ANTES DE EMPEZAR EL CAPITULO, POR FAVOR LEER ESTE CORTO GLOSARIO, ES PARA MEJORAR SU COMPRENSION DE LA HISTORIA.

Daimyō/Daimio/ Nagashi-sama: Es el Señor Feudal del País del Viento, la máxima autoridad tanto en lo político, económico y militar de tal país. Es un hombre de grandes proporciones con un cuerpo robusto y prominentes mejillas, tiene ojos orientales, unos bigotes finos que van hacia arriba y una pequeña y fina barba.

Kimono: Vestido o traje de dos o tres piezas, hecha de seda, usado mayormente para ocasiones especiales, pero de uso diario para la gente de sangre o clase noble.

Yukata: Vestimenta típica japonesa hecha de algodón. Se usa principalmente para las fiestas de verano o estaciones cálidas. Es mucho más ligero que el kimono porque no tiene la capa que cubre normalmente a este y porque no es de seda. Normalmente es de una pieza.

Kotatsu: Es un marco de mesa bajo hecho de madera y cubierto por un futón o una cobija pesada, sobre el cuál se apoya la superficie de la mesa. Debajo hay un brasero, calentón o estufa, que a veces es parte de la estructura de la mesa misma.

ES TODO, AHORA PUEDEN PROSEGUIR CON LA HISTORIA.

CAPITULO 3

Llegó a la sala de reuniones, la mayoría de los líderes ya estaban presentes, y esperaban en silencio, sentados alrededor de la gran mesa oval, la hora estipulada para dar inicio a la reunión. Se reunirían los quince líderes de los clanes más importantes y dominantes de la Aldea, habían pedido la presencia del Señor Feudal, porque tenían un conflicto que no podían resolver entre ellos.

Todos los lideres empezar a murmurar cuando la líder del Clan Taiyō entro en escenario, incluso la miraron de forma desafiante, cosa que no pasó desapercibida para los ojos de Gaara, esta reunión le daba mala espina. Si estos personajes se alteraban serían capaces de atacarse entre ellos, se replanteo la idea de no haberle pedido a Kankurō que lo acompañase como su escolta. El ambiente empezó a tornarse pesado, todos los líderes expresaban molestia en su semblante, exceptuando a la líder del Clan Taiyō; ella siendo consciente de la mirada que sus semejantes le dedicaban, tenía el rostro iluminado y tranquilo, reflejaba una vasta sonrisa en su rostro.

Entonces llego el ultimo integrante que faltaba, era el más importante de todos, si bien Gaara no le temía, le tenía un gran respeto, ya que gracias a su apoyo, él pudo asumir el cargo de Kazekage.

Estaba seguido por su sequito de sirvientes, quienes lo traían en una especie de camilla real, toda adornada con objetos pertenecientes a la nobleza.

― ¡El Señor Feudal se hace presente, levantaros e inclinaros ante su presencia! ―grito uno de sus sirviente, presentando a su amo.

Todos los presentes se levantaron de sus asientos e inclinaron su cabeza a modo de saludo en dirección al Señor Feudal.

―Ya, ya, basta de formalismos ―expreso el Señor Feudal, mientras de forma graciosa se intentaba levantar de su camilla real, se agarró la cadera con dolor y se reincorporo mientras sus sirvientes hacían fuerza levantándolo por completo y se retiraban dejándolo solo―. Dios mío, más les vale que me hayan hecho venir por algo importante, no saben el infierno que es viajar desde mi hogar hasta este lugar, ese viento sofocante que hay en el desierto, ni teniendo tres sirvientes abanicándome todo el día podía sentirme cómodo, y ni hablar del aburrimiento que pasamos yo y mis esposas, espero un gran banquete luego de que arreglemos esto.

Empezó a caminar de forma jadeante a la mesa oval, se sentó a lado de Gaara, pero noto con infortunio que no cabía en la silla.

―Muchachito ¿Serias tan amable de cambiar de asiento conmigo? ―se dirigió a Gaara mientras trataba de zafarse del asiento que lo apresaba―, es vacaciones y me he salido de mi dieta un poco, se amable conmigo, tu que eres flaquito y joven. Ayuda a esta pobre y hermosa bola noble a salir de aprietos ―termino diciendo mientras le extendía la mano hacía el, a señal de ayuda.

Gaara asintió y se levantó rápidamente, estiro con cuidado al Señor Feudal para librarlo de su asiento, este por su parte reboto como una pelota contra el Kazekage, dando la impresión de que estuvo a punto de tumbar al suelo al delgado líder.

Todos los líderes observaron de forma apenada la escena, excepto la líder del Clan Taiyō, la cual estalló en risa, mientras apuntaba de forma burlesca su mano hacia el Daimio.

―Jajaja menudo pedazo de gordo eres Nagashi-san ―se destornillo de la risa―, por poco y nos dejas sin Kazekage de nuevo, ¿con que estabas a dieta? ¿Cuantos puercos te comes en el desayuno? ¿Tres, cuatro o más?

Los demás líderes miraron asombrados a la Taiyō por semejantes palabras que le había dedicado al Señor Feudal. El mismo Gaara la miro asombrado, nadie jamás se había dirigido así ante el rey.

Lo levanto del suelo y lo ayudo a sentarse en su nuevo asiento.

―Me disculpo por el incidente causado, la anterior vez había podido acomodarse entre nosotros, y no teníamos previsto que usted se había extendido ―decía Gaara un tanto tenso por la escena. La risa de la líder Taiyō de fondo no ayudaba a nadie, volviendo todo más tenso.

―Ya, descuida, tú no tienes la culpa de que yo engorde ―respondió el señor feudal mientras se acomodaba su tocado―, siéntate jovencito, siéntense todos ―ordeno―, gracias por ayudarme. ―termino diciendo mientras arrancaba un dije de oro de su túnica y se lo ponía en la mano en forma de agradecimiento.

―Ah… ―murmuro el pelirrojo mientras se sentaba y miraba fijamente el regalo que le había dado el Daimio ¿Acaso lo había tratado como un aldeano necesitado?

―En cuanto a ti ―siguió hablando el Señor Feudal mientras miraba a la Taiyō, con una mirada de molestia, ya que esta no paraba de reír―. ¡Maldita bruja bonita! ¿Qué clase de trato es este hacia tu señor? ¡Pídeme disculpas de rodillas, Daena-san!

La mujer empezó a reír más fuerte, a grado que se agarró el estómago y empezó a golpear con una mano la mesa en modo de júbilo.

―Hare eso el día en el que los puercos vuelen, aunque a este paso, los pobres se van a extinguir por tanto que te los comes jajajaja… ―respondió la líder, Daena.

