Furgoneta del Capitolio-Camino a la Estación-

Una intensa luz bañó el rostro de Elizabeth, sacándola del estado de confusión en el que se encontraba. Retrocedió cubriéndose el rostro con el brazo y cerrando los ojos, evitando el potente foco luminoso al que se exponía.

Cuando por fin salió de su estado de ceguera pudo ver claramente el interior del vehículo: era un espacio bastante amplio para ser una furgoneta, de suelo blanco y frio. En frente suyo había un hombre sentado en un improvisado taburete, vestido de igual manera que los que la habían sacado de su casa, de mediana edad y rasgos afilados. Este tenía la mirada clavada en ella, escrutándole el rostro.

Pasaron unos segundos hasta que por fin el hombre habló.

-Buenos días señorita Snow. Me llamo Frederick y le voy a decir lo que va a ocurrir ¿vale?

Elizabeth asintió

-Bien, empecemos pues.

Frederick se agachó y sacó de detrás de su asiento un carpeta gruesa que se encontraba a rebosar de papeles y, al igual que la furgoneta y que todos los registros de Panem, llevaba su símbolo plasmado. La abrió y sacó unos papeles en mejor estado que el resto. Le tendió los papeles.

-Toma léelos.

Elizabeth pudo apreciar la magnífica caligrafía propia del Capitolio que se encontraba inscrita en los documentos.

Ella siempre había pensado que ese tipo de letra era la más elegante y perfecta que jamás vería, y no se equivocaba, era simplemente perfecta. Era una caligrafía hecha a mano con tinta negra donde cada letra era singular y distinta a las demás, pero donde siempre combinaban en perfecta armonía formando un texto hermoso a la vista.

A Elizabeth le recordó a su abuelo y a sus rosas mutadas. Eran más bellas y hermosas que las otras en apariencia pero si se las observaba bien te dabas cuenta de que eran demasiado bonitas para ser reales.

Pensar en su abuelo la entristeció mientras miraba los documentos. Estos contenían una serie de números, claves, instrucciones, normas, incluso contenía un mapa de una estructura que no identificó. Aunque estuvo un buen rato leyendo y releyendo no entendió casi nada.

-¿Qué es todo esto?-le preguntó cuándo se dio por vencida.

- Como puedes ver son una serie de instrucciones y de normas que te ayudaran durante la gira – explicó el hombre.

-¿La gira?

-Si señorita Snow, la gira. En todos y cada uno de los Juegos del Hambre los tributos hacían un desfile disfrazados con vestimentas que representaran sus distritos, pero aquí ¿Qué sentido tiene? Ninguno. Como con muchos otros planes hemos decidido cambiarlo para que le den al asunto un aire distinto, ya que estos serán los últimos juegos que habrá y en donde participaran tributos del Capitolio – una sonrisa macabra surcó su rostro al nombrar a los tributos, se notaba que él fue habitante de algún distrito.

-Sí, lo entiendo –un montón de preguntas llenaban la mente de la joven -, pero ¿A dónde vamos? ¿En qué consiste la gira?

Elizabeth habría seguido preguntando si no fuera porque el hombre la calló con un movimiento

- Sé que tienes muchas preguntas pero te las responderán a su debido tiempo. Solo te puedo decir que nos dirigimos a la estación, donde te subirán a un tren. Allí conocerás al resto de tributos y te lo explicaran todo.

La furgoneta se quedó en silencio. Solo se oían el sonido de las ruedas girar por la carretera a una gran velocidad. De un momento a otro la furgoneta paró pero ninguno de los presentes hizo nada por salir, el hombre que tenía Elizabeth delante sacó un pequeño aparató y lo miró, ella supuso que miraba el aparato para saber cuándo salir. Conforme pasaba el tiempo el ruido iba aumentando, lo que empezó como un pequeño susurro, ahora se convertía en un mar de ruidos.

Un pitido salió del aparato y el hombre abrió la puerta y empujó a la muchacha a la calle sin ninguna delicadeza. Sin que Elizabeth notara nada ya habían dado un par de pasos

Miró hacia todos los lados, no había que tener muchas luces para darse cuenta de que estaban en la estación de Trenes, ya que un gran tren estaba parado a unos metros de distancia. Entre el vehículo y los recién llegados había un gran grupo de agentes conteniendo a una multitud de personas, claramente todas del Capitolio debido a sus extravagantes vestimentas. Todas ellas gritaban, silbaban y, en cuanto la chica dio un paso se formó un rugido ensordecedor.

A Frederick le dieron una gorra y unas gafas, que rápidamente pasó a Elizabeth para que se tapara.

-No mires a nadie y vete directa al tren. Es lo único que te puedo decir- Murmuró el hombre mientras, con una señal, hacía que varios agentes formaran un diminuto camino entre su posición y la entrada del tren

-Muchas gracias, Frederick.

Caminó hasta la entrada del lujoso tren con la cabeza bien alta, ignorándola a la multitud. Elizabeth sabía que si miraba atrás no podría contener las lágrimas que luchaban por salir. Cuando entrara en el tren dejaría a un lado la seguridad en donde había vivido toda su vida, y ya no la conocerían por Elizabeth, la nieta de Snow, sino por Elizabeth, el tributo de los Septuagésimo Sextos Juegos del Hambre.

Gracias por leernos!

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Besos ;D

CRIS Y DREA