Crescendo:

Aquel miércoles por la mañana, Kahoko se sentía bastante intranquila. La noche anterior Ousaki le había pedido que se juntaran después de su jornada en Seiso para ir a dar algunas clases infantiles. Por lo general, a ella le encantaban esos momentos, pero recordó lo acordado con Tsukimori y no sabía que hacer al respecto.

Llevaba cuatro días sin saber nada de Len, a pesar de las numerosas ocasiones en las que había estado a punto de llamarlo. Pero, ¿qué podía decirle? No tenía una excusa real para hacerlo, aparte del hecho de querer saber que seguía en Japón y no había vuelto a marcharse. Aparte de eso, como su relación con Ryotaro también mostraba cierta tensión, él hablar con Tsukimori le parecía abiertamente una traición hacia él.

Y ahora que necesitaba comunicarle los planes que tenían para esa tarde no se decidía a coger el teléfono, se dijo con un suspiro de frustración mientras tomaba sus cosas para irse a la universidad. Lo llamaría a mediodía, se prometió. Sí. Ese día definitivamente lo haría.

Sin embargo, nada más salir de su casa deseó haberse quedado en cama. Aquel elegante coche aparcado frente a su puerta solo podía pertenecer a una persona, y no a una que quisiera ver precisamente ese día. Aun así, y obedeciendo a un hábito adquirido después de años, entró obedientemente en el vehículo cuando la puerta se abrió. La mayoría de las veces intentar oponerse a Yunoki era una causa perdida. Ella ni siquiera se molestaba en hacerlo.

—Bueno días, Kahoko —le dijo él con una sonrisa mientras sus ojos miel la miraba con detenimiento—. ¿Tienes algún pequeño secreto que contarme?

Gimiendo para sus adentros, se dijo que seguramente él ya estaba al tanto del regreso de Tsukimori. Azuma Yunoki era el tercer hijo de un importante familia, por lo cual sus contactos eran extensos e importantes, algo con lo que Kahoko solo podría soñar. Después de años tratando con aquel hombre, ya estaba mas o menos acostumbrada a su manera de ser, o por lo menos a su verdadera forma de ser, una que conocían muy pocos. Si no es que nadie aparte de ella. Que afortunada era, pensó con evidente ironía.

Guapo, amable y gentil, Yunoki aparentaba ser alguien a quien era difícil no apreciar o admirar, sin embargo bajo todo aquella fachada de perfección, se escondía un carácter mucho más manipular, controlador y exigente. Ambos eran uno solo, pero después de cada encuentro con él, Kahoko sentía como si hubiera tenido que lidiar con más de diez. Era agotador, porque nunca sabía que esperar.

—Yunoki, de verdad no era necesario que pasaras a recogerme. Además, estoy segura de que ya conoces la respuesta a esa pregunta —le dijo ella mientras se concentraba en mirar por la ventana. A pesar de su decisión de no mostrar curiosidad, al final lo miró nuevamente—. ¿Cómo lo has sabido tú?

—Ah, ¿curiosa? Bueno, lo de Tsukimori ha sido solo una casualidad. He tenido que hacer un viaje relacionado con los negocios familiares y en una pequeña recepción me he encontrado con su madre. Ella estuvo encantada de contarme de su regreso y esperaba que le diéramos una calurosa bienvenida. ¿Estas contenta, Kahoko?

Confundida, enfadada, ansiosa, un poco triste y sí, contenta. Durante los último días su vida se había convertido en un ir y venir de emociones sobre las que ella muchas veces sentía que no tenía ningún control. El regreso de Tsukimori lo había cambiado todo y no estaba segura aun de si ese cambio le terminaba de gustar o no.

—Es un amigo al que no veo hace mucho tiempo. Es lógico que esté contenta.

Azuma se inclinó levemente hacia ella lo que provocó que su largo cabello púrpura la rozase. No era un acercamiento en toda regla pero si era suficiente para perturbar su espacio y alterarla. Él le susurró al oído.

—Pequeña mentirosa. Estoy convencido de que el regreso de Tsukimori te ha alterado profundamente. Los reencuentros suelen producir eso efecto, sobre todo cuando existe un rival en el corazón de quien espera. Sería interesante saber lo que Tsuchiura opina al respecto.

Aquello era tan propio de Yunoki, pensó ella mientras miraba con alivio las conocidas calles que rodeaban la sede de la universidad. Pronto podría verse libre de él y sus pláticas inquietantes. Cuando estaban solos, siempre parecía dispuesto a ponerla en situaciones difíciles solo para divertirse.

