba una y otra vez con la cabeza.

- Cuando llegue la noche quiero que sigas al pie de la letra mis instrucciones y harás magia por primera vez

La joven Emy sacaba un cofre antiguo de madera del armario, lo abrió y sacó una esfera envuelta con una tela negra, después lo posó en medio de la mesa y la bola se quedó quieta sin moverse, como si tuviese su propia atmósfera.

- ¡Qué sí! – Le contestó con voz cansina pero respetándola – ¿Seguro que esta bola puede mostrar algo o tendré que inventármelo?

- Je, je... niña insolente – Contestó la anciana entre risas y toses

Ella se sentó de nuevo en la butaca y se dedicó a acariciar las manos y el pelo de su abuela.

- Echo de menos que me despeines y me beses en la frente al acostarme – Dijo mientras soltaba unas lágrimas

- Algún día se lo harás tú a alguien... No llores... debes ser fuerte, Emily

- Es que yo también estoy tan cansada y... tengo tanto miedo de perderte abuela ¿Qué haré yo sin ti?

- Muchas cosas están destinadas a que tú las realices, muchas y muy importantes

- No me cuentes pamplinas, ya sabes que eso es para las mujeres que vienen a por tu consuelo

- ¿No lo necesitas tú ahora?

- Sí

- Llegó el momento

La anciana respiró como si fuese su último aliento y atrajo para sí a su nieta, la revolvió el pelo y le dio un beso en la frente.

- Siéntate delante de la bola y di: invoco al poder de las Hufflepuff, la bola abrirá una unión entre dos espacios

La joven muchacha hizo lo que le mandó su abuela.

- INVOCO AL PODER DE LA HUFFLEPUFF – Vio estupefacta que en la bola aparecía la habitación de Harry

De hecho, todos los presentes lo veían perfectamente desde donde estaban situados. Harry no se podía creer lo que estaba pasando, quería marcharse de allí, correr lo más rápido posible pero ni un solo movimiento salió de su cuerpo.

- Quiero que entiendas que esta noche dejaré de estar a tu lado y que no debes perder la cabeza por lo que pase. Tienes que seguir con tu vida, sin lamentaciones, no llores. Deja atrás la inteligencia, la astucia, el corazón y conviértete en fuerza, es tu siguiente paso, prométemelo

- Abuela...

- ¡Prométemelo!

- Te lo prometo

- Jamás rompas una promesa, es algo sagrado – Respiró de nuevo, cada vez le costaba más – He reducido todo mi poder, desde hace bastante tiempo, hasta llegar a este momento, saldrá en forma de rayo y pasará a través de la esfera

- ¿Por eso estás enferma desde hace tiempo?

- Sí

- ¿Qué es lo que pasa?

- No te preocupes, sólo es para proteger a mi familia. Debo arreglar el daño que le he hecho a este mundo mágico

- Veo la habitación de Harry, abuela, está durmiendo plácidamente, parece un ángel. Tengo tantas ganas de volver a verlo... – Emy se llevó la mano a la boca – Abuela ¿No le pasará nada malo verdad?

- Silencio, cariño, ahora todo acaba y todo comienza

En ese mismo momento la imagen cambió y mostró a Voldemort acercándose a la casa. Al instante, la cicatriz de Harry y de Emy comenzó a quemar tanto que apenas podían tenerse en pie. La bola seguía mostrando a Voldemort entrando por la puerta y subiendo las escaleras. La imagen de James se reflejó en los ojos de Harry. Él quería cerrar los ojos y no ver lo que iba a pasar, quería salir de allí, aquello era tan doloroso que se le estaba partiendo el alma en mil pedazos.

Sirius estaba igual que Harry, no controlaba ninguna parte de su ser para poder evadirse de algo tan horrendo pero era Emy, la adulta, la que peor llevaba aquello. Su mente repetía sin cesar "otra vez no, otra vez no" pero era imposible dejar de mirar. Un suspiro hondo, al unísono, fue emitido por los tres al ver el enfrentamiento de James y Voldemort, luego llegó el espantoso asesinato y ya ni siquiera se oían sus respiraciones.

La joven Emy gritó aterrorizada por lo que acababa de ver.

- Él sabía su destino, le costó aceptarlo e intentó cambiarlo pero no ha podido ser – La abuela respiraba con mucha dificultad – Sólo unos pocos elegidos pueden hacerlo

Emy lloraba desconsolada e inmóvil delante de la bola de cristal, seguía viendo como Voldemort avanzaba por el pasillo hasta el cuarto en donde estaba la luz. En aquel mismo instante, la voz de la abuela comenzó a resonar en la habitación.

