Ran trataba de calmar a Aoko.

- Vamos Aoko-chan, debemos seguir, ya verás que estará bien.

Ve como asiente y ambas siguen con la marcha. Caminaron por horas hasta que una luz las cegó, se abrazaron asustadas temiendo que fuesen ellos, pero en su lugar, era un chico algo lastimado.

- ¡Kid! - Gritó Ran sorprendida.

- ¿Eh? - Murmuró Aoko y al ver que era cierto corrió hacia el para abrazarlo.

- Tranquila, estoy bien. - Acariciando sus cabellos mientras la abrazaba. - Será mejor irnos rápido.

Las chicas asienten y lo siguen. Les tomó una hora pero finalmente lograron liberarse.

- ¡Conan-kun! - Gritó Ran corriendo hacia él preocupada.

- ¡Ran! - Y se sonroja al ser abrazado por la chica.

- ¡Conan-kun! ¿Mi padre? ¿Está bien?

- ¿Y el mío? - Preguntó Aoko.

- Ambos están en el hospital... ¿Estás bien Ran-neechan?

- ¿Eh? - Al verlo alterado por su seguridad, ya no vio al pequeño, sino a su amigo de la infancia. - Shinichi...

- ¿Ran?

- N… Nada Conan-kun...

- Si me disculpáis. – Dijo el ladrón. – Debo partir.

- ¡Pero estás herido! – Exclamó la karateka.

El pequeño lo miro. – Deberías ir al hospital a hacer que te miren esas heridas.

El ladrón les miro y luego miro a Aoko. Ella entendió sin palabras. – No os preocupéis. – Sonrió con su peculiar sonrisa y se agarro la chistera. – Estoy bien. Con esto no conseguirán detenerme tan fácilmente. – Se volteó. – Además, el hospital esta lleno de agentes de policía. Ir ahí seria meterse en la boca del lobo.

- Si fueses con tu verdadera identidad no pasaría nada, Kaito-niichan. – Dijo el pequeño detective. Ran le miró sorprendida, y Aoko asustada. El ladrón se detuvo y se quedó de espaldas a ellos.

- "Kaito" - Pensó Aoko preocupada.

- ¿Conan-kun? ¿Qué te hace pensar en eso?

- Piénsalo Ran, Aoko-chan se preocupa mucho por el ladrón y... Según ella, se supone que lo odia, ¿no?

- ¿Eh? Ahora que lo dices...

- V… Vamos Ran-chan, ¿cómo vas a pensar que Kaito es Kid?

- ¿Me vas a atrapar pequeño detective?

- Prometí atraparte como Kid, no como Kuroba-kun.

- ¿Sabes que si sigues con eso la señorita sabrá otro secreto?

- ¿Eh? - Dijo Ran confundida.

- Tú no lo harás...Lo sé.

- Estás muy confiado pequeño detective.

- "¿A qué se refieren?" – Se preguntó Aoko.

- ¿Conan-kun? - Volvió a ver a Shinichi en él. - "Shinichi..." -Agacha su cabeza. - "No es posible... Deja de ser tan tonta... Deja de verlo en Conan, es solo un niño..."

- He guardado este secreto desde que tengo nociones de él. – Dijo suspirando. – No se lo he dicho ha nadie. Y eso que he estado tentado.

- ¿A qué te refieres? – Preguntó Aoko.

El chico la miró. – Lo siento Aoko, ni siquiera a ti.

- Estoy acostumbrada. – Dijo sonriente.

El joven ladrón sonrió de nuevo y miro por todos lados, eran altas horas de la madrugada, por lo que estaba todo desierto. Miro a Ran, la cual seguía en sus pensamientos, se percato del manto de tristeza que le cubría y miro a Conan. – ¿No crees que ha sufrido bastante? – El niño miró a su amiga de la infancia y se entristeció. – Bueno. Como has descubierto mi identidad, no seria justo que no lo hiciese yo también, ¿no? – La karateka miró al ladrón, el niño bajó la mirada. El mago se quitó la chistera y el monóculo. – Creo que recuerdas cuando tomé prestado el huevo ruso.