—Lo comprende —se atrevió a aventurar Kahoko a pesar de que su última charla con Ryotaro sobre Tsukimori no había salido precisamente bien—. Él… Ryotaro sabe que hay cosas que debo aclarar con Tsukimori y este es el momento adecuado para que lo hagamos. Solo es eso, nada más.

El coche se detuvo frente a la entrada de la universidad y un suspiro de alivio escapó de sus labios, pero antes de que pidiera poner siquiera un pie fuera, Azuma le sujetó la mano para retenerla un segundo más.

—Mmm… supongo que me quedaré por aquí un tiempo más para ver a Tsukimori y sobre todo para saber como acabará esta historia tan interesante. Contigo, Kahoko, es tan difícil aburrirse. Así que se una buena niña y dame un espectáculo interesante.

Kahoko lo fulminó con la mirada y fue a apartar la mano de un tirón, pero Yunoki fue más rápido que ella y se la llevó a los labios para besarla, demorándose un minuto más de lo adecuado. Le sonrió con descaro.

—Gracias por traerme, Azuma —le dijo ella una vez fuera de su alcance—. Ha sido… interesante.

—Como siempre, el placer es mío. Y por cierto, cuando te he comentado acerca de quien lleva tanto tiempo esperando, no me refería ni a ti ni a Tsukimori —la sonrisa de Azuma se hiso aun más amplia al percibir la confusión en sus ojos—. Lo decía con Tsuchiura, porque él es quien siempre ha estado esperando: a que Tsukimori regresara para intentar conquistarte limpiamente, a que tu pena pasara para poder estar contigo. A que lo quieras algún día tanto como te quiere él a ti. Si eso es posible, aun está por verse. Que tengas un buen día, Kahoko.

Mientras observaba marcharse el coche de Azuma, Kahoko notó como el peso de todo aquello la hundía aun más. A veces, pensaba que podía odiar a aquel hombre, sobre todo porque lo que le decía solía ser verdad y la perturbaba profundamente.

Ryotaro siempre le había dado mucho más de lo que ella podía darle. Y aunque lo deseaba, no sabía si aquello podría cambiar.

Por mucho que se intentara, el corazón no obedecía órdenes de nadie.


Después de dos horas de prácticas de violín en las que apenas había podido concentrarse, Len estaba desesperado por hacer algo respecto a Kahoko. Durante los cuatro días pasados desde su último encuentro, había intentado ser paciente y no presionarla, sin embargo comenzaba a temer que ella hubiera decidido no verlo más y por ese motivo guardaba las distancias con él.

Dios, era patético.

Pensó en llamar a su madre para preguntarle como les iban las cosas en su viaje, y quizás de paso pedirle disimuladamente un consejo sobre como proseguir con aquello. Pero la sutileza no iba con ella y seguramente terminaría descubriendo cual era su problema y aconsejándolo a hacer algo de lo que después se arrepentiría.

No. Llamar a su madre no era una opción.

Miró por enésima vez su móvil maldiciéndolo por no sonar. No podía seguir más así, aquel día la iría a ver aunque no fuera lo más adecuado. Pero, ¿dónde? La universidad o la academia Seiso serían los sitios más apropiados, ya que podría fingir un encuentro casual sin que pareciera que la estaba presionando, pero no tenía ni la menor idea de sus horarios. La única opción viable era su casa, pero…

Cuando oyó que su móvil sonaba y comprobó que era un número desconocido, notó como el corazón se le aceleraba de la ansiedad. Que fuera, Hino, que fuera Hino. Solo esperaba que fuera ella.

—¿Diga?

—¿Tsukimori? Soy Hino.

Len casi suspiró de alivio y se sentó para intentar calmarse un poco. Solo era una llamada telefónica, ¿qué demonios le ocurría?

—Lo sé —no, aquello estaba mal se dijo con nerviosismo—. Es decir, lo suponía.

—Bueno… espero no interrumpirte, pero como me habías dicho que te interesaba asistir a las prácticas infantiles pensé… Veras, Ousaki me ha avisado que hoy tendremos unas cuantas horas libres en la academia y quiere que las aprovechemos. Si aun estas interesado…

—Sí, sí —se apresuró a responder Len—. Solo dime donde y a que hora. Estaré allí sin falta, Hino.

La oyó reír a través de aparato y fue como si un alivio que no sabía que necesitara se metiera dentro de su cuerpo. Ella siempre había tenido aquel efecto en él. Como una especie de bálsamo que calmaba lo más doloroso y duro de su vida.

