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Me cuesta creer como odié a Tohru la primera vez que la vi acomodada en propiedad Sohma; su sonrisa me pareció burlona y su amabilidad una farsa, todas mis batallas de aquellos últimos cuatro meses se tornaron en derrota cuando vi aparecer, junto a esa chica bonita de cabello largo y piel blanca, el fantasma de Kyoko Honda que repetía inexorable ese último No te perdonaré que continuará por torturarme toda mi vida. En mi fuero interno tampoco yo me perdonaba.
Por supuesto que de esto ella no tenía culpa alguna, con esfuerzos logré mitigar algo de mi ira inicial —la cuál ella, al poco tiempo, logró desvanecer por completo— y lograr una conversación forzada para mí, aunque natural para ella. Yo nunca estuve acostumbrado a pláticas de esa índole, nadie hablaría conmigo sabiendo que mi cuerpo estaba maldito, mucho menos me diría a los pocos días de conocerme, que le gustaba por ser parte del nahual del gato… Tremenda estupidez, que mujer tan tonta.
En aquél momento pensé que si ella supiera más de mí, como que estaba encadenado a las cuencas de una pulsera, o que fríamente decidí mi bienestar sobre la vida de su madre y que la mía propia murió a causa de la carga que representaba tenerme como hijo, entonces aquella chica demasiado amable y sonriente no se interesaría más en mí, en cuanto ella descubriera estas verdades sus deseos de pertenecer al año del gato se desvanecerían junto con todo sentimiento de afecto que pudiera llegar a tenerme.
—Lo siento Kyou-kun, creí que eras un pervertido —Su mano en mi mejilla tratando de enmendar el golpe que ella misma atizó. No puedo evitar recordar aquél primer encuentro —. ¿Duele mucho?
—¡Bah! No duele nada —le dirijo una mirada severa y tomo su mano por la muñeca —Si tienes miedo de los pervertidos debiste decírmelo antes, puedo acompañarte a casa todos los días.
—¡Ah no! Eso no es necesario —sus mejillas se colorean como últimamente se le ha vuelto costumbre. Abre la boca pero no articula palabra, su falta de argumentos resulta obvia. Esta mujer es tan tonta que hace sola el camino de regreso a casa después de su trabajo de medio tiempo, aterrada de que algún acosador la éste siguiendo y aun así jamás me ha hablado de ello a sabiendas de que me ofrecería a acompañarla.
—Igual vendré mañana.
Enlazó los dedos de su mano con la mía y le obligo a caminar de vuelta a la casa de Shigure dónde ahora detesto no verla, una sonrisa se perfila en sus labios.
Es increíble que esta mujer a quién odie al inicio y después amé tanto, la chica bonita de piel blanca, cabello oscuro, sonrisa amable y mirada perdida, quién ahora lo sabe todo de mí —lo que creí que la alejaría— y a pesar de ello permanece renuente a marcharse y resulte afectada de que sea yo quién lo haga, que a ésta mujer le resulte natural que la tome de la mano, que de vez en cuando le abrace y le diga que la quiero mientras le planto un beso, aún no me parece real, me parece más bien un sueño.
