¡Gracias por estar motivándome a seguir escribiendo! Estuve perdida varios días, mis disculpas. Tengo que actualizar "El Misterioso Sr. Laufeyson" y "The God in the Land of Slaves", tengan un poquito de paciencia =D Por cierto, este cap. Es narrado por Ann (Recomendación de mi amiga Valdemar =D )
IV: El concepto tal vez errado de Ann sobre Loki
¿Cómo demonios había llegado a tanto? Solo fue amabilidad, un gesto humano muy simple y común. ¡Pero tenía que toparme con un lunático de primera que tenía poderes muy extraños! ¡Hasta se creía un dios!
Pero. ¿Y si lo era? ¿Y si él no mentía? Ya había visto sus habilidades pero mi mente no lo analizaba aún. ¡Me rehusaba a hacerlo!
Observé el hermoso cabello liso, puntiagudo y negro azabache que poseía ese maldito inmortal o lo que fuese. Detallé su nariz, sus puños crispados, el brillo hermoso de sus ojos, sus maravillosos labios que estaban curvados con una sonrisa maliciosa.
¡Ni idea de lo que se estaba tramando!
— ¿Por qué te fascina tanto verme? ¿Por qué lo haces de esa forma? —preguntó sin borrar su sonrisa y sin mirarme.
Parpadeé atónita y me di cuenta que tenía la boca entreabierta. ¡Vaya idiota!
—No lo sé… —mentí.
Al fin me miró y deseé en ese momento que no lo hubiese hecho. Sentí como mis mejillas empezaban a flamear con fuerza por la intensa mirada verde de ese individuo tan hermosamente perfecto.
—Sí lo sabes. Solo que no quieres decírmelo por miedo a que lo que digas sea ridículo.
—Tonterías yo… —empecé a tratar de perfeccionar mi mentira pero sus ojos brillaron aún más. Apretó la mandíbula y me sentí bastante extraña… Jamás me había sentido de esa forma.
—Sé que no entiendes nada. Que no me entiendes y mucho menos lo que hago. Te repites una y otra vez que no soy real. Pero para tu desgracia y el de todos, soy muy, muy real —habló lenta, amenazadora y fantásticamente sexi.
Desvié la mirada hacia la multitud que aún estaba en shock por la aparición de aquel hombre de cascos con cuernos y de grandes poderes. Unos ya le llamaban "El demonio angelical" y otros, burlonamente, "El Hombre-Cabra volador".
— ¡Increíble sorpresa! —exclamó una voz chillona que me erizaba la piel. ¡Insoportable!
— ¿Qué haces aquí, Janet? —suspiré encarándola. Ella fijó la mirada en mi acompañante.
— ¿Él quién es?
—Eso no te incumbe, ¡largo! —gruñí.
Loki alzó una ceja y dio un paso hacia mí.
— ¿Eres su novio?
Loki frunció el ceño y me miró como diciendo "¡Ayúdame!". Sí, tal vez fue eso lo que el pobre pensó.
—Es un primo de Alaska. Vino a visitar Malibú de vacaciones —me sorprendió lo bien que me salió la mentira.
— ¿Ah sí? —preguntó con ese tono tan irritante —. Pero tengo entendido que no tienes parientes en Estados Unidos. Solo en tu país. ¿No?
Respiré hondo, Loki tomó mi manó y la acarició.
Y en ese instante se me quitaron las ganas de darle un puñetazo en la cara.
—Es un primo lejano. Nos encontramos en Facebook hace unos días y decidió venir a conocerme, además de dar un paseo por Malibú. ¿Acaso no puede?
Ella frunció los labios y puso su expresión tipo "zorra persiguiendo a la liebre" al observar a Loki de nuevo.
Aunque creo que "liebre" no es el término correcto para Loki…
— ¿No hablas? ¡Vamos al menos dime tu nombre!
Loki la fulminó con la mirada y ella dio dos pasos atrás. La expresión de su rostro fue remplazada por la angustia. Me petrifiqué y sentí un poco de pena por Janet.
—Bien, nos vamos. Por cierto, Ana Sofía —suspiró evitando mirar de nuevo a Loki —. Tienes que ir a la editorial para hablar con Mashckelt. Creo que es por la fiesta de verano. En fin, resuelve eso tú misma.
Me dio la espalda y salió corriendo con su camarógrafo siguiéndola como su propia sombra.
— ¡Maldición! —mascullé entre dientes.
—No quieres ir a ese baile —no era pregunta.
—La verdad es que no. Jamás aprendí a bailar muy bien. Al menos sé mover los pies —gruñí.
Loki se rió entre dientes y lo contemplé ese momento interminable.
—Tampoco te gusta mucho esa mujer.
— ¿Enserio? ¡No me había dado cuenta!
Loki borró la sonrisa y me miró mal. No tan fulminante como a Janet pero si me sentí intimidada.
—Lo siento. Cuando me pongo de mal humor suelo ser sarcástica.
—Ya veo —dijo alzando una ceja.
Le sonreí un poco y acaricié nuestras aún manos enlazadas.