- Será que robaste. – le recriminó el niño.

- Me ofendes detective. – Se hizo el ofendido. Continúo como si nada. – Bueno, desde nuestro primer encuentro, no me parecía muy normal tu forma de actuar, no parecías un niño normal. Pero me di cuenta de todo en ese crucero de vuelta a Tokio.

Ran lo interrumpió. – ¿En el crucero? ¿Estabas allí?

- Claro. – Contestó Conan. – Era el detective Shiratori, ¿no es cierto?

- Premio. Luego, aparecí en la agencia con otro aspecto que no era el mío, al igual cuando fui a robar el anillo de napoleón. – Sonrió. – Deberías haber visto tu cara.

- E… Espera un minuto, s… Se supone que... - Se dio cuenta del punto y miró a Conan sorprendida.

- ¿Qué ocurre? - Insistió Aoko.

- ¿S… Shinichi...? - Murmuró la chica.

- Bingo. - Dijo el ladrón. - Ahí está tu chico, por quien has llorado día y noche...

- Todo este tiempo y nada... Todas las veces que me acercaba a la verdad y tú me la alejaste de nuevo. - Poniéndose de rodillas para estar a su altura.

- Ran, yo...

- ¡Pero nada! ¡Sabías cuánto sufría y aún así no dijiste nada! ¿Por qué?

- Porque el detective quería protegerte.

- ¿Protegerme?

- De la organización que estuvo a punto de llevarlas.

- ¿La que mataron a tu padre?

- Y los que me encogieron.

- Shinichi...

- Perdóname Ran, pero no lo hice por gusto, yo sufría más que tú... créeme.

- Shinichi... Aún sigo enojada. - El chico agacha la cabeza. - Pero no puedo ser egoísta...

- ¿Eh?

- Tú solo me estabas protegiendo de ellos... Hubiera sido muy cruel de mi parte enojarme por eso, ¿no crees?

- Ran… lo siento de veras.

La chica lo abrazo. – He sufrido, es cierto, pero tú también has tenido que sufrir, atrapado en el cuerpo de un niño.

El niño estaba sonrojado. – Gracias por entenderme.

La chica se sonrojó al notar el abrazo que inició el detective. – De nada. – Ahora veía a Conan diferente.

Aoko se acerco al ladrón, que de un movimiento de capa se había cambiado a sus ropas normales. – Es muy bonito pero…

- ¿Qué?

- Sigo sin enterarme.

El chico casi se cayó de la impresión. – ¿Qué no entiendes? El niño es Shinichi Kudo, el detective adolescente.

- ¿Cómo? – Se sorprendió la chica. – ¿Con esa estatura?

- Los hombres que os intentaron secuestrar le dieron una droga y le encogieron.

- Ya decía yo. – Atinó la chica. – Que me sonaba de algo.

La karateka y el niño rompieron el abrazo y miraron a Aoko. – ¿De qué te suena? – Inquirió el ladrón.

- Pues se parece a ti cuando eras pequeño. – Ante esta revelación, el ladrón y el niño se miraron y negaron con la cabeza.

Los cuatros fueron al hospital donde estaban los padres de las chicas y cuando la enfermera preguntó por la herida del ladrón, entre los 3 tuvieron que ayudarlo a dar una explicación. Después de haber sido atendido, fueron con quien sabía el estado de los padres.

- Sus padres están fuera de peligro ya que no fueron dañadas partes vitales.

- Que alivio. - Dijeron las chicas.

- Pero necesitan reposo.

- ¿Podemos ir a verlos doctor? - Preguntó Ran.

- Está bien, pero sólo por un momento.

