— ¿Y cuánto tiempo llevas esperando una actualización de éste fic? —
— Han pasado 84 años… —
¡Hola amigos! Cuánto tiempo sin pasarme por éste lugar ¿Verdad? Mil y un cosas ocurrieron en mi vida que me llevaron a alejarme por un laaaargo periodo, pero he regresado con el único objetivo de traerles el final de la historia. ¿Qué les puedo contar? Mi pc murió y perdí muchísima información que tenía (Entre ellos el resto de la historia) y eso me desmotivó muchísimo. Honestamente me frustré demasiado XD
Guardar copias en todas partes: Lección aprendida T_T Agradezco infinitamente sus cometarios, mensajes y su infinita paciencia. Sin más preámbulos con ustedes el cuarto y penúltimo capítulo.
Pensando en esto volando velozmente por el cielo alrededor del nuevo campo de batalla, observó el bello paisaje que se dibujaba bajo si, lo que provocó un enorme gesto de satisfacción, sin duda lo que más le gustaba de ser guerrero era el hecho de poder volar. Súbitamente se detuvo ante la aparición inesperada de su padre.
— Gohan ¿Listo para ir a Kame House? Bulma, tu madre y los demás nos deben estar esperando —
— Sí, claro papá — dicho esto el saiyan mayor llevó sus dedos a la frente, tocó el hombro de su hijo y ambos desaparecieron del lugar.
Capítulo 4: Preocupación
Las olas chocaban con suavidad contra la pequeña y apacible isla ubicada en la región del sur, las mismas que se vieron interrumpidas brevemente por dos guerreros que acababan de arribar al lugar. Se dirigieron sin perder tiempo al interior del hogar donde sus amigos les esperaban.
— ¡Ya llegamos! — exclamó con efusividad el de gi naranja y azul mientras giraba la perilla e ingresaba a la sala, su hijo lo imitó.
— ¡Oh! Qué bueno que ya están aquí — intervino el más anciano del lugar, observándolos a través de sus lentes oscuros con marco rojo. Los demás guerreros hicieron lo mismo.
— ¿Cómo está Maestro Roshi? — comentó el semi-saiya con educación.
— Mmm, muy bien pequeño, no puedo quejarme — instantáneamente sus mejillas se sonrojaron y una sonrisa pícara apareció en su rostro. Se vio estampillado en el suelo por la científica a la cual acariciaba su derrier descaradamente. Los presentes no ocultaron la vergüenza que la escena ocasionaba.
— Grrr ¡Ya me tiene harta! — gruñó Bulma completamente enfadada.
— Jajaja. ¿Y dónde está Milk? —
— Decidió tomar una siesta en la planta alta para estar más tranquila. Ox Satán la acompaña — finalizó el mejor amigo de Goku.
— Ya veo — adoptando una posición pensativa — Será mejor esperar a que despierte, así no estará de mal humor — se rascó la cabeza y sonrió con inocencia.
Esperaron un par de horas entre charlas, juegos y entrenamientos, hasta que la mujer de cabellos azabaches se asomó por las escaleras que llevaban directamente al lugar del encuentro acompañada por su padre. El motivo por el que estaban en Kame House fue revelado por la esposa del saiyajin, lo que causó un ambiente de felicidad: el nuevo miembro de la familia Son sería una guerrera semi-saiya como la había llamado el hombre más fuerte del mundo, causando en Milk un genuino gesto de molestia. Comieron un gran banquete y deliciosos postres cortesía de la heredera de la corporación cápsula. Esa noche todos los involucrados en cambiar el futuro de la tierra, olvidaron por un breve instante la realidad que los aguardaba.
El amanecer se extendía suavemente sobre las aguas del inmenso mar. En el horizonte, el astro rey se asomaba brindando al cielo majestuosos matices entre rojo, naranja y dorado. La tranquilidad era reina en el lugar donde los guerreros Z aún dormían plácidamente. Transcurridos un par de minutos, los primeros movimientos en Kame House se hicieron notar cortesía del hombre de cabellos alborotados. Fregó sus adormilados ojos con el dorso de la mano derecha mientras se sentaba, dio un largo bostezo y estiró sus extremidades superiores. Una sonrisa se dibujó en rostro una vez recobrada la lucidez. Observó a su izquierda y sus ojos chocaron con su esposa, quien al parecer dormía profundamente. La contempló fijamente por unos minutos, sus labios se ensancharon aún más. La encontró bella, radiante. No sabía exactamente de qué se trataba, pero un sentimiento de calidez le llenaba el corazón, una ternura inexplicable lo conmovía hasta sus cimientos, le hacía sentir feliz. ¿Acaso era amor lo que sentía? En muchas ocasiones había experimentado esa extraña y a la vez confortable sensación, sin embargo, no sabía en absoluto como enfrentarse a ella por lo que optaba muchas veces por ignorarla. Ésta vez decidió no hacerlo. Retiró con suavidad uno de los mechones negros que caían por el rostro de la fémina, lo acarició con delicadeza y sus pupilas continuaron perdidas en ella. Detalló su tez blanca, sus orbes cerrados y sus embriagantes labios carmesí. Una fuerza ajena a él lo obligaba a quedarse ahí, algo mágico que lo atraía sin saber la razón. La mujer llevó una de las manos a la del saiyajin sorprendiéndolo notablemente.
