Capitulo 4.
Sienten el castillo temblar. Ella se detiene, pero no es por eso.
— ¡Hermione! ¡Hermione! —la llama el pelirrojo —. Vamos, Hermione, hay que llegar a la cámara —apresura el chico jalándola de la mano.
—Si, si, vamos —reacciona la castaña y siguen caminando.
¿Por qué se detuvo? Porque "lo vio". Primero su cabello claro y su piel pálida, después… sus ojos. Sus inconfundibles ojos grises se encontraron con los suyos y eso… la paralizó. Era él, no pudo imaginárselo, era él, sin duda lo era.
Siente que alguien la jala hacia abajo, ella cae, reacciona y ve que su pelirrojo amigo esta tendido en el suelo.
—Ron, Ron, Ron, ¿qué te pasa? —lo llama moviéndolo, pero el chico no reacciona.
El castillo tiembla de nuevo, la barrera ha caído por completo.
— ¡Ron! —grita la castaña.
Luces verdes y rojas se ven por todos lados, pronto llegaran a donde ellos están. La chica saca su varita y apunta hacia todos lados. Se paraliza de nuevo. Unos grises ojos la miran al pie de una escalera y una varita apunta hacia ella.
—Desmaius —escucha y todo se pone negro.
Despierta. Esta en un salón vacío. Sola…, excepto por alguien inconsciente que esta a no mas de cinco metros de ella. Recuerda lo que pasó.
— ¡Ron! —grita acercándose a sus amigo.
—Tranquila, no esta muerto —escucha que alguien dice a sus espaldas.
Siente su piel estremecerse. Se levanta y busca su varita, pero no la encuentra, mira al dueño de aquella voz.
— ¿Buscas esto? —dice el chico mostrándole su varita.
—Dámela —pide clavando su mirada en aquel delgado trozo de madera, no puede mirarlo a los ojos, pues sabe que se paralizara de nuevo.
— ¿Cómo estas? —pregunta el rubio, ella nota ¿preocupación? en su voz.
—Dame mi varita y despierta a Ron, tenemos que hacer algo importante —dice la castaña, aun sin mirarlo.
Él guarda la varita en su túnica. Ella mira al suelo.
— ¿Algo importante? ¿Qué? Anunciar su noviazgo antes de que todos mueran —dice Draco con ¿celos?
— ¿Noviazgo? ¿De que demonios estas hablando?
—Que rápido olvidaste todo lo que ese idiota te hizo hace un año, que rápido olvidaste que te hizo a un lado por su empalagosa novia, que rápido olvidaste que te dejó sola —dice el chico acercándose a ella —. No recuerdas que se olvidó de ti, que si no fuera por mí, tu única compañía hubieran sido los viejos libros de la biblioteca —estaban a tan solo un metro de distancia.
—Yo no te pedí que me acompañaras, ¿o si? No recuerdas que fuiste tú el que llegó y se quedó conmigo —dice levantando la mirada y enfrentándose a esos fríos ojos.
Le reclama por algo que no existe y por algo que él decidió hacer, como si ella lo hubiera obligado. Se miran directamente a los ojos, ninguno dice nada, ninguno sabe que decir. Él sabe que lo que ella dice es cierto, él fue el que llegó, el que se acercó; ella nunca le pidió que se quedara, ella nunca…
— ¿Por qué? —pregunta Hermione sacándolo de sus pensamientos. El rubio la mira sin entender —. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué… decidiste… acompañarme?
¿Por qué? Esa pregunta llevaba otras mas, preguntas que se formularon en la cabeza del rubio en un segundo…
¿Por qué decidió acompañarla? ¿Por qué decidió volver a Hogwarts y pedirle que se cuidara? ¿Por qué decidió hacer algo para salvarla de Bellatrix? ¿Por qué no dejó de pensar en ella desde entonces? ¿Por qué, cuando se enteró de lo ocurrido en Gringotts, se preocupó aun más? ¿Por qué en cuanto la vio de la mano de Weasley lo atacó? ¿Por qué decidió desmayarla a ella? ¿Por qué la llevó hasta ese salón vacío?
Y las respuestas a todo eso, no tardaron en llegar…
Porque él se sentía igual de solo que ella; porque su misión de matar a Dumbledore lo estresaba demasiado; porque creyó que podría molestarla aquella vez en la biblioteca y sacar algo de su frustración; porque nunca pensó que regresaría y al día siguiente ya estaba ahí, acompañándola; porque con el tiempo, a pesar de no hablar de nada, comenzó a fijarse en lo que ella era en verdad; porque mas haya de ser una rata de biblioteca, una sabelotodo, una comelibros, una… sangre sucia, era una chica valiente, decidida, humilde, cálida, linda; porque no permitiría que nadie la fastidiara, la dañara; porque a pesar de no planearlo ella se volvió la única persona que valía su preocupación, porque ella se preocupó por él, ella lloró por él; porque necesitaba hablar con ella, no sabe de que pero lo necesita… la necesita…
— ¡Malfoy! ¡Responde! —grita la castaña devolviéndolo a la realidad.
