Realmente estoy encantada con este fic. Voy a mil por hora y no me canso de escribirlo. Es en serio. Quien quiera que la alargue un poco más, que lo diga.
Aunque no muchos capis. Jaja…
Undomiel de Vil – muchas gracias. Y sí adoro el romanticismo. Por cierto, ¡gracias por añadirme a favoritos! ¡Me hizo mucha ilusión!
Lady Layil Black – gracias a ti. ¡Mira que perder el tiempo leyendo esto…! En verdad, gracias.
Sailor Earth7 – gracias por leer.Sí, la verdad es que lo he hecho con ese propósito. Ya estaba un poco harta de leer sobre tantas complicaciones entre la parejas y metiendo gente donde no eran necesarios.
Así que me dije, ¿por qué no centrarnos tan sólo en los verdaderos protagonistas? Y salió esto.
Con sinceridad, lo de la brisa me salió del alma.
Latnetzi – si te digo la verdad, llevaba ya mucho tiempo pensando en hacer un fanfic así. Por que de canciones ya hay muchos. ¡Y claro que lo terminaré! ¡Estoy en racha!
Sara – sí, la verdad, a mi también me gusta mucho el poema. Nada más verlo me enamoró. El último verso (en mi humilde opinión) significa que SIEMPRE queda esperanza, que, no todo se lo ha tragado la tierra. Y por eso lo de Late, corazón…, que viene a decir, que tu corazón debe seguir latiendo por esa pequeña esperanza. Jaja, me he vuelto analítica de poemas.
ManDark – gracias, a ti. Elevado a la infinitésima potencia. Eso de que te ha encantado, que has amado, que te ha inspirado, que has sonreído… no lo dirás en serio, tampoco es tan bueno! Jaja, gracias por leértelo, de verdad.
Alega Sumino-Sham – gracias. Sí, jaja. Harry lo confunde, eso me gustó mucho. Es muy bonito. (Y no es por que lo diga yo).
Espero que les guste.
Por cierto, el poema es mío, y en vez de ponerlo entero al principio y al final, como he venido haciendo desde el primer capítulo, he decidido poner la mitad al principio y el resto al final. Así no me pasaba de las seis-siete, páginas que hago por capi.
OooOoooOooOoooOooOoooOooOoooOooOoooOooOoooOooOoooOooO
¡Brisa, brisa…!
OooOoooOooOoooOooOoooOooOoooOooOoooOooOoooOooOoooOooO
¡Brisa, brisa!
¡Aviva la llama del amor!
(…)
AureaAspen
15 de febrero de 2006
-Bien, creo que ahora podemos comenzar-dijo la profesora sentándose en su escritorio-. Como habréis podido observar-y en esto miró fijamente a Hermione-, he corregido las redacciones.
Se oyeron unas risitas, y Hermione se sonrojó un poco, pero puso una tímida sonrisa.
-Bueno-continuó la profesora Carpenter, poniendo una mano sobre el montón de redacciones-, debo decir que ha habido un par de redacciones que realmente me han encantado. Y no es por desprestigiar las demás.
Hermione amplió su sonrisa, y miró a Harry, a la vez que éste recibía una palmada por parte de su amigo pelirrojo. Harry bajó la mirada, y observó de soslayo a Draco, que miraba a la profesora, aunque en el mismo momento en el que el moreno apartó la mirada, el rubio sonrió casi imperceptiblemente y le miró unos instantes.
-En fin-dijo la profesora-, ninguno ha suspendido, puesto que todas las redacciones están bastante bien. ¿Sta. Granger, puede ayudarme a repartirlas?
Después de repartir las redacciones, la profesora Carpenter, había decidido leer algunas, para explicar algunos errores comunes y otras cosas. Y fue cuando Harry pudo atender a sus propias reacciones.
Harry se había tensado al percatarse de quien se había sentado a su lado. No era que le molestase, al contrario. Pero, tenerle tan cerca,… no era bueno para sus rebeldes hormonas. Cogió una su pluma y empezó a escribir.
