Hogwards, Febrero 1975

Desde aquel miércoles Severus se encontraba contrariado, como si hubiera tenido la miel en los labios y él no hubiera podido saborearla, máxime cuando la había rechazado varita en mano. Y esa miel lucía deliciosa, se atormentaba pensando.

Se habían encontrado varios miércoles más pero el chico apenas le miraba, tampoco es que él fuera a mirarle directamente, no se atrevía. Sencillamente hacían sus pociones juntos, Severus siempre echaba un ojo a la del otro para que no cometiera ningún error. Pero tenía que reconocer que había mejorado lo suficiente para que casi no tuviera que decirle nada.

En el comedor, alguna vez mirando a la mesa Gryffindor, el león jugaba con su comida, pero realmente parecía taciturno. No era el alboroto andante que solía ser, obviamente eso no podía ser por su culpa, era imposible que él pudiera afectar de esa manera a Black.

Aunque su mente Slytherin pensó que quizás lo que el moreno sufría solo tenía que ver con haber pisoteado su ego, sin haberlo querido, pues él pensaba que quería burlarse de él. Cierta parte se regodeaba con haber puesto al chico en su sitio, pero otra, la que se sonrojaba con su sonrisa, le entristecía verlo así.

Pero se sentía impotente él no se veía capaz de hacer nada, no veía la forma de acercarse. Se tensaba con sólo tenerlo al lado. Cómo iba a iniciar una conversación, ¿para qué? ¿para que le rechazara?

Su casa era reconocida por el ingenio de sus miembros capaces de conseguir sus metas retorciendo los límites con astucia, en esos momentos se sentía indigno de ser un miembro de Slytherin. Lo único que sentía era pavor, pavor porque el moreno de ojos grises se riera en su cara por haber creído que quería algo de él.

Su humor no era mucho mejor, incluso le había hablado mal a Lily, pero estaba exasperado. No se había sentido así jamás por nadie, nadie le había atraído hasta ese momento del modo que lo hacía el moreno y en el fondo ahora ya no actuaba como antes, cuando Potter le insultaba, Black miraba hacia otro lado. En parte le hubiera gustado aunque fuera insano que el otro también le insultara pero no esa indiferencia que se gastaba ahora.

Intentaba pensar que ya se le pasaría, él tenía mucha paciencia, algo que se aprende cuando uno está en el lado más débil.

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Sirius estaba de un humor de perros, nunca mejor dicho, en realidad le molestaba estar molesto, que el grasiento, como se obligaba a seguir llamándolo, le hubiera rechazado e ignorado era una molestia.

Sus amigos habían intentado averiguar qué era lo que le pasaba pero ni por un millón de galeones les iba a contar que tenía mal de amores por Quejicus. Aquello no podía salir de su cabeza, sí, allí estaba muy pero que muy bien guardada esa idea.

Cuando su amigo James la tomaba con el Slytherin, cosa por otro lado muy habitual, él intentaba mantenerse al margen. Si le hubiera defendido hubieran sospechado, y él en ese punto prefería verlo sufrir. Bien que no era de su mano, pero si James tenía una insana obsesión para fastidiar al moreno, él que culpa tenía.

Remus le había abordado más de una vez a solas, con esa mirada suya, sus ojos color miel eran tan comprensivos siempre. Estaba claro que alguno de los cuatro tenía que poner sensatez y ese había sido siempre Remus. Había estado tentado más de una vez a desahogare con él, pero se sentía tan estúpido que no quería que su amigo pensara mal de él.

Estaban dando un paseo ellos solos, James y Peter se habían ganado un castigo, él estaba tan ausente que se había perdido la broma, sino seguro que él también hubiera estado retenido.

—Sirius—le dijo el licántropo con voz calma—. Soy tu amigo, puedes contarme lo que sea, prometo no juzgarte.

Sirius lo miró sorprendido, ese lobo siempre le sorprendía, ¿pudiera ser que supiera cual era el motivo de su desánimo? El rubor subió a sus mejillas pues podía notarse arder.

—Yo...—empezó a decir, se sentía algo acobardado y eso le hacía sentir peor.

—No te preocupes, Canuto—le dijo poniéndole un brazo sobre sus hombros—. Tú me apoyaste cuando todos me rechazaron, jamás te rechazaría... por nada.

Sintió que esas palabras estaban cargadas de mucho más significado del que podía esperar. Y se abrazó a su amigo, Remus siempre era un puerto seguro, un amigo fiel.

El rubio acariciaba su nuca reconfortándolo, y aquello se sentía tan pero que tan bien. No recordaba la última vez que nadie le había abrazado así.

Abrió los ojos, pues los había mantenido cerrados en ese cálido abrazo, y vio dos agujas negras llenas de odio clavadas en él, si las miradas mataran él ya estaría muerto.

Snape, los estaba mirando, debió tener un libro en las manos pues ahora estaba tirado de cualquier manera en el suelo, su cara, la cual nunca reflejaba nada, era una máscara de odio, ¿y de pesar? Pareciera la cara de alguien que acababa de ser traicionado.

Sirius se quedó congelado, sólo le había podido hacer reaccionar cuando se había aproximado a él aquel miércoles, la pequeña serpiente no era tan inaccesible como quería hacerle ver, estaba molesto por lo que estaba viendo. Una chispa de esperanza explotó en el pecho del Gryffindor, que ni corto ni perezoso, abrazó más fuerte a su amigo.

Por un momento pensó que le iba a lanzar una maldición, pero salió corriendo de allí, sorprendido por que el pelinegro perdiera su hierática compostura, Sirius se permitió una sonrisa.

—Gracias, lunático, me has ayudado infinitamente—le dijo a su amigo.

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Severus estaba que echaba humo, estaba fuera de sí, aquel asqueroso, aquel estúpido, aquel engreído, había sido un necio pensando que el Gryffindor había estado penando por él. Desde luego el más estúpido había sido él, por haberse imaginado algo así.

Pero aquella sonrisa en su cara cuando le pilló mirándolos, aquello pedía cobrarse justicia, le iba a hacer pagar cara su burla.

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Capítulo cortito pero que espero que os guste.

Intentaré actualizar todos los martes.

Gracias por las reviews, favoritos y alertas.

Besos y feliz martes

Sh1m1