El Señor Feudal se puso rojo del enojo, tanto que hizo que Gaara se preocupase.

―Por favor, discúlpese con Nagashi-sama, usted le ha hablado de forma muy irrespetuosa, le recuerdo que él está aquí para resolver sus problemas, sea más agradecida… ―hablo el pelirrojo, dirigiéndose claramente a la líder del Clan Taiyō.

La mujer dejo de reír y puso una cara molesta al escuchar al Kazekage.

―Tú no te metas, mocoso ―inquirió―. Nagashi-san y yo somos amigos de la infancia, reírme de él es parte de nuestra gran amistad, no metas tus narices en lugares desconocidos para ti, mocoso pedante ―refuto, y cruzo sus brazos a modo de molestia.

La expresión de Gaara que hasta ese momento se había mantenido apacible, se volvió muy seria, detestaba a las personas estúpidas como ella, y sobre todo porque lo había tratado de "mocoso", término que anteriormente tuvo que aguantar tanto en la reunión de los kages como con los ancianos de su aldea.

―Está bien Kazekage, déjala ser, es una prima segunda mía, es familia, nada puedo hacer más que aguantar sus bromas humillantes hacia mí. ―dijo el Daimio al notar que el pelirrojo lo defendía. Suspiro con resignación mientras se llevaba una mano al pecho.

Gaara asintió tras escuchar las palabras del Señor Feudal, borrando la expresión de su rostro, tomando los papeles que tenía en la mesa y de los cuales había una copia para cada uno de los asistentes.

Sonó el enorme reloj que había en la sala, anunciando las cuatro de la tarde, la hora fijada para la reunión, había llegado.

―Ahora que estamos todos reunidos, doy por iniciada la reunión entre los clanes y el Señor Feudal. Yo, Sabaku no Gaara, el 5to Kazekage, por solicitud de todos los aquí presentes, hare de mediador y moderador en esta congregación. Señores líderes de los clanes, les exijo ser diligentes y directos a las peticiones que quieran hacerle al Señor Feudal; a todos se les ha asignado un número, que podrán encontrar en los papeles que tienen frente suyo, siguiendo ese orden darán a conocer su caso y lo que exigen para resolverlo.

Gaara termino de hablar, si bien a simple vista parecía alguien retraído, cuando le tocaba hablar su voz se tornaba con una gran energía de liderazgo. Los presentes empezaron a revisar sus documentos asignados en silencio, al cabo de unos segundos, el primero de ellos levanto su mano.

―Mi nombre es Toshiro Namiki, soy el líder del Clan Namiki, reconocido por su especialidad en técnicas relacionadas con el ninjutsu médico y de sellado. Vengo aquí a reclamar una prorroga al pago de divisas que mi Clan tiene adeudado con el Clan Taiyō, no por que no tengamos el dinero para pagarle, sino porque ellos piden a forma de pago, nada más ni nada menos que, a mi segundo hijo para que se case con uno de los suyos y agregarlo a su clan…

Gaara relajo su mente, al parecer sería una clase de reunión donde se discutirían temas políticos y de herencia, parecía denotar que sería una larga y tediosa reunión, pero, los demás líderes de clanes empezaron a alborotarse, obligándolo a intervenir.

― ¡Silencio! ―rectifico el pelirrojo, mientras elevaba su voz, haciendo que todos los presentes se quedasen en silencio―, se les ha asignado un numero para que todos tengan la oportunidad de ser escuchados, apéguense a las reglas que les he ordenado…

Fue entonces que uno de los líderes levanto su mano, mientras indicaba con la otra su número, lo cual indicaba que le tocaba hablar.

―Gaara-sama y Daimio-sama, soy Neri Taiga, líder del clan Taiga, mis iguales y yo venimos aquí a denunciar el embuste que esta arpía ha hecho a nuestros a clanes ―apunto a la líder del clan Taiyō―, no solo a Namiki-san le ha pedido esa forma de pago, sino a todos los aquí presentes, está claro que sus intenciones son otras…

― ¡Es cierto!

― ¡Todo esto es muy sospechoso!

― ¡Quiere aprovecharse de la situación!

― ¡Se ha negado a aceptar otras formas de pago!

Los líderes empezaron a hablar simultáneamente, el Señor Feudal se tornó preocupado, no le gustaba el conflicto que se estaba formando frente suyo. Levanto la mano a señal de silencio haciendo que todos en la sala se callasen.

―Las acusaciones que están haciendo son de un nivel medianamente grave, ya me habías mandado un resumen de esta situación, pero jamás pensé que este problema abarcase esta magnitud ―tosió, aclarando su voz―. Daena-san, ¿Tiene algo que decir al respecto, a su favor, ante tal acusación? ¿Es cierto lo que usted pide a cambio de saldar sus deudas? Explíquese con detalle, el Kazekage y yo, no estamos al tanto de sus convenios que usted tiene con los demás clanes, estos asuntos normalmente se arreglan en privado, me es de desagrado que tengan que involucrarme en todo esto… ―termino de hablar el Daimio con un tono de elevada molestia, mientras sacaba algo de maní de sus ropajes y se los llevaba a su boca, esa era la forma en la que el trataba de relajarse.

La líder del Clan Taiyō suspiro con molestia ante las palabras del Señor Feudal, parece que no quería hablar, pero luego miro con malicia a sus iguales y se decidió.

―Así es, todo lo que dicen sobre mi es cierto, turril con patas ―expreso mientras extendía las manos a modo de aceptación―. Como todos aquí deben saber, mi clan es el que tiene el poder mayoritario tanto en lo político como en lo económico, somos dueños de casi la mitad de la Aldea, sin contar nuestras propiedades que tenemos alrededor de todo el país del viento. Obviamente no somos seres mezquinos que atesoramos nuestra riqueza solo para nosotros, mi clan nunca se negó a ofrecer ayuda financiera a todo clan que se lo pidiese, es más, hemos sido benévolos estos últimos veinte años, brindándoles una tarifa de pago muy reducida; pero nosotros aparte de ser ninjas somos gente de negocios, nadie ayuda a nadie sin recibir nada a cambio en el mundo de las finanzas ―su voz se llenó de orgullo, mientras sacaba unos papeles de su túnica y con la agilidad propia de un ninja les lanzaba una copia al Kazekage y al Señor Feudal, quienes estaban al otro extremo de ella, en la enorme mesa oval―. Lo que les he pasado son los registros de todos los préstamos que mi clan hizo a los clanes aquí presentes, todo detallado desde su primer préstamo hasta estos últimos, incluyendo mi gran aporte con descuento que les di para financiar su apoyo en la última guerra que vivimos recientemente, la de hace un par de años…