— Buenos días Señor Goku — pronunció divertida abriendo los ojos, las mejillas del mencionado tomaron un matiz rojo.
— Bu… Buenos días Milk — rió nerviosamente — ¿Dormiste bien? — atinó a formular.
— Sí, dormí muy, muy bien — la picardía reflejada en su frase obligó al hombre a voltear la mirada. La madre sonrió triunfante ante la peculiar actitud de su acompañante. Se sentó con suavidad. Posterior a ello dirigió las manos a su vientre con ternura y lo acarició unos segundos, captando nuevamente la atención del guerrero — ¿Qué te gustaría comer? Tengo demasiada energía y quiero aprovecharla — finalizó poniendo los pies en el suelo.
— Deberías descansar otro poco — imitando el acto de su esposa el acto, ésta suspiro.
— Lo haría de no ser porque también muero de hambre, tu hija y yo necesitamos el alimento — ambos rieron con ganas. La pelinegra ató su cabello en una coleta alta, se colocó la bata de dormir color magenta y pantuflas del mismo color, por su parte el saiyajin optó por usar su típico traje entrenamiento. Bajaron al tiempo, encontrando a los demás habitantes platicando en tono bajo.
— Hola Goku, Hola Milk. Espero no los hayamos despertado — saludó con vigor el guerrero del desierto.
— No se preocupen, ya habíamos despertado con anterioridad — la que sería madre por segunda vez se dirigió al anciano — Les prepararé un gran desayuno. Maestro ¿Puedo usar su cocina? — la amabilidad habló por ella.
— Por supuesto. Adelante —
—Yo te ayudaré. Será mucha comida con esta cantidad de hombres que comen como si fuera el fin del mundo— llamó la atención Bulma haciendo acto de presencia. Los presentes estallaron en risas mientras las únicas mujeres de Kame House se dirigían a su destino.
— Vaya que están de buen humor — intervino el chico calvo.
— Sí. En definitiva hoy será un buen día — concluyó el de gi naranja. Su presentimiento no pudo ser más acertado. Aprovechando la compañía de sus colegas guerreros, el día pasó entre pláticas, entrenamientos y deliciosos y abundantes platos para satisfacer el enorme apetito de los presentes. La familia son permaneció en la remota isla alrededor de 3 semanas, en donde la fémina de cabello negro disfrutó gratamente del ambiente otorgado por el lugar en medio de la inmensidad del mar. Allí cumplió su quinto mes de embarazo antes de regresar al hogar en medio de las montañas. Su vientre era notorio, lo que causaba una gran simpatía en todos los que la rodeaban, los mismos que estaban a la expectativa y deseaban tener a la pequeña semi-saiyan pronto en sus brazos.
Los guerreros continuaban con su arduo entrenamiento, superando los propios límites de su fuerza. Cada tarde al llegar los aguardaban dos mujeres ansiosas, un baño caliente y abundantes alimentos que volaban en un santiamén. El ki de la pequeña aumentaba conforme avanzaba el tiempo. — "Seguramente será una niña muy saludable" — solía comentar con entusiasmo el saiyan puro de cabello alborotado. El futuro padre por segunda vez tenía una responsabilidad grande con el planeta, con su familia, con ese ser que venía en camino. Estaba decidido a cambiar el futuro por ellos.
— ¿Estás bien?… — formuló en tono preocupado el eterno rival del príncipe de su raza. Era la tercera vez que su esposa se levantaba en la noche, cosa que jamás había ocurrido en todo el tiempo de su vida matrimonial. Normalmente se despertaba, atiborraba de alimentos y volvía a la cama a continuar su sueño plácidamente. Generalmente era el hombre más disperso del mundo, pero en ésta ocasión era inevitable notar el extraño comportamiento de su compañera sentimental.