Entonces, oyó como el rubio maldecía en voz baja. Su pluma favorita se había roto. Y la recordó, como la que él mismo le había acercado cuando al rubio cuando se le habían caído las cosas, en la misma clase, unas semanas atrás.
Sin decir una palabra, dejó de escribir y abrió de nuevo su estuche, del que sacó una pluma en perfecto estado. Había sido el regalo de Remus Lupin por su décimo sexto cumpleaños, hacía tan sólo unos meses.
Y en silencio, y sin mirar a ningún lugar en particular, se la acercó al rubio, dejándola encima de sus apuntes.
Draco Malfoy alzó su mirada y observó asombrado al Gryffindor.
-¿Qué…?
-No muerde, Malfoy. Es para escribir. Pero luego devuélvemela, algunos no tenemos el placer de poder comprarnos una al día-dijo el moreno, de forma casual, sin atisbo de burla ni en sentido malvado.
Draco la cogió y sólo dijo una palabra, que logró desconcentrar al ojiverde durante el resto de la hora. Y ya iban dos veces que se la decía. Y ya iban dos veces, y las dos en aquella clase.
-Gracias…
Comenzó a escribir frenéticamente. Intentando olvidarse de quien se encontraba a su lado. Pero era una empresa muy difícil de acometer, fácil de decir y de pensar, difícil de llevar a buen término. Horrorosamente difícil. La próxima vez procuraría que alguien, fuera quien fuera, se sentara a su lado. Y que ése alguien, no fuera cierto rubio Slytherin de apellido Malfoy. Ya que no creía poder resistir mucho sin echarle miraditas cada dos por tres.
Y entonces, cuando Draco Malfoy se movió unos instantes hacia él, para coger la pluma que el moreno le había prestado y que se le había escapado, Harry pudo aspirar el perfume del Slytherin. Un perfume que le resultaba vagamente familiar.
Harry se le quedó mirando, y sus miradas se cruzaron, no supieron que fue, ni como pasó, pero en ese mismo instante, una ráfaga de viento, abrió la ventana más cercana, y algunos folios volaron por la clase.
La gente se revolucionó, al intentar atrapar sus cosas antes de que salieran volando. Gritos de "¡Cógeme aquello!" o "¡Atrápame eso otro!" o "¿Has visto mis apuntes?", "¿Y tú los míos?"; salían de todos los rincones de la clase. Pero ellos no se percataron de nada, siguieron mirándose sin poder apartar los ojos el uno del otro.
Fue cuando Harry lo recordó…
…volaba,… ¡estaba volando!
No sabía como ni cuando había sucedido, pero sabía que volaba. ¡Y no necesitaba escoba! Podía volar a su antojo, haciendo lo que quisiera, sin las restricciones que suponía el volar en escoba. Sentía el viento en el rostro. Sentía como el frío le quemaba el rostro, pero no le importaba…
¡Podía volar!
Y era mejor, que preocuparse por si luego resultaba que había cogido un resfriado, o si se le habían quemado los labios. Para eso había pociones, y unos estupendos ungüentos que la Sra. Pomfrey preparaba a la perfección.
A Harry siempre le había gustado volar. Lo sabía desde pequeño, cuando soñaba con echar a volar como hacían las palomas del parque cuando él corría tras ellas. Le hubiera gustado salir volando en tantas ocasiones…
Volar para escapar de la realidad, para encerrarse en sí mismo y olvidarse del mundo. Para sólo preocuparse de si se cansaba demasiado, o de si se iba a golpear con alguna paloma que estuviera volando a la misma altitud que él…
Jamás había podido imaginar que iba a poder volar sobre una escoba. Pero le había encantado. Y le seguía gustando.
Pero aquello era mejor. Mucho mejor.