Al igual que el Daimio, Gaara tomo los papeles y se puso a examinarlos. Sus ojos se abrieron del asombro al notar los números desorbitantes que contenían esos informes, jamás había visto cifras con tanto ceros, algunos clanes todavía no habían podido pagar préstamos que databan desde años antes de su nacimiento. Una gota de sudor recorrió su cien, con esa deuda que tenían, el prestamista, incluso podían pedir la muerte de un noble, no, de varios nobles a cambio de pago. Y todo podría ser aprobado políticamente ya que las leyes lo autorizaban. Miro al Daimio para ver su reacción ante los hechos, este tenía una mirada seria que llego a preocuparlo más, ¿Seria que, ni el noble monarca era capaz de pagar estas deudas con el tesoro del país? No, si podría, pero la economía de desestabilizaría, muchos pasarían hambre, el trabajo tanto para civiles y militares escasearía, ¿Cómo era posible que un clan haya acumulado tantas riquezas al grado de tener el poder para desafiar al propio Señor Feudal?

―Según veo las expresiones de sus rostros, ya deben tener una idea de la situación actual que estamos atravesando ―la mujer continuo con sus demandas―. Yo no pido mucho a cambio, mejor dicho, MI CLAN no pide mucho a cambio para saldar sus deudas, no queremos dinero, ya que nadamos en el ―extendió sus manos de forma vanidosa, haciendo que los demás líderes graznaran los dientes de enojo e impotencia ante la situación―, solo les pido a cambio un poco de su genes, nuestro clan tiene como debilidad los ninjutsus raros, nos encanta coleccionarlos, sin mencionar que los mejoramos con nuestra genética, ya que desde el comienzo de la humanidad se nos conoce como una raza guerrera, nacimos dotados para la pelea; pero también somos seres apacibles en tiempos de paz… Si el problema es que teman perder su número de sucesores servibles, no me molestaría, devolverles en un futuro, un miembro fruto de esta unión…

Uno de los líderes no aguanto el discurso que estaba pronunciando la Taiyō, y se abalanzo hacia ella desde su asiento, mientras le soltaba una blasfemia, rasgando sus vestiduras y ejecutando una técnica de estilo magnético que hacía que su brazo se transformara en una especie de cuchilla destentada. Fue un ataque directo, Gaara no llegaría con su escudo de arena a tiempo para evitar la gresca.

Gotas grandes de sangre saltaron por el aire, esparciéndose por toda la mesa oval y manchando a algunos miembros. La escena se tornó tétrica, por un lado, Gaara había tomado como prioridad la vida del Daimio, protegiendo a este, dentro de su técnica de esfera de arena.

Una vez asegurada la vida del mayor de sus líderes, todos centraron la vista en el líder que había atacado a Daena. Este estaba en el aire, atravesado por unas gruesas agujas que salían de la cabeza de la líder Taiyō, al parecer una técnica de crecimiento capilar acelerado, ni siquiera había sido capaz de tocarla. El sujeto trataba de articular algo pero una de las agujas atravesaba su cuello, quitándole la posibilidad de emitir ruido alguno, empezó a desangrarse, las gotas rojas caían rápidamente por los senderos de agujas y se esparcían por el rostro de la Taiyō, la cual no se inmuto y seguía sentada con una sonrisa perversa en su rostro. Saco su lengua para probar el cálido liquido rojo que se deslizaba por alrededor de sus labios. La victima que estaba en el aire, dejo de forcejear, la técnica que tenía en unos de sus brazos se desvaneció, daba la impresión de que ya no estaba con vida. Daena, desvaneció su técnica seguidamente, haciendo que el cuerpo inerte, cayese de forma estrepitosa encima de la mesa.

En un instante lo que era una reunión de discusión, se convirtió en una escena mortuoria.

― ¿Por qué me miráis así? ―inquirió la Taiyō mientras sacaba un pañuelo de sus vestiduras y empezaba a limpiarse el rostro lleno de sangre. Sus cabellos que eran de un rubio muy claro ahora tenían tonos rojizos esparcidos por todo lado―. El me ataco primero, yo solo actué en mi propia defensa y ustedes son testigo de ello… ¿Qué no piensan moverse para ayudarlo? ―pregunto indignada, al ver que todos seguían mirándola paralizados―. No está muerto, aunque si sigue así, no durara mucho, si lo llevan con rapidez al hospital donde trabaja mi hija, puede que sobreviva.

Dos de los líderes se acercaron al cuerpo, ciertamente aún tenía pulso, miraron al Kazekage a modo de pedir aprobación para ayudarlo, este afirmo asintiendo con su mirada. Lo cargaron entre los dos y desaparecieron de escena.

―Y bien… ¿seguiremos con la reunión o aceptaran lo que exijo? ―dijo la sanguinaria kunoichi mientras sacudía los papeles manchados de sangre a modo de que se secasen.

Todos voltearon su mirada al Kazekage, esperando su decisión. Este por su parte, primero libero al Señor Feudal, quien al ver al escena palideció al grado de marearse.

―Nagashi-sama por favor, mantenga la compostura ―le sugirió el pelirrojo mientras lo ayudaba a sentarse de nuevo―, no podemos dejar inconclusa esta reunión, menos ahora por lo que acaba de suceder, si no llegamos a un acuerdo, esto podría provocar una guerra entre clanes…

― Pero tú puedes controlarlos ¿no? Eres el Kazekage ―respondió el Daimio dando a entender que quería salir rápidamente del lugar, estaba invadido por el miedo―, tu toma la decisión de cómo solucionar esto, no te juzgare…

― ¡Nagashi-sama! Actué como es debido, se lo pido, solo usted puede arreglar todo este conflicto ―expreso Gaara con tono firme, haciendo que el Daimio, volviese a pensar con cordura.

―Cielos… está bien, sentaros todos de nuevo ―objeto este mientras soltaba un suspiro grande de resignación―. Por favor no vuelvan a actuar con violencia frente mío, esas cosas me ponen muy nervioso…

Los líderes que quedaron volvieron a tomar su asiento. De los quince que estaban presente sin contar al Kazekage y al Daimio, solo doce quedaban.

―Dada las circunstancias, no me queda más que apoyar a los clanes afectados, tratare de aumentar sus trabajos al máximo, para que sus finanzas crezcan y puedan pagar en un plazo determinado todas sus deudas que tienen hacían el Clan Taiyō…

Los líderes mostraron aceptación en su rostro, ante la solución que ofrecía el Daimio.

