Capítulo IV. Hong Kong
-¡¿Por qué no vamos a buscar a Kiku?!-propuso Im Yong Soo entusiasmado-.
Xiao Mei suspiró y se llevó la mano a la cabeza. Una vez al mes, los países de la clase de Asia se reunían en alguna habitación y montaban una fiesta. Hacía poco que se había celebrado la última reunión, apenas una semana, pero tanto ella como Wei Li, como Im Yong Soo, como Yao tenían ganas de hacer otra de esas reuniones en las que ninguno dormía. Ser cuatro no resultaba demasiado divertido, lo habían probado algunas veces y nunca terminó de funcionar. Y, por la cabecita de Im Yong Soo, paso la idea de que tal vez Kiku se les uniera. Claro que si, como Kiku era tan amante de las fiestas (ironía).
Wei Li suspiró y examinó el cuarto de Yao. Si, allí es donde estaban reunidos.
-Puede que esté en el laboratorio con Rumania-intervino Yao en un tono pesado- Antes me comentó algo.
-¿Iremos?-preguntó Wei Li completamente perplejo-.
-¿Qué remedio tenemos?-Xiao Mei se levantó y se expulsó el uniforme- Siendo cuatro no haremos demasiado. A lo mejor Kiku se nos une.
Wei Li meneó la cabeza y suspiró resignado. Tres contra uno, tenía las de perder completamente. Y de ese modo, los cuatro pusieron rumbo a los laboratorios. Cruzaron toda la zona de los dormitorios con la música del piano de Roderich de fondo. Ese hombre siempre tocando el piano.
Para cuando llegaron a los laboratorios, se los encontraron con las luces apagadas.
-¿Se habrán ido ya?-preguntó Im Yong Soo asomándose por uno de los cristales-.
Wei Li suspiró y abrió una de las puertas de la forma más brusca posible. El golpe de la puerta resonó por todo el edificio. Todos se lo quedaron mirando atónitos, preguntándose qué mosca le había picado. Él los ignoró y entró. Le llamó la atención el patito de goma que había en una de las mesas, pero, por alguna razón, prefirió no tocarlo.
Xiao Mei prendió las luces. Realmente allí no había nadie.
-Todavía no se qué hacemos aquí-Wei Li se cruzó de brazos y volteó para apoyarse en la pared cuando…- ¿El esqueleto debería estar en ese lugar?
Xiao Mei volteó y se encontró el esqueleto justo detrás suyo. El grito que pegó retumbó en los oídos de Wei Li, amenazando con destrozar sus tímpanos.
-¡¿C-Como ha llegado aquí?!-preguntó atemorizada mientras se alejaba del esqueleto-.
Los demás no decían nada, pero sus rostros (al menos los de Yao y Im Yong Soo, mostraban absoluto terror. El de Wei Li, aunque no expresase nada, era más que evidente que también estaba muerto de miedo.)
-¡Perdón! ¡Perdón!
Por la puerta, aún abierta, apareció Stefan Sirakov. Todos se lo quedaron mirando estupefactos ¿Qué narices hacía alguien de la clase Europa allí? De hecho, muchos integrantes de la clase Europa, entre ellos Stefan, tenían fama de 'fantasmas' de las pocas veces que iban a clase.
-¿Stefan?-dijo Xiao Mei totalmente confusa- ¿Qué haces aquí?
-Lo siento chicos. Estábamos haciendo una competición con Ionel a ver quien se asustaba antes.
-¿Ionel?-se extrañó Im Yong Soo-.
-El vampiro-contestó Wei Li con total uniformidad- El amigo de Stefan.
-¿Estabais haciendo un concurso de sustos aru?-preguntó Yao dando un paso al frente-.
-Algo así. Lo que pasa es que Ionel me lleva ventaja. Seguramente usará su magia y entonces-tiró de un hilo transparente y el esqueleto volvió a moverse- Mi truco del esqueleto no servirá de nada.
-No tiene porque usar la mágica-replicó Xiao Mei-.
-Lo hará-aseguró Stefan- Y seguramente pondrá su hechizo en el lugar más insospechado. Hasta ahora no he visto nada sospechoso. Por si acaso… Creo que volveré a mi habitación.
-¿Y el concurso?-preguntó Wei Li, aún de brazos cruzados-.
-Para otro día. ¡ Довиждане*!
Cuando Stefan se fue, todo quedó en silencio por unos segundos.
-Estos búlgaros son más raros que un perro verde-comentó Xiao Mei meneando la cabeza-.
-Europeos-suspiró Yao llevándose una mano a la cabeza-.
Wei Li suspiró y se acercó hasta donde estaban los demás. Re reojo vio a Im Yong Soo cogiendo aquel patito de goma. Quiso gritar que no lo hiciese pero, antes de que sus palabras saliesen de su boca, una luz cegadora inundó el lugar.
Aquel patito de goma era la broma de Ionel.
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