— ¿Lo hice bien?
— ¿Qué? —preguntó. Se había distraído observando el desastre y a la gente cuchicheando cosas tontas.
— ¿Mentí bien?
Bufó y puso los ojos en blanco.
—Tuve que ayudarte con los nervios. De lo contrario hubieses empezado a balbucear como una idiota, ella no te hubiese creído y yo la hubiese alejado de nosotros de alguna otra forma menos delicada.
— ¿Cómo cual? —no pude evitar preguntar.
Me miró con los ojos entrecerrados y esperé a que me lo dijera.
— ¿Tengo que decirlo?
—Sí por favor.
Suspiró frustrado y colocó su mano en mi cuello. Presionó con fuerza.
—Algo así o mucho peor. ¿Qué opinas?
—Entendido. Puedes soltarme —dije con dificultad ya que empezaba a asfixiarme.
Me miró un instante, sin dejar de presionar. Luego sonrió y me soltó. Tomé una gran bocanada de aire y me acaricié el cuello.
—Que fuerza tienes.
Se encogió de hombros y observó de nuevo a la multitud.
—Son tan fáciles de domar. Es fantástico y aburrido.
—Realmente tienes conceptos raros sobre las cosas.
— ¿Y tú no? —frunció el ceño.
—Estoy muy clara en la vida.
—No me parece —hizo una mueca —. Si estuvieses clara de lo que haces, piensas y dices, no estarías aquí junto a mí.
—Pues… —traté de organizar bien mis ideas primero antes de continuar —. Si todos estuviésemos claros de lo que debemos hacer el mundo sería monótono y no tendría nada de especial. ¿No te parece?
—Me parece que son demasiados ilusos. Es por eso que siempre se arrodillarán ante mí.
— ¡Tú eres el iluso! Tú… tú no sabes nada sobre nosotros.
—Te equivocas. Sé mucho más de lo que te puedes imaginar. Es por eso que son tan maleables en mis manos. Es por eso que la Tierra será mía.
Dejé de mirarlo y sentí su mano apretar mi brazo.
—Acompáñame —masculló.
Me arrastró entre la gente y entramos a un edificio en ruinas, que estaban a punto de derribar.
— ¿Qué hacemos aquí? —pregunté.
—Este es el asiento de primera fila que tendré cuando dirija mi ataque.
— ¿A-ataque? —titubeé.
— ¿Qué pensabas? ¿Qué les regalaría flores? ¡NO! —bramó. Di un brinco y se rió al ver mi reacción —. Eso me encanta —susurró —. El que me mires con desespero porque no sabes que pienso hacerte. Debates en tu frágil mente si voy a acariciarte… o matarte…
—Si estuvieses en mi lugar, estarías de acuerdo —susurré.
—Siéntate —gruñó dándome un empujón con su mano, haciéndome caer.
El polvo se levantó y no pude ver a Loki por unos instantes. Me aterré.
— ¿Loki?
— ¿Temes el que te deje a tu suerte? ¿En este lugar que se puede caer sobre ti en cualquier momento?
No contesté ya que sentía que me faltaba el aire. Y el polvo, tierra o lo que fuese no se quitaba. Sin duda Loki estaba manteniéndolo así.
— ¡CONTESTA!
— ¡Sí tengo miedo! —admití.
De repente apareció frente a mí, jadeando y fulminándome con la mirada. No sé si era porque estaba muy asustada, pero me pareció verle los ojos rojos o más oscuros de lo normal.
— ¿Crees que esa pregunta se la hizo Thor en su bruta mente al dejarme caer al abismo? —gruñó entre dientes.
Era increíble cómo podía cambiar su tono de voz con tanta facilidad y rapidez.
—No lo sé —contesté con sinceridad.
Se acuclilló frente a mí y acarició mi rostro.
— ¿Por qué lloras? —me preguntó mirándome torturado.
—Realmente… no tengo idea…
—No te haré daño. Al menos no tengo ganas ahora —se corrigió mirando el suelo, pero luego posó sus ojos en mí de nuevo —. ¿Quieres que te acompañe a algún sitio?
—Si no te molesta…
—Me encargaré de Stark en un rato. Vamos.
Me alzó por un brazo y luego me soltó. Lo seguí pero se detuvo antes de salir del edificio.
—Eres inteligente, ¿no?
—Tengo un IQ normal —contesté encogiéndome de hombros.
— ¿Crees que alguien pueda tener su… alma… como este edificio? ¿Destruido y solo esperando a que se desmorone?
Nunca pensé que me hubiese dolido tanto su pregunta. Era él. Por primera vez no estaba siendo sarcástico o superficial.
—Sí —apenas escuché mi propia voz.
Loki sonrió un poco, pero aquella alegría no le llegó a sus ojos.
—Gracias —contestó.
Extendió la mano hacia mí y la tomé sin temor. Ya no me importaba a dónde iríamos.
Definitivamente sentía algo por aquel torturado ser. Inmortal o no. Pero su alma estaba hecha pedazos.