― ¡Yo no aceptare dinero, no es lo que estoy pidiendo a cambio! ―interrumpió Daena, con tono furioso hacia el Daimio―. ¡No pienso aceptar esa propuesta!

―No tienes opción de negociar, Daena-san, quien manda aquí soy yo ―indico el Señor Feudal con firmeza, mientras sacaba un bolígrafo de sus vestiduras y garabateaba unos números detrás de los papeles que la Taiyō les había dado y se los entregaba a Gaara―, ahora mismo le he dado las nuevas tarifas al Kazekage, el reorganizara los porcentajes que ganen todos los miembros de sus clanes, los cuales tendrán prioridad para realizar misiones. Yo apenas vuelva a mi hogar buscare otras formas de apoyar sus economías y se las hare llegar a la brevedad posible.

―No pienso aceptar eso, escúchame bien, puerco ―declaro la Taiyō al borde de la ira.

―Pues tendrás que hacerlo, quieras o no, ¿Cómo se te ocurre querer negociar con la vida de unas personas como si se tratasen de ganado? Te excusas diciendo que es para mejorar el bienestar y poder de la aldea, pero dime ¿Serias tú, capaz de hacer eso mismo, sacrificando la vida de tus propios hijos? ―inquirió este con más seguridad en su voz, dando entender que la decisión era irrevocable.

― ¡Por supuesto que lo haría! ―grito indignada la líder Taiyō, ante las palabras del Daimio―. Sería capaz de sacrificar y matar a mi propia primogénita con tal de asegurar la vida de mi clan y de mi aldea, todos son unos idiotas… se arrepentirán por esto. En futuro, cuando pidan nuestra ayuda, no estaremos para nadie…

―Pues siento pena de tu hija, por tener una madre que no dudaría en sacrificarla o incluso matarla por el bien de otros ―emitió tristemente―. Por mi parte, doy por terminada esta reunión y el caso en sí, se seguirá pagando las cuotas establecidas con tus deudores, elevada un quince por ciento más, para acelerar la cancelación completa. Pueden retirarse, iros todos en paz a sus casas, y por favor avísenme si ese líder se murió o no, no podré dormir de la intriga ―termino de decir el Señor Feudal mientras se arreglaba el tocado y con un silbato llamaba a sus sirvientes que estaban afuera, para que lo recogiesen.

Daena apretó sus puños con fuerza, mientras se mordía el labio inferior, la furia la consumía, sin contar a los demás líderes que empezaron a verla con burla, se abrían librado de esta, pero no dudaría en vengarse de ellos en un futuro cercano. Se levantó y fue la primera persona en retirarse, había perdido y no podía hacer otra cosa más que desaparecer por el momento.

Mientras los sirvientes cargaban a su obeso amo, Gaara trataba de ordenar y salvar todo aquel papel que no hubiese sido alcanzado por la sangre, ya todos se habían retirado exceptuando al Daimio, quien seguía dándole trabajo a sus súbditos al subirlo en su camilla real.

―Fue una reunión corta, pero intensa ¿no? ―dijo el gordo noble a modo de sacarle plática al pelirrojo, mientras seguía ahí―, siento mucho orgullo y respeto hacia ti, al saber que lidias, mantienes y diriges a estos bestias, aun con la corta edad que tienes, incluso me lideraste a mí por unos segundos ―rio― ¿Porque no vienes a cenar conmigo esta noche? Nos daremos un gran banquete para olvidar lo malo que ocurrió hoy…

Gaara se quedó perplejo ante las palabras del Señor Feudal, si bien no le agradaba recibir halagos, se sintió satisfecho al escuchar las palabras de su superior.

―Ah, gracias ―expreso―, pero tengo trabajo que hacer, quisiera acabar hoy con todo este papeleo, pero agradezco su ofrecimiento Nagashi-sama…

―Siempre tan reservado, en eso te pareces mucho a tu padre ―respondió el Daimio, sentado en su trono ambulante, listo para partir―. Pero mis invitaciones no son rechazables, si digo que vamos a cenar un banquete juntos, cenaremos un banquete juntos ―su tono de voz se volvió diligente―. Ponte unas vestiduras como el noble que eres y visítame en la noche, en el lugar donde siempre me hospedo cuando vengo aquí, nos vemos, Gaara-san.

―Ah, lo siento… yo no quería… ―trato de justificarse el pelirrojo, pero su gordo líder ya había partido, solo le quedo inclinar su cabeza un poco a modo de despedida.

Termino de apilar todos los papeles, antes de marcharse, observo el salón de reuniones, estaba manchado de sangre en su mayoría. Si bien, en el pasado, escenas como estas le causaban gozo y jubilo, ahora solo le provocaban tristeza y repugnancia. Le pareció raro el actuar de ese líder que ataco a la Taiyō, ahora el muy estúpido estaría luchando por su vida en el hospital, sin duda su accionar fue irracional ¿pelear en una reunión contra una persona que te tiene doblegado por su poder económico y social? No importa desde donde se viese, no había una razón clara para ello.

―Bueno, dejare esto a los responsables de limpieza del edificio, espero no se traumen… ―murmuro el pelirrojo mientras se disponía a salir con el pequeño montón de papeles acomodado en uno de sus brazos.

Recién había entrado a su despacho, cuando vio que alguien entraba agitado, casi arrancando su puerta.

― ¡Gaara! ¿Te encuentras bien? ―pregunto un agitado Kankurō, parece que había corrido mucho, aún estaba con su ropa informal, la cual estaba casi empapado de sudor. Se apoyó con una mano en la mesa, mientras intentaba recobrar el aliento.

―Ah… ¿Por qué estás tan agitado? ―emitió el pelirrojo, mientras tomaba un sorbo de su taza de cocoa fría, y volvía a centrar su mirada en los papeles que tenía frente.

― ¿Cómo que porque estoy agitado? ―inquirió molesto, el marionetista―. Estaba en el hospital visitando a alguien y de repente veo a dos de los líderes que tendrían que reunirse contigo, llevando a un tercero casi muerto, estaban empapados de sangre; instintivamente me acerque a uno de ellos y me contaron todo lo que vieron en la reunión. Salí corriendo hacia el salón de reuniones, temí que los demás hubiesen empezado a pelear entre ellos involucrándote en todo eso; llegue al lugar y vi toda esa escena sangrienta. Temí lo peor…

―Ah… las cosas se complicaron un poco, en media reunión ―respondió Gaara mientras centraba la mirada a su hermano―, ese idiota que viste medio muerto, tuvo la osadía de atacar a la líder del Clan Taiyō, esta última no dudo en contraatacar, lo neutralizo en cuestión de segundos. El Señor Feudal perdió la cordura por el miedo a lo que presencio, pero pude tranquilizarlo y al final se llegó a un acuerdo con el problema en cuestión, aunque… tengo la sensación de que se necesitara algo más para resolver ese conflicto, la afectada negativamente con ese acuerdo es alguien a quien tendremos que tratar con sigilo desde ahora en adelante…

Kankurō escuchó atentamente la explicación de su hermano, y luego de otras preguntas más, que le formulo, suspiro aliviado.