- Venir a mí, Hufflepuff, y protegerle; venir a mí, Hufflepuff, y protegerle; venir a MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE; VENIR A MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE

Voldemort entró en el cuarto en donde estaba Lily, delante de la cuna de Harry. En la habitación, en la que los tres espectadores veían horrorizados aquella escena tan sumamente cruel, solo se oía el conjuro de la abuela. Los tres miraban pasmados a Lily protegiendo su tesoro más preciado y entonces su voz se sumó en la habitación.

- A Harry no. A Harry no. A Harry no, por favor

- NO, NO, NO – Gritaba la joven Emy

- VENIR A MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE; VENIR A MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE; VENIR A MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE

- Apártate, estúpida, apártate – Voldemort resonó en la habitación

- A Harry no. Te lo ruego, no. Cógeme a mí. Mátame a mí en su lugar... A Harry no, por favor. Ten piedad, te lo ruego, ten piedad

La temible risa invadió los oídos de todos.

- VENIR A MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE; VENIR A MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE; VENIR A MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE – Gritaba aún con más fuerza la abuela

- NO, NO, NO, POR FAVOR, NO – Gritaron la Emy pasado y presente a la vez

Un rayo verde atravesó el corazón de Lily y un enorme grito de dolor se oyó procedente de las dos. Harry ya lo había oído... Era el mismo grito de sus sueños y ahora también lo emitía su garganta.

- VENIR A MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE; VENIR A MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE; VENIR A MÍ, HUFFLEPUFF, Y PROTEGERLE

Voldemort se acercó al niño, le apuntó con su varita, sonrió y pronunció la maldición.

- Avada Kedavra

En ese mismo instante un rayo salió del corazón de la anciana, se introdujo en Emy y pasó por la esfera hasta dar en Harry. Nada más que esto sucediera, la maldición que iba a matar al pequeño, rebotó y fue directa al corazón de Voldemort. Su cuerpo desapareció convirtiéndose en humo y en un sonido de la furia más temible que habían escuchado hasta aquel momento.

De repente, todo se oscureció, sólo la luz de la luna entraba intranquila por las ventanas de la hermosa galería. El silencio era aún peor que los gritos de desesperación, el silencio significaba que el más tremendo daño ya había sido causado. La Emy de diecisiete años permanecía sentada delante de la bola de cristal y la otra Emy estaba arrodillada en el suelo, cogiéndose su estómago con las manos. Sirius lloraba como un crío y Harry... Harry permanecía en estado de shock. El tiempo pasó sin que nadie en absoluto se moviera.

- ¿Abuela? – Dijo temblando y sin poder dejar de mirar a la bola de cristal - ¿Abuela?

Al ver que no contestaba, Emy reaccionó. Se levantó lentamente y se agarró a las paredes, sus pobres piernas no respondían, sus ojos estaban borrosos por las lágrimas. Avanzó despacio por el cuarto hasta la cama. Se sentó en la butaca y recostó su cabeza en el colchón. En esa misma posición, buscó el consuelo intentando coger la mano de su abuela pero allí no había nadie. Levantó la cabeza y vio con asombro que en donde, hacía tan solo unos minutos se hallaba su abuela, ahora no había más que las colchas de ganchillo arropando a... nadie.

La respiración de Emy fue en aumento, algo se apoderaba de ella hasta tal punto que se estaba convirtiendo en un ser diferente. Sus ojos se oscurecieron, sus facciones se marcaron y su pelo se oscureció. Sin estar las ventanas abiertas un viento comenzó a soplar dentro, Emy respiraba cada vez más fuerte y con más frecuencia y entonces un grito de absoluta furia emanó de ella.

Abrió la puerta del cuarto y fue hacia su habitación. Sólo con un movimiento de manos era capaz de destrozar todo lo que allí había, su boca escupía fuego mientras sus manos dañaban con el más profundo odio todo lo que se hallaba ante ella. Salió de allí destrozando cada habitación. Al cabo de más o menos una hora no había nada más que pudiera destruir y salió al jardín de la parte de atrás. Arrancó con sus propias manos las flores, destruyó cada arbusto con un rayo y entonces se paró junto al precipicio. Si la actual Emy no hubiese estado con ellos, ambos hubiesen jurado que se iba a tirar al vacío.

- ME HAS DEJADO SOLA ¿YA NO TIENES A NADIE MÁS A QUIEN QUITARME? MATA A HARRY AL FIN Y AL CABO QUÉ VA A HACER UN NIÑO SIN FAMILIA EN ESTE MUNDO... mátame a mí... que me parta un rayo aquí mismo... para qué quiero este cuerpo cuando ya has destrozado mi alma... ¡Oh, Dios mío! ¡Por favor! Arrebátame la vida para que pueda dejar de sentir este horrible dolor en mis entrañas... Señor, ya no quiero seguir aquí, déjame ir con mis padres, déjame volver con Lily y con James... Señor, te lo ruego, arráncame este dolor... termina conmigo

Emy cayó de rodillas allí mismo, al pie del acantilado. Esperó a que algo pasara pero nada sucedió. Entonces alzó los brazos hacia el cielo.