Podía hacer cualquier cosa. Entrar en cualquier lugar, como en aquella habitación de verdes cortinas, en la que descansaba un hermoso rubio, que le quitaba el sueño infinidad de veces.
Harry entró por la ventana e hizo volar las cortinas. ¡Cómo le gustaba aquello!
Y allí estaba, durmiendo tranquilamente. Harry sonrió y le meció el cabello. Pero el rubio se volteó y se tapó con la sábana de nuevo. Harry resopló y volvió a acercarse a él, soplando ésta vez más fuerte. Con lo que consiguió despertarle.
Observó como se levantaba y como se metía en el baño. Pero él no entró. No quería violar la intimidad del rubio. Sabía que cómo él, no disponía de mucha. Así que se contentó con oírle murmurar y cantar en la ducha desde afuera.
Y con aspirar ese dulce y embriagante aroma, a savia viva y a limón…
Cuando la ventana se abrió de golpe, a Hermione se le volaron unos papeles, que rápidamente se apresuró a recoger.
Pero el viento, en vez que hacerse menos fuerte, crecía en potencia. Tanto que casi todos los apuntes de los que se encontraban allí, ahora volaban a su antojo por la clase, mientras los dueños de dichos folios intentaban inútilmente cogerlos en el aire.
Hermione estaba confusa. Pero si hacía un día estupendo. Ni nubes ni frío ni viento…
Era como si una fuerza anti-natural era la que provocara todo aquel revuelo de brisa…
Hermione se levantó de golpe de donde estaba agachada recogiendo todos sus papeles, y miró en dirección a su amigo ojiverde.
La castaña lo sabía.
Lo había sabido desde el primer momento en que le conoció.
Pero fue en ese momento cuando lo vio claro.
Y Hermione sonrió.
Y se agachó a seguir recogiendo papeles.
-¿Por qué te has levantado tan de repente, Hermione?-preguntó su pelirrojo amigo cuando la castaña se arrodilló a su lado.
Ella negó con la cabeza.
-Nada, cosas mías…-respondió con una dulce sonrisa.
La profesora lo estaba observando todo. Sabía perfectamente de que se trataba. Y quien había provocado todo aquel desastre. Pero sonrió.
Dumbledore tenía razón.
¡En fin! Habría que echarles una mano.
Y levantó la varita y pronunció un inaudible hechizo.
Draco se calló encima de Harry.
Y el viento paró de golpe.
Pero ninguno de los dos se movió.
Los chicos que estaban intentando, desde que comenzó todo aquello, cerrar las ventanas, pudieron por fin cerrarlas.
Los que estaban recogiendo los folios del suelo, y los que estaban saltando para cogerlos al vuelo, pudieron conseguirlos y así, regresar a sus asientos.
Pero, aún en medio de todo aquel estruendo, ninguno de los dos se separó. Estaban demasiado ocupados mirándose.
Hasta que Harry, que estaba apoyado en el suelo, sobre sus codos, salvó la distancia que había entre sus labios y los de Malfoy…
Y durante unos instantes, ambos pudieron sentir ese hermoso momento, en el que un solo roce puso sus pasiones a flor de piel…
Pudieron sentir de nuevo, aquel roce de sentimientos…
Nadie se había dado cuenta de nada, y ellos estaban de nuevo sentados en sus asientos, incapaces de echarse una mirada de odio o de rencor ni siquiera de confusión.
En realidad ningún tipo de mirada.
Hermione observó a su pelinegro amigo. Estaba ordenando sus cosas como si nada hubiera pasado. Pero estaba claro que algo había pasado. Aunque no se imaginaba qué podía ser.
Hermione negó con la cabeza. Intuía que no lo iba a saber nunca, que aunque le preguntara al moreno, éste lo negaría.
Así que se contentó con hacerse una vaga idea de lo que había sucedido, y volvió a escribir como si,…
…realmente,…
…no hubiera pasado…
…nada.
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AureaAspen
19 de febrero de 2006
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