Los padres ocupaban un solo cuarto, cuando entraron, las chicas se dirigieron donde sus respectivos padres, tomándolos de la mano preocupadas.

- Tranquila Ran, ya oíste al medico.

- Ya lo oíste Aoko, todo estará bien.

- Si, pero... – Dijeron.

- No puedo dejar de sentirme culpable. – Dijo Aoko llorando. Kaito la abrazó para consolarla.

- Si no hubiésemos ido a la azotea… - Dijo Ran.

Sintió que la mano que tenia libre era cogida por una diminuta mano. Miró hacia abajo y vio una mirada azul que se sentía tan o más culpable que ella. – No te culpes Ran, es culpa mía.

- No… no es culpa tuya. Tu solo hacías tu trabajo. – Le sonrió.

Él le sonrió también. Los jóvenes se fueron de la habitación para dejar descansar a los hombres.

- No te culpes Shinichi.

- Si tú también lo haces.

- Vale.

- Kaito...

- Ya verás que estará bien, conoces a tu padre, duro como una piedra, mientras el ladrón Kaito Kid siga en pie, él no pensará en rendirse. – Divertido.

- ¡Kaito!

- Pero si es cierto, esta emprendido con atraparlo, ¿no? Mientras tenga esa meta, dudo que muera.

- Tienes razón... Gracias por ayudarme.

- Para eso estoy Aoko.

- Para eso estoy Ran.

- Para estar a tu lado y protegerte aunque deba dar mi vida.

Las chicas los miraron sorprendidas para luego sonreír y abrazarlos.

- Gracias Shinichi.

- Gracias Kaito.

- No permitiré que te pongan un dedo encima. – Dijeron los dos a la vez.

Después de un tiempo, el médico les dijo que se fueran y dejasen descansar a los detectives.

Abandonaron el hospital y fueron caminando por la calle, ya estaba amaneciendo y estaban magullados, cansados y hambrientos. – Venid a casa. – Sugirió Ran. – Prepararé algo para desayunar.

- Por mí de acuerdo. – Dijo Kaito. – Con tal que no cocines como Aoko…

- ¿Qué has dicho ladronzuelo? – Preguntó una Aoko enfadada tras él.

- Era broma cariño. – Dijo dándole un beso en los labios, haciéndola sonrojar. – Sabes que adoro todo lo que seas tú.

Aoko quedó sonrojada ante tal gesto que agachó su cabeza para ocultarlo. – Tonto.

Ran sonrió al verlos. Llegaron a la residencia Mouri y Ran preparó el desayuno mientras el ladrón y detective pensaban qué hacer ahora, cómo podían proteger a sus chicas.

- Ya está el desayuno, Aoko-chan, ¿podrías poner la mesa?

- Claro Ran-chan. - La mesa estaba servida y ahora estaban todos desayunando.

Todos estaban en silencio. Ya podían respirar tranquilos porque los detectives estaban fuera de peligro. El cansancio les invadía. – Mira Aoko-chan. – Le dijo Ran.

Ella miró y vio a detective y ladrón espalda contra espalda durmiendo. – Si es que son iguales.

Ran sonrió y se dirigió hacia el pequeño. Se puso de rodillas y le quitó las gafas. – ¿Sabes Aoko-chan? Siempre tuve la sospecha que era Shinichi.

- ¿De verdad? – La karateka asintió. – Si es que el amor…

- ¿Pero qué dices? – Se viró rápidamente a mirar a su amiga roja como un tomate maduro.

- No lo niegues Ran-chan. Se te ve desde kilómetros.

- Como Kaito-kun y tú. – Dijo pícaramente Ran. La chica se sonrojó. – Os conocí anteayer y os llevabais como el perro y el gato, pero ayer paso algo, ¿verdad?

- Bueno… pues…

- Por tu cara veo que si. – Sonríe.

Aoko le contó a Ran de lo que había pasado entre ellos.

- ¿En serio? ¡Que emoción!, bien por ustedes. - Susurraban para no despertarlos.