- FUERZAS DE LA NATURALEZA, ESCUCHADME, PROTEGED ESTA CASA PARA QUE NADIE ENTRE EN ELLA Y QUE CUANDO LA VEAN LO ÚNICO QUE QUIERAN SEA MARCHARSE DE AQUÍ. ALEJAD A TODAS LAS PERSONAS QUE NO SEAN DE BUEN CORAZON Y QUE NO PUEDAN ENTENDER EL DOLOR, EL SUFRIMIENTO Y LA DESEPERACION DE QUIEN VIVIÓ EN ELLA – Emy lloraba con la misma fuerza con la que estaba gritando al cielo – QUE EL CIELO ESTALLE EN TRUENOS Y RELAMPAGOS, QUE EL MAR ADVIERTA A SUS HABITANTES DE MI FURIA, QUE LA TIERRA TIEMBLE BAJO MIS PIES, QUE EL BOSQUE LLORE RIOS DE SAVIA Y QUE EL VIENTO LLEVE MI LAMENTO. QUIERO QUE EL MUNDO ENTERO SEPA QUE ESTA NOCHE SE ESTÁ DE LUTO POR LA MUERTE DE MI FAMILIA – Emy cayó contra el suelo llorando sin poder parar

La luna se tapó con una nube, una densa y oscura que cerró todo el cielo tras de ella. El mar comenzó a agitarse con un viento enfurecido, que parecía gritar ese lamento y un terrible olor les impregnó la nariz. Sirius comprendió algo que siempre había atribuido a Dumbledore. Aquel olor, la tormenta que aquella noche tuvo lugar, no la provocó el director del colegio, sino Emy, una Emy tan solo con diecisiete años, una Emy envuelta en furia y dolor. Él sabía que aquella sensación había llegado a cada rincón en donde se pudiera encontrar un mago, por eso todo el mundo supo rápido que algo había pasado y muchos de ellos pensaron que era obra de Harry o de James y Lily. Sin embargo, él siempre creyó que fue Dumbledore que lo había hecho pero no era así, el gran poder para aclamar al cielo y a la tierra lo había tenido Emy. Sirius sabía que su futura mujer tenía mucho poder pero jamás se imaginó cuanto.

Poco a poco les fue envolviendo una niebla a los tres y cuando se despejó, la Emy joven ya no estaba, el jardín no era el que acababan de ver y la casa se veía mucho más vieja y destruida por el paso del tiempo. Sirius abrazó fuerte a Harry quien temblaba bajo sus brazos.

- ¡Dios, Harry! Lo siento, nunca debimos, nunca debimos...

Emy miraba la cara desencajada de ambos, sentía un enorme remordimiento por todo lo ocurrido pero su dolor era más fuerte en ese momento, sólo ellos tenían la culpa de lo sucedido esa noche y ella lo había tenido que sufrir otra vez, sólo por su culpa. Harry lloraba en brazos de Sirius, su cuerpo temblaba y sus piernas apenas podían sujetarle. Sirius le abrazaba fuerte y le acariciaba la cabeza para consolarle.

- Tranquilo, Harry, ya pasó, esto es parte del pasado y debe quedarse allí... Ni siquiera sé qué mas decirte...

- Vosotros quisisteis entrar, yo sólo intentaba protegeros... Yo no tengo la culpa

- Nadie lo ha dicho, Emy yo... – Sirius se quedó helado, ella desapareció sin decir nada más – ¡EMY!

Sirius soltó a Harry y corrió hacia donde había desaparecido, como si con ello supiese a dónde se iba a marchar pero no consiguió nada.

- Quiero irme de aquí – Dijo Harry aún aterrado por lo sucedido

- Claro, salgamos cuanto antes

Los dos marcharon por el sendero sin mediar una palabra, no se miraron y no se tocaron, sólo caminaban con la cabeza gacha fijándose en el camino lo mejor que podían. Emy tampoco estaba en casa.

Harry se fue directo a su cama, en ese momento echó tanto de menos a Ginny que le dolía el corazón. Si al menos ella estuviese allí, podría acurrucarse en sus brazos y poco a poco ir tranquilizándose. Harry se dio cuenta que, las dos mujeres que más quería, estaban lejos de él... por su culpa. Hundió su cara en la almohada y pegó un grito de desesperación. Ver la muerte de sus padres le había dejado derrotado, sus miedos más profundos volvían de nuevo a él, su estima bajaba a pasos agigantados y siempre con la misma frase en su cabeza "todo por mi culpa". Harry pensó qué diferentes serían las cosas si la magia de su bisabuela, su tía y su madre no le hubiesen salvado. Él no estaría pasando nada de esto, ni por todos los malos momentos que había vivido, que por desgracia eran muchos, ni hubiese sentido siempre las ausencias de sus seres queridos, del amor de una familia y de unos amigos.