— No es nada — pronunció la aludida en tono bajo dándole la espalda al amor de su vida. Suspiró profundamente y se dispuso a abandonar la habitación con dirección a la planta baja. Una vez allí divisó su objetivo y se dirigió a él sin mucho afán. Abrió el refrigerador en busca de agua helada, la cual halló sin dificultad. Sirvió un primer vaso y lo bebió de un solo trago. La sensación refrescante en su garganta se hizo presente, aunque fuera por un breve instante. Se dispuso a servir uno más. Esta vez lo bebería poco a poco, por lo que encontró como buena opción hacerlo desde la comodidad de uno de los sillones de la confortable sala. Dejando el agua en la pequeña mesa de centro, se sentó delicadamente. Cerró los ojos y un nuevo suspiro salió de sus pulmones como forma de aliviar la pesada carga que la asfixiaba. Permaneció impávida unos cuantos instantes tratando de no pensar en lo absoluto. Finalmente abriría los párpados para encontrarse con las pupilas fijas del guerrero de tantas batallas exigiendo una respuesta. Sabía que ésta vez no podría eludirlo. Llenó sus pulmones a su máxima capacidad, dejó salir el aire de golpe y contempló su vientre.
Ciudad Estrella naranja. 4:30 pm.
— Perfecto señora, ya puede bajar de la camilla – pronunció el doctor al finalizar el chequeo rutinario de gestación. — Aún requiere bastante reposo, recuerde que su embarazo es de alto riesgo, no puede ni debe excederse ¿Entendido? — le observó por encima de los anteojos, posteriormente regresó la mirada a los resultados de los análisis que acababa de obtener segundos atrás. La denominada "terrícola más fuerte de mundo" aseveró con la cabeza.
— Lo comprendo. Me he estado cuidando mucho, he tratado de lidiar con el estrés y mi mal carácter, sobre todo con Goku. Se marcha antes del amanecer y regresa a altas horas de la noche junto con nuestro hijo mayor, Gohan. Sé que lo hace por el futuro, pero todo el día entre… — se detuvo en seco antes de que sus pies tocaran el suelo.
— ¿Entre?... — repitió el hombre de bata perfectamente blanca, la madre había captado su atención.
— Entre… El hogar y el trabajo… Los extrañamos mucho… — clavó las pupilas al suelo, sus mejillas se tornaron de mil colores.
— Mmm entiendo… Goku es el nombre de su esposo ¿Verdad? —
— Sí, así es —
— Cuénteme ¿A qué se dedica? —
— Él… él es… — "Un sujeto de una raza guerrera que está entrenando para salvar a la tierra de unos temibles androides y así evitar la aniquilación de la raza humana" contestó mentalmente para sí misma. — Agricultor… — soltó el primer oficio que llegó a su mente. Rio internamente al imaginarse al padre de sus hijos manejando un tractor y con traje de granjero. Sencillamente era una mentira muy difícil de creer — Trabaja más allá de los montes aledaños a nuestro hogar, como podrá imaginar, el acceso a ellos toma bastante tiempo.
— Lo imagino, considerando que su residencia se encuentra en la montaña Paoz según la información consignada aquí. — Señalando uno de los papeles que sostenía en sus manos — ¿No ha pensado en vivir en la ciudad? Al menos mientras termina su embarazo. Así sería mucho más sencillo para usted realizar sus exámenes y controles, opino que se ahorraría bastante tiempo. — Milk fijó las pupilas en las de su interlocutor, tardando un par de segundos en contestar.
— Tiene mucha razón. Lo tendré en cuenta. Muchas gracias — para concluir le brindó una agradable sonrisa, la cual fue correspondida.
— Muy bien. Eso es todo por el día de hoy. Tal vez nos veamos en 3 meses para su parto, le deseo mucho éxitos — finalizó el especialista brindándole ayuda para ponerse de pie.
— Jajaja. Doctor se ha confundido, será en menos tiempo, entro a mi octavo mes — la faz del médico se tornó seria instantáneamente.
— ¿Está segura de lo que me dice? — el tono utilizado por el hombre la puso en sobre aviso. Éste leyó con detenimiento los resultados una vez más. Se dirigió a la computadora de inmediato.
— Por supuesto — afirmó con convicción. Un breve instante que pareció una eternidad, el hombre de anteojos clavó sus orbes en los de la fémina. Un escalofrío recorrió su espina dorsal. — ¿Sucede algo malo? — formuló con el temor hablando por ella.
— Siéntese nuevamente por favor, me temo que nos encontramos en una situación delicada… —
Fin flashback.
Los orbes de la madre se llenaron de lágrimas, que rodaron sin tregua por sus mejillas. Su acompañante la atrajo suavemente contra su torso, acogiéndola entre sus poderosos brazos. No sabía aún el motivo de su comportamiento, de su llanto. Impotencia tomó su nombre.