—A las cuatro de esta tarde estará bien. Nos encontramos en la entrada de la academia, ¿te parece?

—Claro. Nos veremos allí —Len sintió el tonto impulso de alargar un poco más la conversación pero no sabía como. Aquello nunca se le había dado bien—. Hino, gracias por esto.

—Mmm… recuerda lo agradecido que te sientes cuando estés rodeado de niños ruidosos, Tsukimori. Nos vemos esta tarde. Adiós.

Le hubiera gustado decirle tantas cosas, pero su problema era siempre ese: le hubiera gustado. Hubiera deseado. ¿Cuando cambiaria y tendría el valor suficiente para sacar fuera lo que realmente sentía? Bueno, aquel viaje era su oportunidad para arreglar muchas cosas, y quizás aquel fuera otro cabo suelto en el caos que se estaba convirtiendo su vida.

Se dejó caer en el sofá y cerró los ojos un momento asimilando todo aquello. Hino lo había llamado y mantuvo su promesa de invitarlo a participar en una de sus clases, aquello era bueno. La oportunidad que había estado esperando para lograr que ella lo perdonara y poder dejar aquel punto entre ellos resulto, sin embargo tampoco podía quitarse de la cabeza su conversación con Tsuchiura.

Su relación con Ryotaro Tsuchiura siempre había sido extraña, se recordó Len. Ambos talentosos. Músicos excepcionales. Y sin embargo completamente opuesto en cuanto a lo que esperaban conseguir respecto al talento que tenían. No había nada en lo que estuvieran de acuerdo pero en más de una ocasión, comprendió que de algún modo, aparte de Hino, Tsuchiura era quien mejor lo entendía y eso lo frustraba.

Era consiente de que a una parte de él mismo le atormentaba la idea de no poder ser completamente leal a lo que Tsuchiura esperaba de él: que solucionara las cosas con Hino y se largara para siempre, si fuera posible. Pero por otro lado, después de haberla visto nuevamente, sabía que no podría conformarse solo con una amistad, porque una parte de su corazón siempre ansiaría aquello que pudo tener y dejó escapar.

¿Qué hacer?, se preguntaba Len una y otra vez. Si intentaba arreglar las cosas con Hino seguramente Tsuchiura lo odiaría el resto de su vida, algo lógico si se tenía en cuenta que estaba pensando en quitarle a su novia. Y en el caso que dejara todo tal cual, estaba seguro que una vez lejos de ella, no tendría paz mental nunca más en su vida. En una ocasión sobrevivió a esa separación a pesar de lo difícil que fue, pero no estaba seguro de poder lograrlo otra vez.

Por el momento, se dijo, era mejor vivir las cosas como vinieran. Disfrutar de las oportunidades que Hino le fuera dando y seguir el consejo de su madre para intentar recuperarse un poco después de aquellos años de continuo desgaste.

Aquella tarde la vería, disfrutaría de su compañía y aquella risa fácil que le había llegado al corazón. Durante unas cuantas horas podría fingir que aquel error cometido años atrás jamás había existido y que aquella felicidad robada en verdad le pertenecía, aunque fuera un poco.

Durante años, había sido alguien que luchaba incansablemente por conseguir sus objetivos, se dijo Len. No recordaba en que momento de su vida había dejado de hacerlo. De que le importara.

Quizas, cuando perdió a Hino, también extravió su camino. Y quería volver a encontrarlo.


Kahoko llegó corriendo a la puerta del instituto en el mismo momento en que Tsukimori también llegaba a ella. Él le dirigió una mirada interrogativa a la que ella le contestó con un gesto de la mano para pedirle que esperara un momento mientras recobraba el aliento. Necesitaba hacer más ejercicio, se recordó con desgana.

—Atraso… en clases… —logró decir mientras comenzaba a respirar con normalidad y le sonrió abiertamente—. ¿Preparado, Tsukimori? Te advierto que será una jornada agotadora.

—No lo puede ser más que horas y horas de prácticas para un concierto.

—Oh, no me hagas recordarte después que te lo advertí. Esos chicos son incansables. Te volverán locos.

Kahoko no pudo evitar que el entusiasmo que siempre la embargaba cuando iba a dar aquellas clases se reflejara en su voz. Tsukimori también debió percatarse de ello porque le devolvió la sonrisa, algo bastante extraño en él.