―Cielos, ni en mi día libre, puedo estar en realidad "libre" de tener que preocuparme de mi molesto otouto ―sonrió el castaño mientras se tiraba en el sofá que había en el despacho y se llevaba una mano al rostro―. Ya puedo ver a Temari regañándome apenas llegue de Konoha y se entere todo esto que sucedió…

―Deja de hablar de mí, como si fuese un niño indefenso al que se necesita mantener siempre protegido ―la voz de Gaara se tornó molesta―. Te recuerdo que no he obtenido el puesto que tengo por pura casualidad…

―Oh, ¿Ahora quieres restregarme tu título de Kage? Te recuerdo que ese puesto lo conseguiste por el apoyo de muchas personas, en especial, Temari y yo ―respondió Kankurō, también con molestia―. Siempre necesitaras de nuestra fuerza y apoyo, ha sido así siempre, incluso… en esa época… ―titubeo al decir eso último, mientras volteaba su mirada triste a un lado―. Siempre has sido el favorito de todos, de una forma u otra, incluso desde que cambiaste, Temari se ha vuelto más cercana a ti, de lo que fue conmigo. No es que este celoso ni nada por el estilo, pero en verdad desearía que fueras más agradecido conmigo y Temari, siempre estás ahí, todo ausente, la tonta de nuestra hermana dice que es porque quedaste así por el pasado, pero, te recuerdo que tu pasado y el mío no son muy diferentes, yo también sufrí la muerte de mama… ―su voz sonó entrecortada, no sabía por qué estaba diciendo todo eso ahora, pero sentía que debía decirlo, ya lo había callado por mucho tiempo―, Temari y yo también sufrimos el rechazo de los demás por ser hermanos del "fenómeno" en ese tiempo. No te guardo resentimiento por ello, tú no tenías la culpa, ni siquiera ahora, que soy más consciente del mundo en que vivimos, no estoy seguro que la culpa fuese de papá o de alguien en específico. Escuche por la voz del mismo Naruto que le ofreciste "beber juntos" cuando se convierta en Kage, dime, ¿Cuándo invitaras a tus hermanos de sangre a "beber junto contigo"? ¿O es que no somos lo suficientemente buenos, Temari y yo, para tener ese honor y momento contigo? Dime ¡¿Cuándo demonios nos trataras como tus hermanos?! ―sin darse cuenta de sus propios actos, el castaño se había levantado del sofá y había ido hacia Gaara, quien lo miraba fijamente, consternado y perplejo, escuchándolo en silencio; se situó en frente del susodicho quien estaba todavía sentado, lo agarro por el cuello de su túnica de Kazekage y lo estiro hacia el para que mirase la molestia y dolor que reflejaba su rostro― ¡Responde, maldita sea…! ―le grito al ver que este no le respondía, girando su rostro con tristeza hacia un lado. Entonces lo soltó con fuerza y lo empujó hacia su asiento. Los dos no fueron capaces de verse al rostro de nuevo, cada uno miraba al suelo, el silencio reino en el lugar por unos segundos.

―Jamás pensé que tenías todo eso guardado dentro de ti… ―rompió el silencio el pelirrojo, mientras se levantaba de su asiento y se dirigía en medio del lugar, dándole la espalda a su hermano―. No era mi intención "restregarte mi título" como tú dices, simplemente quería decir que Temari y tú siempre me sobreprotegen y eso me molesta un poco… Sé que, al veces, me centro solo en mí mismo, y no noto lo que sienten los otros a mí alrededor, o cuando lo hago, pienso en todos en general. No era consciente que algunos de esos actos míos herían tus sentimientos o los de Temari… creo que he sido con ustedes dos, muy…

―Egoísta, sin duda, no lo dudes ―le interrumpió Kankurō, mientras en ese instante lo volteaba, poniendo su mano en los hombros del pelirrojo, para que lo mirase de frente―. No debes sentir miedo de convivir más con nosotros, se más expresivo y agradecido, nosotros jamás volveremos a darte la espalda…

―Iba a decir "desconsiderado", pero… creo que tu "egoísta" me define mejor en estos momentos ―respondió Gaara, mientras miraba con semblante triste a su hermano mayor, quien todavía lo tenía preso por los hombros―. Les debo mucho a ustedes dos, así que… ―miro a su hermano tratando de borrar su semblante amargo y poniendo una ligera sonrisa sincera en sus labios―. Gracias por todo, Kankurō, y lo siento si he hecho que te sientas rechazado o herido, tu personalidad tiende a irritarme con facilidad, pero prometo que tratare de pasar más momentos de calidad con Temari y contigo. Gracias de nuevo… hermano…

El marionetista lo miro con asombro, su rostro de tristeza desapareció instantáneamente, y fue sustituido por uno de alegría, las lágrimas salieron como cataratas de sus ojos, atrajo a Gaara hacia él y lo abrazo de esa forma en la que solo los hermanos se abrazan. Ese amor fraternal que solo ellos dos podían darse, bueno, tres, pero Temari no estaba, se lo perdió.

―Hua… hua… idiota, tus palabras alegraron mi alma de hermano mayor ―emitió entre llantos y mocos el castaño.

―Hum… tranquilízate Kankurō, estas ensuciando mi traje ―murmuro débilmente Gaara mientras soportaba los llantos de su hermano. Fue entonces que se dio cuenta que él estaba quieto, no le había correspondido el abrazo, así que rápidamente levanto las manos y lo abrazo, situando sus manos cerca de la cintura media del castaño.

―Oi, oi lo estás haciendo mal, cielos, eres muy malo en esto, los brazos en la espalda, en la espaldaaaa… ―agrego Kankurō, un tanto indignado.

―Ah… oh… lo siento, no lo sabía, nunca habíamos hecho esto, así que no sé cómo actuar mecánicamente ―respondió el pelirrojo, mientras corregía su error y lo abrazaba como debía ser.

―Está bien, descuida, recuerda que cuando te toque abrazar a Temari, tiene que ser de la misma forma ―indico el castaño, luego de estar unos segundos abrazados y luego se soltaron―, ese clase de abrazos solo puedes dárselos a Temari y yo, nadie más es digno de ellos, ni siquiera Naruto, él es tu mejor amigo, no tu hermano, hermanos solo tienes dos, Temari y yo, entiendes ¿no?