— Milk, calma, por lo que me has dicho, esto no es bueno para ti, para nuestra pequeña guerrera. Por favor ¿Dime que sucedió después de eso? — pronunció con disfrazada voz solemne en un intento de apaciguar la situación que aún desconocía. La mujer se alejó unos cuantos centímetros levantando así la vista hacia el rostro de su amado.
— ¿Recuerdas la vez… que tuvimos… que fuimos de emergencia al hospital…? — articuló entre sollozos, el padre por segunda vez asintió. Ese momento, no lo olvidaría…
— Goku… por favor — pronunció con debilidad en la voz mientras se sujetaba el abdomen en posición fetal. El mencionado se sentía completamente inútil. ¿Serían síntomas normales del embarazo o sería algo más? Era la primera vez que le ocurría algo así. Intentó acariciar su vientre, percatándose allí que le costaba respirar, aquello lo alertaría sobremanera. Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas, lo observó fijamente de manera suplicante. Aquello impactó al hombre de tal modo que no dudó un solo instante en tomarla entre sus brazos como sí del más frágil cristal se tratase y salir volando con dirección a ciudad estrella naranja. Le costaría alrededor de 10 minutos divisar el hospital central.
Fin flashback.
— Esa ocasión fue un riesgo para nosotras — tomó un respiro para proseguir, pues buscaba las palabras para hacerle entender a su esposo la circunstancia a la que se enfrentaban — Desarrollé una enfermedad asociada al embarazo, la cual puede tener múltiples orígenes: Una infección urinaria o el estrés suelen ser factores comunes para ocasionar esto… Me trataron y por esa razón al regresar tuve que permanecer en reposo absoluto —
— Por eso Ox Satán preparaba la cena ¿Verdad? — a pesar de lo inocente de la pregunta, fue formulada con la mayor seriedad del mundo.
— Sí… — comentó la fémina, confirmando lo evidente. — Goku… esa enfermedad afectó a nuestra hija… Izumi… Izumi… — un mar de líquido cristalino emergió una vez más por el rostro femenino. — No ha estado recibiendo el alimento que requiere y a causa de ello su crecimiento se detuvo… por eso el especialista sacó la conclusión de que tenía alrededor de 6 meses de gestación — quebrándose por completo. Las palabras retumbaron en la mente del saiyan puro. Si bien no entendía completamente la explicación de su esposa, sabía que se trataba de algo sumamente grave, muy en su interior sabía lo que implicaba. Se concentró en el ki de la pequeña y solo hasta ese momento se percataría que éste permanecía sin incremento alguno. Era extraño, definitivamente algo estaba mal. El hombre permanecería impávido. Inmerso en sus pensamientos, recordaría algo que le devolvería toda motivación.
— Milk, escucha. Debe haber una solución, algo que podamos hacer por el bienestar de Izumi, así como Tru… como ese muchacho del futuro que trajo la medicina para mi enfermedad del corazón — la determinación del rival de Vegeta resplandeció con la fuerza de mil soles. La de cabello azabache detendría sus lamentos.
— Debo descansar… estar tranquila… alimentarme bien y tomar algunos suplementos… — dijo mientras señalaba algunos frascos encima del refrigerador, que por supuesto nadie había notado. El guerrero extraterrestre tomó el rostro de su compañera sentimental, limpiando el llanto restante con la yema de sus dedos. Ambos intercambiaron miradas, aquellas que se fundieron rápidamente en una sola.
— Escucha. Izumi estará bien, todo saldrá bien ¿Entendido? —
— Así será — el hombre esbozó una alegre sonrisa y posteriormente se dirigió al vientre de su esposa. — No permitiremos que nada te pase, debes ser fuerte como tu madre, tú nos ayudarás a salvar el planeta de las terribles amenazas que siempre enfrenta. Crecerás como toda una guerrera, aprenderás a manejar tu ki y a volar por los cielos ¿No te encantaría?... — expresó con gran euforia, contándole historias de sus aventuras pasadas a la futura semi-saiya. Al día siguiente despertaría en su habitación, había perdido completamente la noción del tiempo y no recordaba el momento exacto en que quedó en brazos de Morfeo. Ese día y los siguientes pasarían rodeadas de familia y amigos, pues la hora final se aproximaba.
Continuará…
Un capítulo bastante corto para años sin actualizar, pero corté muchas de las cosas que había escrito porque creo que quedaban más apropiadas en el siguiente. Nos vemos pronto: ¡El capítulo final ha llegado!