Durante un breve instante se quedaron así. Atrapados en aquel momento, pendientes cada uno del otro como si fuera lo más importante del mundo. Una conexión extraña a la vez que elemental, como si fuera lo correcto. Lo que siempre habían estado esperando.

Un rápido saludo los sacó de su estado de ensoñación, y Kahoko con las mejillas encendidas por la vergüenza, se giró a saludad a Ousaki que acababa de llegar junto a ellos y parecía encantado con la presencia de Tsukimori.

—Len Tsukimori —le dijo Ousaki mientras le tendía alegremente la mano que el otro chico aceptó—. Que sorpresa más agradable tenerte nuevamente por aquí.

—También me alegro de verte, Ousaki —respondió Tsukimori—. No llevo aun muchos días en la ciudad, por lo que solo me he encontrado con Hino. Espero que no te moleste el haberme presentado hoy aquí para acompañarlos a las clases. Pensé que sería agradable recordar un poco.

—Claro que no. Mientras más seamos, mejor, además todo lo que se oye sobre ti son alabanzas hacia lo extraordinarias que son tus presentaciones, y te felicito por ello. Pero es bueno tenerte aquí simplemente como un exestudiante más de Seiso. Keiichi Shimizu y Aoi Kaji estarán entusiasmados con tu visita.

Tsukimori la miró intrigado y un poco inquieto. Kahoko se regañó mentalmente por haber olvidado comentarle aquello, pero había pensado que ninguno de sus amigos se presentaría aquel día a las prácticas ya que tanto Kaji como Keiichi le habían dicho que probablemente tendrían cosas que hacer.

—No sabía que ellos participaban también —le dijo Tsukimori a Ousaki pero pareció relajarse un poco—. Me alegrará verlos.

—No pueden venir tan a menudo como me gustaría pero ambos hacen el esfuerzo. Lo mismo Kazuki Hihara y Ryotaro Tsuchiura. Incluso a veces Yunoki y Fujuumi se nos unen. Pero generalmente vamos rotándonos, y solo en contados ocasiones podemos reunirnos todos. Con tu estadía en Japón sería algo bonito, ¿no crees? Podríamos ponernos de acuerdo y acordar un día para una reunión de grupo.

—Claro —dijo Len y le lanzó una mirada implorante a Kahoko mientras Ousaki no les prestaba atención.

En aquel momento Kahoko podría haberse echado a reír al ver lo angustiado que parecía él con todo aquello. Era tan propio de Tsukimori sentirse incomodo con las muestras de afecto. Podía ser un prodigio con el violín y un músico famoso, pero en lo relativo a tratar con las personas, estaba bastante limitado y por eso en muchas ocasiones podía resultar bastante intratable.

—Ousaki, no lo presiones más —intervino Kahoko y tomó a su maestro del brazo guiándolo hacia el coche para poner fin a la difícil situación de Len—. Primero concentrémonos en la clase de hoy. Si Tsukimori no sale corriendo luego de haberse enfrentado a ella, ya pensaremos en que hacer después.

Giró levemente la cabeza hacia atrás para mirar a Tsukimori que los seguía bastante más tranquilo. Ella le guiñó un ojo a la vez que le sonreía y tuvo el placer de ver que él también lo hacía. Una pequeña sonrisa en sus labios le bastaba por el momento, pero estaba decidida a lograr que Tsukimori riera abiertamente algún día.

Aquel pensamiento la sorprendió un poco pero tuvo que reconocer que era algo que sentía realmente. A lo mejor las cosas entre ellos ya no podrían ser como soñaron tiempo atrás, pero una amistad seguía siendo posible y ella estaba dispuesta a luchar por conseguirla y si con eso podía lograr que la vida tan triste y seria de Tsukimori se llenara de un poquito más de color, ella lo haría. Kahoko Hino nunca se daba por vencida, y no comenzaría ha hacerlo en ese momento. Sobre todo con algo tan importante.

Mmm… sí. Llenar de colores un mundo teñido de gris le parecía la tarea más importante de su vida.


Bueno, aquí está el cuarto capítulo de este fanfic y espero les haya gustado. Muchas gracias a todos los que se dan el tiempo de leer y a quienes han dejado comentarios. Hasta la próxima semana.

Wyrth: La verdad es que sí, ha salido bastante más dramático de que lo tenía en mente en un comienzo pero va a tener un final feliz, sin duda.

ShadowDancer: Gracias por tus palabras, y sí, tendrá un final feliz aunque les quede sufrir aun un poco. Por lo menos este capítulo no ha estado tan triste como los anteriores, ¿verdad?