Capítulo 4

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Rivaille caminaba a paso apresurado hasta su oficina.

En cuanto llegó, entró y cerró de un portazo. Se recargó contra la pared y suspiró mientras se apretaba el puente de la nariz.

- Ah… ¿Qué carajos estaba pensando? – susurró para sí mismo – Es sólo un mocoso…

Alzó la vista hacia el techo. Estaba trastocado por su comportamiento, para nada propio de una persona adulta… se había dejado llevar por sus instintos y casi se aprovecha de un niño… porque eso era Eren: un renacuajo de quince años apenas…

- Joder… – exclamó.

De nada servía seguir dándole vueltas al asunto. Era la tensión sexual acumulada más que seguro. El mocoso debía estar agradecido de que la voz de la razón le pegó antes de que llevaran el asunto hasta el punto sin retorno…

Se sentó en su escritorio y miró la pequeña pila de papeleo que tenía acumulado.

Ocupar su mente en algo productivo probablemente le ayudaría a quitarse el mal sabor de boca… por no decir acallar la pequeña gran frustración que sentía su Levicito.

No habían pasado más de diez minutos en los que revisaba los documentos cuando escuchó una voz cantarina y molesta acercarse por el corredor.

- Rivaille~ -chilló Hanji al tiempo que estrellaba la puerta y hacía acto de presencia dentro del despacho del pelinegro.

- … ¿Qué quieres, loca? – preguntó cansado.

- Wow, en serio tuviste una mañana AGITADA, ¿no? – recalcó esa palabra- ¿Dónde estuviste? Jijiji…

- Tarde – corrigió el sargento sin darle mucha importancia a las insinuaciones en el comentario de la mujer – pasado el mediodía se considera tarde.

- ¡Agh! Formalidades, pero no me cambies el tema – sonrió con malicia - ¿con quién pasaste tu TARDE? ¿fue ENTRETENIDO?

- ¿Qué tanto escuchaste?...

- ¡Por favor! Eren no es precisamente el señorito discreción al momento de gemir.

- Ah… - suspiró el mayor.

- Pero vamos, hombre, ¿no te divertiste? ¿le diste muy duro contra el muro? ¿aún puede caminar? – saliva escurría por la comisura del labio inferior de la cuatrojos.

- No tuve sexo con Eren – decretó monótonamente Rivaille mientras volvía a "concentrarse" en el papeleo.

- ¡¿QUÉ?! ¡Estás mintiendo! Yo… yo lo oí ge… - fue interrumpida.

- Lo… masturbé y quizás jugué un poco con él, pero no llegué a penetrarlo.

- ¡¿POR QUÉ?! – gritó totalmente escandalizada.

- No es de tu incumbencia.

- No, en serio, ¿por qué no te lo follaste? ¿Has visto su carita? ¡Es tan violable! – continúo Hanji mientras revoloteaba alrededor de la silla del pelinegro - ¡Qué desperdicio! Si yo tuviera ESO que tienes entre las piernas ya me lo hubiera cogi…

- Me retiro – declaró al tiempo que se levantaba, ignorando olímpicamente a la científica y se iba quién sabe a dónde.

- Rayos… y yo que quería chismes… - murmuró para sí la de lentes.


Esa noche…

Eren se desperezaba y salía de debajo de sus sábanas.

Mientras se ahogaba en llanto, se hizo un ovillo con las cobijas, importándole bien poco si estaba todo pegajoso y sucio, lo único que quería era sacar todos esos sentimientos dañinos que le oprimían el corazón. Al final acabó durmiéndose y recién volvía al mundo de los conscientes.

Se levantó parsimoniosamente y se vio en el espejo. Lucía fatal; ojos hinchados y rojos, las mejillas con rastros de lágrimas secas, el pecho con un rastros de algo blanco reseco y pegado, labios hinchados y sangrantes de tanto morderlos para acallarse… y esa sensación interior de que era mierda andante.

- Demonios… - susurró.

Miró a su alrededor, sorbiéndose la nariz ante los mocos que amenazaban caérsele… todo estaba hecho un desastre. La cama totalmente inmunda, hasta para él; el piso con enormes manchas blanquecinas adornándolo; su ropa desperdigada por todos lados… y él mismo. No soportaba ver su reflejo. Decidió voltear el enorme espejo y comenzar con la labor de aseo.