—Porque… te necesito —susurra y se acerca a ella, quedando a centímetros de distancia. La castaña siente su corazón latir desembocado.
—No entiendo —dice Hermione en voz baja, sin moverse.
— ¿Qué no entiendes? Que te necesito, que eres la única persona que perece preocuparse por mí y la única por la que yo me preocupo, que sentía que me moría al ver lo que la loca de mi tía te hacia en mi casa —Hermione sintió sus ojos humedecerse, Draco puso una de sus manos en la mejilla de la chica —, que no dejo de pensar en ti, que me molesto verte tomada de la mano del estúpido de Weasley —puso su otra mano en su otra mejilla y se acercó mas a ella —, que me importas, que siento todo lo que te he hecho desde que nos conocimos —sus rostros, sus labios, estaban a milímetros de encontrarse —. Que… te quiero —murmura y una lágrima escapa de los marrones ojos de la chica.
—Malfoy…, por favor…, no lo hagas —pide Hermione con voz entre cortada.
—Creí que había dejado de ser Malfoy —otra lagrima brota de los ojos de la castaña, ella aparta su mirada de los ojos del rubio.
—Mírame —pide Draco en un susurro, ella obedece y él… termina con el espacio que los separa.
Sus labios se unen con los de ella, son más suaves de lo que imaginó. El beso es lento, como una tierna caricia, Hermione no quiere aceptarlo, pero cuando siente como si una corriente recorriera todo su cuerpo, su lado racional cae ante el beso y se deja llevar por el sentimiento. Sube sus manos al cuello del rubio y una de ellas se escapa hasta su rubio cabello, alborotándolo. Sus labios se abren un poco, ambos disfrutan de cada momento que dura el beso como si fuera el último, pues saben que es cierto. Draco lleva una de sus manos a la cintura de la chica y la pega a su cuerpo, su otra mano se va hacia su nuca y atrae más sus labios. El beso se vuelve mas intenso. Sus labios se abren y la lengua de uno explora la boca del otro. El único sentimiento que uno pudiera percibir al ver aquella escena es… amor.
Sus labios se separan, sus cuerpos no. se miran, lagrimas resbalan por las sonrojadas mejillas de ella. Él sabia que lloraba, pues durante el beso sintió sus saladas lagrimas colarse entre sus labios. La mano que se encontraba en su nuca la lleva hasta sus mejillas y limpia las lagrimas de la chica, con delicadeza, con ternura, con cariño, con… amor.
Se escucha una explosión muy cerca de ellos. Se separan de golpe, por inercia, y ambos miran a la puerta. No pasa nada. Se miran de nuevo el uno al otro.
—Yo… tengo… que… —balbucea Hermione.
El rubio saca la varita de su túnica y se la da, ella la toma.
—Gracias… —dice la castaña.
Draco no dice nada, solo la mira, después camina hacia la puerta y la abre, la castaña lo sigue con la mirada, él se detiene en el marco de la puerta y gira su rostro quedando de perfil, sin mirarla.
—Un finite servirá para despertarlo —dice y seguido de eso se va.
Hermione suelta un sollozo y se tira al suelo de rodillas. ¿Por qué lo hizo? Ella igual había llegado a necesitarlo, a… quererlo…, pero después de la muerte de Dumbledore, a pesar de saber que él no lo mató, había decidido olvidarlo, que algo hubiera entre ellos era sencillamente imposible, había decidido tratar de retomar su enamoramiento hacia Ron, y lo estaba logrando, o eso creía ella, hasta que lo vio de nuevo en Malfoy Manor…, hasta lo que acababa de pasar.
Otra explosión suena cerca de ella, exaltándola. Entonces recuerda donde esta, recuerda lo que deben hacer. Se levanta y se acerca al pelirrojo.
—Finite Incantatem —dice apuntándolo con su varita y el chico despierta de inmediato.
— ¿Qué pasó? —preguntó Ron confuso, sobando su cabeza.
—Te atacaron, pero tenemos que movernos, tenemos que ir a la cámara —explica
— ¿Me atacaron? ¿Tú estas bien?
—Si, Ron, estoy bien, pero vamos, hay que apurarnos —apresura la chica, él se levanta y sin decir mas ambos salen rumbo a su destino.
Ella no puede sacar de su cabeza lo que pasó, pues su corazón aun late con fuerza, el cosquilleo de sus labios sigue ahí y un inquietante olor a menta se ha impregnado en su piel...