- ¿Y qué me dices de tú y Kudo?

- Vamos Aoko-chan, acabo de enterarme de la verdad.

- ¿Crees que te diga algo?

- No lo sé, después de todo...

- ¿Qué?

- A Shinichi siempre le ha gustado los casos, dudo que...

- Ya verás que de un momento a otro verás que te equivocas.

- Si, pero... si fuera cierto, no me diría como Conan, estoy segura, lo conozco muy bien.

- ¿Por qué lo dices?

- ¿Te gustaría declararte como una niña de 7 años?

- No.

- ¿Ves? - Y ve al pequeño que estaba de espaldas y durmiendo. - Shinichi...

En ese momento, recordó algo que le dijo Conan. En Tropical Land, cuando estaban escapando de un loco asesino de policías y ella había perdido la memoria. – "¿Por qué haces esto por mi?" – Miró al niño dormido. – "Porque te quiero, más que a nada en este mundo." – La joven abrió los ojos como platos y se sonrojó.

- ¿Qué ocurre Ran-chan? – Preguntó Aoko al ver a la chica tan roja.

- N…nada. – Intentó ocultar su sonrojo.

La joven la miró pícaramente y se acercó a ella. – ¿Qué ocurre?

- Y… Ya dije que nada Aoko-chan. – Sonrojada.

- A mí no me engañas, pasó algo entre tú y Kudo, ¿no?

- B… Bueno, yo... - Le contó lo que ocurrió aquella vez.

- ¿En serio? – Emocionada.

- Si, pero... Él lo dijo... Porque lo oyó de mamá.

- ¿Eh?

- Mamá me dijo que así se le confesó papá. - Sonrió levemente y con algo de tristeza. - De seguro lo dijo porque lo oyó de ella.

- ¿Estás segura? Puede que no sea cierto.

- ¿Tú crees?

- Por supuesto, ¡ya sé! ¿Por qué no se lo preguntas cuando tengas la oportunidad?

- ¿Pre…Preguntarle? - Viendo de nuevo al niño mientras volvía a sonrojarse.

- Claro. Preguntando se saben las cosas.

- Pero Aoko-chan, él nunca me dirá la verdad.

- No lo sabrás si no se lo preguntas. – Se levantó y fue a coger unas mantas que habían en el sillón. – Fue así como supe lo de Kaito, y mira qué bien termino todo. – Dijo arropando a su ladrón y dándole la otra manta a Ran.

- Si, pero Kaito-kun no es un crío de siete años. – Dijo arropando al niño.

- Aunque sea un niño, sigue siendo Kudo-kun, tu amigo de la infancia.

En ese momento sonó el timbre y Ran fue a abrir. – Hola, ¿está Conan? Preguntó una niña con una diadema acompañada de dos niños y una niña castaña algo distante.

- Ayumi-chan... Lo siento, pero Conan-kun esta dormido.

- ¿Tan tarde? - Preguntó Mitsuhiko.

- Pero que holgazán. - Dijo Genta.

- Es que ocurrió un accidente con mi padre y estuvimos toda la noche en el hospital.

- ¿Eh? - Gritaron los tres. - ¿Y está bien?

- Si, acabamos de llegar y Conan-kun está muy cansado. - Y bosteza. - Y al parecer yo también

- Vamos, si no está disponible, no hay motivo por el cual quedarse. - Dijo Ai.

Ran miró a la niña y se dio cuenta que era como Conan, muy diferente a los demás niños, ¿podría ser que...?

- Imposible. - Dijo la chica.

- ¿Eh? - Dijeron los niños.

- Nada pequeños, si quieren pueden entrar, pero no hagan ruido para que Conan y su amigo duerman, ¿vale? – Sonríe.

Los chicos entraron corriendo, mientras Haibara caminaba lentamente, resignada y con los brazos cruzados.