Recogió sus prendas y las sábanas, la lavaría en un rato… también limpiaría el suelo, pero lo primero era tomar una ducha.

Buscó una muda de ropa limpia, una toalla y se dirigió a los baños comunes para asearse, no sin antes haberse puesto unos bóxers para no ir por allí totalmente desnudo.

Caminó sigiloso, en verdad no quería ser visto por nadie. Desconocía a ciencia cierta la hora que era, pero suponía que ya sería de noche por la tonalidad del cielo. Seguro sus compañeros ya habían vuelto y estarían por allí…

Llegó hasta su destino sin toparse con ningún ser viviente. Se alegró por ello y con premura, se deshizo de la ropa interior y se metió en la ducha más cercana, dejando que el agua tibia lo recorriera y se llevara toda su suciedad.

Sin poder evitarlo, comenzó a hipar y pequeños sollozos se escapaban de sus labios.

Estaba dolido y confundido. Él amaba al sargento, y también lo deseaba. Quizás no era un experto en esto de las relaciones humanas románticas, pero cuando Rivaille le siguió el juego y comenzó a tocarlo y dejarse tocar, pensó que quizás y sólo quizás, podía tener una oportunidad con su superior… pero esa pequeña burbuja murió tan pronto como el mayor sacó sus dedos de su interior.

Y Eren no entendía por qué habiendo llegado tan lejos y cuando faltaba sólo un paso, UN MALDITO PASO para completar su unión carnal, el hombre se había detenido y había salido con eso de "la moral".

- ¡Aaaggghhh! – gruñó mientras azotaba los puños contra la pared mojada – Maldición…

¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo le vería a la cara al heichou mañana en los entrenamientos? ¿Qué debía decir? ¿Cómo debía actuar de ahora en adelante?... todas estas dudas se aglomeraban en su cabeza, hasta hacerla doler.

Cerró la llave del agua y enrolló la toalla en su cintura.

Dejó que las gotas resbalaran por su cuerpo y se secaran con la brisa que entraba por uno de los ventanucos. Tenía la mirada perdida en la nada, totalmente sumido en sus pensamientos.

- Ahh… - suspiró resignado. Había tomado una decisión: al carajo con entender a aquel enano, simplemente se haría el loco mañana. Su orgullo estaba por sobre todo, inclusive por sobre su dolido corazón.

Con esa determinación se vistió y volvió a su sótano, para llevar todo lo manchado a la lavandería.

Antes de arribar en su destino, hizo una parada por la cocina, tomó un trapo, lo humedeció y se dirigió de nueva cuenta a su habitación.

Como un autómata, tiró sus bóxers y la toalla junto con la pila de cosas por lavar, se puso en cuatro y comenzó a tallar con fuerza las manchas pegajosas del suelo, hasta que una a una fueron desapareciendo.

Cuando estuvo conforme, dejó el paño en su improvisada mesita de noche, tomó todas las sábanas y ropa y se encaminó a fregarlas.

Al llegar al lugar que hacía de lavandería, se tiró al piso con más brusquedad de la requerida y comenzó con el afán de dejar impecable todas las prendas. Talló y fregó, sin pensar en nada realmente. Y acabó en tiempo récord.

De nuevo, como siguiendo una costumbre, sin realmente ser consciente de lo que le rodeaba, tomó un cesto y colocó allí lo mojado. Subió hasta la azotea, dispuesto a colgarlo todo para que la brisa nocturna lo secara o algo, pero cuando estuvo frente a la puerta que era su destino, se detuvo.

Algo lo detuvo.

Las piernas comenzaron a temblarle y su respiración se tornó errática. El miedo lo invadió sin ninguna razón coherente.

No podía saberlo, pero lo sabía. Allí, detrás de ese marco de madera estaba él. Su instinto animal se lo dijo. No tenía lógica, era cierto, pero confiaba en su intuición.

Dejó el canasto en el piso y retrocedió como quién ve un oso o algún otro ser peligroso y sólo quiere huir sin ser atacado. Era ridículo.

Cuando chocó contra la pared del fondo, llevó su mano al pecho inconscientemente. Su corazón latía fuerte. Y dolía.