En los últimos años las cosas habían cambiado a mejor pero también se había tenido que enfrentar a la impotencia de no poder vengar a sus padres... Ahora se daba cuenta que el día en que ellos murieron, también murió la esperanza de su tía por volver a formar parte de una familia y se quedó sola en este mundo, en el que ella tampoco podía vengar a sus seres amados. Harry comprendió que ella no quiso ser la muchacha que sobrevivió a aquel drama, ninguno de los dos daban importancia a que, a partir de ese día, las personas podrían volver a sonreír tranquilas, a confiar en sus vecinos, a formar familias nuevas sin miedo a que asesinaran a sus hijos, podrían volver a estar seguros y felices, todo a cambio de la seguridad y felicidad de Emy y de él.

Harry se dio media vuelta y se tumbó mirando al techo, la noche seguía revuelta, el viento y el agua golpeaban la ventana de su habitación. Los truenos estremecían su corazón dañado, porque sabía que eran los lamentos de su tía, los rayos se reflejaban en el techo mientras Harry se imaginaba a Emy lanzando toda clase de conjuros, sin canalizar, por sus manos y por su boca. Recordó cómo se le había materializado la magia cuando era un niño, su pelo crecía nada mas cortarse, trepaba por los techos, liberaba serpientes, inflaba a gente pero nunca destruyó una casa entera e invocó a las fuerzas de la naturaleza. Emy, a los diecisiete años, había demostrado un poder inimaginable y, sin embargo, luego no lo había vuelto a utilizar. Incluso cuando la conoció, insistió en que nunca había hecho magia. Cada vez la entendía mejor, no sólo había rehusado la magia toda su vida, sino que cuando la había realizado el resultado era desolador. Ella no solía mentir, le gustase o no la pregunta, solía responder con la mayor diplomacia posible. Ella siempre era amable con él, confiada, cariñosa, protectora, le entendía mejor que nadie y él solía devolverle, sin ningún esfuerzo, todo ese cariño, aunque ahora le había defraudado, se odiaba a sí mismo por lo sucedido.

Era cierto, no habría sido tan difícil alejarse de la casa pero su curiosidad le pudo. Era verdad, ella sabía su peor defecto, su curiosidad y al parecer Sirius pecaba de lo mismo. Podrían haber salido de allí nada más entrar, cuando vieron que todo estaba destruido, sabían que no estaba bien permanecer y ser testigo de aquel horror... pero aquella fuerza, aquella extraña fuerza les obligaba a seguir adelante, a ver lo que pasaba en la casa.

Harry, al pensar en ello, recordó la sensación que tenía en su sueño, era como ser una marioneta movida por los hilos de la magia y eso es lo que realmente había sucedido aquella noche. Algo o alguien había querido que fuesen allí y, en un acto de absoluta valentía por parte de Sirius, salieron de la casa para toparse con Emy. Después todo se retorció "¿Pero por qué? Si ella quería que no viésemos la casa ¿Por qué nos obligó a entrar? ¿Por qué nos enseñó todo aquel horror? ¿Y por qué cuando teníamos la posibilidad de habernos marchado, antes de entrar a la habitación, no lo hicimos?". Harry no podía dejar de plantearse todas esas preguntas y más. Quizás Emy necesitaba averiguar que no había nada detrás de aquella puerta, él estaba seguro que su tía no sabía lo que iba a ocurrir, porque su afán de protegerlo hubiese podido con su enorme decepción, además estaba el asunto de su destino. Emy estaba en contra de que él se enfrentara a Voldemort y si ella hubiese sabido lo que iban a vivir, definitivamente no le hubiese dejado entrar. Si ahora él tenía claro algo, era que algún día Voldemort pagaría, con su propio dolor, el sufrimiento que causó, no sólo a su familia sino a todas. Él se iba a ocupar de ello, iba a aprender todo lo que fuese necesario para poder vencerle y así poder devolver un poco de tranquilidad al mundo mágico, ese sería su propósito. Sonaba a héroe de pacotilla pero no era lo que pretendía, pretendía que él pagara por todos sus horrores, a Voldemort ya se le había juzgado, él sólo había sido nombrado su orgulloso verdugo. Cerró los ojos y pensó "Maldita noche de Halloveen, nunca me ha traído nada bueno.".