―Ha, lo he captado, abrazos de espalda solo con ustedes dos, nadie más ―dijo Gaara, repitiendo con ingenuidad―, pero ―su voz se tornó dudosa―. ¿Qué significa el abrazo que rodea la cintura? ¿Por qué no es aplicable en nosotros los hermanos? ―pregunto, reflejando una inocencia en sus ojos.

―Bueno, así solo abrazan las mujeres, tú no eres mujer, de eso estoy seguro, te he visto desnudo―respondió Kankurō, mientras empezaba a reírse, no pudo controlarse.

―Ya veo, eso quiere decir que Temari solo puede abrazarme así ―enuncio Gaara, omitiendo lo que había dicho su hermano en son de broma sobre su desnudes, él también lo había visto desnudo y no había diferencia entre ellos en ese aspecto, bueno, el castaño era un poco más alto y un poco más robusto de los brazos, pero eso era por la edad, luego eran como dos gotas de agua en todo lo demás, y cuando se refería a todo, se refería exactamente a "todo".

―No, Temari, estoy seguro que ella te abrazara como yo, me refiero a las otras "mujeres" ―dijo Kankurō mientras le guiñaba un ojo.

―Ah… ―fue lo único que emitió Gaara, mientras se distanciaba de su hermano y se acomodaba en el asiento de su despacho. Si bien, lo de haces unos momentos había sido algo emotivo para ellos dos, tenía trabajo que hacer, y estaba retrasado, no quería ser descortés con su hermano, pero la charla empezaba a no interesarle…

El castaño se acercó a su mesa y empezó a ordenar unos papeles que tenía desparramados.

―Mmm… es increíble que estos papeles den mucho trabajo, pareciera lo más fácil del mundo, pero no lo es, y siempre llegan más y más… ―leía un poco cada papel y los clasificaba según su rango de importancia.

Gaara observo lo que estaba haciendo su hermano, no dudaba del juicio con el este que clasificaba esos documentos, en ese aspecto era muy hábil, de hecho, de los tres quien más rápido leía y sacaba conclusiones exactas era él.

Pero le preocupaba tener que utilizar su tiempo, ya lo había dicho, trataría de ser mejor hermano con ellos.

― ¿Está bien que desperdicies lo poco que queda de tu día libre, ayudándome? Deberías irte, de todas formas acabare antes de que anochezca ―lo miro un tanto vacilante, el pelirrojo.

Kankurō, hizo como que no había escuchado nada, y siguió acomodando esos papeles. Luego de un minuto termino con todos los papeles que había agarrado.

―No te preocupes, lo que tenía que hacer hoy en mi vida privada ya lo termine, no me llegaron los repuestos para seguir armando mis marionetas, así que si me voy a casa ahora, estaré vagando viendo algo aburrido en la Tv. Mejor prefiero ayudarte, si terminas antes, me acompañaras a casa más rápido. Ito-basama no está hoy, así que me toca cocinar, me siento solo cuando no hay nadie en casa y no tengo nada que hacer… ―expreso el castaño mientras le quitaba la mitad de los papeles que tenía en la mano, Gaara, y empezaba a leerlos.

―Ya veo… gracias por la ayuda… ―emitió el Kazekage un tanto sorprendido. Hoy, su hermano Kankurō estaba usualmente más expresivo. Sintió algo raro en mente, por alguna razón, tenía ganas de reírse por lo que había escuchado por parte de este, pero prefirió reírse internamente, no quería enojarlo de nuevo.

Al cabo de un largo rato, terminaron de leer y ordenar todo los papeles pendientes. Marcaban las 18:30 en el reloj, por la ventana se podía ver al sol ya casi oculto.

―No estoy seguro que todo eso deba ir desechado a la basura ―inquirió el pelirrojo, al ver como su hermano votaba una gran cantidad de papeles al bote de basura que tenía ubicado a un lado de su escritorio―. Mira esto ―saco un par de hojas del fondo del tacho―, esta es una invitación a un almuerzo, dice "todo lo que pueda comer en carne asada" ¿Por qué desechaste esto?

―No seas ingenuo, fíjate quien lo manda, ese nombre me suena a una ingenua genin que sutilmente te está invitando a una cita, ponen la excusa de la comida para que caigas en ella, es una trampa ¿O es que estas interesado en concertar citas? ―indico el castaño mientras de un jalón le quitaba la hoja a su hermano menor y le indica la firma de la persona que había en la base de esa hoja.

―No, ni en lo más mínimo ―respondió Gaara, dirigiéndose a la salida―. Vayámonos a casa…

Apenas abrió la puerta, una mujer entro haciendo equilibrio con una torre de papeles, en el trayecto de ponerlos en la mesa, casi se choca con Kankurō, afortunadamente este pudo esquivarla.

―Lo siento mucho, Gaara-sama, tuvimos un contratiempo con los papeles, pero aquí están, por favor, ruego me disculpe… ―inclino la cabeza repetidas veces de forma graciosa a forma de disculpas, hacia Gaara. Era Shun, la asistente de la Jefa médico.

―Me había olvidado de ustedes ―dijo Gaara, mientras revisaba la primera hoja de esa torre de papeles―. No hay problema, he revisado y parece que todo está correctamente sellado esta vez. Puedes marcharte, dile a tu superior que espero seguir recibiendo el informe de esta forma, buen trabajo. ―Puso el papel en su lugar y le hizo un ademan con la mano a Shun, para que pueda irse.

La mujer hizo una reverencia con su cabeza y se retiró de la misma fugaz que había aparecido.

― ¿Tenemos que revisar todo ese informe? ―expreso con pavor Kankurō, al ver esa torre de papel.

―No, ya no, solo son papeles administrativos del hospital, no necesitan de mi visto bueno, porque ya están sellados y aprobados, si llegan a mi es para una revisión meramente burócrata.

Kankurō suspiro aliviado.

Ya en casa, cada uno se dirigió a su respectiva habitación, a ducharse, había sido un día largo para ambos. Luego de eso, se toparon en la cocina, Kankurō ya estaba a punto de empezar a cocinar, cuando empezó a platicarle a su hermano sobre lo que le gustaría cenar.

―Oh, ahora que lo recuerdo, no podre cenar contigo hoy, el Daimio me está obligando a ir a un banquete que realizara en el lugar donde se hospeda cuando visita la villa. Lo siento…

El castaño que estaba a punto de empezar a cortar las verduras que había preparado para la cena, se detuvo al escuchar las palabras de su pelirrojo hermano.