No. Era definitivo, aún no estaba listo para enfrentarlo.

Se dispuso a echar a correr escaleras abajo, pero una voz lo detuvo.

- Jaeger…

Aquel tono monótono, ronco y seductor de nuevo. ¿En qué rato se abrió esa puerta? ¿Cómo no lo escuchó? ¡Esas mierdas están viejas, rechinan, joder! ¡¿Por qué tanta mala suerte para con él?!

- Señor… yo… - quería explicarse, aunque no se lo hubieran pedido, sintió la necesidad de aclarar lo sucedido horas atrás – señor… nosotros…

- No dejes tu ropa en medio pasillo – decretó con simpleza el pelinegro y pasó a su lado, ignorándolo totalmente.

- ¿Uh? – Eren volteó a verle, había tenido la cabeza gacha todo este tiempo. El sargento ya iba a mitad de camino, era realmente ágil – pero yo quería… - dejó su murmullo a medias cuando el hombre se perdió en la oscuridad.

¿Así que ese era el plan? Hacer como si nada hubiera pasado…

- Ja… - río algo sarcástico, pero con la melancolía y tristeza brotando de sus ahora opacas orbes.

Era lo mejor, ¿no?...

Eren no podía esperar algo más… no debía…

Pero lo había hecho.

Dentro de su mente esperaba tener una charla decente con el sargento. Que le explicara que sucedió, qué sintió y porqué hizo lo que hizo. No la esperaba hoy, pero si cuando viera al heichou y estuvieran solos. Pensó que todo brotaría de forma natural y sus dudas serían resueltas. Que esa sensación de haber sido usado se iría con unas cuantas palabras de su superior. Que quizás él era más que indiferencia y frialdad. Que quizás lo amara y se detuvo ese momento porque temía que Eren no le correspondiera. Que…

Se detuvo. Estaba siendo ilógico. Como una niña enamorada por primera vez, que deposita todas sus expectativas en aquel primer sujeto que se filtró a través de su corazón…

¿Cuándo se había vuelto tan cursi?... ¡Vamos, era un hombre!

Bueno, en teoría, seguía siendo un niño, pero el ejército hace madurar a cualquiera… hacía tiempo que se consideraba como alguien adulto…

Pero estaba claro que los demás no lo veían como tal…

Que Rivaille no lo veía como tal…

Se detuvo. Pensar sólo hacía que se dañara más. Recurrió de nuevo a su orgullo y sobándose los ojos, secando aquellas pequeñas lágrimas que amenazaban formarse de nuevo, recogió su cesto y siguió con su misión primera: colgar la ropa mojada.

Ya basta de ser nenas. Que le dieran al heichou. Él no lo amaba, eran sus hormonas. Fue estúpido y el heichou un cretino. Fin. Ahí moriría el asunto.

O eso se dijo. Eso trató de creerse.

Pero…

Las ilusiones son burbujas difíciles de romper después de todo. Explotan pero nacen más. Hay miles, como pompas de jabón que un niño hace; mientras unas mueren, el niño ya va creando más y más.

Un círculo relativamente infinito.

O al menos hasta que el agua jabonada se acabara…

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¿Aburrido? ¿Esperaban el sexo salvaje que les vengo prometiendo desde hace años? Pues este capi era necesario D: o eso creo ewe…

Bueno, Eren se dio por vencido, no? Aquí acaba el fic y nos vemos algún día nunca… ok no xD En serio Erencito se daría por vencido? No, no. El amor idiotiza y te hacer cometer suicidio, pero no la clase de suicidio que es como que te mueres y fin. Hablo de la clase de suicidio en la que te lanzas contra el clavo oxidado una y otra y otra y otra vez hasta que te da gangrena y aún así sigues lanzándote con una sonrisota boba pk… ok ya mucho xD ustedes entenderám (mentira ni yo entiendo mi punto) D:

Buano, prox cap si habrá algo de acción e_é pk soy una freak pervertida y mis fics no van a tener no-lemon.

Ah y tardé en actualizar (si a alguien de hecho le importa) bicos of the school y la lala existencial y más que nada el colegio y agh, soy una procrastinator y skjagsarshga salksyasrtas askyaustauksyas alsiuailsuaoñsia

Y eso :D see ya soon…

Well, I'll hope so :D