Ran la miró pasiblemente. – "No puede ser pero… si Shinichi es así, ella…"

- ¿Quién es este tío? – Inquirió Genta al ver a Kaito.

Haibara se fijo y se quedó estática. – "No puede ser… ¿Kudo-kun?"

Ran lo notó y todas sus sospechas se confirmaron. – Él es Kaito Kuroba, y ella es Aoko Nakamori. – Dijo señalando a la chica que salía de la cocina. – Son unos amigos nuestros.

-Wa. – Se sorprendieron los tres niños. – Ran-neechan, Aoko-neechan y tú os parecéis mucho.

-y también Conan-kun y Kaito-niichan. – Dijo Ayumi mirando al pequeño sin las gafas y al ladrón.

- Si, ¿verdad? - Preguntó Ran.

- Que niños tan raros. - Dijo Aoko especialmente por Ai, que se comportaba como si no fuera una niña.

- Ai-chan, ¿puedo hablar contigo? - Preguntó Ran. - ¿A solas?

Ai la miró atentamente y suspiró resignada mientras aceptaba y se encerraron en el cuarto de la chica.

- ¿Y bien? - Pregunto Ai.

- ¿Cuál es tu verdadero nombre Ai-chan?

- ¿Eh? – Sorprendida.

- Shinichi, Aoko-chan y Kuroba-kun fuimos atacados anoche por un tal Gin. - Al ver la expresión de miedo que puso, sus sospechas se confirmaron más.- Al parecer conoces a Gin... Por favor Ai-chan, dime lo que ocurre... Y tu verdadero nombre, ¿vale?

- ¿Kudo te dijo la verdad?

- Algo así... Ellos quisieron secuestrarnos a Aoko y a mí.

- Ya veo...

- Por favor Ai-chan, dime la verdad. ¿Eres igual que Shinichi? – Dijo poniéndose a su altura.

La pequeña suspiró resignada. – Si, mi nombre es Shiho Miyano, y soy la creadora de la droga que nos encogió. – La karateka no se esperaba esa verdad. – Verás… - Le contó todo. – Y así es la historia, ahora estoy intentando conseguir el antídoto.

- Ya veo…

- Sabrás que ahora estás en peligro.

- Estoy en peligro desde antes. – Sonrió. – Si no recuerdas, me intentaron secuestrar antes de que supiese que Conan es Shinichi. Ellos creen que esta muerto, lo dijeron.

- ¿En serio? – Se sorprendió la científica. – Entonces no encuentro explicación del intento de secuestro.

Vio una mano extendida y miró a Ran. – Estamos juntas en esto Shiho-chan, me gustaría ser tu amiga. No quiero que me veas como un obstáculo.

- ¿A qué te refieres?

La chica sonrió. – He visto cómo miras a Shinichi. – La pequeña se sonrojó y viró la cabeza. – No quiero que sea un impedimento para que seamos amigas. Elija a quien elija, quiero que nos hagamos la promesa que no dejaremos de ser amigas.

La científica sonrió y le estrecho la mano. La karateka sonrió y se dirigió hacia la puerta. – No te preocupes. – Le dijo la pequeña. – Yo sé que te ama a ti. – La joven se viró y la miró. – No para de hablar de ti.

- ¿Eh? – Sonrojada. - Es normal Shiho-chan, soy su amiga de la infancia.

- No lo es, siempre piensa en ti cuando ocurre algún peligro.

- Shinichi... - Mientras pensaba en el chico. - Gracias Shiho-chan. – Sonríe.

- Para eso... Están las amigas. - Sus palabras hicieron feliz a la chica.

- Tienes razón. -Y ambas salieron.

- ¿De qué hablaron? - Preguntó Ayumi.

- Son cosas personales Ayumi-chan, ¿no Ai-chan?

- Así es. – Asiente.

- Lo siento Ran-chan, pero los chicos tenían sed. - Llegando con una bandeja.