―Ya veo, supongo que es irremediable, hoy me tocara cenar solo, creo que es el destino, que se puede hacer… ―respondió Kankurō mientras se quitaba el delantal que recién se había puesto―. No tiene sentido cocinar para uno solo, saldré por ahí a comer algo…

Gaara observo el semblante triste de su hermano, pensó por unos segundos en una solución y se dispuso a hablar.

― ¿Por qué no me acompañas a ese banquete? Dudo mucho que el Señor Feudal se moleste si traigo compañía, el tiende a ser muy "efusivo" cuando está rodeado de comida.

― ¿Lo dices en serio? No quiero estorbarte ―señalo Kankurō, evitando emocionarse.

―Bueno, si no quieres… ―titubeo Gaara, pensando que tal vez era una mala idea.

―No, no, si voy, ¡Quiero ir! ―respondió el castaño emocionado―. ¿Cómo tenemos que ir vestidos? ¿Hablaran de algo político? Porque si no, podemos ir de yukatas…

―Ah, me dijo "como nobles" así que supongo que las yukatas estarán bien ―Gaara empezó a caminar, con dirección a su habitación―. ¿Sabes dónde guarda Temari nuestras yukatas? La última vez, vi que las había llevado a planchar, pero, yo no tengo la mía en mi armario…

―Cierto, yo tampoco tengo la mía, seguro ella las guardo en su habitación… ―Kankurō se rasco la cabeza, si hay algo que ellos no querían era entrar a cuarto de su ausente hermana, no porque les diese miedo el lugar, quien les daba miedo era ella; Kankurō ya se había llevado un par de golpes en el pasado por haber entrado en el pasado.

Con temor y sigilo, se aventuraron los dos hermanos a la "habitación prohibida" de su hermana, era un lugar espacioso que contenía dos camas, una donde descansaba Temari y otra donde descansaba sus ropas y muñecas; si, ella coleccionaba esa clase de cosas, pero sus gustos eran un tanto tétricos, todas sus muñecas eran tradicionales, tenían unas miradas un tanto raras.

―Siento que esas cosas me acusan con sus miradas muertas… ―susurro Kankurō a Gaara, mientras este último habría una caja que se encontraba encima del guardarropas de Temari, y con fortuna encontraba las yukatas que buscaban.

―Aquí están ―refuto Gaara, mientras tomaba la suya y la de su hermano; dos yukatas, una de color bordo y la otra de negro― bien, es todo lo que necesitamos, vámonos Kankurō…

Salieron del lugar, cada uno tomo la yukata que les correspondía y se fueron a vestir a sus habitaciones.

―Recuerdo que era así, pero… ―murmuro Gaara para sí, mientras amarraba la cintura que unía las dos partes del traje, pero estas se soltaban, cayendo al suelo, quedándose solo vestido con la parte superior del traje―, algo estoy haciendo mal…

Tocaron la puerta, era Kankurō, quien al parecer tenía el mismo problema, ya que vino agarrándose la parte inferior de su traje.

―Gaara, estas no son yukatas, son Kimonos ―dijo con voz de queja el castaño, mientras entraba de forma graciosa a su cuarto.

―Ah, ya me parecían bastante difíciles de vestir ―respondió el Kazekage mientras seguía intentando atarse el obi que unía la parte baja del traje.

Y así, entre bregue y bregue, pudieron acomodarse los kimonos, uno al otro, sin duda era algo que no se podía hacer solo.

―En momentos como estos, somos muy dependientes de Temari, ella nos hubiera arreglado en un instante ―dictamino Kankurō, mientras salían los dos de su hogar, con rumbo al encuentro con el Señor Feudal.

Llegaron al lugar, los sirvientes los recibieron, conduciéndolos a donde se encontraba su amo.

El Daimio los recibió con la "efusividad" que Gaara había predicho, alegrándose porque había traído a un invitado más. Ciertamente, Kankurō se volvió uno de los más agraciados invitados del banquete, era muy sociable, y a comparación de él, mantuvo una amena charla con el noble Nagashi-sama y sus esposas. Comieron y bebieron un poco, entonces luego de eso, el Daimio los invito a que lo acompañasen a otro lugar, dado que quería hablarles en privado.

Fue entonces, cuando entraron al lugar, que se dieron cuenta la verdadera razón de la invitación a su banquete.

Estaban cinco de los quince lideres con los que se había reunido esa misma tarde, todos se miraban un tanto más relajados que desde costumbre.

― Cómo ya se habrá dado cuenta, esta reunión tenia escondida una verdadera intención ―expreso el Daimio mientras se acomodaba junto con ellos en el Kotatsu grande que había en ese lugar.

Seguidamente entro una de sus sirvientes y sirvió te para todos los presentes. Para luego retirarse del lugar.

Mientras sorbían el gratificante té, los líderes y el Señor Feudal hablaron de lo mal que lo habían pasado en la congregación de la tarde.

―Disculpen que los interrumpa ―emitió Gaara un tanto molesto por la hora, recibiendo un codazo de su hermano Kankurō, pero prosiguiendo con su exigencia―. Pero yo mañana debo seguir con mis deberes diarios y ya es hora que pase a retirarme, al igual que Kankurō ―le devolvió el codazo, al mencionado―. Si tienen algo que decirme, preferiría que fuesen directo al grano.

Los presentes miraron serios al Kazekage, sus palabras los había dejado enmudecidos.

―Hemos sido bendecidos por el gran señor Buda al brindarnos a tan responsable y serio Kazekage ―pronuncio uno de los lideres, rompiendo el silencio y siendo correspondido por sus palabras con las miradas de los demás líderes―. Daimio-sama por favor, creo que a usted corresponde hablar por nosotros con el Kazekage.

El robusto noble, dejo de golpe su taza de té vacío y centro su mirada más seria que tenía en el Kazekage y empezó a hablar.

―Gaara-san, primeramente, debo felicitarte al traer a tu hermano a la reunión. No lo había pensado, pero creo que será mejor que tengas un compañero en la misión que voy a asignarte ―tosió, para aclarar su voz―. No sé si, Kankurō-san es consciente de lo que ocurrió en nuestra pasada congregación, pero esta misión desde esa premisa.

―Tiene conocimiento de la situación, pero no de los detalles, pero no se preocupe, lo pondré al tanto de lo sucedido ―respondió el pelirrojo, mientras le dedicaba una mirada cómplice a su hermano y este asentía con agrado.