- No hay problema.

Mientras hablaban y tomaban del jugo, el detective y ladrón comenzaron a despertar.

El pequeño detective se estiró y abrió los ojos. Enfrente de él vio a una niña con diadema muy sonriente. – Buenas tardes dormilón.

- ¿Ayumi? ¿Chicos? – Miró a Haibara cerca de Ran. – ¿Qué hacéis aquí?

Vinimos a buscarte para ir a jugar, pero como estabas dormido nos quedamos a tomas algo con Ran-neechan.

- ¿Por qué no nos habéis despertado? – Les recriminó el mago.

- Porque roncabas tanto que no había quien te despertase.

- Yo no ronco Aoko. – La miró entrecortadamente.

- ¿Estás seguro? – Preguntó divertida.

- Hola. – Ayumi se puso delante de él. – No nos hemos presentado, yo soy Ayumi, y ellos Genta y Mitsushiko. ¿Sabes que te pareces a Conan-kun?

Ladrón y detective se miraron y dijeron sin ganas. – Nos lo dicen a menudo.

Ran y Aoko ríen divertidas recibiendo miradas confusas por los niños y amenazadoras de los bishounen sexys xD

- ¿De qué se ríen? – Dijeron.

- N… Nada... – Ríen. - Lo siento, pero...

- ¿Qué ocurre entre ellos? - Pregunto Mitsuhiko.

- Deben ser cosa de Grandes. - Dijo Ayumi.

- Pero Conan-kun es un niño. - Dijo Genta.

- "Eso creen ustedes" - Pensó la científica.

- ¡Dejen de reírse! - Dijeron ladrón y detective.

- E… Eso queremos...- Respondieron.

Los dos se cruzaron de brazos y miraron a las chicas entrecortadamente.

Con esa acción las chicas se rieron más. – Pero si es que hacéis lo mismo. – Dijo riendo Aoko.

Los dos se miraron y dejaron de cruzarse de brazos. Miraron a las chicas. – ¡Ya está bien!

Los niños estaban aparte mirando la escena. No entendían nada de lo que ocurría.

- Conan-kun. – Dijo Ayumi yendo cerca del niño. – Vamos a jugar.

- ¿Ahora? – Preguntó el niño.

La pequeña asintió. – Venga vamos. – Dijo arrastrándole por el brazo.

- ¡E…espera! – Miró a Ran suplicándole ayuda con la mirada.

- ¿Qué puedo hacer? Eres un niño Conan-kun.

- ¡Ran!

- Lo siento niños, pero vamos al hospital más tarde, estamos preocupadas por nuestros padres.

- ¿Nuestros? - Preguntó Genta.

- El mío también fue atacado. - Dijo Aoko.

- Entonces Conan-kun no puede ir a jugar. - Dijo Mitsuhiko.

- Lo siento chicos.

- Está bien... - Dijo Ayumi algo triste. - ¿Podemos ir?

- ¿Eh? - Dijo el ladrón.

- ¿No te molesta Aoko-chan?

- Para nada, entre más mejor.

- Está decidido entonces.

- ¡Oye! - Dijeron detective y ladrón.

- ¿Qué? - Dijeron sus amigas de la infancia.

El detective se acercó a Ran y ella se agachó a su altura. – Ran, lo único que harán será estorbar, son solo niños.

- Igual que tú. – Dijo divertida.

- Que graciosa la niña. – dijo irónicamente.

-Aoko… la niña me vio.

- ¿Cómo?

El mago miró hacia donde estaban los niños. – Me posé en su balcón una vez mientras escapaba de tu padre y me vio. Es un milagro que no me haya reconocido todavía.

- Venga Kaito, hay que mojarse de vez en cuando. No pasará nada, estabas vestido de Kid, no creo que te reconozca.

- Tú no conoces la imaginación de estos niños. – Suspiró.

Salieron de la casa y se dirigieron al hospital.