―Bueno, como digas ―prosiguió el Daimio―. Como todos aquí sabemos, Daena-san se enfureció bastante por mi decisión de apoyar a los demás líderes. Sería muy descuidado de nuestra parte no tomar recaudos en el asunto, porque es más que seguro que tomara represalias apenas le demos la oportunidad. Así que he decido que la contraatacaremos primero, si bien su clan nos ha servido con devoción y ha sido fiel desde el principio de los tiempos del sistema de las aldeas. Hemos dejado que su poder tanto político, económico y militar se haya acrecentado de una manera desbordante, si bien, nunca tuvimos conflictos con sus anteriores líderes, temo que Daena-san llegue a revelarse contra la aldea entera y trate de tomar por la fuerza todo el País del Viento. Si bien tenemos el apoyo de las naciones aliadas, preferiría recurrir a ellas como última opción. Mantengamos este conflicto y tratemos de resolverlo lo más privado posible, no quiero que se siembre el temor en los aldeanos…

― ¿Y cuál es la misión en sí? ―pregunto el Kazekage demostrando preocupación―. ¿Quiere que me "ocupe" de la Líder del clan Taiyō? Porque si eso es lo que han decidido, lo acatare y cumpliré sin objeción alguna… ―termino diciendo con una voz más seria.

Kankurō miro de forma afligida a su hermano, en el fondo sabía que Gaara hubiese preferido solucionar este conflicto de una forma más pacífica, pero tal vez no tendrían tiempo para eso; se preguntó cómo afectaría esto a su yo actual, Gaara ya no era un ser sanguinario, pero sabía que pondría los intereses y el bienestar de su aldea por encima de sus sentimientos y su propio bienestar personal.

―Oh, ¿Estarías dispuesto a morir con tal de cumplir, si esa fuese la misión? ―dijo sorprendido el Daimio, mientras lo miraba con intriga al igual que los demás líderes.

―Soy el Kazekage de la Aldea Oculta entre la Arena, ciertamente no puedo evitar sentir lastima por aquella alma que se haya decidido ser cegada por la furia de mi arena, pero, si eso es necesario para proteger la aldea y a los habitantes que residen en ella, no dudare en hacerlo, ese es mi camino ninja ―expreso Gaara con firmeza a la interrogante del Daimio.

―Esas son las mejores palabras que he escuchado hoy ―enuncio el Daimio, mientras reflejaba una cara de aceptación―. Pero esta misión que te encargare, no será de asesinato ―aclaro―. Hemos decidido contraatacar desde dentro su propio clan, su próxima sucesora al liderazgo, ella debe apoyar nuestro bando. Y es ahí donde Gaara-san y su hermano entran. Su misión será ganar la confianza de la futura líder, tienen que convencerla de unirse a nuestro bando. Si es necesario, sedúzcanla, usen cualquier método que garantice que tendremos su apoyo absoluto, y cuando eso suceda… usare mi poder político para destronar a Danae-san de su cargo y poner en el suyo a su hija. Confió en tu don de negociación y de palabra para llegar al corazón de los demás, Gaara-san, sin olvidar a Kankurō-san y su talento para socializar y ganar confianza rápidamente. Supuse que algo así pasaría, desde antes de venir aquí, así que me tome la libertad de usar a los Anbu que tengo bajo mi orden, para recolectar toda la información posible sobre su objetivo, y ayudarles un poco ―saco un par de papeles de sus vestiduras y se los entregó a los interesados―, a pesar de ser una mujer su objetivo, les recomiendo tener precaución, de los diez hombres que envié a recolectar información, solo dos volvieron con vida…

Los hermanos de arena tomaron los papeles y empezaron a leer de quien se trataba su objetivo. Gaara palideció al ver la foto que había en el informe. Volteo a ver a Kankurō y este tenía una expresión similar a la suya.

―Como supuse, al parecer ya saben a quién tendrán que tratar ―emitió el Daimio, con una sonrisa fingida, tratando de ocultar su preocupación―. He clasificado esta misión de clase A, debido su complejidad, quiero que empiecen mañana mismo a enfocarse en ella por completo, traten de avanzar lo más rápido que se pueda, ya ordene que deleguen a otros, todos los pendientes y trabajos que sobre ustedes cargan. Esta madrugada misma yo parto de nuevo a mi mansión del norte, tengo muchos asuntos pendientes ahí. Apenas tengan detalles de la misión, no duden en informármelos. Según evolucione la misión, les hare llegar mis decisiones. Pueden marcharse, y que buda los guie e ilumine.

Kankurō y Gaara se despidieron y retiraron rápidamente, en el trayecto a su hogar, ninguno enuncio palabra alguna. Ya estando en la seguridad y privacidad de esta. Kankurō se desvistió apenas llego, en la sala, dando un gran suspiro de cansancio. Se recostó en el sofá mientras en una mano agarraba el papel que se le había dado.

― ¿Crees que podamos cumplir esta misión al pie de la letra? ¿Gaara? ―emitió el castaño mientras sus ojos emanaban cierto aire de tristeza―, pobre chica, no tiene ni idea que será usada…

Gaara no respondió, estaba perdido en sí mismo, mirando el vacío; se había apoyado a la pared de la entrada y se había dejado caer, su rostro denotaba preocupación. A un lado suyo estaba la copia del informe que le habían entregado.

―Oye, tienes una cara ¿te ha dado indigestión? ―inquirió el castaño mientras se acercaba a él con curiosidad.

Gaara salió de su transe y levantándose, observo con preocupación a su hermano.

―La señorita que es nuestro objetivo… es… es… Ann… Ann-sama… ―emitió tartamudeante, el pelirrojo, mientras ponía una cara de color azul, al parecer recordando el pasado.

―Ha… así es, pero ¿Por qué te inquieta eso tanto? Eso no es algo propio de ti, Gaara… ―formulo el castaño.

Gaara suspiro como pocas veces lo hacía, se dio cuenta de que si iba a trabajar con Kankurō, tendría que ponerlo al tanto de todo lo que el había vivido y visto, completamente todo.

―Kankurō, será mejor que te sientes, lo propicio ahora, es informarte de todo lo que se, para que mañana empecemos a trazar la forma en que operaremos. Es mucho que contar, así que siéntate de una vez ―ordeno el pelirrojo mientras también se sentaba en el sofá, tratando de contener todas esas sensaciones que aparecieron, apenas empezó a recordar.

Y esa noche, Kankurō al escuchar las palabras de Gaara, paso a expresar todas las caras conocibles que alguien pudiese experimentar. Fue una charla de noche que ellos jamás olvidarían.

NOTA DE LA AUTORA: Bueno, este capítulo un poco más corto que el anterior, lo he visto mejor así, creo que es mejor que dijeran la información necesaria antes de pasar al platillo fuerte jajaja olviden eso último, son cosas mías xD

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