Cuando llegaron, el doctor les dijo que sus padres acaban de despertar, por lo que las chicas sonrieron felices y corrieron hacia el cuarto, siendo perseguida por los demás.

- ¡Papá! - Gritaron ambas al entrar.

- Ran.

- Aoko.

- ¡Papá! - Volvieron a decir mientras corrían hacia ellos y abrazaron a sus respectivos padres. -Estábamos preocupadas.

- Pero si sólo han pasado unas horas.

Les abrazaron. – ¡Ay! – Se quejaron a la vez.

Ellas rompieron el abrazo. – Lo siento. – Dijeron a la vez. – ¿Estás bien?

- Mataré a esos tipos. – Dijo Kogoro.

- ¡Kid se me escapó de entre los dedos! – Se quejó el inspector. – Juro que lo atraparé hija.

La chica suspiró resignada. – Si papá…

- ¿Está bien inspector? – Se acercó Kaito a la cama del policía.

- Si, gracias por cuidar de Aoko el tiempo que he estado afuera y durante mi ingreso.

- No ha sido nada.

- "Míralo…" – Pensó Aoko. – "Si parece que no es Kid y todo" – Sonrió.

Conan estaba junto a la cama de Kogoro y los niños correteando. Entonces apareció alguien por la puerta. – Inspector Nakamori, me acabo de enterar de lo que ha sucedido, ¿se encuentra bien? – Preguntó el castaño.

-Estoy bien Hakuba, gracias.

-Hakuba-kun. - Dijo Aoko. -Gracias por preocuparte por mi padre. – Sonríe.

- Buenos días Aoko. - Se inclina ante la chica y toma su mano para besarla, cosa que molestó al ladrón.

- Alguien está celoso. - Murmuró Conan divertido.

- ¡Conan-kun!

- Espero que se recupere pronto inspector, ¿no Aoko? – Sonriéndole.

-H… Hai...U

- Gracias Hakuba.

- Oye, oye...- Murmuró Kaito molesto.

- ¿Qué ocurre Kuroba?

- ¡Aléjate de mi chica!

- ¡Kaito!

- ¿Cómo que chica? - Preguntó el inspector.

- Papá... Yo salgo con Kaito desde hace... Ayer.

- ¡Si! ¡Así que déjate de besarle la mano a mi chica Hakuba!

- Felicidades, Kaito-kun, te puedo confiar a mi hija.

- ¡Espero que no me salgas conque sales con el mocoso de Kudo, Ran!

- ¡P… Pero que dices papa! – Sonrojada.

- "Ojalá" - Pensó Conan.

- ¿Y a ti qué te importa? – Preguntó a su padre.

- ¿Cómo? – Todos la miraron sorprendidos por la respuesta que le dio.

- Yo salgo con quien quiera, tú no eres quién para impedírmelo, ya que eres mi padre, ¿pero si fuese feliz me lo prohibirías? ¿Eh?

El hombre no sabía qué responder. – Cl…claro que no. – Dijo cohibido.

-Si estuviese con Shinichi y me hiciese feliz ¿me lo prohibirías? – Preguntó encarándose a su padre. – Él negó con la cabeza muerto de miedo por la mirada de la chica.

– Bien.

- ¿Bien qué?

- E… Está bien...

- Más te vale. - Cruzándose de brazos molesta y al darse cuenta de lo que había hecho se pone re-nerviosa y re-sonrojada. – E… Es decir...Si saliera con Shinichi... ¡Te traigo agua! - Se fue corriendo roja de vergüenza.

- ¿Eh? - Pero si aquí hay agua. - Dijo Genta mientras Ai sonreía divertida e irónicamente.

- ¿A dónde vas Conan-kun? - Preguntó Ayumi.

- Enseguida vuelvo.

- Pero qué vergüenza... Y para colmo estaba Shinichi ahí... – Suspiro. - Soy un caso...

- ¿Ran?